Las locuras de Pichon Riviere

 

-Pero puso su acento, eligió como camino al humano y precario conocimiento, el método de la ciencia. El camino de la poesía es otro.
-Le respondo con la precaución de quien se halla tanteando lo definitivo. Ahora hay en mí, más que una pasión, una necesidad de luz para mis actos. En lo único que estoy totalmente convencido de no equivocarme es en eso que acaso ya reitero en demasía: mi búsqueda ha sido saber del hombre...

E.P.R.

 

INTRODUCCION

No es fácil rastrear los orígenes de un proyecto. Sus procesos de constitución, los avatares de sus desarrollos, sus formas de generar y salvar contradicciones. El trabajo sobre estos procesos tiene, necesariamente, un elemento histórico básico. Pero no todas las formas de hacer historia son iguales.

Más allá de un trabajo histórico cuyo fin sea la historia por sí misma (historicismo), reencontrar los orígenes del proyecto pichoniano, más que un intento de renovar o volver a dar aliento a una serie de prácticas (bastante institucionalizadas en este momento), pretende esclarecernos a nosotros mismos, en la perspectiva histórica de nuestros propios procesos.

Pero tampoco se trata de una especie de introspección a partir del modelo pichoniano. No estamos evaluando en ese sentido nuestra acción. Tampoco intentamos realizar un estudio centrado en nosotros mismos. Los fenómenos que se derivaron del movimiento psicoanalítico, vehiculizado fuertemente por los grupos operativos en un momento dado (aún cuando la inversa puede ser igualmente real: los fenómenos derivados del movimiento grupo-operativista, fuertemente vehiculizados por el psicoanálisis...) cuestionan elementos propios del proyecto fundador. Así, la institucionalización del "grupismo" en México, proceso en el cual los grupos operativos jugaron un papel protagónico, no nos remite necesariamente a la falta de pureza en la interpretación del "mensaje" pichoniano, ni a una degeneración del proyecto derivada de mezquinos intereses comerciales.

La derivación del proyecto pichoniano en las formas actualmente institucionalizadas nos plantea interrogantes sobre las diversas fases del proyecto mismo, sobre las dudas y ambigüedades presentes desde un inicio, sobre las formas negociadas frente a radicalismos peligrosos: en fin, nos interroga básicamente sobre las fases contradictorias de un mismo proyecto de transformación. Y en esto que pudiera parecerse como una pendiente fatal de la historia (institucionalización o disolución), podremos reconocer cómo poco a poco se va dibujando un campo de implicación, un sistema dinámico de relaciones de implicación generadas en los compromisos del investigador, pero también en su rechazo a analizarlos. Allí donde el destino parece tener la palabra, son nuestras implicaciones inanalizadas las que determinan nuestra acción.

Al decir de Devereux, el primer dato importante del proceso de investigación es de carácter contratransferencial. Ese dato no se encuentra en el objeto, sino en el mismo sujeto de investigación. En este caso, el estudio del proceso de constitución del proyecto pichoniano se enfrenta, a cada momento, al peligro del deslumbramiento.

Releer a Pichon resulta sumamente emocionante. No únicamente por los recuerdos y los conceptos desempolvados que dormían profundamente el armario de las cosas viejas. Más bien se trata de otro tipo de emoción. Es como regresar a otra época, a otros momentos en los cuales todo estaba por descubrirse.

Vienen a mi cabeza recuerdos de las largas caminatas con Armando Bauleo, quien me introdujo a este apasionante panorama (aún cuando creo que en el fondo jamás acabé de entenderlo). Recrear otras épocas, los inicios de la escuela de Pichon, los inicios de la época de oro (en pleno proceso instituyente), donde todo estaba por crearse, al interior de un pequeño grupo... Novelas exaltadas que relatan lo que ya tantas veces nos hemos encontrado: siempre el tono tiene algo de épico, algo de familiar.

Pero, a pesar de ello, la emoción persiste. Adentrarse en ese panorama nos pone frente a una situación ciertamente carismática. Podemos caer en el influjo de nuestro genio carismático, y convertirnos (¿reconvertirnos?) en nuevos militantes. Podemos, de buena manera, rescatar los planteamientos pichonianos algunas décadas después, tratando de remontar el desgaste del tiempo.

Sin embargo, creo que la sensación básica es que la lectura de Pichon rompe con cualquier neutralidad. Releer a Pichon es, en estos momentos, quedar paradójicamente sin distancia, descolocados. Esta descolocación no puede ser efecto sino del mismo elemento movilizador de su teoría. Así, su relectura, algunas décadas después, sigue produciendo efectos de aprendizaje.

