Sistematizando el trabajo con grupos
 
(Capítulo 15 de 'Los sistemas sociales', libro inédito de Juan Peralta)
 
 
Factores que condicionan el proceso de un grupo social
 
Hemos dicho mas arriba que todo sistema responde a ciertas reglas que les son propias y que expresan los modos de relación de los componentes del sistema entre sí y con el contexto. Estas reglas se van constituyendo y continúan evolucionando en un proceso estocástico de ensayo y error permanente.
Este proceso estocástico está determinado por una multiplicidad de factores que, para su estudio y descripción podemos agrupar en cuatro:
1) Las historias individuales de los miembros del grupo.
2) La historia del grupo.
3) El contexto.
4) El azar.
Cada miembro de un grupo trae su propia historia que es independiente de la historia del grupo (excepto tal vez los niños con respecto a su grupo familiar en los primeros años de vida), esa historia ha sido resultado a su vez de otros procesos estocásticos y se ha dado, seguramente, en otro marco social.
A partir de esa historia, de esa experiencia de vida, las personas se forman una serie de opiniones acerca del mundo, diríamos una epistemología propia. Esta epistemología personal está conformada por una serie de enunciados complejos y asociaciones acerca del mundo. Es un mapa de la realidad, o mejor, una carta de navegación que incluye recomendaciones y rutas preferenciales, una serie de afirmaciones que constituyen las reglas que, según esa persona, rigen los procesos y estructuras vitales: las relaciones entre la gente, lo que puede esperarse y lo que no puede esperarse de la vida y muchas definiciones mas.
Cuando las personas interactúan comunicándose, confrontan esos mapas con sus diferencias y semejanzas y como resultado de esa confrontación construyen una epistemología de segundo orden, un mapa de la trama vincular donde cada participante ocupa un lugar determinado con relación a los demás y al contexto.
A su vez las epistemologías particulares, las hojas de ruta de cada persona son revisadas en función de las nuevas experiencias y de su interacción con los mapas confrontados y como resultado de este proceso, las personas modifican o refuerzan su forma de ver la vida. Esto constituye un proceso de aprendizaje donde intervienen por supuesto el ensayo/error y las elecciones que el sujeto realiza.
 
Epistemologías personales.
 
Vale la pena hacer un breve paréntesis para hablar acerca de lo que queremos decir cuando hablamos de epistemología. En una de sus acepciones la epistemología es una rama de la filosofía que se ocupa de la teoría del conocimiento, el modo en que los hombres estructuran el percatamiento del mundo. La epistemología se ocupa de las rutas cognitivo-intelectivas a través de las cuales circula y se procesa la percepción y la ideación.
En realidad se ocupa más de los resultados de ese trabajo: las estructuras construidas a partir de la experiencia sensible y de la actividad psíquica y las reglas que determinan cada modo particular de percatamiento, de "darse cuenta".
Pero también podemos usar el término con un sentido más personal, decir que cada persona tiene una epistemología propia, haciendo referencia al conjunto de normas bajo las cuales cada persona estructura su concepción del mundo. Las epistemologías personales están ligadas a pautas culturales, que a su vez constituyen una epistemología colectiva determinada por la historia y particularmente por la historia social, la historia de las interacciones humanas.
Entonces podemos hablar de epistemología en tres niveles, en primer lugar, en el plano mas general, la epistemología es el conjunto de reglas bajo las cuales las personas construyen su concepción del mundo, las leyes generales del conocimiento. En segundo término, la epistemología de los grupos humanos, de las ciencias y las culturas. En tercer término las epistemologías individuales, producto de los aprendizajes, de la historia individual, que siempre es una historia social, una historia de los vínculos con otros.
Entonces, la experiencia vital es significada en base a esta serie de formulaciones conscientes e inconscientes que constituyen la "Carta de navegación" personal para la vida. Según como encajan en este mapa los hechos vitales que nos toca experimentar, sufrimos, gozamos, nos sentimos en crisis o seguros de nosotros mismos.
Por otro lado, la experiencia de vida es también un proceso estocástico donde algunos hechos no dependen de nosotros, son en nuestra vida puro azar, pero otros sí dependen de nuestras acciones, construimos parte de nuestra experiencia, y lo hacemos en base a nuestra epistemología personal, siguiendo nuestro mapa. Hay entonces un proceso recursivo, homeostático y al mismo tiempo evolutivo. Buscamos confirmar nuestros supuestos porque creemos en ellos, no importa si nos dan placer o nos hacen sufrir, si son eficaces o no para enfrentar la vida, y lo hacemos porque esos supuestos se encuentran en el dominio simbólico de la experiencia que a su vez se relaciona con el gregarismo humano y el contrato social que le dio origen y lo mantiene. Y el sostenimiento de ese gregarismo entraña sentimientos muy profundos, intensos y primitivos, relacionados con la sexualidad y la supervivencia, como ya comentamos mas arriba.
 
