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Resonando con Pichon hoy
Ana Quiroga y Hernán Kesselman
(Fragmentos de una abierta al público en el marco
de las Jornadas de Homenaje a Enrique Pichón Rivière,
en la Primera Escuela Privada de Psicología Social en
Buenos Aires, 19 octubre de 1996.)
Hernán Kesselman: Esta charla entre Ana y yo,
es el puntapié inicial, la nota "la" de nuestros
diapasones personales que emitiremos para compartir en este
espacio público, abierto, nuestras resonancias pichonianas
con ustedes y las de ustedes, entre ustedes, y con nosotros.
Así lo íntimo, en los sectores que puede ser compartido
con otros, se socializa, inscribiendo "lo personal"
de quienes consuenan y resuenan con nosotros y entre sí.
De esta manera, lo personal no se diseca de lo profesional sino
que se despliega grupalmente cuando "hace masa", por
contagio creador. Por entusiasmos consonantes y resonantes.
Desde hace tiempo, con Ana Quiroga venimos resonando con Pichón
Rivière. Yo diría, desde hace unos treinta años.
Unos treinta años de amistad y Enrique siempre ha sido
un tema. No solamente Enrique Pichón Rivière, el
maestro, el amigo, el compañero; el tema era el Pichón
en nosotros, el Pichón-en-nos. Y entonces con
Ana estuvimos pensando que aunque y porque estas jornadas tienen
fundamentalmente un tema que tiene que ver con Producción
de Subjetividad; uno no puede dejar de preguntarse ¿qué
habría dicho Pichón en este momento por ejemplo
con el caso Coppola? (risas) ¿Qué habría
dicho...?
Porque esta mañana, por ejemplo, lo escuchaba a Santo
Biasatti anunciando una cantidad de conflictos sociales que el
caso Coppola y sus secuelas farandulescas "por entregas"
parece estar tapando. Me fui, me bañé, me afeité,
salí y todavía seguía hablando de esos conflictos.
Entonces me digo ¿qué habría hablado Pichón,
qué bromas haría sobre este tema? Con Ana cuando
pensamos cómo encarar este encuentro con ustedes, nos
dijimos: "Bueno, sería un bodrio que leyéramos
algo" porque no corresponde al estilo de nuestras charlas
cuando estamos a solas, en el café, por ejemplo.
Pero sí es cierto que Ana desde el insilio, que le tocó
vivir a partir del '76 y a mí desde el exilio que me tocó
vivir en España -acá están los compañeros
de la Escuela de Pichón que yo fundé en España-
y a partir del '86 con mi desexilio, hemos venido resonando sobre
Producción de Subjetividad, cada uno por su lado o juntos,
sobre el tema. Y el tema: eran siempre muchos temas. Inclusive
nos duele pensar que hay gente que piensa que Enrique Pichón
Rivière hoy sería anacrónico, lo cual presupone
un Pichón ortodoxo, inmóvil a lo que escribió
en los años cuarenta, cincuenta, sesenta y pico. No es
pertinente concebir ni que Pichón, ni que Freud ni que
Lacan ni que cualquiera de los grandes hombres, que han hecho
punta en la historia de la Psicología, podrían
repetir o pensar hoy lo mismo. A Ana le ha tocado escuchar y
a mí también, juicios como éste. Que ofenden
nuestra inteligencia y por eso irritan.