Pero si, de cierta manera, esto nos coloca como objetos del discurso pichoniano, no es menos cierto que existe también una intencionalidad en nuestra indagación. No leemos el texto pichoniano como los discípulos leen al maestro, en plena idealización. Ponemos atención a las fechas, el lenguaje utilizado, el público al que dirije sus ponencias, la presencia o no de ciertos conceptos. Realizamos también una indagación. Descolocamos el discurso pichoniano. En el contexto de la indagación histórica, el discurso pichoniano adquiere nuevos matices, y muestra otras formas de su originalidad, pero ha sido básicamente desacralizado: secularizado.

Se nos presenta así un interesantísimo proceso de constitución de un proyecto científico, con fuertes implicaciones políticas e intelectuales, enormemente complejo, que aquí intentaremos describir en sus rasgos más generales.

a) Las fuentes

A partir de estas primeras ideas, todo lo que parece presentársenos son obstáculos. El primero de ellos es el de las fuentes. En principio, recopilar lo escrito por Pichon es realmente una tarea titánica, ya que no fue la escritura una de sus preocupaciones fundamentales. A su vez, son pocos los testimonios o estudios históricos que pueden dar cuenta del proceso de constitución del proyecto grupo-operativista. Las reconstrucciones históricas son escasas, quizás porque otras preocupaciones (que en aquellos momentos pudieran parecer más importantes) eran prioritarias.

No obstante, la ausencia de referentes experienciales al corpus teórico en pleno proceso de invención plantea ya algunas interrogantes, al menos en lo que se concibe como la construcción de un cuerpo de conocimientos. Si el texto puede resultar claro, encontramos sin embargo muy escasas referencias al contexto, y ¿qué decir de los paratextos y los extratextos? Es como si Pichon mismo pusiera una trampa, manteniendo ascépticamente en secreto todas aquellas cosas, anécdotas que van sugiriendo el camino de su reflexión. Es un reflejo psicoanalítico, inventado, por cierto, después de Freud. O quién sabe. ¿Tendría Pichon su Fliess? Evidentemente, en esta forma de exposición de los conceptos fundantes del corpus está ya presente una forma de concebir la problemática del sujeto y el objeto. Posiblemente los elementos teóricos (especialmente lo que se refiere al hombre en situación referido al propio sujeto de investigación) no concuerdan necesariamente con las formas de exposición elegidas. El hecho es que la investigación histórica se topa con otro obstáculo, ya que las fuentes escritas, básicamente los artículos elaborados en el período de formación del proyecto pichoniano, son extremadamente parcos en sus referencias contextuales.

Diversas publicaciones tuvieron la suerte de contar con artículos de Pichon. Estas publicaciones van desde los Index psiquiátricos hasta publicaciones periodísticas con interesantísimas reflexiones sobre la vida cotidiana. Pichon, al parecer, podía situarse como psicoanalista, realizando relatos oficiales para congresos internacionales, y también como cronista, relatando el suceder cotidiano en un Buenos Aires revolucionado, en transformaciones veloces e importantes.

Sin embargo, no hemos logrado encontrar alguna sistematicidad en su política de publicaciones. Así, algunos libros han visto la luz, a partir de recopilaciones de artículos realizadas por discípulos o compañeros de trabajo. Resulta difícil, a veces, encontrar la pluma de Pichon. Los artículos están transcritos, corregidos (y en buena parte escritos), por sus colaboradores cercanos.

Por su parte, las fuentes testimoniales, en este momento de nuestra investigación, no corresponden necesariamente al momento de fundación que estamos explorando.

No obstante, en esta tarea, hemos contado con el testimonio privilegiado de Vicente Zito Lema, que en su conocido libro nos plantea una perspectiva general de la obra y la vida, de ciertos afectos y de un momento no poco importante de la vida de Pichon: su preparación para la muerte. La tristeza, el arte y la locura son los protagonistas de este libro.

Podríamos plantearnos si el problema de las fuentes es únicamente su dispersión y las formas específicas de escritura en los diferentes momentos de la obra de Pichon. Me parece que no. Creo que la indagación histórica sobre los procesos de fundación, especialmente en lo que se refiere a los movimientos o corpus teóricos, se topa, en lo que respecta a las fuentes, con obstáculos más profundos, más estructurales.