Epistemología, homeostasis y cambio.
 
Si logramos confirmar nuestra epistemología personal, mantenemos nuestra homeostasis psicosocial. Si, por el contrario la experiencia nos confronta con la imposibilidad de sostener nuestra posición ante la vida, entonces experimentamos lo que en termodinámica de los sistemas alejados del equilibrio se denomina fluctuación: fluctuaciones en la estabilidad de nuestro sistema psicosocial.
Y si esas fluctuaciones son lo suficientemente intensas, si sobrepasan cierto umbral crítico subjetivo, por el valor que le asignamos a esa experiencia, entonces nos encontramos generalmente ante un punto de bifurcación, en el cual, o evolucionamos a través de un proceso de aprendizaje que implica la deconstrucción de nuestros supuestos epistemológicos para reestructurarlos en un nivel lógico superior, o sufrimos graves consecuencias personales.
En este sentido la psicoterapia en todas sus formas debería apuntar a ser un contexto vincular que nos permita revisar nuestra epistemología, nuestro modo profundo de ver las cosas para evolucionar a formas mas complejas y avanzadas de construcción de la experiencia vital.
Nuestros pacientes vienen con sus mapas y nosotros tenemos los nuestros, que no son mejores ni peores, pero que confrontamos con los de ellos, denunciándolos y provocando fluctuaciones que ayuden a un aprendizaje, a un cambio que siempre es un cambio de ambos, terapeuta y paciente y que siempre se construye como un proceso estocástico por ensayo y error. A veces esto es útil para que las personas sean mas felices, a veces no. Por qué a veces sí y a veces no es algo bastante misterioso, cuyas explicaciones son siempre a posteriori, por lo que es preferible no ver a la terapia como una actividad dirigida y determinista, sino mas bien como un proceso donde el terapeuta y el paciente arrojan los dados, cada uno con una intención, pero sin control absoluto de lo que va a ocurrir y, según lo que indique esa tirada se arrojará nuevamente, también con intención, pero también con un margen de indeterminación que es precisamente lo que hace que la terapia pueda ser una experiencia apasionante, tanto para el paciente como para el terapeuta.
Entonces, las historias personales, que constituyen la matriz de aprendizaje donde las personas construyen su visión del mundo, su forma de actuar y de sentir, son uno de los determinantes de la cultura particular de un grupo social.
 
La historia del grupo y la cultura.
 
