Psicología Social y producción de subjetividad

 
Reflexiones teórico/metodológicas sobre transmisión y formación en un programa de posgrado.
 
Dra. Margarita Baz 1
Dr. José Perrés 2
 
PONENCIA PARA EL ENCUENTRO INTERNACIONAL:
"HACIA EL TERCER MILENIO, UNA SOCIEDAD CON MODELOS
DIVERSOS Y UN UNICO OBJETO: LA RELACION HUMANA"
Organizado por el grupo "Intergrup" (UAM-I, UAM-X, UAM-A y UPN)
México, D.F., 24 y 25 de noviembre de 1997
 
 
I) Introducción
 
Nos proponemos, en esta breve ponencia, reflexionar sobre la formación de
posgrado de psicólogos sociales especializados en grupos e instituciones,
abriendo la discusión en torno a las formas de transmisión de un saber
(teórico, metodológico y técnico) sobre los ejes conceptuales de esa
Maestría, y los múltiples problemas vinculados a dicha transmisión.
Esta formulación inicial resulta por cierto demasiado vaga ya que estamos
lejos de pensar en una consensualidad, a nivel nacional o internacional, en
torno a qué debemos comprender por Psicología Social, por el estudio de los
fenómenos grupales e institucionales, así como sobre lo que consideramos
central en nuestro campo de trabajo: la producción de subjetividad, las
formas de subjetivación y las modalidades de investigación-acción centradas
en dimensiones inconscientes así como en los abordajes de orden
cualitativos que conllevan un minucioso análisis del campo implicacional
del investigador. De igual forma, como bien se sabe, muchas son las
polémicas teóricas en torno a los conceptos o categorías de formación y
transmisión dentro del registro de las ciencias sociales. Yendo aún más
lejos, algo que podría parecer a simple vista totalmente anodino y obvio,
como es la conjunción copulativa que une (en el posgrado a nuestro cargo al
que hemos bautizado con el nombre de Maestría en Psicología Social de
Grupos e Instituciones), el estudio de los fenómenos grupales con los
institucionales, resulta cargada de graves problemas epistemológicos,
teóricos, metodológicos y éticos.
Frente a todas estas dificultades deberemos conformarnos pues en esta
oportunidad, y muy a nuestro pesar, con una simple aproximación a estas
complejas problemáticas en donde podamos presentar someramente nuestra
postura para generar el debate, dejando abiertas múltiples líneas de
análisis y de profundización de los temas para próximos ensayos y/o
intercambios académicos como el presente.
 