El proceso de fundación, los primeros momentos de vida de un nuevo territorio científico o disciplinario, necesariamente se encuentra confundido con formas ya existentes, que le prestan un lenguaje y sus propias formas de acción. Así, lo nuevo destaca sobre lo viejo, pero únicamente a la luz de desarrollos posteriores. Mientras tanto, confundido en territorios que posteriormente reconocerá como vecinos, este nuevo corpus será visto o tachado, depende de su colocación política, como una serie de locuras marginales, como esas cosas "raras" que de vez en cuando la ciencia oficial o las prácticas instituidas toleran. No es raro, entonces, encontrar autores con una especie de "doble vida": publicando sobre Psicoanálisis en su gaceta oficial, pero a su vez realizando otro tipo de escritos, con lenguajes distintos, medios distintos, distintos afectos, en revistas o pasquines "poco serios".

Así, nos encontramos con el efecto de que resulta difícil encontrar los momentos fundantes de un corpus teórico en revistas indexadas, o en publicaciones con cierto reconocimiento. Lo que allí encontramos, en el mejor de los casos, es "la otra cara", el teórico "serio", que no quiere mostrar su propia "locura", su desviación de la ciencia oficial. El rastreo del testimonio escrito resulta, a partir de esto, muy difícil, máxime cuando la distancia geográfica es de más de medio planeta...

Evidentemente, esta característica de los procesos estudiados requiere otro tipo de aproximación, quizás menos academicista. Este otro tipo de aproximación supone otros terrenos, otras formas de inserción en el ámbito, en el ambiente en el cual se desarrollaron. Por el momento, me encuentro imposibilitado para tal empresa.

De cualquier manera, con los materiales que he podido reunir, así como una forma más o menos novedosa de aproximación a dichos materiales, intento mostrar los elementos más generales en la formulación del proyecto pichoniano, planteándome, desde este momento, la presencia de un proyecto de institucionalización claro, coexistente con la fase más utópica o mesiánica de dicho proyecto. Esta fase de institucionalización estará en el origen de la inversión del proyecto algunos años más tarde, cuando el proyecto de psicoanálisis social viera sus límites en el fracaso de la vinculación Psicoanálisis-Marxismo (o la inversa). Pero de esto hablaremos más adelante.

b) el proyecto pichoniano: biografía y movimiento

"Como crónica del itinerario de un pensamiento, será necesariamente autobiográfico, en la medida en que el esquema de referencia de un autor no se estructura sólo como una organización conceptual, sino que se sustenta en un fundamento motivacional, de experiencias vividas. A través de ellas, construirá el investigador su mundo interno, habitado por personas, lugares y vínculos, lo que articulándose con un tiempo propio, en un proceso creador, configurarán la estrategia del descubrimiento."

Pichon describe así el contexto de descubrimiento. En esta versión, el descubrimiento va de la mano del itinerario personal de un visionario. Así no lo explicita, pero así va apareciendo en el breve y apasionante relato histórico que nos brinda, y, sobre todo, así se encuentra también reconocido por las personas que lo rodearon. El genio de Pichon queda así, pues, fuera de toda duda.

Sin embargo, aún restan algunas preguntas que realizar. Y estas preguntas se estructuran alrededor de la forma de concebir los procesos de constitución de los cuerpos científicos.

Así, nos preguntamos, con Antoine Savoye, si las teorías o los corpus conceptuales se generan en la cabeza de algunos iluminados o, más bien, son el resultado de ciertas condiciones de necesidad o de posibilidad, resumidas éstas en su génesis teórica: "En la historia de las ideas se da la impresión de que las ciencia se produce o se inventa al interior de un círculo compuesto de los medios científicos de la época. No hay ninguna visibilidad ni legibilidad de las condiciones sociales y políticas de la producción de estas teorías."

El relato pichoniano, la novela de su movimiento, no tendrá el más mínimo interés en profundizar por esta vía, a pesar de que su movimiento encontrará en el período contracultural un fuerte impulso. El proceso de constitución de nuevas teorías sobre la psicosis y de allí una nueva forma de concebir el psiquismo humano, parecerían versar básicamente en el itinerario personal de un sujeto.

La situación puede parecer paradójica. Quizás entonces la pregunta era de dónde sacaba Pichon sus ideas. Y el relato nos muestra que la característica más evidente del proceso de Pichon fue la de hacer coincidir diversos mundos en sucesivos movimientos de síntesis: su admiración por la cultura guaraní; la relación distante y de admiración, de acompañamiento, con su padre; la relación con su madre, vinculada permanentemente a prohibiciones (básicamente en lo que se refiere a su actividad política, pero con el peligro de incidir también en su proyecto profesional); la "dolorosa bohemia" y su vocación de cercanía a los burdeles, de donde tanto aprendió; su trabajo para la comprensión de la locura, de las psicosis, y su formación casi autodidáctica en Psicoanálisis; su gestión como psiquiatra en hospitales y la creación de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA); etc. Todos estos mundos, sin olvidar el futbol, el trabajo social y otros, no se convirtieron en compartimientos estancos que referían a grupos concretos.

