"PERDÓN... PUEDE SER QUE ME SALGA DEL TEMA"
Reflexiones acerca de un trabajo grupal
con adultos mayores
Lic. Andrea Bonvillani
Si todo recorrido por lo Grupal, es un laberinto de cruces
enigmático, allí donde construímos un camino
"seguro", algo de la multiplicidad y lo incierto, nos
interroga de inmediato.
Graciela Jasiner
Este trabajo surge a partir de una experiencia compartida con
un conjunto de alrededor de 15 alumnos de la Facultad de Adultos
Mayores Córdoba. De acuerdo a este anclaje institucional
el encuadre de trabajo con ellos estuvo delineado por objetivos
de aprendizaje, tomando elementos propios de la técnica
de Grupos Operativos en un doble sentido: como contenido y como
dispositivo de análisis del propio devenir grupal .
Mi intención al reflexionar sobre un proceso de trabajo
de estas características se sostiene no sólo en
una especie de necesidad de recuperar lo vivido intensamente como
experiencia personal y profesional, sino también repensar
aquello que "nos interroga de inmediato, desde la multiplicidad,
desde lo incierto", como dice Jasiner.
Dicha interrogación intenta ubicarse atendiendo al presupuesto
de la particularidad para pensar las cuestiones grupales no desde
la lógica de estructuras universales, sino desde su "singularidad
problemática" (Fernández, 1992). En este
caso: reflexiones sobre un proceso grupal, desde la especificidad
de estar constituído por adultos mayores.
Particularidad particularizada.
Por el momento vital por el cual transitan los miembros que se
encuentra atravesado por múltiples cambios: en lo biológico
(envejecimiento), en la inserción laboral (retiro del campo
del empleo), en su mundo vincular (culminació de procesos
familiares como la crianza de los hijos y llegada de los nietos),
entre otros.
Pero, además, se trata de adultos mayores en un contexto
sociohistórico particular como es el propio de la Argentina
actual con vastos sectores pobres o empobrecidos, jubilaciones
miserables, redes de atención y contención social
prácticamente desvastadas...., en fin: abandono del Estado
en su máxima expresión.
A pesar de esto, y teniendo en cuenta la dimensión de inclusión
institucional del grupo, hay que decir que se trató de
personas con cierto poder adquisitivo, por lo menos en la medida
en que el curso no fue gratuito.
La experiencia y las preguntas: Ejes de lectura y análisis
Acostumbrada a trabajar con grupos de aprendizaje altamente
escolarizados como los universitarios en donde la participación
aparece, en líneas generales, atravesada por componentes
de compromiso ya que en realidad toda la relación docente-alumno
se encuentra "tiranizada" por la evaluación y
la acreditación, en este grupo, en cambio pude observar
una manera distinta de acercamiento al conocimiento.
Tomando como indicador la cantidad y calidad de la participación,
debo decir que la misma no sólo fue abundante sino también
altamente pertinente. Además pude visualizar una forma
poco habitual en la que ella se plantea en los grupos con los
que como ya dije habitualmente trabajo, esto es, poniéndose
al servicio de la autoevaluación ya que las intervenciones
de los miembros del grupo muchas veces estaban destinadas a verificar
si las ideas elaboradas a partir de la exposición del docente
eran correctas o no.
Esta participación, algunas veces concentrada en algunos
miembros como ocurre en todo grupo, tomó la forma también
de una búsqueda franca hacia el debate de las impresiones,
sensaciones y opiniones personales.
Considero este hecho como altamente importante, ya que se trata
de habilitar el camino para dotar de significación plena
al trabajo grupal, me refiero a la potencia del encuentro con
el otro.
Digo esto en la medida en que considero que la sociedad actual
se encuentra en una "tensión permanente entre una
tendencia a la masificación (globalización), al
mismo tiempo que una fuerte tendencia al aislamiento y a la fragmentación"
(Jasiner, 2001), a partir de lo cual uno de los mecanismos que
caracterizan el escenario social hoy es la falta de espacios para
juntarnos, para escucharnos, para generar alternativas colectivas
frente aquello que nos preocupa, que nos angustia.
Por el contrario, el grupo en tanto anudamientos de subjetividades
es un espacio privilegiado para el intercambio y la producción
colectiva.
Y en este grupo en particular no sólo se pudo visualizar
una actitud de apertura al encuentro, sino también una
suerte de potenciación de lo producido por la riqueza del
bagaje de experiencias de vida de los miembros, puesto al servicio
del aprendizaje. En este sentido recupero las articulaciones frecuentes
y pertinentes de lo conceptual con situaciones concretas de la
propia vida.