II) En torno a la transmisión y a la formación
 
Empezaremos recordando que en el campo psicoanalítico dos afirmaciones de
Lacan sobre el presente tema generaron una gran polémica que no ha cesado
de debatirse en todos sus matices. Dichas afirmaciones conciernen, por un
lado, a la total inadecuación de hablar, desde su punto de vista, de
formación psicoanalítica y, por otro lado, de afirmar de modo por demás
contundente que el Psicoanálisis resulta totalmente intransmisible.
Uno de nosotros ha tenido ocasión de discutir largamente en un texto estas
ambiguas y discutibles proposiciones lacanianas, en lo que concierne a la
dimensión del trabajo psicoanalítico, tanto teórico como clínico. No
retomaremos aquí más que un esquema elemental y simplificado de lo allí
desarrollado, que nos servirá de punto de partida para nuestras reflexiones
sobre la formación de psicólogos sociales.
Pensamos que el concepto de formación, en su clásica oposición a la noción
de información, resulta todavía válido y necesario, pese a que no dudamos
que toda formación conlleva inevitablemente peligrosos niveles de
deformación y conformación, todo lo que ya está encerrado en la misma
etimología del término formación. No en vano su correlato popular es la
noción de horma. Desde nuestra óptica, un psicólogo social debe formarse,
vale decir, saber y poder posicionarse adecuadamente ante los fenómenos que
estudia, investiga y sobre los que interviene, entendiendo que estas tres
dimensiones están indisolublemente ligadas entre sí. Debe poder, como lo
veremos a continuación, problematizar un campo de análisis, tornarlo
inteligible por medio de su reflexión, su intervención y su escucha.
Pero esa formación no supone tan sólo el registro teórico o el aprendizaje
de técnicas múltiples, todo lo que debe obviamente ser incorporado en su
labor. Al igual que en la formación psicoanalítica, lo esencial pasa por
otro lugar, el que concierne al investigador en su propio movimiento
interno, en su comprensión vivencial de los fenómenos a que está dedicado,
en este caso grupales e institucionales, al análisis de las dimensiones
implicacionales en que está sumergido. Y es a partir de ese "otro lugar"
que todo saber teórico, metodológico y técnico adquiere sentido, a partir
de ser resignificado en sus alcances de historizacón simbolizante del
propio investigador. No entraremos ahora en temas que podrían llevarnos
demasiado lejos, pero pensamos, siguiendo las valiosas líneas de
investigación abiertas por C.Castoriadis y R.Kaes, entre otros, que la
constitución del psiquismo lejos de ser individual, es desde sus inicios
inevitablemente grupal y que el sujeto psíquico antes de estructurarse como
sujeto del inconsciente ya es un sujeto grupal (y social, al unísono).
Para que esa formación sea posible deben darse niveles de transmisión.
Frente a la aseveración tan sugerente de Lacan ("el psicoanálisis es
intransmisible"), y tan peligrosa también por ser demasiado genérica,
preferimos introducir múltiples matices y modulaciones. Por ello hablamos
de las "categorías de lo transmisible e intransmisible", a las que cruzamos
en una tabla de varias entradas con las categorías de saber del
inconsciente y saber sobre el inconsciente. En síntesis, pensamos que
existe una indudable posibilidad de transmitir un saber teórico, tanto
sobre el mismo psicoanálisis, como sobre la psicología social, los
fenómenos grupales e institucionales, etcétera. Es decir, que ese saber
teórico (sobre el inconsciente, en el caso del Psicoanálisis) pertenecería
totalmente a la categoría de lo transmisible. Creemos sí, de acuerdo con
Lacan, que el saber del inconsciente, aquel que remite a lo que el
paciente, el formando en psicoanálisis o psicología social, etcétera, sabe,
pero no sabe que sabe, en la clásica y magnífica fórmula freudiana, ese
saber sí pertenece a la categoría de lo intransmisible. Frente a este tipo
de saber sólo queda crear las condiciones de posibilidad y de trabajo,
perlaborativo y formativo, para que el sujeto en cuestión pueda apropiarse
de él, hacerlo suyo, conquistarlo.
Y esas condiciones de posibilidad, no sólo deben crearse a nuestro
entender en el psicoanálisis, a nivel clínico, sino también en una
formación de posgrado, tal como intentamos hacerlo ahora en nuestra
Maestría. Sólo a través de introducir al formando en la dimensión y
compromiso personal con los fenómenos grupales e institucionales, en los
que por otra parte ha vivido desde su nacimiento, será posible de generar
las condiciones para formas de apropiación, de dicho saber ya existente en
él, homologable a lo que en psicoanálisis denominamos saber del
inconsciente.
 
III) Sobre los fenómenos grupales y los fenómenos institucionales: a modo de breve recordatorio histórico.
 