Existe así, en Pichon, una vocación hacia la producción de "interferencias" en sentido lourauniano. Pichon circula de un grupo a otro, pero no como el juglar, noticiero y vínculo de comunicación entre poblaciones más o menos aisladas. Pichon hace jugar unos grupos en otros. Vuelve futbolistas a los oligofrénicos, enfermeros a los enfermos, abre espacios terapéuticos en instituciones educativas, al mismo tiempo que concibe la terapia como un aprendizaje (¡a pesar de la gran discusión psicoanalítica sobre la posición pedagógica del analista con el paciente!..). "En effet, les interférences ne sont pas des intersections géométriques (morphologiquement traçables) de lignes-frontières. Ce sont des actions, des évènements, des forces qui créent, modifient et défont les formes, à la recherche d'une transversalité, d'un équilibre qui n'est pas l'équilibre homéostatique de la théorie des systèmes mais celui d'une capacité d'autonomie (toujours remise en question). Y más adelante: "L'interférence, je le souligne une fois de plus, n'est pas simple démarcation topologique entre deux zones, deux "régions" du savoir. Elle est action, comme le montre le déploiement de résistance en vue de l'annuler, de la stabiliser, de la nier. Elle est enfin, dans le devenir qu'elle scande, création de représentations nouvelles, comme en physique où deux sons en interférence produisent un troisième son."

El aspecto creativo del Pichon interferencial quedará fuera de toda duda. El desconcierto, la descolocación que esta vocación interferencial provocaba entre sus colegas está claramente expresada por Marie Langer: "Lo que intentaba Enrique Pichon Riviere con su psicología social es mucho más difícil de definir; además, dada la ambivalencia de Enrique con la APA y de ésta con él, siempre trabajaba fuera de la institución... Yo diría que una de las grandes aportaciones de ese período es la de Pichon Riviere. Enrique nos ofrece un criterio analítico para las psicosis, aún cuando muy ecléctico..." Resulta así muy difícil situar a Pichon.

Pichon jugaba en varios campos a la vez: la psiquiatría, el psicoanálisis, el arte (o más propiamente una psicología del arte), el periodismo... Y sin embargo, existe una unidad producida y produciéndose, siempre incompleta, pero completándose. Es el sentido del concepto sartreano de "totalización". Estos procesos de totalización en Pichon jugaban verdaderamente como procesos de interferencia, dando como consecuencia fenómenos nuevos, para los cuales no existían aún palabras para designarlos.

En términos etnológicos, era de esperarse que ante la potencia del genio pichoniano pronto se formara un séquito, sus "doce apóstoles", permitiendo de esta manera una descripción más clásica de un movimiento.

Pero no es éste el caso. Parecería que Pichon no tiene discípulos exclusivos. Es un jefe demasiado elusivo, poco territorializable. A pesar de la sistemática institucionalización en cátedras, trabajos prácticos, periodismo y en su Escuela de Psiquiatría Social (después Psicología Social), parecería que el pensamiento pichoniano no encontrara, o no dejara encasillarse en territorios más o menos claros o establecidos. La confusión básica es con el psicoanálisis. Podría resumirse de la siguiente manera: ¿el pensamiento pichoniano es en realidad un eje del movimiento psicoanalítico argentino o, al contrario, se trata de un pensamiento que se demarca y establece una frontera con dicho movimiento? ¿Es el pensamiento pichoniano una especie de holografía del movimiento psicoanalítico o, al contrario, una escisión no reconocida al interior del mismo psicoanálisis argentino?

Sabemos que la realidad nunca se presenta en estos términos polares. Sin embargo, estas preguntas pueden tocar los polos de tensión que, eventualmente, pueden servir de guía a este trabajo.

c) la periodización

Todo intento de periodización parte de un postulado: todo movimiento registra, en su extensión, en su velocidad de generalización, en sus diferentes intensidades, elementos constantes de discontinuidad. Su desarrollo en el tiempo estará marcado por períodos, en los cuales pareciera ser que la idea generadora del movimiento, su profecía, va sufriendo reactualizaciones, modificaciones, adaptaciones necesarias para mantener su eficacia.

La discontinuidades del movimiento resultan ser muy reveladoras. Son casi como las grietas del edificio, que nos permiten analizar un poco más a fondo su estructura. Estas discontinuidades pueden estar generadas por diversos factores. Sin embargo, señalaremos aquí solamente de paso, que básicamente resultan ser el efecto de analizadores más o menos virulentos del propio movimiento.

