Los Mitos en la Terapia de Familia

 

1. INTRODUCCION

La psicoterapia de familia que reconoce la influencia de la Psicología Narrativa, postula al menos dos grandes diferencias con los modelos más tradicionales en este campo.

  1. Según los enfoques más tradicionales, los terapeutas "leen" pautas de interacción, pensamientos y sentimientos de los miembros de una familia, y los interpretan en relación a un modelo del funcionamiento de los sistemas familiares, con el fin de promover el cambio.

    Esto puede generar dos tipos de dificultades (Weingarten, 1998)

  2. El terapeuta es un observador de un fenómeno con el cual se implica de manera no sistemática. Es decir, hay un momento en que se puede mirar "desde afuera".
  3. El terapeuta asume que cada actor de la interacción familiar tiene similares oportunidades para influir en las reglas del sistema. Es decir, tiene la noción de que los roles de los miembros de la familia no están determinados por relaciones de poder predefinidas socialmente.
  4. El enfoque narrativo pone el énfasis en una construcción colaborativa del cambio, el cual se sustenta en el diálogo entre el paciente y el terapeuta, teniendo esta conversación un carácter más simétrico (el terapeuta es menos experto en cómo "debe vivir la gente")

Este enfoque ha sido criticado como vago, debido a que no se aclara suficientemente la responsabilidad del terapeuta, mientras sus defensores sostienen que los enfoques más estratégicos están excesivamente centrados en el cambio de comportamientos, sin tener la dedicación para revisar los criterios desde los cuales ciertas conductas se consideran más apropiadas que otras. (Eron, 1993)

Se sostiene que no se trata meramente de utilizar la técnica del "Reencuadre", ampliamente difundida desde el enfoque estratégico o estructural, sino posibilitar la re-narración de significados que abarcan el pasado, el presente y el futuro de un cliente.

Según Goolishian y Anderson, "los problemas no son más que realidades socialmente creadas que son sostenidas por comportamientos y coordinadas en el lenguaje" (Goolishian y Anderson, 1987). White y Epston también indican que: "No es la estructura subyacente o la disfunción lo que determina las conductas e interacciones de la familia, sino más bien son los significados que los miembros atribuyen a los hechos los que determinan esa conducta"

Del mismo modo, Penn y Frankfurt, señalan que "los eventos existen como construcciones lingüísticas, y un discurso social puede ser visto como palabras que surgen en respuesta a otras palabras" por lo cual los problemas pueden ser descritos como "un monólogo que se experimenta como autoacusatorio y negativo"

En este enfoque, las personas experimentan problemas cuando las historias de sus vidas no representan suficientemente toda su experiencia vital. Sin embargo, las narraciones no son cerradas sobre sí mismas, sino que hay un flujo entre la experiencia y el relato. "Las estructuras narrativas organizan y le confieren sentido a la experiencia, pero siempre hay sentimientos y experiencia vital que no está totalmente enmarcada en una historia dominante" (Bruner; 1986)

Por este hecho, la finalidad de la acción terapeútica es "abrir caminos a otras voces, implica considerar que existen alternativas para actuar, y además para definirse. El Sí Mismo se enriquece al recoger narraciones de otros contextos y puede surgir voces que contrarrestan los monólogos negativos" (Penn y Frankfurt, 1994)

Lo que se busca, entonces, es crear un espacio de diálogo entre cliente y terapeuta, donde se contruye un nuevo flujo de conversación, donde el paciente "juega" (en el sentido de Winicott) con un margen más amplio de relatos sobre el pasado, presente y futuro; recordando, fantaseando, especulando, esperando, deseando y probando nuevas voces para sus propias experiencias y para sus imágenes de los demás. (Penn y Frankfurt,1994)

     

    2. ELEMENTOS TEORICOS

     

    1. Historias

Esta perspectiva pone un fuerte énfasis en los aspectos cognitivos del comportamiento humano, y reconoce que la definición del comportamiento adecuado es una propiedad de los sistemas observadores, los cuales están semánticamente estructurados.