El segundo determinante es la historia del grupo. Los sistemas sociales tienen también una historia. Los grupos, comunidades, naciones o familias tienen una historia colectiva que va mas allá de las historias personales.
Las comunidades, por ejemplo, tienen una tradición oral y escrita, formal o informal, explícita o implícita, que a veces se remonta a muchas generaciones, a otros tiempos y otros lugares y que sin embargo interviene en la forma en que los participantes de un sistema social construyen sus vínculos internos y con el afuera. Esta historia se define como tradiciones, costumbres, orgullo nacional, etc, pero en todo caso modifica sustancialmente el modo en que las personas puntúan la experiencia.
Esa historia, al igual que las historias individuales, es el resultado de un proceso estocástico corregido por ensayo y error que, por lo tanto, depende tanto de la voluntad del grupo como de los factores de azar que intervengan.
Es muy importante considerar siempre los hechos históricos que un grupo, ya sea una familia, una comunidad o una nación, consideran explícita o implícitamente importantes, para comprender su cultura.
De la confrontación de las historias individuales (y las epistemologías que de ellas derivan) con la historia grupal, y de los condicionamientos que ésta última impone a los miembros, emerge un proceso de mutua transformación, de deconstrucción de ambas culturas, la personal y la grupal, que se descomponen en subunidades para ser reconstruidas y vueltas a confrontar generando una interacción entre lo individual y lo colectivo sobre la cual se construyen tanto los procesos homeostáticos como los saltos evolutivos.
Al respecto queremos agregar que los procesos de cambio no suelen ser procesos continuos ni parecen ser procesos dialécticos, mas bien pensamos que el cambio evolutivo se da en forma de saltos entre estados estables de orden lógico diferente, y que no emergen como resultado de oposiciones binarias (dialécticas), sino mas bien como resultado de procesos recursivos redundantes y complejos donde la construcción del nivel lógico superior implica una elección entre sistemas de conjuntos de alternativas con cierto grado de indeterminación, con semejanzas y diferencias entre las construcciones abandonadas y las adquiridas, y no por oposiciones e identidades como indica la lógica dialéctica.
La historia grupal, construida en relación a las historias de los individuos, se transforma en reconstructora de esas narraciones que le dieron origen, modificándolas y modificándose.
Si en la construcción de las historias individuales intervienen factores de azar, en la construcción de la historia grupal la posibilidad de que un individuo tenga el control del proceso es mucho menor, dado que la multiplicidad de mapas que se cruzan va significando y resignificando cada momento de la experiencia, transformando la historia en un emergente colectivo que no es de nadie y es de todos.
Esto hace de los grupos estructuras potencialmente muy estables, en realidad mas estables cuanto menos dependan de persona o personas determinadas y mas de las reglas que le dan identidad, de su "cultura". De hecho las familias, comunidades y pueblos persisten aunque sus miembros cambien, la identidad del grupo puede conservarse aunque cambie la identidad de los componentes.
 
La historia como narración subjetiva.
 
Pero ¿qué es la historia?, la historia, para nosotros, no es lo sucedido, sino la narración de lo que sucedió. La historia es un relato en el cual la secuencia de hechos es puntuada de una manera particular e intencionada, donde hay una estratificación jerárquica de los sucesos, una taxonomía de los acontecimientos que emerge del modo de relacionar los hechos sincrónica y diacrónicamente, de la construcción lingüística empleada y del lugar que ocupa el que enuncia la historia en la matriz vincular a la que pertenece, el lugar del discurso individual en el discurso colectivo.
En el fondo las personas somos un relato, hemos sido relatados y nos relatamos a otros. Cada uno de nosotros se ha identificado, en la historia de nuestras vidas con una narración, principalmente con la narración paterna, pero con una narración que emerge en el marco de otra mas general, que es la narración colectiva de la cultura. Nuestra historia no es sino un caso particular de otro relato mas general del cual se nutre, pero tiene a su vez la capacidad de modificar y resignificar ese relato social.
El cambio es entonces la posibilidad de relatarse de otra manera, de cambiar la narración de nosotros mismos que es nuestra vida, pero ese cambio en el relato exige que el contexto del relato colectivo, de la narración social que lo enmarca permita su emergencia, y esto no siempre ocurre. Vemos ejemplos de esto en la terapia familiar cuando los cambios intentados por una persona son resignificados por el grupo para que encajen en la narrativa familiar, y también vemos cómo, cuando cambia el relato familiar, cuando la familia cambia la narración de sí misma, las personas encuentran nuevos relatos de su propia historia, nuevas alternativas de ser que antes no eran posibles.
Además podemos pensar que así como las historias personales se enmarcan dentro historias sociales, éstas a su vez se dan como casos particulares de esa otra historia colectiva más amplia, de la historia original de la civilización, la historia del contrato social, de la cual dependen.
 
El contexto.
 