Estamos lejos de pretender establecer, a la manera de Sartre, un análisis de la génesis del movimiento, una especie de "génesis teórica" que obligaría a trazar los diferentes momentos generales de todo movimiento con las transformaciones subsecuentes de sus proyectos. No nos interesa, tampoco, ejemplificar en el proyecto pichoniano una concepción cualquiera respecto de las fases generales de todo movimiento social (así sea de grupos intelectuales). Esto no significa que nuestra visión del movimiento no esté orientada por una serie de concepciones teóricas sobre los movimientos. Pero de esto hablaremos más adelante.

Por lo pronto, un dato que resalta a primera vista es la diferencia de lenguajes. Cuando Pichon se encuentra, a mediados de los años 40, escribiendo y realizando una serie de conferencias sobre aspectos psiquiátricos (básicamente sobre psicosis en general, esquizofrenia y epilepsia), lo que encontramos es a un psicoanalista abordando, de forma sumamente dinámica y original, dichas problemáticas.

La originalidad de dichos abordajes consiste, a mi parecer, en que Pichon no olvida del todo ciertos elementos psiquiátricos, como suele suceder en buena parte de los psicoanalistas. Pichon no se contenta únicamente con realizar una psiquiatría dinámica a partir del psicoanálisis. También es capaz de incluir reflexiones bastante fecundas a partir de la inclusión de ciertos elementos fenomenológicos (por ejemplo, las áreas de manifestación del conflicto psíquico en el síntoma) o psiquiátricos (tales como la descripción del ataque epiléptico), al interior de lecturas definitivamente psicoanalíticas.

Sin embargo, tenemos que reconocer que en estos primeros momentos, el lenguaje pichoniano es básicamente un lenguaje psicoanalítico.

No es igual algunos años después. Si bien sus enseñanzas sobre la Psicología Social tienen aún un fuerte contenido psicoanalítico (no podía ser de otra manera), el lenguaje ha cambiado. Otros conceptos (vínculo, estereotipia, espiral dialéctica, cono invertido -por más que sea una metáfora- momentos grupales, etc.) nos remiten a un lenguaje menos territorializado en el psicoanálisis. ¿Cómo se operó este cambio? ¿En dónde se encuentran las discontinuidades? Conceptos tales como el de tarea, de estereotipia, ¿cuándo empezaron a surgir?

El problema de las discontinuidades en Pichon debe abordarse desde otro enfoque. Me parece que, en la lectura de Pichon, todo sucede como si en su pensamiento no hubiera habido cortes, correcciones y diferencias que se generaban a través del tiempo y las reflexiones. Basadas en el conflicto y la dinámica de la contradicción, sus ideas parecían no incluir estos elementos en sus propios desarrollos. Parecería que en Pichon, todo el pensamiento es un proceso de inclusiones en síntesis más amplias. Pero en dichas síntesis los elementos contradictorios han sido callados. Todo parece indicar que nos encontramos en un deliberado intento de dar verificación a la representación de la dialéctica como espiral.

En efecto, las espiral es un continuum, una figura geométrica que no acepta discontinuidades. Al contrario, la espiral es la figura que mejor representaría el movimiento continuo, hacia el infinito, en un ir y venir básicamente armónico.

La espiral que habla Pichon es una espiral dialéctica. Es la espiral de líneas de reencuentro con problemáticas trabajadas. En la espiral pichoniana, las nociones de conflicto y de contradicción tienen sentido únicamente en tanto análisis del objeto, y no como proceso del sujeto (aún cuando éste último, en una especie de autoanálisis a posteriori, sea capaz de tomarse como objeto).

El momento de la contradicción y del conflicto es un momento analítico, es el momento de los miedos básicos, es el momento de la resistencia. Pero instalarse en estos elementos detiene la espiral. ¡La espiral dialéctica resulta así la evacuación, la elaboración del conflicto y la contradicción! En las síntesis, las contradicciones parecen reducirse y finalmente disolverse en el nuevo contexto teórico o imaginario. Así, la dialéctica en Pichon aparecería como una dialéctica en la cual el conflicto y la contradicción aparecen evacuados, reducidos a una mínima expresión, a favor de una versión continuista, quizás menos dramática y más objetivada, de los movimientos humanos. Esta versión, si bien no ignora el aspecto dramático de la aparición de las contradicciones y de los conflictos, debe suponer una versión básicamente optimista, en la medida en que tales elementos no son sino obstáculos a rebasar por el inexorable movimiento de la espiral. En caso contrario, aparece la estereotipia, que en su momento puede plantearse como estancamiento, enfermedad, desilusión...

