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Psicología Social y producción
de subjetividad
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- Reflexiones teórico/metodológicas sobre
transmisión y formación en un programa de posgrado.
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- Dra. Margarita Baz 1
- Dr. José Perrés 2
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- PONENCIA PARA EL ENCUENTRO INTERNACIONAL:
- "HACIA EL TERCER MILENIO, UNA SOCIEDAD
CON MODELOS
- DIVERSOS Y UN UNICO OBJETO: LA RELACION HUMANA"
- Organizado por el grupo "Intergrup"
(UAM-I, UAM-X, UAM-A y UPN)
- México, D.F., 24 y 25 de noviembre
de 1997
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- I) Introducción
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- Nos proponemos, en esta breve ponencia, reflexionar sobre
la formación de
- posgrado de psicólogos sociales especializados en
grupos e instituciones,
- abriendo la discusión en torno a las formas de transmisión
de un saber
- (teórico, metodológico y técnico) sobre
los ejes conceptuales de esa
- Maestría, y los múltiples problemas vinculados
a dicha transmisión.
- Esta formulación inicial resulta por cierto demasiado
vaga ya que estamos
- lejos de pensar en una consensualidad, a nivel nacional o
internacional, en
- torno a qué debemos comprender por Psicología
Social, por el estudio de los
- fenómenos grupales e institucionales, así como
sobre lo que consideramos
- central en nuestro campo de trabajo: la producción
de subjetividad, las
- formas de subjetivación y las modalidades de investigación-acción
centradas
- en dimensiones inconscientes así como en los abordajes
de orden
- cualitativos que conllevan un minucioso análisis del
campo implicacional
- del investigador. De igual forma, como bien se sabe, muchas
son las
- polémicas teóricas en torno a los conceptos
o categorías de formación y
- transmisión dentro del registro de las ciencias sociales.
Yendo aún más
- lejos, algo que podría parecer a simple vista totalmente
anodino y obvio,
- como es la conjunción copulativa que une (en el posgrado
a nuestro cargo al
- que hemos bautizado con el nombre de Maestría en Psicología
Social de
- Grupos e Instituciones), el estudio de los fenómenos
grupales con los
- institucionales, resulta cargada de graves problemas epistemológicos,
- teóricos, metodológicos y éticos.
- Frente a todas estas dificultades deberemos conformarnos
pues en esta
- oportunidad, y muy a nuestro pesar, con una simple aproximación
a estas
- complejas problemáticas en donde podamos presentar
someramente nuestra
- postura para generar el debate, dejando abiertas múltiples
líneas de
- análisis y de profundización de los temas para
próximos ensayos y/o
- intercambios académicos como el presente.
-
- II) En torno a la transmisión y a la formación
-
- Empezaremos recordando que en el campo psicoanalítico
dos afirmaciones de
- Lacan sobre el presente tema generaron una gran polémica
que no ha cesado
- de debatirse en todos sus matices. Dichas afirmaciones conciernen,
por un
- lado, a la total inadecuación de hablar, desde su
punto de vista, de
- formación psicoanalítica y, por otro lado,
de afirmar de modo por demás
- contundente que el Psicoanálisis resulta totalmente
intransmisible.
- Uno de nosotros ha tenido ocasión de discutir largamente
en un texto estas
- ambiguas y discutibles proposiciones lacanianas, en lo que
concierne a la
- dimensión del trabajo psicoanalítico, tanto
teórico como clínico. No
- retomaremos aquí más que un esquema elemental
y simplificado de lo allí
- desarrollado, que nos servirá de punto de partida
para nuestras reflexiones
- sobre la formación de psicólogos sociales.
- Pensamos que el concepto de formación, en su clásica
oposición a la noción
- de información, resulta todavía válido
y necesario, pese a que no dudamos
- que toda formación conlleva inevitablemente peligrosos
niveles de
- deformación y conformación, todo lo que ya
está encerrado en la misma
- etimología del término formación. No
en vano su correlato popular es la
- noción de horma. Desde nuestra óptica, un psicólogo
social debe formarse,
- vale decir, saber y poder posicionarse adecuadamente ante
los fenómenos que
- estudia, investiga y sobre los que interviene, entendiendo
que estas tres
- dimensiones están indisolublemente ligadas entre sí.
Debe poder, como lo
- veremos a continuación, problematizar un campo de
análisis, tornarlo
- inteligible por medio de su reflexión, su intervención
y su escucha.