Desde este punto de vista, vale la pena recordar lo que propone Echeverría en relación a la Ontología del Lenguaje:

"1. No sabemos cómo las cosas son. Sólo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos.

Sólo podemos hablar de verdad al interior de sistemas de proposiciones y no toda interpretación es igual a cualquier otra: podemos enjuiciar el poder de cada una de ellas.

2. No sólo actuamos de acuerdo a cómo somos (y lo hacemos), también somos de acuerdo a cómo actuamos. La acción genera ser. Uno deviene de acuerdo a lo que hace.

El individuo no puede ser separado de su relato: La pregunta ¿Quién eres? lleva a la descripción de una historia que le confiere un sentido a la definición que uno hace de sí mismo.

Pero el relato del individuo existe dentro de un relato histórico y social (dentro del lenguaje de un grupo social determinado), en el cual hay variaciones: En el sistema de coordinación de la coordinación del comportamiento, no todos ocupan el mismo lugar ni efectúan las mismas acciones

3. Los individuos actúan de acuerdo a los sistemas sociales a los que pertenecen. Pero a través de sus acciones aunque condicionados por estos sistemas sociales, también pueden cambiar tales sistemas sociales"

En este punto, lo que sostenemos es que las historias son la forma en la cual las personas organizan su experiencia, las cuales surgen de su vivencias personales y familiares, y de los discursos dominantes en su medio cultural.

De igual manera, Echeverría plantea que: "En su afán por la búsqueda de sentido, los seres humanos inventan y narran historias. Si nos preguntan quienes somos, contamos una historia. Nuestra identidad se constituye como una historia que contamos acerca de nosotros mismos. Es una historia que nos posiciona en un mundo. Y cuando nos preguntan acerca del mundo, contamos otra historia. Nuestro mundo es siempre una historia acerca de cómo son las cosas que nos rodean"

Ahora bien, desde el punto de vista del proceso terapeútico, encontramos que hay cuatro características de las historias que son relevantes: la historia como una versión de lo dicho y de lo no dicho; la historia como una crónica a través del tiempo; la historia como parte de las interacciones de la familia al contarse historias; y finalmente la historia como una expresión de las narrativas dominantes, que ejercen influencia tanto en el paciente como en el terapeuta. (Kazdin)

Por esto, nuestra concepción de las historias no solamente nos ayuda a entender cómo los clientes organizan su experiencia, cómo surgen los problemas en su vida y cómo podemos ayudarlos a re-narrar de manera más amplia, sino también nos muestra que nosotros los terapeutas- también estamos dentro de historias sobre nosotros mismos, y que compartimos Narrativas Dominantes con nuestros clientes.

 

2.2 Mitos

      1. Definición

Cuando nos referimos al tema de los Mitos familiares, nos situamos dentro de la perspectiva Narrativista, pero hacemos una focalización dentro de cierto tipo de historias. Es decir, los Mitos son historias, pero no todas las historias son Mitos.

Desde nuestra perspectiva, lo que caracteriza en forma más distintiva a las historias que llamamos Mitos es que tienen una estructura fuertemente simbólica y buscan explicar el Origen de una situación que determina el presente y el futuro.

El Mito es una narración de un acto fundacional, en el cual generalmente encontramos la confrontación entre dos fuerzas, las cuales tienen una importancia crucial en la vida de la comunidad que lo genera.

Knox (Knox, 1964) describe cuatro características fundamentales de los Mitos.

1. Los mitos son historias, narraciones imaginativas, que tratan de actos cosmológicamente significativos de dioses o seres suprahumanos, los héroes. Un acto o acontecimiento cósmicamente significativo es de decisiva importancia para el mundo, especialmente para el mundo de los humanos, cuya respuesta a é1 pudo haber sucedido en épocas prehistóricas o históricas. Sin embargo cuenta acciones particulares que acontecen en tiempos particulares.