Creo que nos encontramos así frente a un claro y evidente esfuerzo por evitar mostrar las discontinuidades del pensamiento, los sistemas de error y corrección, las falsedades en otros tiempos sostenidas. Pero detrás de este ocultamiento, me parece que se encuentran presentes elementos implicacionales que más adelante intentaremos desarrollar.

En estas condiciones, ¿cómo podemos plantearnos la problemática de la periodización? Decíamos más arriba que no intentamos imponer ningún esquema teórico del desarrollo de proyectos y movimientos a nuestro objeto de estudio. La diferencia de lenguajes que expusimos más arriba, ¿justifica la suposición de existencia de diversos períodos en el proceso de constitución del proyecto pichoniano?

La postura de Pichon en torno a su itinerario es más o menos ambivalente: "Si bien estos planteos surgieron en una praxis y están sugeridos, en parte, en algunos trabajos de Freud (Psicología de las masas y análisis del Yo), su formulación implicaba romper con el pensamiento psicoanalítico ortodoxo, al que adherí durante los primeros años de mi tarea, y a cuya difusión había contribuido con mi esfuerzo constante. Pienso que esa ruptura significó un verdadero "obstáculo epistemológico", una crisis profunda, cuya superación me llevó muchos años, y que quizá se logre recién hoy, con la publicación de estos escritos."

¿A qué llamaba Pichon "psicoanálisis ortodoxo"? ¿Acaso las formulaciones sugeridas en Psicología de las masas... no suponen todo el aparato conceptual del "psicoanálisis ortodoxo"? ¿Existe realmente tal discontinuidad entre el psicoanálisis "ortodoxo" y el "heterodoxo", que posiblemente Pichon quisiera inaugurar? ¿No se trataba, además de un verdadero "obstáculo epistemológico", de un "obstáculo epistemofílico"?

Detrás de la noción de "psicoanálisis ortodoxo", ¿no se desliza precisamente el concepto de institución psicoanalítica? ¿No se explicaría, de este modo, la crisis que significa dicho rompimiento? El rompimiento pichoniano ¿no es acaso, básicamente, una falta de fidelidad a la estructura institucional del psicoanálisis, con todas sus implicaciones en torno a la teoría y sus rituales para la corrección (profundización) de la misma?

No tenemos un dato preciso respecto al año de fundación de la Escuela Privada de Psiquiatría Social (después rebautizada de Psicología Social), pero presumiblemente podríamos situarlo en 1961-1962, a partir de informaciones obtenidas de la revista Temas. La primera edición de El proceso grupal... data de 1971. Son 10 años en los cuales se va constituyendo, ya, un campo de análisis más específico, una codificación práctica, un territorio, se establecen fronteras conceptuales y diferencias con las prácticas vecinas.

Estos 10 años del proceso de constitución de la teoría pichoniana estarán ritmados por la producción de diversos artículos: "Esta hipótesis parecería confirmada por el hecho de que, a partir de la toma de conciencia de las significativas modificaciones de mi marco referencial, me volqué más intensamente a la enseñanza, interrumpiendo el ritmo anterior de mi producción escrita. Solo en 1962, en el trabajo sobre "Empleo del Tofranil en el tratamiento del grupo familiar", en 1965 con "Grupo operativo y teoría de la enfermedad única", y en 1967 con "Introducción a una nueva problemática para la psiquiatría", logro una formulación más totalizadora de mi esquema conceptual, si bien algunos aspectos fundamentales se relacionan entre sí, y muy escuetamente, recién en "Propósitos y metodología para una escuela de psicólogos sociales" y "Grupo operativo y modelo dramático", presentados respectivamente en Londres y Buenos Aires, Congreso Internacional de Psiquiatría Social y Congreso Internacional de Psicodrama, en el año 1969."

Es evidente que en los párrafos anteriores es Pichon mismo quien marca la discontinuidad. Discontinuidad experiencial que nos muestra otro modelo dialéctico, posiblemente más dramático: un Pichon-Rivière alejado de la institución psicoanalítica que él mismo ayudó a crear. Alejado, porque la ruptura se realizaría por aquellos años, no por él, sino por Plataforma y por Documento. Y este alejamiento marca una relación bastante ambivalente, pero poco elaborada. Más adelante profundizaremos este punto. Por lo pronto, baste mencionar que la relación con la APA será el modelo de su relación con el psicoanálisis. Alejado de la APA, continúa siendo un socio, miembro fundador y en funciones. Alejado del psicoanálisis, a partir de sus propias producciones, seguirá alimentándolo por la propia referencia. Ese psicoanálisis "no ortodoxo", heterodoxo, será la Psicología Social de Pichon. Pero, ¿seguía siendo psicoanálisis?

