Renacerá la Vida

 

Mucho se escucha hablar en nuestros días de los Paraísos Artificiales que proporcionan las drogas. Esto me hace recordar aquel otro paraíso, el
Paraíso Terrenal, del cual fueron expulsados el primer hombre y la primera mujer según la religión judeocristiana. Espacio y tiempo de armonía total, en el cual humanos y animales gozaban de un lenguaje común, tanto así que por la palabra, la serpiente tienta a Eva. Entonces, los humanos sufren la expulsión y son arrojados del paraíso. A partir de esta brutal separación, la criatura humana queda habitando el mundo en una situación de mayor desamparo que las avecillas y los lirios del campo.

Dijo un filósofo: "el animal está en el mundo como agua dentro del agua"
Pienso que los seres humanos, en el proceso de creación de la cultura, hemos perdido esta relación de concordancia, de modo tal que necesitamos de la religión, la magia, el amor, el sexo, la muerte, la locura, para vislumbrar la sombra de la felicidad perdida.

A partir de entender el significado de la expresión "estar como agua dentro del agua", podemos acercarnos a la comprensión del profundo sentimiento de soledad, de pérdida, de ajenidad, que conlleva el "no estar". Sentimiento que cada uno de nosotros y de nosotras ha experienciado en algún momento de su vida, al entrar en contacto con la realidad existencial de ser algo que flota en el agua, que se mece en el agua, que brilla en el agua, que navega en el agua, que se hunde en el agua, pero que nunca, nunca llega a ser "agua dentro del agua".

Creo que solamente el sentimiento religioso, la sintonía con la magia del mundo, la potencia de una utopía aglutinante, logran disolver nuestro yo, precaria línea de horizonte que une y separa la conciencia del mundo. Conectarnos con la trascendencia otorgando sentido a nuestras vidas, ya que nuestra conciencia mundana requiere del sentido para suturar aquella pérdida de intimidad que aun conservan, mundo y animal.

Creo que en la memoria biológica de los seres humanos, reprimida para alcanzar la hominización, deben quedar huellas de ese pasado remoto que emerge en las experiencias místicas, en los sueños, en las intoxicaciones, como tan bien lo relatan las fuentes religiosas de todas las confesiones, el cristinanismo primitivo, el jasidismo, el chamanismo. La vivencia de ser parte, de formar parte, de pertenecer, de coexistir solidariamente las partes entre si y con la totalidad.

Me pregunto si el tema de las adicciones, que se vuelve de candente importancia en nuestros días, tendrá que ver con este alejamiento de la humanidad de los grandes relatos religiosos, históricos y políticos, que prometían un futuro de igualdad, de satisfacción, de completud.

Al menos, para los justos, para los buenos, para los santos, para los de corazón valeroso, para las fraternidades, los clanes, los linajes, en sintonía con la llamada Regla de oro que existe en todas las religiones: "Haz a los otros aquello que tu desearías que ellos te hicieran", "Aquello que tu no deseas que te hagan, no lo hagas a otros", de Jesús a Confucio, solo las palabras separan mientras que los sentidos reúnen. La Vida Eterna, la Sociedad sin Clases, el Nirvana.

Puede que muchos de los jóvenes de hoy en día nunca hallan escuchado estos relatos, o quizá que habiéndolos conocido, no les han dado crédito.
De todos modos, el tema es que estos relatos han sido reemplazados por otros, omnipresentes en todos los discursos y en casi todas las comunicaciones.
A una era de Utopías parece haberle sucedido una era de Pragmatismo.

Los líderes políticos y religiosos declaran: queremos alcanzar la paz,
queremos crear trabajo, construir viviendas, dar educación, atender la salud. Respetar los derechos de los niños, de las mujeres, de los ancianos, de las minorías, de los discapacitados, de los refugiados políticos, de...,de...
Convenios, pactos, acuerdos, que quedan en palabras vacías porque no se dispone de los fondos, o porque se carece de la fuerza.