Vale la pena detenerse en este punto para hacer un breve análisis
acerca de una situación del acontecer de este grupo que
generó interrogantes desde lo técnico.
En reiteradas oportunidades hubieron intervenciones de los miembros
del grupo que si bien estaban "disparadas" por contenidos
teóricos se referían a opiniones respecto de cuestiones
que excedían lo que estrictamente nos convocaba desde los
objetivos de aprendizaje, por ejemplo:
"los técnicos pueden influir en la sociedad para
manejarnos ....puede haber cierta perversidad..."
"es una timba general el país.... GH es un programa
que copiamos de España, como todo lo que hacemos acá...
Acá hay un plan para masificarnos, desviarnos .... es tremendo"
"¿no será que el problema pasa por los representantes
que nosotros elegimos...?. Lo que pasa es culpa de la clase dirigente
que tenemos"
Estas expresiones por lo general terminaban con el reconocimiento
de un cierto desvío: "Perdón... puede
ser que me salga del tema".
Pero era realmente eso, ¿un desvío?
¿Se salía del tema, o thematizaba, es decir
ponía en cuestión un eje organizador del trabajo
en grupos de adultos mayores: la necesidad de ser escuchados y
valorados en su experiencia de vida?
Desde mi posición significó, no obstante, tender
a un delicado equilibrio entre conservar el eje enseñanza-aprendizaje
de contenidos referidos a lo grupal y permitir la expresión
de las ideas de un colectivo humano para el cual el momento sociohistórico
que les toca vivir no se caracteriza justamente por escucharlos,
sino más bien por devaluar o simplemente no tener en cuenta
sus pensamientos y opiniones.
Pensándolo mejor, con ayuda de Armando Bauleo, puede ser
que se trate de una característica acentuada de lo que
en realidad debemos tener presente en todo grupo: "dar
racionalidad a la experiencia y pasión al pensamiento"
(1983: 14), apuntando a un modo de aprender que no tema conectar
lo vivido con lo pensado.
Otro de los emergentes detectados tiene que ver con una intensa
circulación y explicitación de los sentimientos
propios así como los referidos al clima grupal, por ejemplo:
"me sorprende la agresividad que hay hoy"
"no se que se da en estos grupos.... la integración
parece más amable.... me afligió la señora
que no viene más.... "
N comenta que hoy no vino V: se lo extraña, ¿no?
A partir de los aportes pioneros del psicoanálisis,
sabemos que lo afectivo constituye una dimensión de la
vida grupal. Lo que llama la atención en esta experiencia
es que se exprese de manera espontánea y que, incluso,
los miembros del grupo expliciten su interés al respecto.
En este sentido, manifestaron la necesidad de ir más allá
de la mera coincidencia en un espacio y un tiempo para concretar
eficazmente el objetivo de aprender contenidos sobre los grupos:
las expectativas, más intensamente manifestadas por algunos,
giraron en torno a constituirse en grupo. Así, por ejemplo,
en el momento de inicio del trabajo y en relación a los
contenidos referidos a la grupalidad como una potencialidad que
en cada experiencia de grupo puede desarrollarse o no, preguntaron:
"¿vamos a ser un grupo cuando terminemos el curso?,
digo.... más allá de si aprobamos o no'.
Esta inquietud fue anticipatoria. En el cierre, ante la inminencia
de la evaluación, la demanda hacia ellos mismos pero también
hacia la coordinación fue clara:
"no nos conocemos....creo que nos falta diálogo...
yo entré tarde al grupo y no pude romper el silencio..."
"yo tengo la sensación que no hay grupo.... "
"lo que pasa es que nosotros fuimos muy activos en relación
a los temas...no vamos a salir re-amigos.... nos ha faltado lo
social, compartir algún momento para conocer más
al otro"
Considero, que este es un indicador de un rasgo específico
de estos grupos: la importacia que tiene para los adultos mayores
el establecer vínculos, quiza por encima de incorporar
conocimientos.
Este tema me lleva a dos consideraciones.
Por un lado, lo relativo a una problemática que apareció
con insistencia: la soledad.
En algunos casos se trataba de personas que si bien constituyeron
una familia, en la actualidad sus hijos se han ido y han enviudado,
en otros, la soledad parece ser más profunda: "solo
tengo a un gato", comentó uno de los miembros.