En este otro modelo dialéctico, el optimismo tiene mucho menos lugar. Pichon tarda 10 años en sufragar y argumentar su ruptura. En estos 10 años, el conflicto y la contradicción están presentes no como polos a resolver dialécticamente, rompiendo con las situaciones dilemáticas. El juego dialéctico es mucho menos determinado en esa realidad. Los polos presentes son rupturas siempre presentes, incapaces de ser reparadas o saldadas para terminar como "buenos amigos". Existe ya un remanente político que rompería con la romántica concepción de la espiral.

Pichon iniciaría su trabajo en el Hospicio de las Mercedes (posteriormente denominado Hospital Neuropsiquiátrico José Tomás Borda) poco después de 1936, y trabajaría allí durante más de 15 años. Es el período en el cual se inventaron los grupos operativos, con enfermos y enfermeros. Es de suponerse que hacia la segunda mitad de la década de los 40 se inicia este tipo de trabajo. Pasan así al menos otros 10 años en el proceso de alejamiento de Pichon del psicoanálisis "ortodoxo". El proyecto de Psicología Social tendría dos décadas para constituirse en territorio propio, con denominaciones singulares.

Pero a pesar del reconocimiento de la ruptura, tanto Pichon como el ulterior movimiento grupo-operativista tenderán a negarlo, a repararlo, manteniendo constantemente vivos, al interior de su propia teoría, en sus programas, etc., el mismo psicoanálisis con el que en su momento habían roto. Desde un principio, el rompimiento fue un rompimiento camuflado, ahogado por la misma fidelidad de Pichon al psicoanálisis. Imposible de ocultar, el parteaguas que significó la creación de la Primera Escuela Privada de Psicología Social no podía pasar desapercibido.

Así, en términos del movimiento del proyecto pichoniano, reconoceremos dos períodos básicos: un período de formación o período instituyente, anterior a la fundación de la Primera Escuela, y un período de institucionalización, a partir de dicha fundación. Estos momentos temporales tendrían asimismo sus propios ritmos. No obstante, para efectos del presente trabajo, es suficiente la discriminación entre el período instituyente del proceso, frente a su proceso de institucionalización.

d) la concepción del proyecto pichoniano

¿Cómo podríamos entender la formación, el surgimiento de un movimiento como los grupos operativos? ¿Se trata realmente de un movimiento, o es exclusivamente una formulación teórica auxiliar del psicoanálisis?

De inicio podría ser necesario trazar algunas líneas generales respecto a nuestra manera de entender esto que podríamos denominar el movimiento "Del psicoanálisis a la psicología social".

Mucho se ha escrito sobre el "boom" del psicoanálisis argentino. Todo parece indicar que no existe otra sociedad en el planeta que posea las características de la sociedad argentina, en términos de las condiciones de posibilidad para la extensión y la generalización del fenómeno "psi".

Al decir de Marie Langer, "otro hecho que lo facilitó [al desarrollo del psicoanálisis] fue sin duda la importancia de la clase media, la influencia europea en un país en donde la inmigración de ese origen es fundamental tanto por su cantidad como por las formas de vida y lo específico del campo intelectual". Sin embargo, esta explicación es demasiado general para poder explicar dicho fenómeno. En otro párrafo, Marie Langer explica porqué el psicoanálisis y no otro tipo de terapia: "Sencillamente porque no existía. Tú sabes que los comunistas tenían su terapia, la reflexología, pero no servía de gran cosa. Los experimentos de Pavlov, principalmente hechos con perros, son muy importantes: explican lo primitivo, los reflejos condicionados, pero sus teorías no pueden servir para ayudar a resolver la compleja conflictiva del hombre. Por eso en la actualidad, por lo menos en Argentina, hasta los miembros del Partido Comunista se analizan.

Enrique Pichon me decía siempre que los reflexólogos podían decirnos de todo y estar en contra nuestra, pero cuando alguien del Partido Comunista necesitaba realmente un tratamiento acudían al psicoanálisis. En esos casos Enrique los trataba gratis, y con cierta sensación de triunfo."

En la Argentina de los años 40, cuando el Psicoanálisis se encuentra en pleno período instituyente, en plena fase ascendente su movimiento, en el mundo, en el contexto de las ciencias psicológicas, también empiezan a suceder cosas importantes.

En Francia, por ejemplo, se realiza el dramático llamado de Paul Balvet al medio psiquiátrico francés para poner remedio a la terrible situación de los enfermos mentales, que en plena ocupación era una de las poblaciones más tocadas por el racionamiento. Se iniciaría, hacia la segunda mitad de los 40's los intentos de rehabilitación a partir de una "humanización" de la relación médico paciente. En Holanda, también a partir de la derrota de los nazis, se iniciarían los trabajos para la invención del modelo de "sector" como modelo médico para la atención temprana. El pensamiento lacaniano aún se encuentra en plena fase de incubación y, al decir de Tosquelles, realmente no existía un desarrollo fuerte del psicoanálisis.