Como pasa con las leyendas, hemos transmitido el mito de Pichón
de boca en boca, y hemos transmitido cada uno con nuestra propia
singularidad, los conceptos básicos del Esquema Conceptual
abierto al que Pichón hacía referencia para operar
en su época. Esta Escuela, en ese sentido, ha sido un
bastión. Bastión de la resistencia a la desaparición
de los testimonios legados por Pichón. Pero ¡cuidado
con esto! porque mucha gente piensa que repetir a Pichón
al pie de la letra, es "ser pichoniano". Creo que
Pichón hubiera sido irónicamente muy cruel con
ellos, muy terrible porque cuando Enrique decía algo,
no lo escribía porque su atención ya estaba en
otro lado, o se ponía a escribir y si él no lo
escribía, se lo escribía gente como Ana u otros
compañeros, Martha Lazzarini ... ¿dónde
está la Negra Lazzarini? (la Negra levanta la mano, desganadamente,
con apariencia de estresada) ... Como decía, gente como
Martha Lazzarini ... ¡que así como está la
dejó Pichón! (risas), Martha Herzberg, y otros
tantos amigos, que lo transmitían operando artesanalmente
con los grupos. Nosotros también pensamos que transmitir
a Pichón era importante. Pichón en su propia letra,
en sus escritos. Pero los escritos - incluidos los Evangelios,
como sabéis (y hasta el Papa da su nueva versión
de "Lo complejo y la teoría de la evolución")
son interpretados de acuerdo al ojo que los lee, que lee, que
interpreta; la transmisión es importante pero nunca químicamente
pura. Y Pichón escribió un ECRO abierto al social
de la historia para que cada uno tome el trozo que quiera como
testimonio para continuar la carrera en cualquier pista. Pienso,
entonces, que nadie puede arrogarse la categoría de decir
quién interpretó bien a Pichón y quién
no (para competir con más derecho en el mercado de la
Transmisión de su Teoría), pero sí que las
interpretaciones al ser diversas multiplican el ECRO original
De todas maneras, pienso que hay un modo de ser pichoniano,
un modo de estar en el mundo que persiste insistiendo
en cada generación. Por otra parte, ser pichoniano, podría
ser en sentido estricto y efímero sólo Pichón
Rivière, ser lacaniano sólo Lacan, ser freudiano
sólo Freud. El resto sería "ser ano"
(risas) pero no como el auténtico Pichón. "Ninguem
é deleuziano" - decía Suely Rolnik, una psicoanalista
brasileña, hace poco. Nadie es freudiano, nadie es pichoniano
salvo en su momento Pichón Rivière, y que precisamente
al interrogarse, ya no lo era, o al menos no era solamente eso.
No lo era diez minutos más tarde después de que
todo lo había pensado, y ahí está lo fascinante.
De ese modo, de ese modo sacrílego, de ese modo atrevido
pero riguroso, de ese modo por el cual le valía la pena
vivir, esa lucidez dialéctica que lo hizo hacer, desarrollarse,
vivir y morir como tal, coherente con lo que pensaba. No fue
un "marxista de country" ni tampoco de academia. Y
esto es teoría que se transmite, teoría de vida,
una praxis y hace que muchas veces, como lo hacíamos con
él, Ana y yo disfrutemos en una parrilla con un churrasco
y una ensalada y sintamos que resonamos con Pichón, en
un modo de vivir solidario y crítico. Eso, pienso que
representó Pichón para mí. Para Ana que
vivió y trabajó con él representó
muchas cosas intensas que ahora seguramente les contará.
¿Por qué no entonces intercambiar, Ana y yo acá
con ustedes, lo que charlamos a solas: nuestras coincidencias,
nuestras divergencias, nuestras posibilidades conjuntas, nuestro
- más que coincidencias y divergencias - puntos de vista,
de mirar desde un lugar singular para aportar a una Epistemología
Con/di/vergente, opiniones vertidas sin tantas reservas y que
no se suelen compartir en público, no sólo para
preservar la intimidad de los que dialogan, sino también,
para no ser capturados por el atravesamiento social que cruza
el campo de la salud y del poder en la Psicología y que
han naturalizado las leyes actuales del "vale todo"
en la "Viña del Mercado".
.................
Porque la Psicología es justamente, como disciplina
de lo humano, ese maravilloso encuentro con un oficio, donde
uno puede devorarse todo lo humano, porque nada de lo humano
le es ajeno. Hoy una de mis diálogos imaginarios con Enrique
sería: -¿Qué te parece Enrique el concepto
de Antropofagia del Tropicalismo de Oswald de Andrade que nos
trasmitió Suely en estos días en los que vino a
trabajar conmigo a Buenos Aires? Devorarse todo lo humano como
se lo devoraba Enrique. Desde un buen partido de fútbol
(risas) hasta los escritos de Joyce.
Así que yo diría eso. Con "La Multiplicación
Dramática", todo el pasaje, nuestro tránsito
con Tato , es desde lo siniestro a lo maravilloso a través
de la vivencia estética. Estas son las resonancias con
Pichón que ya escribimos, diría yo.