2. Los mitos siempre tienen su fuente en la vida común y las experiencias de una comunidad humana particular. Llevarán la marca de su cultura, y persistirán durante generaciones como parte de su tradición.

3. La comunidad aprecia la historia o el mito porque sugiere algo distintivo e importante en la existencia humana y, particularmente, en la existencia de la comunidad; además, es allí donde encuentra la respuesta.

4. A causa de la relación que mantiene la historia o el mito con la existencia concreta de la comunidad, se convertirá en parte inseparable e indispensable de la vida de la comunidad y, para los que participan en ella, será un símbolo irremplazable.

 

2.2.2 Los orígenes del Mito

 

Según Bagarozzi y Anderson, el origen de los mitos se remonta al hecho de que "Nuestros ancestros primitivos, durante el alba de la conciencia, no hacían una clara distinción entre un universo externo objetivo y sometido a leyes, y su propio mundo interno de las experiencias subjetivas. Los limites entre las experiencias conscientes e inconscientes eran borrosos, indistintos, porosos y fluidos. La percepción del yo como entidad separada, con una existencia independiente del propio grupo primario, se alcanzaba sólo por unos pocos elegidos: los héroes del mito y la leyenda" (Bagarozzi y Anderson, 1996)

El orden social se estructuraba en base a estas narraciones: "Con el fin de encontrar sentido y poner orden en esta confluencia de experiencias, se crearon los mitos o leyendas. Para nuestros ancestros, estas explicaciones mitológicas eran la verdad. Cada historia, cada mito, daban significación y finalidad a aspectos específicos de la vida y la existencia cotidianas. Además de prescribir la conducta, los mitos también proscriben la acción. Oponerse a su sabiduría era alterar un manto preordenado" (Bagarozzi y Anderson, 1996)

Muchas de las narraciones míticas más clásicas de la Antigüedad nos hablan del cruel destino de aquellos que osaban desafiar el Orden (Prometeo) o del triunfo de quienes eran capaces de seguir ciertas señales divinas (Perseo y la Medusa, por ejemplo). "Tal acción sólo podía conducir a la catástrofe personal y familiar. Los mitos se consideraban como demostración de significación y orden interior en el cosmos y la existencia humana. Eran el intento de explicar una percepción o experiencia y, al mismo tiempo, de justificar esa misma percepción" (Bagarozzi y Anderson, 1996)

En este sentido, sin duda el Mito más famoso de nuestra cultura es la tragedia de Edipo, que pone en evidencia que los temas universales del ser humano no han variado en su esencia desde hace varios miles de años. O como dijera una vez Jorge Luis Borges: toda la literatura universal ha tenido sólo dos tema: el Amor y la Muerte.

En nuestra visión, los mitos son parte constitutiva de todos los grupos, en tanto factores que articulan el mundo inconsciente con el consciente, y el pasado con el presente. Al respecto uno de los estudiosos más importantes sobre el tema, Joseph Campbell señala: "Los efectos característicos de los temas y motivos miticos traducidos en rituales se refieren a que vinculan al individuo con fuerzas y propósitos transindividuales" (Campbell, J. 1988)

La formación del individuo humano depende mucho menos de las "regularidades de orden biológico" que son propias del resto de los animales, pero los seres humanos igualmente requerimos para nuestro surgimiento como tales de mecanismos sociales que aseguren una cierta "regularidad" para permitir la supervivencia del grupo. "A través de la absorción de los mitos y la participación en los ritos de su grupo social , el adolescente es estructurado de acuerdo tanto a su ambiente natural como social, y transformado desde un producto natural amorfo, nacido prematuramente, en un miembro definido y competente de un orden social" (Campbell, J. 1988)

 

2.2.3 Funciones antropológicas de los Mitos

Desde una perspectiva antropológica Mèlich señala que "El mito es razón última (o, si se quiere, razón primera). Es en este sentido que sostengo que es un relato fundador de las interacciones e instituciones sociales. El mito es un sistema dinámico de símbolos que se convierte en relato; es el relato originario que sirve de soporte para la construcción del mundo de la vida, de la cotidianidad. El mito aglutina, cohesiona ilusiones colectivas.

