LA PERSONALIDAD NEUROTICA DE NUESTROS
TIEMPOS
NEO-LIBERALES

Enrique Guinsberg

 

Cada persona, retirada dentro de sí mismo, se comporta como si fuese un extraño al destino de todos los demás. Sus hijos y sus buenos amigos constituyen para él la totalidad de la especie humana. En cuanto a sus relaciones con sus conciudadanos, puede mezclarse con ellos, pero no los ve; los toca, pero no los siente; él existe solamente en sí mismo y para él solo. Y si en estos términos queda en su mente algún sentido de familia, ya no existe ningún sentido de sociedad.
TOCQUEVILLE

 

La precedente afirmación de un conocido teórico del siglo XIX puede parecer exagerada y/o alarmante frente a las premisas morales y éticas que postulan al hombre como un ser interesado y preocupado por los demás hombres y su sociedad, pero ¿no es acaso una descripción bastante cercana a lo que en definitiva propone y construye el liberalismo como modelo de subjetividad, modelo agudizado al extremo en su variante conocida como neoliberalismo, hoy hegemónico -aunque en aparente declinación- en gran parte del mundo y en nuestro continente?
Como premisa del presente trabajo y en general para la comprensión de la construcción del denominado Sujeto, debe partirse de lo ampliamente conocido -aunque no siempre seguido por el mundo psi (psicólogos, psicoanalistas, psiquiatras, etc -de que las características sociales, políticas y económicas de cada marco y época concreta formarán un modelo de Sujeto y de subjetividad adecuado a su mantenimiento y reproducción.
Por razones de espacio no es este el lugar para una fundamentación de tal premisa ni para ofrecer múltiples ejemplos históricos al respecto. Baste para ello recordar que el Sujeto del período de construcción del capitalismo en los países de Europa central -modelado por el protestantismo- tenía las características necesarias para tal acumulación: frugalidad, avaricia, limpieza, orden, etc. (lo que la psicopatología presente definiría como neurosis obsesiva), aspectos -salvo los últimos que se mantienen- hoy abandonados en tales países por ser incompatibles con una producción que requiere de un alto consumo . En otra perspectiva con el mismo sentido ¿cómo olvidar que la histeria dominante en la época de Freud era consecuencia de la moral victoriana predominante?
Ver el modelo de Sujeto y de subjetividad de nuestra época neoliberal implica conocer las características de este modelo social y de producción, para comprender su incidencia en el psiquismo del tipo de Hombre Necesario que construye. Pero esto significa tener previamente en cuenta -para todas las relaciones sociedad/sujeto/subjetividad- varios aspectos, entre ellos que no se trata de una acción siempre intencional, mecánica y refleja (como muchas veces ha planteado el "marxismo" vulgar de tipo stalinista) sino de efectos que se apoyan en "necesidades" humanas y no pocas veces contradictorios o no deseados (por ejemplo la histeria no era buscada por la moral de su época, como tampoco mucho de lo que el propio regimen define como psicopatológico que se verá más adelante). En cuanto al modelo de hombre presente debe destacarse que sus características básicas ya se encontraban desde el surgimiento del liberalismo, sólo agudizándose con su actual variante neoliberal (agudización que, según destaca Lipovetzky, hace que vivamos "una segunda revolución individualista" o, dicho de otro modo, una "nueva fase en la historia del individualismo occidental") .
En términos harto generales y esquemáticos este modelo hace del mercado el centro absoluto de la dinámica económica, sometiendo todo el funcionamiento social a sus leyes (dentro de la mayor libertad y casi sin límites, lo que entre otras cosas implica la privatización de todo lo posible). El objetivo es la obtención de mayor producción y ganancias, para lo cual -a niveles nacionales y mundial- se impone un alto rendimiento dentro de una fuerte y constante competencia. A su vez todo esto requiere de un también constante e incrementado consumo.
Un funcionamiento social con tales características y requerimientos no puede dejar de incidir, y muy fuertemente, en el modelo de Sujeto y de subjetividad de quienes se forman y/o se desarrollan bajo sus leyes.