Y lo último: Lo Complejo. La aparición de los Nuevos
Paradigmas, la Transdisciplina, las Caosmosis, la Ciencia compleja,
la multiplicidad. Seguro que charlaríamos mucho porque
no siempre adquirir lo nuevo es ponerse en contacto con lo extraño,
como dice Suely. A veces se adquiere "lo nuevo" para
aggiornarse, y extenderse más en lo mismo. Bueno, es una
forma de acercarse, de aggiornarse, lo cual no quiere decir que
se ponga en contacto con lo extraño.
Lo extraño, el misterio de la extraño, está
en toda la base del pensamiento de Pichón ¿no es
cierto?. Así que también nos reunimos con Ana -porque
Tato y yo fuimos muy agenciados por el pensamiento de Deleuze
y Guattari y por distintos autores, que van desde Carver, con
sus poemas y cuentos coros, hasta Francis Bacon, con sus pinturas,
nos dieron alimentos para construir nuestra propia Antropofagia
Clínica. Pero lo cierto es que charlamos mucho sobre este
tema con Ana, a quien le fascinó este enfoque. ¿Y
por qué no? si Enrique fue el primer Cartógrafo
Psicoanalista y el primer adelantado de la Psicología
Social Antropofágica. El está muy presente en estos
diálogos, lo que nos falta es su presencia corporal, el
humo de su pipa, pero siempre hay, como dije, un Pichón-en-nos.
Ana: Sí, yo te escuchaba y es una cosa que descubrí
a lo largo de este año y que en nuestra charla de estos
días, se hace particularmente cierto. Y es que este año
que está por terminar, tengo la edad que tenía
Pichón cuando lo conocí. Y yo decía: "Pucha,
él no era tan grande" (risas) Esto de: cómo
cambia la perspectiva desde la que uno mira las cosas. Entonces,
pensaba ...
Hernán: Parecía como cuando yo lo veía
hacer pis a mi papá (risas).
Ana: Yo pienso en todas las etapas que pasamos con
Enrique en la escuela. Me apareció muy fuertemente este
año la figura de Pichón, por las crisis institucionales
que tuve que atravesar, por tener la misma edad, por las situaciones
críticas sociales y que yo las viví también
en lo personal y Hernán me ha ayudado mucho.
Hernán: Y vos a mí.
Ana: Bueno. Y entonces pensaba qué estaba haciendo
Pichón cuando tenía mi edad. ¡Estaba empezando
de nuevo! Y yo tengo la sensación de que entre el último
año y ahora, yo estoy empezando de nuevo. Estoy empezando
de nuevo con la Psicología Social. Para mí la Psicología
Social tiene vida y tiene sentido, tanto que está realmente
metida en el corazón de lo que estas jornadas plantean:
Procesos Sociales y Subjetividad y qué hacer frente
a un proceso social que es tan antagónico con la posibilidad
de una subjetividad sana, y qué hacer con una subjetividad
tan atacada, tan golpeada, para que pueda empezar de nuevo. Eso
me lo planteaba ¿cómo hago para empezar de nuevo?
Primero me tuve que dar cuenta que tengo que luchar contras mis
propios bloqueos, como por ejemplo, que yo misma a veces hablo
y pienso en la dialéctica y quiero hacer lo que digo y
pienso, pero, ¡muchas veces me encuentro hablando y pensando
linealmente: las contradicciones que le dicen! ... (risas) ...
Y entonces yo pensaba para tranquilizarme: "ya llegué
y ¡pum! se acabó". Porque fue muy largo y muy
duro en tantos momentos el acompañarlo a Enrique cuando
él empezaba de nuevo y fue otro empezar de nuevo mío,
y fue como muy duro de sostener - y algunos de ustedes que están
aquí presentes, lo saben -, lo duro que fue sostener la
Escuela en el período de la dictadura. Lo que fue salir
y encontrarnos todos los que creíamos que pensábamos
lo mismo, nadie pensaba igual y que eso, era la llegada de la
democracia, no era la llegada pero era una situación institucional
que nos marcaba, ya no nos ponía un enemigo ahí
adelante que nos amenazaba sino que ese enemigo se retiraba,
derrotado en parte, se retiraba a "otra". Y entonces
empezaban a aparecer de nuevo las diferencias y qué hacíamos
con las diferencias, que es un gran tema ¿no? Fueron períodos
muy difíciles. Yo tuve una gran crisis con la Psicología
Social, estaba decidida a dejarla. Yo quería dejarla y
creía que la iba a dejar. Creo que es un poco aterrorizante
decir mientras dirijo una institución que iba a hacer
eso, pero ... (risas). Pero, en realidad incluso había
preparado una cierta base estructural para poder irme hasta
que me di cuenta de que sólo podía empezar de nuevo
si pasaba esa crisis de dejarla porque yo quería dejar
una Psicología Social y quería empezar otra y quería
dejar quizás una Ana y empezar otra. Esto, lamentablemente
a uno no le llega habitualmente con sonido de violines ¿no?,
sino en general sonido de rastrillo ...