El mito desempeña cuatro funciones antropológicas básicas:

  1. Función cosmológica: el mito pone en contacto a cada ser humano con un sentido global de la naturaleza y de la creación, con un origen cósmico y universal.
  2. Función histórica: podría llamarse también tradicional. El mito vincula a cada individuo con su historia, con la tradición ancestral de sus antepasados. Sus acciones y decisiones cobran sentido y valor en el fluir de la historia de su cultura.
  3. Función sociológica: el mito es un paradigma que mantiene el orden social. Un orden, ciertamente, al mismo tiempo estable y dinámico. Los mitos -y por lo mismo los órdenes sociales- cambian, pero nunca del todo. Existe siempre un depósito ´conservadorª.
  4. Función psicológica: el mito mantiene un orden psicológico, mental. No solamente da sentido a la vida del grupo sino también ala vida individual. Está claro que ésta es inseparable de aquélla, pero ambas son distintas y al mismo tiempo complementarias.

La función del Mito sería entonces proporcionar un sentido colectivo y generar un orden valórico respecto a lo que es apropiado o inapropiado. Desde el punto de vista social, un grupo en el cual no hay un sentido compartido que sea suficientemente simbólico como para convocar la cohesión afectiva de sus miembros, se encuentra en riesgo de disolución: "Cada sociedad humana sobrevive porque se mantiene unida alrededor de un mito, de un arquetipo central que actúa de capullo de mariposa uniéndola y protegiéndola de los procesos de disgregación, entropía y muerte cultural" (Mélich).

Por esto, una de las críticas que se formulan a nuestra cultura "posmoderna" es precisamente que aparejado a un incremento por la pluralidad hemos introducido una tolerancia hacia el individualismo y un fuerte desapego por la identidad grupal.

Según Silvia Selzman estamos viviendo como sociedad en una "situación liminar" de transición de un mundo a otro, por lo cual "el momento actual es de gran riqueza simbólica y débil estructuración, donde el desenfreno es normal y los elementos de la cultura rompen sus ataduras habituales, cambian su conflguración y se combinan imágenes extrañas y a veces aterradoras; la propia imagen del hombre aparece transformada" (Selzman, S., 1995, pág. 18)

Desde este punto de vista, sugerimos que en nuestra época debido a los incesantes cambios sociales, y a la escasa atención social que se le brinda a los mecanismos de pertenencia familiar y social (mitos y ritos) la construcción de la identidad personal resulta de notoria complejidad al presentarse una amplia diversidad de modelos de conducta frente a un escaso señalamiento de caminos.

Tal como ha sido señalado por diversos autores, esto es particularmente significativo en el caso de los adolescentes, quienes "para construir la propia identidad (deben volver) a sintetizar todas las identificaciones infantiles de una manera original y, al mismo tiempo, concordante con los roles sociales que la culturales ofrece" (Asún. D., 1987)

De este modo, los Mitos no son solamente construcciones que se refieren a los aspectos más simbólicos de las interacciones sociales, sino que describen los marcos de referencia culturales para comportamientos muy concretos [por ejemplo: el uso de la Violencia]. Se constituyen en Meta-relatos, desde los cuales surgen las historias familiares y personales, y por lo tanto de manera recursiva conectan al individuo, con la familia y la comunidad.