Detenerme en un análisis acerca de los componentes biográficos
y socio-culturales de este problema excede los límites
de este trabajo, lo que si creo necesario es considerar que para
ellos esto se constituyó en una de las expectativas respecto
de su inclusión en el grupo:
"Mi interés es conocer gente, ya que estoy mucho
tiempo sola"
"No me gusta la soledad, quiero compartir...."
"Es necesaria la vida social, más a nuestra edad"
Por otro lado, y atendiendo a la hipótesis de que esta
sea una tendencia en la vida de los adultos mayores, mis dudas
giran en torno al estatus que hay que darle a los componentes
afectivos y relacionales toda vez que se trabaja con ellos.
En el transcurso del proceso grupal, cuando se planteó
esta demanda, mi intervención apuntó a recentrarlos
en los fines y la tarea que inicialmente habíamos contratado:
"estamos confudiendo los niveles.... acá somos
grupo de aprendizaje... nuestro objetivo no es hacer amigos....
yo no digo que al afecto no esté...."
Estas palabras son consecuencia de asumir el lugar de la coordinación
sujetándome estrictamente a recomendaciones técnicas
del tipo: "la direccionalidad de la intervención
está encuadrada por la direccionalidad del grupo (objetivo
o proyecto que se propone)" (Manigot, 1987: 5).
Ahora me pregunto: ¿en el contexto específico que
constituye el grupo de adultos mayores, con las características
de su momento vital y del entorno social antes mencionadas, no
es válido pensar que uno de los objetivos a tener en cuenta
es la producción y afianciamiento del lazo social entre
los miembros?
Por último y en orden a pensar mi propia implicación:
¿con qué expectativas abordé el trabajo con
este grupo?
Como afirman Yubero y Larrañaga "la imagen social
creada sobre la vejez tendrá una influencia determinante
sobre la actitudes y comportamientos de todos aquellos que, de
una forma u otra, van a intervenir con ancianos" (p.
61)
En este sentido esta experiencia me servió para entender
en toda su dimensión la importancia que tiene que el coordinador
pueda explicitarse las propias ideas previas respecto de aquellos
con los que ha de trabajar.
Aunque parezca una obviedad, el coordinador, aunque técnico,
es una persona inmersa en un determinado contexto socio-histórico,
esto implica, por haber sido socializado en él, que "carga"
con una serie de representaciones acerca de distintos objetos
sociales, entre ellos los ancianos.
Lo importante será no negar que uno, en tanto integrante
de un universo simbólico, porta este conjunto de imágenes,
algunas positivas, otras negativas acerca de este colectivo, y
también mantener una actitud receptiva en las interacciones
concretas con ellos, ya que como me ocurrió en esta experiencia,
podemos llevarnos gratas sorpresas.
Entre las pre-nociones con las que yo encaré la tarea se
encontraba la difundida idea de que en los ancianos, en todos
ellos, existe un deterioro mental progresivo y dificultades para
aprender cosas nuevas, no sólo por causas funcionales,
sino por cierta rigidez que los hace aferrarse a sus propias creencias,
el típico dicho "todo tiempo pasado fue mejor".
En el recorrido que realizamos juntos, se comprobó justamente
el sesgo al que nos lleva la ultrageneralización en torno
a las capacidades de los viejos: si bien algunos tuvieron dificultades
para incorporar conocimientos o formas de trabajo nuevas hasta
el punto de dejar el curso, otros, en cambio, pudieron apropiarse
de los conceptos, criticarlos con fundamento, e incluso, asumir
una actitud flexible y tolerante frente a la posición divergente
de sus compañeros o de la coordinadora, por ejemplo:
(la discusión se centra en juicios muy negativos acerca
de la "falta de cultura" de la gente de la villa)
C: ustedes tienen que pensar que, por ejemplo, nosotros abrimos
una canilla y en el invierno tenemos agua caliente para bañarnos....
son otras las condiciones.....
M: y en la villa, ¿cómo hacen?
C: tienen que acarrear agua desde un pico común que puede
estar cerca o a varias cuadras... para algunos es más fácil
ser limpios....
M: la verdad que te agradezco, yo nunca lo había visto
así.
O: sí, te abre más el panorama.
