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Renacerá la Vida
Mucho se escucha hablar en nuestros días de los Paraísos
Artificiales que proporcionan las drogas. Esto me hace recordar
aquel otro paraíso, el Dijo un filósofo: "el animal está en
el mundo como agua dentro del agua" A partir de entender el significado de la expresión "estar como agua dentro del agua", podemos acercarnos a la comprensión del profundo sentimiento de soledad, de pérdida, de ajenidad, que conlleva el "no estar". Sentimiento que cada uno de nosotros y de nosotras ha experienciado en algún momento de su vida, al entrar en contacto con la realidad existencial de ser algo que flota en el agua, que se mece en el agua, que brilla en el agua, que navega en el agua, que se hunde en el agua, pero que nunca, nunca llega a ser "agua dentro del agua". Creo que solamente el sentimiento religioso, la sintonía con la magia del mundo, la potencia de una utopía aglutinante, logran disolver nuestro yo, precaria línea de horizonte que une y separa la conciencia del mundo. Conectarnos con la trascendencia otorgando sentido a nuestras vidas, ya que nuestra conciencia mundana requiere del sentido para suturar aquella pérdida de intimidad que aun conservan, mundo y animal. Creo que en la memoria biológica de los seres humanos, reprimida para alcanzar la hominización, deben quedar huellas de ese pasado remoto que emerge en las experiencias místicas, en los sueños, en las intoxicaciones, como tan bien lo relatan las fuentes religiosas de todas las confesiones, el cristinanismo primitivo, el jasidismo, el chamanismo. La vivencia de ser parte, de formar parte, de pertenecer, de coexistir solidariamente las partes entre si y con la totalidad. Me pregunto si el tema de las adicciones, que se vuelve de candente importancia en nuestros días, tendrá que ver con este alejamiento de la humanidad de los grandes relatos religiosos, históricos y políticos, que prometían un futuro de igualdad, de satisfacción, de completud. Al menos, para los justos, para los buenos, para los santos, para los de corazón valeroso, para las fraternidades, los clanes, los linajes, en sintonía con la llamada Regla de oro que existe en todas las religiones: "Haz a los otros aquello que tu desearías que ellos te hicieran", "Aquello que tu no deseas que te hagan, no lo hagas a otros", de Jesús a Confucio, solo las palabras separan mientras que los sentidos reúnen. La Vida Eterna, la Sociedad sin Clases, el Nirvana. Puede que muchos de los jóvenes de hoy en día
nunca hallan escuchado estos relatos, o quizá que habiéndolos
conocido, no les han dado crédito. Los líderes políticos y religiosos declaran:
queremos alcanzar la paz, Por otra parte pensadores de todas las tendencias describen
una realidad Esta cifra es pavorosa porque significa el cierre de un horizonte
de esperanza para la gran mayoría de los seres humanos.
Sin embargo es también, una palabra de luz, porque evidencia
una particular manera de relacionarnos que No son los Tiempos, sino el Mercado, creación absolutamente humana, quien determina la calidad de los lazos sociales que establecemos con nuestro prójimo. Es el mercado quien dirige la relación depredatoria e instrumental del Hombre con la Naturaleza y con otros Hombres. Basta mirar en Internet el mapa del hambre, en The Anger Site que realizó The United Word Food Program, basando en datos de Naciones Unidas, para recibir el impacto de saber que en nuestra Tierra cada 3.6 segundos muere una persona de hambre y que 3/4 partes de los muertos son niños menores de cinco años. Cada tres segundos un sitio se oscurece en el mapa y eso significa que una persona acaba de morir de hambre. Nunca hubo tantos recursos disponibles para tan pocos, como
en esta época de democracias formales, pero esta obviedad
es disfrazada o mas bien camuflada Y entonces el viejo sentimiento de ser una cosa en el agua,
de no ser "agua dentro del agua", se potencia en el
sentimiento de estar a merced, a la deriva, sin rumbo, sujeto
a las únicas leyes que persisten como creíbles,
las leyes del Azar. Sin dioses, sin banderas, sin
hermandad posible con el lobo y la luna, el hombre y la mujer
de nuestros días entrega su alma, su salud y hasta su
vida Nuestras consultorios se pueblan de personas que si bien suelen estar agobiados por el sufrimiento, frecuentemente parecen no estar dispuestos a la tarea de crecer en autonomía, a hacerse cargo de su vida con respeto y libertad. Muchos son los que desean cambiar la situación en que viven, menos los que desean elegir un camino propio y singular , gestando sus propios cambios internos y coherentizando pensamientos, sentimientos y acciones, para transformar la pequeña parcela existencial que les toca vivir en territorio de convivencia responsable y solidaria. Algunos de ellos, algunas de ellas. Otros y otras siguen buscando un camino, se parten, se fragmentan para recomponer una totalidad en proceso, con la fuerza de las mareas que hacen y deshacen olas , con la persistencia del viento que penetra todos los espacio, con la fiereza del fuego que renace una y otra vez en cada ocasión que se lo cree extinguido, con la generosidad de la tierra que transforma la muerte en vida. En Rosario, una importante ciudad-puerto de Argentina, un grupo de "jóvenes salvajes", insertó un memorandun en la Red por el cual pedían que los ciudadanos que tiene poder de decisión, dejaran de obligar a la población a formar stock con sus muertos en el cemento gris de los cementerios. Apilarlos en hileras como zapatos en cajas. Que terminaran con esa costumbre de hacer invisible el ciclo de la transmutación. Que devolvieran la tierra a las gentes para que ellas, a su vez, devolvieran los muertos a la tierra. Y a mi se me alegró el alma al recordar los versos
del poeta:
Aída Alicia Loya |
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