Como indican Bagarozzi y Anderson: "Es imposible separar los mitos personales de un individuo de los de su familia, comunidad o cultura. Los individuos, las parejas y las familias eligen y adoptan activamente como propios los mitos culturales, cuyos distintos componentes, símbolos, rituales, etc, tienen significación e importancia para cada uno de los miembros de la familia, y para el sistema matrimonial y familiar en su totalidad"

La recursividad entre los mitos individuales, familiares y culturales es tal que permanentemente nuestras narraciones están difundiéndose de un nivel a otro:

"[Los] mitos culturales son modificados y reelaborados por el individuo de modo que se adecuen a su mitología personal. Así, pues, se utilizan para mantener el concepto que se tiene de uno mismo y preservar la integridad personal. De manera similar, los mitos culturales se utilizan para estabilizar la estructura organizativa de los sistemas matrimonial y familiar, y mantener pautas pronosticables de interacción entre los miembros de la familia. De manera verdaderamente sistémica, este proceso actúa también para reforzar y estabilizar los mismos mitos culturales"( Bagarozzi y Anderson)

         

      1. Funciones Psicológicas de los Mitos

Hemos señalado que los Mitos nos permiten entender que dentro de los grupos sociales existen estructuras narrativas, que de manera simbólica, permiten introducir un cierto orden y predictibilidad en el devenir de la vida.

Desde el punto de vista de la psicoterapia, los Mitos aparecen como historias en las cuales los protagonistas están definidos en torno a polaridades como "bueno/malo", "fuerte/débil", "justo/injusto" y sus acciones determinan efectos irreversibles para sus vidas y para las de los miembros de su linaje.

Los actos míticos no aparecen generalmente en forma directa (a no ser que se trate de sueños o fantasías) sino más bien tienden a ser aludidos de manera indirecta, siguiendo el estilo del proceso primario Los temas del Amor, la Muerte, el Poder, la Maternidad, la Paternidad, el Deseo, pueden ser rastreados a partir de partes de la historia donde un hecho que puede parecer a simple vista trivial, es usado para explicar decisiones muy relevantes en la vida del paciente.

Este hecho trivial, lo pequeño y cotidiano, es un significanteque puede conducirnos a través de la "escucha radical" (Weingarten) a una narración subyacente. Tomemos el ejemplo de una paciente, mujer de 33 años, que consulta por crisis conyugales que han desembocado en violencia. Señala que su esposo no está comprometido con la familia, y que ella se siente muy cansado de tener que exigirle que sea "más responsable", que se convierta en "un hombre de familia".

Esta expresión, usada para explicar su malestar, en sí misma puede ser tomada como una expresión habitual que se inscribe dentro del discurso dominante respecto a los roles de género en la familia, pero dentro del contexto de la historia de esta mujer, que ha sido funcionalmente autónoma y el sustento de su familia, nos sugiere una incongruencia. Al escuchar el significado de la expresión "el hombre de la familia", se abre una historia del abandono de su propio padre, de la soledad y del sacrificio de su madre, de la fortaleza de su abuela y de su temor a no tener un "hombre de la familia"

En su historia, el Hombre de Familia es el ideal, el que está a cargo de todo, el que la salva de la tragedia, y la Mujer es la "débil" que se hace cargo de la familia, no desde su propia fortaleza, sino desde la esperanza de que llegue el Heróe.

El análisis de este tipo de historias, nos lleva a sugerir que "la creación de mitos es fundamental en la psicoterapia. Es esencial que el terapeuta permita al cliente tomarse en serio sus mitos, aparezcan estos en forma de sueños, asociaciones libres o fantasías....[ya que] los mitos pueden ser una extensión, una forma de poner en práctica nuevas estructuras vitales, o un intento desesperado de reconstruir el propio modo de vida"(May, 1992)

El mito individual nos sirve para mantener nuestra identidad, para conectarnos nuestras raíces y aventurarnos hacia el futuro, en un estilo de narración que conecta lo consciente con lo inconsciente.