- Pero esa formación no supone tan sólo el registro
teórico o el aprendizaje
- de técnicas múltiples, todo lo que debe obviamente
ser incorporado en su
- labor. Al igual que en la formación psicoanalítica,
lo esencial pasa por
- otro lugar, el que concierne al investigador en su propio
movimiento
- interno, en su comprensión vivencial de los fenómenos
a que está dedicado,
- en este caso grupales e institucionales, al análisis
de las dimensiones
- implicacionales en que está sumergido. Y es a partir
de ese "otro lugar"
- que todo saber teórico, metodológico y técnico
adquiere sentido, a partir
- de ser resignificado en sus alcances de historizacón
simbolizante del
- propio investigador. No entraremos ahora en temas que podrían
llevarnos
- demasiado lejos, pero pensamos, siguiendo las valiosas líneas
de
- investigación abiertas por C.Castoriadis y R.Kaes,
entre otros, que la
- constitución del psiquismo lejos de ser individual,
es desde sus inicios
- inevitablemente grupal y que el sujeto psíquico antes
de estructurarse como
- sujeto del inconsciente ya es un sujeto grupal (y social,
al unísono).
- Para que esa formación sea posible deben darse niveles
de transmisión.
- Frente a la aseveración tan sugerente de Lacan ("el
psicoanálisis es
- intransmisible"), y tan peligrosa también por
ser demasiado genérica,
- preferimos introducir múltiples matices y modulaciones.
Por ello hablamos
- de las "categorías de lo transmisible e intransmisible",
a las que cruzamos
- en una tabla de varias entradas con las categorías
de saber del
- inconsciente y saber sobre el inconsciente. En síntesis,
pensamos que
- existe una indudable posibilidad de transmitir un saber teórico,
tanto
- sobre el mismo psicoanálisis, como sobre la psicología
social, los
- fenómenos grupales e institucionales, etcétera.
Es decir, que ese saber
- teórico (sobre el inconsciente, en el caso del Psicoanálisis)
pertenecería
- totalmente a la categoría de lo transmisible. Creemos
sí, de acuerdo con
- Lacan, que el saber del inconsciente, aquel que remite a
lo que el
- paciente, el formando en psicoanálisis o psicología
social, etcétera, sabe,
- pero no sabe que sabe, en la clásica y magnífica
fórmula freudiana, ese
- saber sí pertenece a la categoría de lo intransmisible.
Frente a este tipo
- de saber sólo queda crear las condiciones de posibilidad
y de trabajo,
- perlaborativo y formativo, para que el sujeto en cuestión
pueda apropiarse
- de él, hacerlo suyo, conquistarlo.
- Y esas condiciones de posibilidad, no sólo deben crearse
a nuestro
- entender en el psicoanálisis, a nivel clínico,
sino también en una
- formación de posgrado, tal como intentamos hacerlo
ahora en nuestra
- Maestría. Sólo a través de introducir
al formando en la dimensión y
- compromiso personal con los fenómenos grupales e institucionales,
en los
- que por otra parte ha vivido desde su nacimiento, será
posible de generar
- las condiciones para formas de apropiación, de dicho
saber ya existente en
- él, homologable a lo que en psicoanálisis denominamos
saber del
- inconsciente.
-
- III) Sobre los fenómenos grupales y los fenómenos
institucionales: a modo de breve recordatorio histórico.
-
- Hemos insistido en lo que precede en los graves problemas
que plantea la
- conjunción copulativa "y" que, en nuestra
Maestría, aproxima los fenómenos
- grupales con los institucionales, como si hubiera conceptualmente
un pasaje
- natural entre ambos tipos de fenómenos o de procesos.