Por otra parte pensadores de todas las tendencias describen una realidad
contundente, solo difieren en el análisis de las causas.
Acabo de escuchar a Eduardo Galeano decir que según una estimación de Naciones Unidas, en 1998, 250 personas en todo el planeta concentraron
la
riqueza que corresponde al 47 % de la humanidad. Y que la tasa de concentración del capital se esta acelerando de manera inédita, ya que para el año anterior, es decir en 1997, las cifras señalaban que la fortuna de las 358 personas mas ricas del mundo era superior al ingreso anual del 45 % de los habitantes mas pobres, es decir unos 2 mil 600 millones de personas.

Esta cifra es pavorosa porque significa el cierre de un horizonte de esperanza para la gran mayoría de los seres humanos. Sin embargo es también, una palabra de luz, porque evidencia una particular manera de relacionarnos que
hemos construido en este preciso momento de la historia, develando que tal no es el resultado necesario del progreso y la civilización.

No son los Tiempos, sino el Mercado, creación absolutamente humana, quien determina la calidad de los lazos sociales que establecemos con nuestro prójimo. Es el mercado quien dirige la relación depredatoria e instrumental del Hombre con la Naturaleza y con otros Hombres.

Basta mirar en Internet el mapa del hambre, en The Anger Site que realizó The United Word Food Program, basando en datos de Naciones Unidas, para recibir el impacto de saber que en nuestra Tierra cada 3.6 segundos muere una persona de hambre y que 3/4 partes de los muertos son niños menores de cinco años. Cada tres segundos un sitio se oscurece en el mapa y eso significa que una persona acaba de morir de hambre.

Nunca hubo tantos recursos disponibles para tan pocos, como en esta época de democracias formales, pero esta obviedad es disfrazada o mas bien camuflada
bajo el manto de la hiperinformación, procesando los datos de manera tal que llegan al conocimiento del hombre común como si la pobreza, la enfermedad,
la exclusión, las guerras, los desastres llamados "naturales", fueran un efecto no deseado del desenvolvimiento del modelo económico implantado a escala planetaria.

Y entonces el viejo sentimiento de ser una cosa en el agua, de no ser "agua dentro del agua", se potencia en el sentimiento de estar a merced, a la deriva, sin rumbo, sujeto a las únicas leyes que persisten como creíbles, las leyes del Azar. Sin dioses, sin banderas, sin hermandad posible con el lobo y la luna, el hombre y la mujer de nuestros días entrega su alma, su salud y hasta su vida
por instantes de pertenencia a mundos ilusorios de plenitud, de suspensión del dolor, de huida del vacío y del aislamiento social .

Nuestras consultorios se pueblan de personas que si bien suelen estar agobiados por el sufrimiento, frecuentemente parecen no estar dispuestos a la tarea de crecer en autonomía, a hacerse cargo de su vida con respeto y libertad. Muchos son los que desean cambiar la situación en que viven, menos los que desean elegir un camino propio y singular , gestando sus propios cambios internos y coherentizando pensamientos, sentimientos y acciones, para transformar la pequeña parcela existencial que les toca vivir en territorio de convivencia responsable y solidaria.

Algunos de ellos, algunas de ellas. Otros y otras siguen buscando un camino, se parten, se fragmentan para recomponer una totalidad en proceso, con la fuerza de las mareas que hacen y deshacen olas , con la persistencia del viento que penetra todos los espacio, con la fiereza del fuego que renace una y otra vez en cada ocasión que se lo cree extinguido, con la generosidad de la tierra que transforma la muerte en vida.

En Rosario, una importante ciudad-puerto de Argentina, un grupo de "jóvenes salvajes", insertó un memorandun en la Red por el cual pedían que los ciudadanos que tiene poder de decisión, dejaran de obligar a la población a formar stock con sus muertos en el cemento gris de los cementerios. Apilarlos en hileras como zapatos en cajas. Que terminaran con esa costumbre de hacer invisible el ciclo de la transmutación. Que devolvieran la tierra a las gentes para que ellas, a su vez, devolvieran los muertos a la tierra.

Y a mi se me alegró el alma al recordar los versos del poeta:
"renacerá de tus huesos la ceniza y
en las cuencas vacías de tus ojos,
florecerá la vida."

 

Aída Alicia Loya
Febrero del 2000