Hemos insistido en lo que precede en los graves problemas que plantea la
conjunción copulativa "y" que, en nuestra Maestría, aproxima los fenómenos
grupales con los institucionales, como si hubiera conceptualmente un pasaje
natural entre ambos tipos de fenómenos o de procesos.
Sin embargo, históricamente, quienes suscribimos esta ponencia nos hemos
formado en nuestros inicios profesionales en concepciones grupalistas,
fundamentalmente en toda la línea abierta por Pichon Riviere, trabajando
con discípulos directos de este destacado investigador, verdadero
innovador dentro de las ciencias sociales. Pese a que nuestras formaciones
se dieron en diferentes países (México y Uruguay) hubo en ellas una total
concordancia temática, siendo Armando Bauleo uno de nuestros maestros
comunes. En la década del setenta, se estudiaban los fenómenos grupales, en
su propia importancia, y las referencias a los fenómenos institucionales
solían ser escasas y poco significativas para el estudio de lo grupal. Uno
de los grandes ejes conceptuales sobre el que se gestó la carrera de
Psicología de la U.A.M., Xochimilco, fue justamente el de una psicología
social pichoniana, centrada en la concepción operativa de grupos,
jerarquizándose especialmente todo lo concerniente al aprendizaje grupal,
centro nodular de la concepción modular que caracteriza la enseÒanza de la
Unidad Xochimilco, de la U.A.M. Todo ello representaba una forma
alternativa de pensar la psicología típica de esa década, (el psicólogo
como "agente de cambio"), poniéndose también énfasis en la dimensión
inconsciente, a partir de los aportes psicoanalíticos, y de toda la
corriente freudomarxista preponderante en esos aÒos.
Nuestra concepción, en ese entonces, denotaba una clara separación entre
los fenómenos grupales y los institucionales, como registros casi
independientes en concepción y formas de intervención. Se jerarquizaba, por
cierto, en las conceptualizaciones pichonianas a la familia, como
productora de subjetividad, pero entendiéndola más desde conceptos
grupales, casi como un grupo operativo más, frente al que se utilizaban las
clásicas nociones de "cono invertido" (pertenencia, cooperación,
pertinencia, aprendizaje, comunicación y relación telé). Pero lejos se
estaba todavía de atribuirle toda su importancia como institución social,
tendiéndose más a verla como "grupo primario".
Por ello no era extraÒo que la dimensión del poder, que por cierto se
estudiaba, se dejaba más librada al análisis de fenómenos estrictamente
institucionales, vinculadas al poder político y económico, (en términos
marxistas) que al estudio de la circulación de poder (en el sentido
foucaultiano) dentro de todas las grupalidades, inexorablemente atravesadas
por la dimensión institucional.
Se separaba "lo psíquico" de "lo social", entendiendo a la Psicología
Social, como la disciplina mediadora entre los aportes estrictamente
psicoanalíticos y los sociológicos marxistas, teniendo como objeto de
estudio los fenómenos grupales.
Nuestro propio trabajo y evolución en el campo nos permitió vislumbrar
los peligros de lo que se ha denominado "grupismo" y "grupalismo", al
igual que ver los múltiples efectos epistemológicos, teóricos y técnicos,
cuando no éticos, de los riesgos de caer en la "ilusión grupal".
Comprobamos, luego, cómo muchas de las críticas y autocríticas sobre
nuestro modo de conceptualizar los fenómenos grupales, y de operar en el