- Sin embargo, históricamente, quienes suscribimos esta
ponencia nos hemos
- formado en nuestros inicios profesionales en concepciones
grupalistas,
- fundamentalmente en toda la línea abierta por Pichon
Riviere, trabajando
- con discípulos directos de este destacado investigador,
verdadero
- innovador dentro de las ciencias sociales. Pese a que nuestras
formaciones
- se dieron en diferentes países (México y Uruguay)
hubo en ellas una total
- concordancia temática, siendo Armando Bauleo uno de
nuestros maestros
- comunes. En la década del setenta, se estudiaban los
fenómenos grupales, en
- su propia importancia, y las referencias a los fenómenos
institucionales
- solían ser escasas y poco significativas para el estudio
de lo grupal. Uno
- de los grandes ejes conceptuales sobre el que se gestó
la carrera de
- Psicología de la U.A.M., Xochimilco, fue justamente
el de una psicología
- social pichoniana, centrada en la concepción operativa
de grupos,
- jerarquizándose especialmente todo lo concerniente
al aprendizaje grupal,
- centro nodular de la concepción modular que caracteriza
la enseÒanza de la
- Unidad Xochimilco, de la U.A.M. Todo ello representaba una
forma
- alternativa de pensar la psicología típica
de esa década, (el psicólogo
- como "agente de cambio"), poniéndose también
énfasis en la dimensión
- inconsciente, a partir de los aportes psicoanalíticos,
y de toda la
- corriente freudomarxista preponderante en esos aÒos.
- Nuestra concepción, en ese entonces, denotaba una
clara separación entre
- los fenómenos grupales y los institucionales, como
registros casi
- independientes en concepción y formas de intervención.
Se jerarquizaba, por
- cierto, en las conceptualizaciones pichonianas a la familia,
como
- productora de subjetividad, pero entendiéndola más
desde conceptos
- grupales, casi como un grupo operativo más, frente
al que se utilizaban las
- clásicas nociones de "cono invertido" (pertenencia,
cooperación,
- pertinencia, aprendizaje, comunicación y relación
telé). Pero lejos se
- estaba todavía de atribuirle toda su importancia como
institución social,
- tendiéndose más a verla como "grupo primario".
- Por ello no era extraÒo que la dimensión del
poder, que por cierto se
- estudiaba, se dejaba más librada al análisis
de fenómenos estrictamente
- institucionales, vinculadas al poder político y económico,
(en términos
- marxistas) que al estudio de la circulación de poder
(en el sentido
- foucaultiano) dentro de todas las grupalidades, inexorablemente
atravesadas
- por la dimensión institucional.
- Se separaba "lo psíquico" de "lo social",
entendiendo a la Psicología
- Social, como la disciplina mediadora entre los aportes estrictamente
- psicoanalíticos y los sociológicos marxistas,
teniendo como objeto de
- estudio los fenómenos grupales.
- Nuestro propio trabajo y evolución en el campo nos
permitió vislumbrar
- los peligros de lo que se ha denominado "grupismo"
y "grupalismo", al
- igual que ver los múltiples efectos epistemológicos,
teóricos y técnicos,
- cuando no éticos, de los riesgos de caer en la "ilusión
grupal".
- Comprobamos, luego, cómo muchas de las críticas
y autocríticas sobre
- nuestro modo de conceptualizar los fenómenos grupales,
y de operar en el
- trabajo grupal, eran convergentes con los aportes de la corriente
- institucionalista, en sus diversas vertientes, a la que por
esas fechas
- empezamos a conocer y apreciar en sus aportes teóricos
sobre los fenómenos
- institucionales. Aunque sin dejar de cuestionar ciertos radicalismos
- metodológicos y técnicos que, a nuestro parecer,
suponen en las formas de
- intervenciones de algunas de dichas corrientes un desconocimiento
del hecho
- grupal, en su funcionamiento, en sus dinamismos y en sus
atravesamientos
- inconscientes, vinculados a las dimensiones esenciales inter
y
- trans-subjetivas que en ellos circulan.
- Han pasado los aÒos y las décadas y la conjunción
copulativa que, en
- nuestra formulación, une los grupos a las instituciones
no es para
- nosotros, sino un indicador (un verdadero analizador, en
el sentido preciso
- que le otorgan dichas concepciones institucionalistas) de
fuertes niveles
- de problematización en los que no cesamos de reflexionar,
discutiendo las
- grandes divergencias entre las lecturas "grupalistas"
y las
- "institucionalistas", pero también sus posibles
y necesarias
- complementariedades. Nuestra intención es que nuestros
formandos no dejen
- de vivir las situaciones dilemáticas que nos obligan
a pensar siempre en la
- dimensión institucional, cuando trabajamos en grupos,
vale decir en los
- atravesamientos institucionales de todo grupo, aun el grupo
más artificial
- armado ad hoc para una breve experiencia formativa. Y, por
otro lado, a
- discutir algunas posturas institucionalistas que han negado
(¿despreciado,
- tal vez?) los fenómenos grupales, cuando desde nuestro
punto de vista no
- existe intervención institucional, que no pase inevitablemente
por el
- análisis de diferentes formas de grupalidad. Por ello,
como es fácilmente
- observable en nuestro programa de Maestría, ya no
se estudian los grupos y
- las instituciones por separado, sino que se va problematizando
dimensiones
- como las de la subjetividad, los dispositivos de análisis,
la implicación,
- la intervención, el imaginario social, etcétera,
las que son abordadas
- necesariamente desde diferentes "recortes" de la
realidad, a partir de
- perspectivas grupalistas o institucionalistas, en sus complejas
- interrelaciones, sus tensiones, encuentros y desencuentros,
- complementariedades y radicales formas de heterogeneidad.