El primer aspecto a considerar -ya en creciente desarrollo desde los comienzos del liberalismo pero ahora incrementado como nunca- es que el núcleo básico del funcionamiento social es el individuo, lo que implica una importante y consecuente reducción de los intereses comunitarios o colectivos como valor determinante de la vida y de las prácticas cotidianas. Esto provoca la búsqueda del triunfo y la ganancia a niveles individuales (sea personal, familiar o de una empresa), con diferentes grados de indiferencia por lo que esto signifique para el marco social global, incluyendo en esto desde la derrota de los competidores o -mucho más grave- la destrucción que pueda provocar .
Tal predominio y centro del y en el individuo -fácilmente observable en múltiples expresiones de la vida cotidiana, sobre todo en ese gran muestrario que son las programaciones de los medios masivos y los anuncios publicitarios -, provoca no sólo la conocida tendencia individualista del presente sino también que se considere que el narcisismo es el cuadro psico(pato)lógico dominante del presente . En este sentido debe quedar claro que por tal tendencia se entiende no sólo el conocido cuadro patológico de tal nombre sino, y fundamentalmente, una modalidad de lo que Fromm define como el Carácter social de una determinada época , cuya característica central sería algo muy parecido a tendencias privadas o ego-ístas, es decir una central preocupación por uno mismo y su particular contorno (ver nuevamente la frase de Tocqueville del comienzo), con escaso interés por lo general salvo en lo que incide en lo personal .
Esto es entonces lo que actualmente se entiende (e incluso acepta) como lo "normal", no faltando quienes equiparan esta noción exclusivamente estadística con lo "sano" . En congruencia con las pautas del modelo neoliberal esto implica una constante competencia de los individuos -que llega a ser una especie de darwinismo social- por sobrevivir como mínimo y triunfar como aspiración máxima.
Ganar (dinero, poder, status, etc) es hoy la explícita justificación para prácticamente todo, aunque manifiestamente se recalca que ello debe hacerse respetando normas éticas y morales. Pero la simple lectura de periódicos indica como personas, empresas y naciones -sobre todo con base en el poder- no lo cumplen o lo hacen parcialmente.
La búsqueda del triunfo es también la justificación para el abandono de una actividad conjunta y solidaria entre los hombres y/o empresas, y su reemplazo por una competencia cada vez mayor y sin muchas preocupaciones por las consecuencias que provoca en los demás (incluyendo no pocas veces en el todo social y en la propia persona). Competencia generalmente no igualitaria -sobre todo para quienes parten de bases más débiles-, donde las actuales políticas económicas de privatización y búsqueda de rendimiento marginan a quienes (muchas veces amplias mayorías en los países pobres o subdesarrollados) no pueden acceder o ven reducidos sus beneficios sociales .
Seguramente es tema de discusión y análisis si tal competencia no es necesaria, o tal vez imprescindible, para el desarrollo individual y social -y lo más probable es que sí-, por lo que la crítica apunta en realidad tanto a su destructivo nivel actual, al abandono que ello produce de los vínculos cooperativos y a las consecuencias que causa en todos (incluyendo al triunfante en la misma). Al respecto es muy contundente una reciente afirmación de un entrenador deportivo, aunque ella es extensible a toda la vida presente: "La supercompetencia conduce al doping" , lo que claramente quiere decir cómo el actual estilo de vida obliga (real y/o social y psíquicamente) a una lucha y esfuerzo cada vez mayores para sobrevivir o "progresar" (el entrecomillado de este término busca hacer referencia al sentido valorativo e ideológico de tal noción tiene para muchos).
Esto último da pié para destacar que el señalado estilo de vida de la llamada modernidad, y ultra-fortalecido en el modelo neoliberal, tiene como ejes fundamentales el acceso a lo que entiende y define (nuevamente puede discutirse mucho si realmente lo son) como bienestar, comodidad y aumento del nivel de vida y del status. Todo esto sería permitido por el acceso a los bienes y servicios que posibilita el amplio desarrollo actual de la producción y la tecnología, lo que convierte a las mercancías y al consumo como centros podría que decirse que absolutos para muy amplios sectores del mundo presente.
Sería no sólo muy interesante sino también necesario hacer una amplia referencia a esto por su importancia decisiva en las características de la subjetividad de nuestro tiempo, lo que lamentablemente no es posible por el tiempo asignado a este trabajo. Baste recordar como tal propuesta ideológica está formulada de manera implícita y explícita en el discurso global de la época presente, de manera que no es exagerado decir que las mercancías son el fetiche del hombre contemporáneo , y los centros comerciales (que florecen como hongos) los templos laicos y centros de reunión y de convivencia del mundo capitalista avanzado .