trabajo grupal, eran convergentes con los aportes de la corriente
institucionalista, en sus diversas vertientes, a la que por esas fechas
empezamos a conocer y apreciar en sus aportes teóricos sobre los fenómenos
institucionales. Aunque sin dejar de cuestionar ciertos radicalismos
metodológicos y técnicos que, a nuestro parecer, suponen en las formas de
intervenciones de algunas de dichas corrientes un desconocimiento del hecho
grupal, en su funcionamiento, en sus dinamismos y en sus atravesamientos
inconscientes, vinculados a las dimensiones esenciales inter y
trans-subjetivas que en ellos circulan.
Han pasado los aÒos y las décadas y la conjunción copulativa que, en
nuestra formulación, une los grupos a las instituciones no es para
nosotros, sino un indicador (un verdadero analizador, en el sentido preciso
que le otorgan dichas concepciones institucionalistas) de fuertes niveles
de problematización en los que no cesamos de reflexionar, discutiendo las
grandes divergencias entre las lecturas "grupalistas" y las
"institucionalistas", pero también sus posibles y necesarias
complementariedades. Nuestra intención es que nuestros formandos no dejen
de vivir las situaciones dilemáticas que nos obligan a pensar siempre en la
dimensión institucional, cuando trabajamos en grupos, vale decir en los
atravesamientos institucionales de todo grupo, aun el grupo más artificial
armado ad hoc para una breve experiencia formativa. Y, por otro lado, a
discutir algunas posturas institucionalistas que han negado (¿despreciado,
tal vez?) los fenómenos grupales, cuando desde nuestro punto de vista no
existe intervención institucional, que no pase inevitablemente por el
análisis de diferentes formas de grupalidad. Por ello, como es fácilmente
observable en nuestro programa de Maestría, ya no se estudian los grupos y
las instituciones por separado, sino que se va problematizando dimensiones
como las de la subjetividad, los dispositivos de análisis, la implicación,
la intervención, el imaginario social, etcétera, las que son abordadas
necesariamente desde diferentes "recortes" de la realidad, a partir de
perspectivas grupalistas o institucionalistas, en sus complejas
interrelaciones, sus tensiones, encuentros y desencuentros,
complementariedades y radicales formas de heterogeneidad.
Nuestra concepción ha cambiado, claro está, y ya no podemos conceptualizar
la Psicología Social como hace varias décadas. Para nosotros es ahora
fundamentalmente, dicho en forma peligrosamente esquemática, la disciplina
que estudia la producción de subjetividad o, más aún, la que analiza las
diferentes formas de subjetivación dentro de la institución de la sociedad,
diferenciando claramente las dimensiones (mal llamadas) "individuales", de
las grupales, institucionales, así como la que corresponden al "socius",
entendido como totalidad estructurada, en sus propias especificidades de
análisis e intervención. Por ello nuestros intereses actuales se han ido
encaminando a reflexionar en torno a la difícil problemática de la
subjetividad en ciencias sociales, en aras de poder pensar la especificidad
de lo que podríamos denominar una subjetividad grupal, y una subjetividad
colectiva, partiendo claro está de la discusión de las múltiples "teorías
del sujeto" a partir de las que, en las disciplinas sociales, se intenta
abordar dicho problema de la subjetividad.
 