     

  1. Los Mitos en la Familia

En tanto que sistema histórico podemos describir en la familia una evolución (Ciclo vital Familiar) y además transacciones transgeneracionales por las cuales se transmiten delegaciones y los méritos y deméritos que debe resolver cada generación. Helm Stieriin señala: "El elemento nuclear de la delegación es el vínculo de lealtad que une al delegante con el delegado. Este vinculo se forma ya en la intimidad de la temprana relación padres hijo, sobre todo en la relación niño-madre. Los encargos delegados por los padres a los hijos pueden provenir de los más diversos planos de impulsos y motivaciones" (Stierlin, H., 1979)

Por esto, un aspecto importante de la dinámica familiar se refiere precisamente a aspectos de su identidad que surgen de los histórico, pero que -teniendo componentes narrativos objetivos y racionales- finalmente se sustentan en la dimensión inconsciente: "En la mayor parte de los grupos chocamos con una mezcla de fantasías y mitos.. (los cuales) cumplen simultáneamente dos funciones esenciales, mutuamente entrelazadas: funciones de defensa y funciones de protección" (Stierlin, H., 1979)

En el caso de las familias 'las funciones de defensa entran en juego cuando los miembros de la familia desfiguran su realidad familiar, cuando, a fin de evitar dolores y conflictos, niegan, racionalizan o encubren lo que se han hecho entre si. Las funciones de protección se dan (en cambio) frente al mundo exterior. Los mitos tienen que engañar al mundo exterior sobre la facticidad familiar, manteniéndolos confusos" (Stierlin, H., 1979)

Como se puede apreciar en este último párrafo, esta definición de Mito familiar como una función defensiva y protectora de la homeostasis familiar ofrece una interpertación dentro de la disyuntiva Normal-Anormal. Una visión más amplia -a nuestro juicio- ofrecen los siguiente autores.

Andolfi y Angelo refieren por Mito Familiar lo siguiente: "una serie de creencias, bastante bien integradas y compartidas por todos los miembros de la familia, que atañen a cada uno de estos y a sus posiciones recíprocas dentro de la vida familiar. Estas creencias no son cuestionadas por ninguna de las personas interesadas, no obstante las evidentes distorsiones de la realidad que suelen entrañar...( ). . El mito, por lo tanto, se convierte en una matriz de conocimiento y representa un elemento de unión y factor de cohesión para cuantos creen en su verdad. Por eso, crear un mito significa traducir una serie de acontecimientos y de comportamientos reales en un relato compartido por todos, en los que cada uno pueda encontrar una clave de lecturas de sus propias experiencias cotidianas, del sentido de la vida, sintiéndose al mismo tiempo, parte integrante del grupo" (Andolfi., M. y Angelo, C.,1989)

Según estos autores existe una relación entre Mito y Regla Familiar "en la medida en que ésta últimas se sobreentiende como generalizaciones y atribuciones de valor a ciertos comportamientos, los que no pueden entonces ser determinados unilateralmente" Por ejemplo, en una familia en que se venera el éxito económico como fuente de seguridad e identidad, el mito subyacente podría ser que el clan es "socialmente poderoso", y por tanto, el hijo que quiere dedicarse a una profesión sin prestigio social, no sólo rompe una regla, sino además pone en peligro el Mito.

Agregan Andotfi y Angelo: "Si admitimos que el Mito y la Regla son expresión de una estructura (familiar), comprenderemos que es inherente a ambos cierta rigidez, en el sentido que determinadas características fundamentales tienen a permanecer constantes" (Andolfi., M. y Angelo, C.,1989)

La manera en que se manifiesta el mito es el Rito: "Los ritos son una serie de actos y de conductas estrictamente codificados dentro de la familia, que se repiten con el correr del tiempo y de los cuales participan todos los miembros de la familia o una parte de ellos. Parecen tener por objeto la transmisión a los participantes de determinados valores o actitudes o modalidades de comportamiento ante situaciones específicas o vivencias emotivas ligadas a ellos" (Andolfi., M. y Angelo, C.,1989)