- Nuestra concepción ha cambiado, claro está,
y ya no podemos conceptualizar
- la Psicología Social como hace varias décadas.
Para nosotros es ahora
- fundamentalmente, dicho en forma peligrosamente esquemática,
la disciplina
- que estudia la producción de subjetividad o, más
aún, la que analiza las
- diferentes formas de subjetivación dentro de la institución
de la sociedad,
- diferenciando claramente las dimensiones (mal llamadas) "individuales",
de
- las grupales, institucionales, así como la que corresponden
al "socius",
- entendido como totalidad estructurada, en sus propias especificidades
de
- análisis e intervención. Por ello nuestros
intereses actuales se han ido
- encaminando a reflexionar en torno a la difícil problemática
de la
- subjetividad en ciencias sociales, en aras de poder pensar
la especificidad
- de lo que podríamos denominar una subjetividad grupal,
y una subjetividad
- colectiva, partiendo claro está de la discusión
de las múltiples "teorías
- del sujeto" a partir de las que, en las disciplinas
sociales, se intenta
- abordar dicho problema de la subjetividad.
-
- IV) Subjetividad en proceso
-
- Un proceso de formación institucionalizado como un
programa universitario
- -la Maestría en Psicología Social de Grupos
e Instituciones que es motivo
- de estas reflexiones- se despliega como una multiplicidad
heterogénea de
- dimensiones, lógicas y normatividades que configuran
un campo tenso y
- problemático. Coexisten ahí -entre otros procesos-
la fuerza
- homogeneizadora y estabilizadora de la institución
junto a la invitación a
- imaginar e inaugurar nuevas rutas de formación y aprendizaje;
los tiempos
- de la investigación forzando paralelismos con los
tiempos escolares; las
- afiliaciones, identidades y narcisismos que se instalan cómodamente
en la
- imaginaria lucha por el poder; y, naturalmente, esta práctica
educativa y
- el establecimiento que la cobija son atravesados y tensados
a su vez por
- los procesos sociales que hoy -fin de milenio- son motivo
de graves crisis
- e interrogantes. Volvemos así nuestra mirada hacia
un campo complejo y
- diverso en el que somos actores profundamente implicados
y que de entrada
- reconocemos como proceso ubicado en redes que trascienden
su campo empírico
- y, asimismo, como experiencia enriquecedora e inédita
que nos interroga.
- Reflexionar sobre el modelo de transmisión y formación
de un posgrado en
- el que hemos participado desde su gestación y protagonizado
su creación y
- desarrollo actual (apenas tres aÒos de funcionamiento
efectivo, con una
- generación egresada y otra cursando su segundo aÒo),
es significativo para
- nosotros en más de un sentido, pero queremos destacar
algo que parece
- fundamental: los caminos que vamos transitando cotidianamente
en las aulas
- universitarias y en ese movimiento que nos vincula -y desvincula-
con el
- universo de regulaciones, personajes, tareas y acciones que
ahí se
- entretejen, son un ejemplo privilegiado de aquellos procesos
que
- constituyen el campo de la psicología social de grupos
e instituciones
- según lo hemos concebido. En efecto, lo consideramos
como un campo que
- toma como eje de trabajo a los procesos de la subjetividad
acotados en su
- pertinencia a la dimensión de lo colectivo. Las nociones
claves: la de
- "subjetividad" y la de "lo colectivo",
no se dan por hecho, sino, por el
- contrario, se ubican como nociones a ser interrogadas, repensadas
y
- construidas (en perpetuo movimiento), pero a las que se reconoce
también en
- su potencialidad para subvertir paradigmas y formas tradicionales
de
- concebir lo que en otros tiempos y desde distintas concepciones
se ubicó
- como la relación entre el individuo y la sociedad,
lo singular y lo
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