IV) Subjetividad en proceso
 
Un proceso de formación institucionalizado como un programa universitario
-la Maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones que es motivo
de estas reflexiones- se despliega como una multiplicidad heterogénea de
dimensiones, lógicas y normatividades que configuran un campo tenso y
problemático. Coexisten ahí -entre otros procesos- la fuerza
homogeneizadora y estabilizadora de la institución junto a la invitación a
imaginar e inaugurar nuevas rutas de formación y aprendizaje; los tiempos
de la investigación forzando paralelismos con los tiempos escolares; las
afiliaciones, identidades y narcisismos que se instalan cómodamente en la
imaginaria lucha por el poder; y, naturalmente, esta práctica educativa y
el establecimiento que la cobija son atravesados y tensados a su vez por
los procesos sociales que hoy -fin de milenio- son motivo de graves crisis
e interrogantes. Volvemos así nuestra mirada hacia un campo complejo y
diverso en el que somos actores profundamente implicados y que de entrada
reconocemos como proceso ubicado en redes que trascienden su campo empírico
y, asimismo, como experiencia enriquecedora e inédita que nos interroga.
Reflexionar sobre el modelo de transmisión y formación de un posgrado en
el que hemos participado desde su gestación y protagonizado su creación y
desarrollo actual (apenas tres aÒos de funcionamiento efectivo, con una
generación egresada y otra cursando su segundo aÒo), es significativo para
nosotros en más de un sentido, pero queremos destacar algo que parece
fundamental: los caminos que vamos transitando cotidianamente en las aulas
universitarias y en ese movimiento que nos vincula -y desvincula- con el
universo de regulaciones, personajes, tareas y acciones que ahí se
entretejen, son un ejemplo privilegiado de aquellos procesos que
constituyen el campo de la psicología social de grupos e instituciones
según lo hemos concebido. En efecto, lo consideramos como un campo que
toma como eje de trabajo a los procesos de la subjetividad acotados en su
pertinencia a la dimensión de lo colectivo. Las nociones claves: la de
"subjetividad" y la de "lo colectivo", no se dan por hecho, sino, por el
contrario, se ubican como nociones a ser interrogadas, repensadas y
construidas (en perpetuo movimiento), pero a las que se reconoce también en
su potencialidad para subvertir paradigmas y formas tradicionales de
concebir lo que en otros tiempos y desde distintas concepciones se ubicó
como la relación entre el individuo y la sociedad, lo singular y lo
colectivo, lo social y lo psíquico (entre otras expresiones que
corresponden a persistentes intentos de hacer inteligibles estos planos
diferenciados de la experiencia humana). La psicología social hereda la
historia de estas inquietudes y empresas intelectuales -no en vano es un
nombre compuesto que pone en juego dos términos tradicionales-, pero a la
vez, en nuestro caso, nos descentramos de estos intentos de articulación,
relación, influencia, interacción, etcétera, considerando que hay que hacer
nuevas preguntas, pensar de otro modo.
Aunado a lo anterior está la apuesta por una psicología social no
especulativa sino de intervención, cuya tarea - su aporte social- tiene que
ver con el esclarecimiento y elucidación del cómo vamos siendo sujetos en
un devenir histórico surcado por aconteceres grupales e institucionales; en
otras palabras, apostamos a la posibilidad de promover condiciones para la
construcción de nuevas miradas sobre los procesos de creación de sentido en
las formaciones colectivas. A esto le hemos llamado "subjetividad
colectiva", pero no para oponerla a una pretendida "subjetividad
individual", tampoco para postular entes colectivos que, en analogía con el
individuo, tengan pensamientos e intenciones. Por el contrario, la
expresión "subjetividad colectiva" pone en tensión la lógica que atribuye
lo subjetivo a lo individual y lo colectivo a lo social. También obliga a
realizar un pasaje del término "individuo" -categoría más bien del orden
biológico: individuo/especie- a la noción de sujeto; es decir hay un
reemplazo de la lógica del desarrollo natural por el orden simbólico. Un
campo transindividual -correlativo a la noción de inconsciente en
psicoanálisis- y un campo inter y trans-subjetivo fundan la noción de
subjetividad con la que trabajamos.
Tomar a la subjetividad como eje que organiza el campo de la psicología
social establece de entrada una perspectiva conceptual diferenciada de
enfoques tradicionales de esa disciplina. Nos hemos valido del término
"subjetividad colectiva" para perfilar su campo, noción que, decíamos,
tiene el estatuto de una apuesta teórica, es decir, de una hipótesis que
abre un campo problemático. Hablábamos de procesos de creación de sentido
instituidos y sostenidos por formaciones colectivas. Y aquí volvemos al
modelo de posgrado que hemos construido. Si quisiéramos resumir lo
esencial de las concepciones y posicionamientos en juego en el modelo de
trabajo que sostiene esta experiencia de formación, diríamos que se trata
de recrear en un ámbito colectivo el sentido de un encuentro y la pasión