Al respecto señalan además: "Los ritos familiares están influidos por las convenciones y por los valores del ambiente cultural exterior a la familia, por lo cual en parte se superponen a los ritos sociales; pero además son portadores de una serie de creencias íntimas de la familia, la mayor parte de las veces no verbalizadas y transmitidas mediante el comportamiento ritual...El rito puede ser el medio a través del cual se transmite toda una serie de creencias y valores familiares relativos a determinadas actitudes y emociones, o puede ser la ocasión para que una persona en particular introduzca en la estructura ritual elementos simbólicos propios, que faciliten la definición de las relaciones que la vinculan con los demás" (Andolfi., M. y Angelo, C.,1989)

Como se puede apreciar la rigidez del Mito es relativa, ya que justamente cuando se manifiesta en el Rito, cuando llegan los actores a la escena a interpretar un guión conocido y respetado por todos, es justamente cuando surge la posibilidad de la variación en el libreto, de algún matiz que algún miembro podría introducir en algún aspecto y así permitir su cambio.

Pero, este cambio es solamente tolerado cuando no amenaza a la integridad del grupo que genera el Mito, sino más bien le permite adaptarse para sobrevivir a las nuevas circunstancias y así no transformarse en una repetición vacía de todo contenido emocional

En definitiva, desde nuestra perspectiva no es inherente a los Mitos y Ritos la cualidad de la rigidez, sino hay en ellos una dinámica histórica, la cual es transgeneracional y contribuye a darle sustento a la identidad del grupo.

Sostengo que los Mitos y Ritos no deben ser asociados a fenómenos patológicos, sino más bien -como tantos otros aspectos relacionales de la familia- se trata de funciones normales, que por supuesto se encuentran exageradamente desarrolladas o exageradamente limitadas en aquellas familias con conflictos.

En definitiva, al igual que Bagarozzi y Anderson señalo que "no creemos que [los mitos] permanezcan estáticos, que su único propósito sea mantener el equilibrio homeostático, que los mitos sean conscientemente compartidos por todos los miembros de la familia ni que exista sólo un mito familiar que sirva como punto central en torno del cual giran los procesos familiares" (Bagarozzi y Anderson, 1996)

Los mitos y los ritos aseguran la continuidad y el cambio del sentido de identidad familiar, permiten que los individuos cuenten con explicaciones no racionales sobre su destino y les proporcionan un sentido de trascendencia, al ser parte de una entidad supraindividual e histórica.

 

4. Mitos Familiares y Ritual Terapéutico

En síntesis, sostenemos que la familia es una fuente de metarrelatos que configuran la interpretación que hacen sus miembros sobre lo que son y el lugar que ocupan en ese mundo. Algunos de estos metarrelatos pueden definirse como Mitos y se inscriben con mayor o menor congruencia dentro de los Mitos culturales que dispone la familia para explicarse su propia existencia, en especial para explicar los eventos vitales relevantes como los nacimientos, las muertes, los cambios de estatus social, los matrimonios, las separaciones, las enfermedades, y tal como señalan Patterson y Garwick (Patterson y Garwick, 1994) son un factor determinante en el grado de estrés que experimenta la familia antes cambios inesperados.

Cuando los terapeutas familiares nos enfrentamos a conocer el relato de una familia sobre un problema abrimos justamente ese mundo, que teniendo los elementos comunes de la cultura, presenta su propia fisonomía y le confiere a cada intento por solucionar el problema un lugar coherente dentro de la interpretación de su historia.

Es decir, cuando una familia nos habla sobre su problema, sobre las causas de éste y sobre la soluciones esperadas, nos cuenta un relato. Sin embargo, este relato puede basarse en ciertos elementos argumentales más profundos que hacen referencia a cuestiones fundamentales de la existencia y que son válidos no por su carácter histórico sino por su contenido afectivo: este es el Mito.

El Mito se refiere así no al relato específico de una historia de sucesos que ha llevado a una familia a tener un cierto problema, sino a una estructura más básica que muestra que hay un cierto orden inmanente en la existencia .

Los Mitos tienen un carácter fuertemente afectivo y simbólico, y por ello su comprensión no es simplemente una deconstrucción de los sentidos ocultos en los relatos de los miembros de la familia, o una reinterpretación de los hechos en virtud de nuevas claves.