Pero, y en definitiva esta es la pregunta fundamental, todo lo hasta aquí indicado -individualismo en el sentido apuntado, competencia, mercancías y consumo-, ¿posibilitan realmente todo lo que ofrecen, o sea un mayor bienestar y vida más satisfactoria y plena? Porque de ser así, y aunque ahora limitado a quienes pueden acceder a los beneficios del modelo neoliberal, puede pensarse en las ventajas del mismo (que hoy alcanza a pocos pero, de creer en sus promesas, se extenderá luego para todos) .
Es indudable que algunos aspectos son reales -mayor comodidad y status, por ejemplo-, pero sin embargo resulta evidente que puede dudarse mucho de que actualmente haya psíquicamente un mayor bienestar y vida más satisfactoria, y es mucho más probable (o seguro) lo contrario. Una prueba categórica al respecto lo brindan los países del Primer Mundo -sin duda donde existe un mayor bienestar material y formas democráticas-, pero también los más altos índices de drogadicción, alcoholismo, psicopatología, crisis individuales y familiares, suicidios, etc.(y no sólo en los sectores marginados que no acceden a sus beneficios materiales).
Las causas de lo que puede definirse como El malestar en la cultura neoliberal, concretando al aquí y ahora el clásico texto freudiano, son múltiples aunque provenientes del mismo modelo. Entre ellas, a más de lo ya señalado, una necesidad cada vez mayor de esfuerzo y trabajo -que para pocos es realmente agradable y realizador de uno mismo-, para la obtención de más de los llamados satisfactores (hoy como nunca sinónimos de mercancías), que a su vez se busca que sean constantemente renovados para mostrar que se accede a lo nuevo -verdadero mito del presente, aunque sólo sea una variante de lo mismo- que el mercado siempre ofrece ; en tal situación inevitablemente se producen importantes grados de frustración y de envidia por la dificultad de acceso a todo lo deseado (que el sistema hace ver como necesario e imprescindible), y en la medida en que cada vez es mayor la simbiosis sujeto/mercancía , puede ser importante la autodevaluación que esto ocasiona .
Pero lo más importante es como tales satisfactores no pasan de ser lo que muchos autores definen como sólo superficiales y, por tanto, carentes de significaciones a niveles profundos que ofrezcan sentido a una vida. Es entonces de preguntarse hasta que punto las muy crecientes tendencias fundamentalistas del presente (religiosas, nacionalistas, tecnológicas, etc) no representan la búsqueda -equivocada pero no por ello menos real- tanto de significaciones que den sentido a una vida como un escape a las tensiones que la actual presenta. Al respecto es interesante recordar, pensar y actualizar el muy conocido planteo de Freud de que "la vida, como nos es impuesta, resulta gravosa: nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles, (y) para soportarla no podemos prescindir de calmantes" .
Este excesivamente fugaz análisis no puede terminar sin indicar, también a vuelo pájaro, otras características de -parafraseando el conocido libro de Karen Horney- la personalidad neurótica de nuestro tiempo. Entre ellas:
* el marcado incremento de la soledad en un mundo con cada vez con mayores medios de comunicación y posibilidad de relaciones, y la incidencia de esto en las también crecientes (en distintos niveles) patologías depresivas.
* el también incremento de tendencias esquizoides por la disociación que se observa entre distintos aspectos del individuo.
* la vida cada vez más en presente, sin proyección de futuro.
* la búsqueda, sobre todo en sectores juveniles aunque no exclusivamente, de emociones y de ruido exterior para tapar el vacío interior.
* las consecuencias de la liberalización actual -algo muy diferente a liberación- respecto a la represión sexual.
* los efectos en la subjetividad de la tendencia mercantil presente donde prácticamente todo tiene un precio sujeto al mercado, y por tanto puede comprarse y venderse .
Estas son sólo algunas de las características respecto a algo que requiere urgentemente un mayor estudio. Quienes lean este trabajo sacarán sus propias conclusiones sobre el valor del modelo (neo)liberal y su incidencia en el tipo de Sujeto que en él se construye.