por la crítica. Esto apunta a los dos elementos básicos que configuran el
dispositivo de la Maestría: la dimensión grupal e institucional de la
experiencia de formación y la investigación. Pero detengámonos un momento.
Hablábamos de algo a ser creado porque un programa que se quede en los
archivos de planes de estudio de una institución o en los registros
académicos de créditos aprobados y títulos expedidos, es un plano inerte
que en sí mismo sólo ofrecería el agotamiento de la imaginación y del
sentido. En cambio, visto como guía, como reto, como hipótesis a ser
explorada, como camino a ser recorrido, implica de entrada un
distanciamiento de la omnipotencia de la institución de formación, es
decir, un descentramiento de la ilusión en la eficacia de los objetivos
cuidadosamente delimitados, de los contenidos establecidos y de las
habilidades del estratega educativo. Hay un trabajo permanente a realizar
contra la complacencia por esos programas sancionados por la autoridad
académica y la legalidad universitaria, y contra la tentación de abandonar
un proceso al transcurrir mecánico de los trimestres. Asumir en cambio que
no hay garantías de formación que pueda dar un programa por sí mismo.
Los posicionamientos pasivos y demandantes, o autoritarios y dogmáticos
(tan comunes en las prácticas educativas) tendrían que transformarse en
aperturas e interrogantes sobre el propio deseo, frente a los otros y
frente al conocimiento. Esto abrirá la posibilidad de transitar por un
tiempo que no es el burocrático sino el del tiempo subjetivo del encuentro,
del encuentro con otros, el tiempo grupal historizado desde el batallar con
un proceso que establecerá desde su encuadre de trabajo límites temporales:
dos aÒos que anuncian una oportunidad para aprender de una experiencia, en
la medida en que sea elaborada, que logren construirse instrumentos de
indagación para comprender los procesos en juego y que se "meta el cuerpo".
Ese ámbito grupal, esa dimensión colectiva a ser dirimida en la tensión
irreductible de planos, fuerzas y movimientos diversos y contradictorios
-cuya expresión básica apunta a lo que une vs. lo que separa- no puede
concebirse como autoabastecido; por el contrario, depende del vínculo con
el campo social sugerido por la tarea de investigación, que es el otro
ingrediente fundamental del programa de formación: la investigación como
vocación de búsqueda, como puesta en juego de la pasión por el
conocimiento.
Partimos del supuesto de que la investigación es en primera instancia un
proceso creativo y de invención que no puede producirse exclusivamente con
base en prescripciones metodológicas y técnicas, sino que demanda un
considerable trabajo de elaboración de la propia subjetividad, el
reconocimiento y elaboración de múltiples obstáculos epistemológicos, así
como un desmontaje de ilusiones y desarrollo de tolerancia ante el carácter
fragmentario y relativo del conocimiento. Planteamos la noción de un
sujeto investigador construyéndose en el proceso, paralelamente a la
construcción de sus objetos de estudio y de sus instrumentos de indagación.
Un sujeto activo, deseante, creador, que pueda desbordar las fronteras de
lo establecido, que sea capaz, por tanto, de producir pensamiento y
transformarse en ese proceso. Es lo contrario a la idea de un investigador
siempre idéntico a sí mismo que pretende mantenerse al margen de la
producción de conocimiento dejando al margen su propia subjetividad, en el
ilusorio paradigma del observador neutro recolector de datos.
La investigación en el modelo de formación que comentamos tiene dos
perfiles complementarios, el primero está constituido por el movimiento de
un grupo que construye modalidades de aproximación a un campo de
conocimiento, que en lo explícito es una tarea común, plano que tiene que
ser interrogado, atravesado por la crítica, analizado desde la implicación:
¿para qué estamos juntos? ¿cómo nos posicionamos en este proceso? El
investir de valor objetos comunes, la compleja trama de identificaciones y
transferencias, son vicisitudes jugadas en las formaciones colectivas. Un
"otro" como referente significativo que sostiene el deseo, motor esencial
de cualquier proceso creativo. En ese plano intersubjetivo se conjuga la
apuesta de problematizar un campo de conocimiento -el de la psicología
social de grupos e instituciones- surcado por discursos teóricos diversos,
provenientes de distintos campos, en el que hay que moverse
vertiginosamente, desbordando fronteras disciplinarias, maniobrando con
escalas metodológicas distintas y con categorías de análisis respaldadas
por cuerpos teóricos diversos. El otro plano supone poner en juego la
historia singular en el acto diferenciado de elección de un proyecto
particular, construir y batallar ese vínculo, analizar los planos de
implicación y fuga, abrirlo al diálogo grupal y trabajar y reconocer su
ineludible posicionamiento ético ante el devenir de la sociedad. Por ello,
en todo momento, el modelo de formación que está en juego, parte de la
noción de subjetividades en proceso y de horizontes de subjetividad donde
la creación de sentido dependerá de la articulación del deseo y las
historias singulares, grupales y sociales.
 