En definitiva, el hecho de considerar a la Psicoterapia de Familia como una actividad en la cual se reconstruye la narración que especifica la identidad del grupo y del individuo nos puede llevar a contactarnos con el universo ético de la familia, el cual se expresará en sus Mitos.

Sin embargo, hay un hecho que nos pone en contacto directamente con aquellos "elementos plásticos" del relato familiar, y tal vez con elementos míticos, el cual es la creencia en la curación de los problemas a través de la palabra, y que se manifiesta en el hecho de que ellos hayan iniciado esa conversación con nosotros.

Desde este punto de vista, la misma conversación entre la familia y el terapeuta puede ser interpretada como un párrafo de un narrativa más amplia que existe en toda nuestra cultura: hablar sobre lo que me duele con alguien que sabe es curativo.

Este acto puede llegar a ser en sí mismo un ritual si el terapeuta usa su saber para interpretar los relatos mas profundos del grupo a través de una manera simbólica (es decir, sin explicarlos racionalmente) y les entrega nuevas herramientas de interpretación en un clima de comunión y pertenencia a una instancia importante en la evolución de esa familia.

Si la figura de la partera nos trae a la mente alguien que protege el desarrollo de un proceso natural de transformación y que acoge el cambio en el momento crítico, podríamos decir, que el Terapeuta es un partero narrativo, aquel que ayuda a nacer el nuevo relato, apoyado en su respeto por la dignidad del otro y en su curiosidad por lo nuevo que es imposible predefinir.

Se ha sostenido que la psicoterapia tiene algunas similitudes con el ritual católico de la confesión, sea esto acertado o no, lo crucial es que debemos cuidarnos de apelar a un Otro Todopoderoso que juzga y confiere el perdón, ya sea este un Gurú una Teoría divinizada.

Esto significa desprendernos de nuestra propias seguridades respecto a la veracidad de los modelos con los cuales interpretamos el mundo. Nuestra experticidad como terapeutas radicaría tanto en nuestra comprensión de los modelos científicos que explican la conducta humana, como en nuestra comprensión de que esos mismos modelos, son sólo narraciones que hemos construído en un marco histórico y social.

Como señala Echeverría: "...nos parece que los creadores de mitos eran nuestros antepasados y no nosotros. Pensamos que ellos eran los que vivieron en mundos míticos y que nosotros abandonamos esa forma de ser hace ya algún tiempo. A diferencia de ellos, sostenemos que nosotros hemos dejado de necesitar mitos pues sabemos cómo las cosas son.

Para remarcar el punto, hablamos, de nuestras explicaciones científicas. Pero nuestros antepasados también pensaban que sabían cómo las cosas eran. También consideraban sus historias como representaciones verdaderas de la realidad. Si observamos nuestras explicaciones científicas, debemos admitir que ellas también son historias. Historias que son más efectivas que otras, historias que están fundadas de manera que hemos llegado a aceptar como más poderosa que otras, pero, al final, las explicaciones científicas no son sino narrativas que producimos acerca del mundo"

¿Qué queda entonces?

Nos queda nuestra capacidad para escuchar, para escuchar detrás de las palabras, para ver el contexto familiar desde el cual surge la narración, para ver el contexto social en el cual se inscribe esa narración y para vernos a nosotros mismos como portadores de narraciones míticas, que realizamos en nuestro propio acto de escuchar.

Los terapeutas podemos vernos a nosotros mismos como escuchadores y como tejedores de narraciones. Si en el mismo acto de aceptar la palabra del otro, somos capaces de darle un nuevo lugar en su narrativa, lo estamos ayudando a crear un nuevo sentido de identidad.

Lo que nos queda es crear un diálogo con nuestro cliente en el cual se pueda activar uno de los Mitos más antiguos de la humanidad: el de la creación por la palabra.

 

Cristián Vásquez Rivera

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

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