Cuando hablamos del contexto como condicionante en la construcción de las estructuras grupales, nos referimos a dos aspectos del contexto.
Por una parte hablamos del sistema de soporte macrosocial, la cultura del macrogrupo en el cual se inserta, y por otro del sistema de soporte físico-natural, o sea el conjunto de características geográficas, climáticas y ecobiológicas en que el grupo se encuentra enclavado.
El contexto macrosocial, como veníamos diciendo mas arriba, incide sobre la forma en que el grupo puntúa la experiencia, la resignifica en función de los contenidos culturales del macrogrupo y según el momento por el que el macrogrupo está atravesando.
El macrogrupo a que nos referimos puede ser cualquiera, una institución, un grupo étnico, una nación, una ciudad, una familia extendida. O sea el contexto social en el cual está inserto el grupo.
Las reglas que regulan las relaciones en ese grupo mayor condicionan las reglas que regulan las relaciones en el grupo menor, además, el momento particular que experimenta el grupo mayor condiciona el significado que el subgrupo confiere a su propia experiencia.
Los factores ecobiológicos y físico-geográficos también determinan la cultura y los procesos de los grupos.
Englobamos aquí a los distintos componentes del entorno físico: habitación, paisaje, urbanismo, clima, latitud, distancias, estructura del suelo, recursos naturales, seguridad, etc., y también a los del entorno biológico: fauna, flora, salubridad, alimentos, daños o riesgos al ecosistema, etc..
Los componentes del entorno social, ya sea los permanentes, como la historia, estructura de la sociedad, condiciones socioeconómicas, componentes étnicos, costumbres, mitos, creencias, y otros, o los circunstanciales, como períodos de crisis, modas, coyunturas políticas o económicas, todos estos factores dan forma al grupo, lo estructuran de una manera determinada y orientan sus procesos de transformación, interactuando con los demás condicionantes (historias individuales e historia grupal).
 
El azar probabilístico
 
Finalmente los factores de azar, las circunstancias que no guardan relación de causalidad con el proceso o la estructura grupal ni con las decisiones individuales y colectivas, tales como enfermedades, muertes, catástrofes, hechos fortuitos inesperados, también inciden en el proceso de construcción y evolución de un grupo. De hecho podemos decir que las personas suelen ser influidas por el azar más de lo que a primera vista puede apreciarse.
Todos hemos visto cambiar nuestra vida por un encuentro fortuito, un accidente, por cadenas de acontecimientos casuales, algunos trágicos, otros venturosos, pero sin los cuales hoy no seríamos quienes somos ni estaríamos donde estamos, para bien o para mal.
De hecho la construcción de las familias es un hecho altamente casual en nuestra sociedad moderna. Nuestros propios padres se han conocido en reuniones sociales o lugares públicos o a través de amigos comunes, pero podían muy bien no haber ido a esa fiesta, o haberse enfermado el día que iban a ser presentados o simplemente haberse entendido con otra persona y la vida de ellos habría sido otra.
Somos en gran medida producto de la casualidad, o mas bien de un proceso estocástico, ya que las personas circulan a través de medios socialmente homogéneos, por lo menos en lo que hace a la constitución de parejas. Es seguro que si no hubiera sido con esa persona, hubiera sido con otra de edad, condición socioeconómica, nivel de educación y características de personalidad no muy diferentes, pero por qué con ese en particular y no con otro, es una cuestión de pura casualidad.
 
El grupo social y sus reglas particulares.
 
Entonces historias, contexto y azar, llevan a que el grupo se constituya en función de ciertos enunciados básicos que se transforman en sus reglas de funcionamiento.
Estas reglas, generalmente, sirven para resolver la mayoría de la situaciones por las que ese sistema social puede atravesar, pero a veces el sistema se enfrenta a situaciones no previstas, emergencias para las cuales no estaba preparado. O porque se trata de situaciones conocidas en lo cualitativo pero muy intensas en lo cuantitativo, o porque se trata de situaciones nuevas absolutamente desconocidas o inesperadas.
Como decíamos mas arriba los umbrales de tolerancia son muy variables para cada sistema social en función de sus características.
Por ejemplo una comunidad que se asiente a la vera de un río durante unas cuantas generaciones puede estar muy acostumbrada a las inundaciones y organizarse muy bien para enfrentarlas, por ejemplo con tareas de evacuación, administración de los recursos, control sanitario, etc.. En cambio otra comunidad similar en lo demás pero sin la experiencia previa de haber pasado por ese tipo de catástrofe puede verse totalmente desorganizada por una inundación, aún mínima, fracasando todos sus mecanismos adaptativos.
Del mismo modo puede verse sobrepasada la comunidad acostumbrada a las inundaciones si la cota de agua en una oportunidad determinada subiera muy por encima de lo habitual, inhabilitando los lugares comunmente utilizados como refugio, interrumpiendo las comunicaciones con las fuentes de recursos, etc..
Por otra parte esa experiencia desestructurante puede provocar reacciones de pánico y grandes perjuicios a ese sistema social, pero también puede servir como experiencia de aprendizaje para recalibrar los modos de respuesta de la comunidad de modo que si vuelve a suceder ya no se produzca el mismo nivel de desestructuración de la matriz social.
    Juan Peralta