V) Del dispositivo
 
De distintas maneras hemos esbozado ya el dispositivo establecido en
nuestra Maestría, pero como cierre de estas reflexiones que hemos
compartido con ustedes, nos acercaremos en forma más explícita a los
contornos y premisas que sostienen el aparato estratégico y la
configuración del campo que lo constituye.
El dispositivo ha sido pensado en directa relación con la especificidad
del campo de la psicología social tal como la hemos concebido, es decir,
sobre un modelo de intervención que pretende promover las condiciones para
que colectivos diversos (sean grupos, comunidades, organizaciones,
etcétera) construyan miradas nuevas que sean esclarecedoras de los procesos
de la subjetividad que se verifican en los aconteceres de la vida
cotidiana; esto apunta a transformaciones en los posicionamientos
subjetivos y la apropiación de mejores recursos de inteligibilidad en los
vínculos que tejen las tramas transindividuales e intersubjetivas que los
sostienen. La apuesta de estos procesos es un enriquecimiento subjetivo de
estas colectividades que así tendrían mayores posibilidades para realizar
abordajes más creativos de las problemáticas y vicisitudes que van
enfrentando.
Podríamos decir que la hipótesis que sostiene la acción de intervención es
la invisibilidad que mantienen los procesos que nos constituyen como
sujetos, muchos de ellos provenientes de dimensiones inconscientes.
Ubicado en el dispositivo de intervención, el equipo docente se plantea
interrogar premisas, latencias, obstáculos, vínculos, y fundamentalmente,
se plantea un desmontaje de la ilusión de ser el centro o el protagonista
principal de una formación, proceso que impone el análisis de la propia
implicación en el campo, como también la elaboración de los límites y aún
la "imposibilidad" de su tarea.
Por ello, en concordancia con esta concepción, el dispositivo de formación
en este posgrado no podría conformarse únicamente con estrategias
informativas. Hay en cambio un establecimiento de un campo de experiencia
que debe ser recorrido y en el que convergen, en forma compleja, saberes y
discursos teóricos, normatividades y regulaciones institucionales y
procesos grupales. Esta experiencia, al ir desplegando las formas de
subjetivación que nos van constituyendo -y que trascienden, naturalmente,
el campo empírico del proceso-, es el material con que se constituyen los
procesos de aprendizaje. Como consecuencia, no creemos que haya una forma
única ni un orden obligado en el desarrollo de temáticas y contenidos4, en
cambio, hay que reconocer y trabajar sobre los obstáculos -de orden
afectivo y de carácter epistemológico- que resisten y se oponen al goce
del pensamiento. Por ello, el proceso tiene que iniciarse -e insistir
permanentemente- en el análisis de la demanda de formación (¿qué hacen
aquí? ¿qué buscan en el campo de los grupos y las instituciones? ¿qué
quieren?), análisis que debe necesariamente ampliarse al campo de
intervención que sugiere la formación en la Maestría. En otras palabras, el
dispositivo, a través de su propuesta de la investigación-intervención como
eje rector, requiere proyectarse hacia la problemática social, reelaborar y
asumir un campo ético desde las posibilidades de intervención del psicólogo
social.
 
Bibliografía
 
Baz, Margarita
"Lo grupal en Xochimilco", Perspectivas docentes, Universidad Juárez
Autónoma de Tabasco, núm.3, Sept/Dic. 1990, Villahermosa, Tabasco,
México.
____ Intervención grupal e investigación, U.A.M., Xochimilco, México, 1996.
Baz, M., Perrés, J., y otros
Documentos varios preparatorios y constitutivos de la Maestría en
Psicología Social de Grupos e Instituciones, U.A.M., Xochimilco.
Castoriadis, Cornelius
La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets, 2 tomos, Barcelona,
1978.
De Brasi, Juan Carlos
Subjetividad, grupalidad, identificaciones. Apuntes metagrupales,
Búsqueda-Grupo Cero, Buenos Aires, 1990.
Kaes, René
El grupo y el sujeto del grupo, Amorrortu, Buenos Aires, 1996.
Perrés, José
"Grupos e instituciones: ¿una mirada epistemológica en movimiento?,
Perspectivas docentes, núm.4, enero/abril 1991, ibíd.
____ Formar, deformar, conformar: Acerca de las categorías de lo
transmisible y lo intransmisible en el advenir (institucional) del
psicoanalista, Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de
Psicología, Monterrey, N.L., México, 1992.
 
1 Coordinadora de la Maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones de la U.A.M, Xochimilco. Profesora Titular e Investigadora de la UAM, X. Investigadora Nacional del S.N.I.
2 Profesor Titular e Investigador de la U.A.M., Xochimilco. Profesor fundador de la Maestría en Psicología Social de Grupos e Instituciones. Investigador Nacional del S.N.I.
3 Ambos como profesores de dicha Maestría e integrantes de la Comisión de Maestría que modula su funcionamiento, siendo uno de nosotros además Coordinador de la misma.
4 Por ello, las modificaciones estratégicas que realizamos, trimestre a trimestre, sobre el programa de estudios.