Otro prejuicio hoy puedo decirlo con todas las letras-
giraba en torno al déficit en la preocupación de
los ancianos por las cuestiones sociales, casi detenida en una
imagen del abuelo cuidando a sus nietos, haciendo tortas, mirando
novelas....en su casa. Tal vez este grupo con el que yo trabajé
eran adultos mayores excepcionales, pero lo cierto es que desde
el primer momento conocí realidades totalmente distintas:
llenas de inquietudes por los otros, que no se quedaban en la
mera declaración, sino que protagonizaban acciones concretas
convinando intereses personales con ayuda solidaria:
"yo tengo deseos de trabajar en la comunidad, ante tanta
necesidad que hay en la actualidad"
"Acá quiero recibir mucho para volcar mucho en mi
trabajo voluntario con ancianos"
"Me gusta trabajar en la comunidad..... en un grupo de alfabetización
para adultos.... para mi es hermoso que un individuo pueda aprender
una palabra por sí solo"
"En este último tramo de mi vida quiero ver si puedo
aprender para después dar a alguien"
A modo de conclusión
Es difícil cerrar algo que se vive como necesariamente
inacabado, siempre sujeto a nuevas lecturas.
Por lo tanto, puedo recuperar algunas ideas de aquello que considero
central de la experiencia.
Pienso que cuando uno compara tiende a utilizar como bara las
propias experiencias de trabajo anteriores. Es por ello que talvez
quiero destacar un rasgo del funcionamiento de este grupo que
me llamó la atención, me refiero a cierto tono de
sinceridad que observé en variadas situaciones. En este
sentido rescato la franqueza con la que se me interpeló
en mi lugar:
" creo que vos (en referencia a la coordinadora) no das
oportunidad para que todos hablemos... hay gente que necesita
que les digan para que se animen a hablar...vos no sabés
escuchar"
"yo he notado que muchas veces te han sobrepasado los cruces
de opinión"
Más allá de la evaluación que pueda hacerse
del contenido de estos planteos, me impactó el hecho en
sí de su formulación. Esto porque en mi trabajo
habitual como docente universitaria, coordino grupos en los que
resulta muy dificil encontrar alusiones tan directas a niveles
personales. La relación transita por lo general en un tenso
malestar cuando algo de la evaluación o de los requerimientos
formales no son aceptados por los alumnos, cuando no en la apatía.
En todo caso, he llegado a sentir que los intercambios se contaminan
de cierta hipocrecía y todos hacemos un pacto implícito
de simulación que evita que tomemos conciencia de los altos
grados de impersonalidad en la que se mueven nuestros vínculos.
Un "como sí" todos estuviéramos
participando de un proceso real de enseñanza-aprendizaje,
en el cual el docente lucha para que cien personas apiñadas
en un aula lo escuchen y los alumnos tratan de no distraerse y
pensar que estos contenidos algún día les servirán.
En fin... delicias de la vida universitaria.
Lejos de esta vivencia, el trabajo con este grupo se caracterizó
por el involucramiento mutuo: circularon relatos de las propias
experiencias, se expresaron sentimientos diversos, se pusieron
en común las vivencias de cada uno. Es decir que a partir
de un encuentro de subjetividades, se comenzó a tejer una
trama.
Trama: entrecruzamiento de vidas, de posibilidades. De ahí,
la potencia de la producción grupal. En este caso una potencia
especial, la que da el poder capitalizar los años cuando
no son vividos como un lento transcurrir, sino con un sentido.
Sentido: se sintetiza en las palabras que ellos mismos dijeron
en el momento de apertura del grupo
"deseo de cambiar algo"
"que se puede cambiar y lo podemos hacer juntos"
Al fin al cabo yo, supuestamente, iba a enseñarles.
¿Quién aprendió? ¿Quién enseñó?
Quizá para entender la paradoja sirvan estas palabras
de Paulo Freire sobre el grupo: "en este lugar de encuentro
no hay ignorantes absolutos ni sabios absolutos, hay hombres en
comunidad que buscan saber más".
Bibliografía
- Bauleo, Armando (1983): Contrainstitución y grupos.
Edit. Fundamentos. Buenos Aires.
- Del Cueto, Ana María (2001): El lugar del coordinador
de grupos. Extraído de revista virtual "El campo grupal".
www.campogrupal.com/lugar.html
- Fernández, Ana (1992): El campo grupal. Notas para una
genealogía. Edit. Nueva Visión. Buenos Aires.
- Freire, Pablo (1973): Pedagogía del oprimido. Edit. Siglo
XXI. Buenos Aires.
- Jasiner, Graciela (2001): ¿Cómo coordinamos grupos?.
Extraído de revista virtual "El campo grupal".
www.campogrupal.com/como. html
- Manigot, Marta (1983): La función del coordinador: su
razón de ser en el grupo. Rev. Temas de Psicología
social. Buenos Aires.
- Yubero, S. y Larrañaga, E.: La imagen social del anciano.
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