Hernán: Taladros.
Ana: Taladros y serruchos ¿no? (risas). Sobretodo
serruchos (risas). Un serrucho por aquí, otro por allí
... bueno. Pero, en ese proceso, me di cuenta que tenía
que empezar de nuevo y que a los cincuenta y siete años
- ya no me importa decir mi edad porque una vez ya lo confesé
cuando festejé mi cumpleaños durante las primeras
jornadas - y que a los cincuenta y siete años tengo que
empezar de nuevo. Y me siento muy bien empezando así.
Esta es mi resonancia.
Hernán: ... si tomo la pared que me tirás,
digamos ...
Ana: ¿qué es la pared?
Hernán: Es esa pelota de fútbol que se
devuelve al compañero colocándola para que la reciba
más adelante.
Ana: ¡Ah! Bueno, tirémonos paredes pero,
no tiremos las paredes ¿eh? (risas).
Hernán: Habría miles de temas para hablar
de resonancias pero uno que se me ocurrió - quizás
porque estoy muy entusiasmado con la llegada de Suely - y para
los que comparten conmigo en este momento, todo el tema de la
Subjetividad y Globalización, que es un tema que me preocupa
y que como psiquiatra, aunque ya no vea neuróticos y ...
no sé si veo psicóticos pero sí veo "gente
exasperada" ... que es otra cosa ... (risas)
Público: Podrías repetir la llegada de
quién ... y quién es ...
Hernán: De Suely Rolnik, una discípula
de Guattari. Escribió con él "Cartografía
del deseo" y también discípula de Deleuze,
y que está trabajando con un tema que tiene que ver con
las diferencias, y con la identidad. Qué identidad tiene
el psicólogo social es un tema permanente para juntarnos
a tomar mate, charlar, comer facturas y ver cómo hacemos
para llegar al otro día. Creo que hicimos muchos congresos
sobre identidad del psicólogo social y no sólo
porque estuviéramos distraídos y no pudiéramos
definirla, yo te diría tanto que si vos me apurás
un poco, diría: Para mí la tarea del psicólogo
social sigue siendo la misma, como la definió Enrique:
el examen crítico y la interrogación de lo obvio
de la vida cotidiana. No cambió, para mí, como
tarea no cambió. Lo que cambia es el método, el
social histórico, la forma de hacer y de vivir lo que
pensás, etc. ... pero evidentemente si define algo esa
identidad es que es infinitamente limitada. Yo me defino, como
"Psicólogo social vocacional" ... y ... soy
médico psiquiatra y psicoanalista y psicodramatista y
cartógrafo operativo y ... Es decir, tengo estares. Un
día, o en diferentes momentos del día, estoy una
cosa, otro día otra, otro momento, otra, etc. según
la máquina vincular en que me encuentro implicado: esos
son Estares. No creo que duren mucho. Son efímeros. Entonces,
este tema que traía Suely, de que uno se aferra por adicción,
por terror a perder la identidad, tanto que a veces se adopta
la identidad " pret a porter" que exige el mercado
y los mass media. Creo que sería muy importante para mí
estar diciendo esto de Enrique. Que él era alguien tensado
fértilmente entre sus estares (lo que llamé los
Estares de Pichón). Yo mismo, cuando me fui al exilio,
uno de mis terrores -me fui a los cuarenta y dos años,
mis hijos eran chicos, dejaba a mis pacientes más queridos,
que fueron los que más me cuidaron - mi terror era dejar
de ser y mi ansiedad, llegar a ser.
(La cinta grabada sigue con la charla. Hasta ahora no había
sido desgrabada y obviamente no publicada junto con el resto
de los que también intervinieron con sus ponencias escritas
en las Jornadas de Homenaje, por que nadie sabía dónde
estaba la cinta, que nos fue recientemente suministrada por un
alumno del Aula Taller del CPO que la había grabado ese
día y tuvo la gentileza de dárnosla.)
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