Sin embargo, por esas fechas, Moreno se encontraba ya realizando algunos estudios sociométricos, así como por su parte Balint ya había iniciado el tipo de grupo que lo haría famoso. Las terapias grupales se habían desarrollado en Inglaterra, en la Clínica Tavistock, y faltaría poco tiempo para que Kurt Lewin iniciara su dinámica de grupos en los Estados Unidos. Asimismo, psicoanalistas ya habían emigrado a este país, iniciándose las corrientes culturalistas, fuertemente ayudados por la emigración de los grandes intelectuales de la Escuela de Frankfurt (entre los cuales Erich Fromm impulsaría al psicoanálisis a partir, primero, de sus intentos de vinculación con críticas sociales, aunque después derivara a formas más "humanistas" y menos radicales).

Vemos de esta manera que el impulso a las ciencias "psi" no es exclusivo de Argentina, sino que es un fenómeno más o menos generalizado en el período de la inmediata posguerra. Asimismo, el desarrollo y la multiplicación de las formas terapéuticas no pueden compararse a lo que existe actualmente. Por eso Marie Langer sitúa, como único "competidor" del psicoanálisis, a la reflexología.

No obstante, estas situaciones no agotan ni explican el fenómeno argentino. Sin intentos de profundizar este fenómeno, solamente me interesa señalar algunos elementos que a mi parecer jugaron para que las ciencias "psi" adquirieran la importancia que tienen en la sociedad argentina.

Ya Marie Langer señaló algunos elementos que tienen que ver con el exilio y la inmigración de origen europeo, así como la condición de la clase media. A mí me interesa señalar, siguiendo a esta autora, la importancia que significó que Argentina fuese el primer país latinoamericano en contar con una Asociación reconocida por la Asociación Internacional de Psicoanálisis. Esto permitió que se convirtiera en referente, que funcionara como núcleo matriz al desarrollo del psicoanálisis latinoamericano.

Por su parte, el psicoanálisis argentino nace con cierta vocación a su generalización. Desde un principio, a la par de las preocupaciones sobre la salud mental, está trabajándose el problema del dinero y del cobro: la posibilidad de que el psicoanálisis estuviera al alcance de una mayor proporción de la población. Evidentemente, algunos de los fundadores de la APA habían tenido militancia de izquierda y sus tendencias políticas eran claras. Pero a esta vocación generalizadora también ayudó que Argentina, como buena parte de los países latinoamericanos, tiene una fuerte concentración de la riqueza, haciendo que el psicoanálisis tuviera un mercado bastante limitado.

La flexibilización de las condiciones de entrada y formación de aspirantes, así como la inserción de los psicoanalistas en universidades y servicios públicos significó una fuerte militancia, pero con resultados que en el largo plazo han mostrado su efectividad.

En fin, más que explicar la explosión del fenómeno "psi" en Argentina, lo que me interesa señalar es que se trata de eso, de un movimiento "psi", en aquellos entonces significado por el psicoanálisis, pero que tenía la vocación de desbordarlo sin desplazarlo, de rebasarlo y, en muchos casos, redefinir las propias condiciones del proyecto psicoanalítico.

Es en el contexto de este movimiento, en el que los grupos operativos encontrarán su sentido. Podemos plantear en este momento, que los grupos operativos resultaban un movimiento aledaño, contenido y subordinado al movimiento más amplio de constitución del más singular movimiento "psi" que se ha dado en el planeta (o, por lo menos, en el mundo occidental). De esta manera, sus representaciones, sus ideales y profecías, sus posibilidades e incluso sus implicaciones se desarrollarían en el marco de este movimiento más amplio.

Debemos a este frente "psi" constituido en Argentina en la posguerra desarrollos importantes en el campo del estudio de las psicosis, de los grupos, del psicodrama, la generación de un singular proyecto de psicoanálisis social que dio origen, en múltiples países, a experiencias inéditas en diversos terrenos: educación, terapia, movimientos políticos y sindicales, etc. Sin embargo, también está presente las responsabilidades que debe asumir en torno al pisoteo de los derechos humanos en el período de la dictadura militar, que fueron en su momento denunciados en famosas publicaciones, pero que no fue sino hasta el final del período de dictadura cuando pudimos darnos cuenta de la magnitud del daño social infligido por las tácticas del terrorismo psicológico del Estado.

En fin, el movimiento "psi" y con él los grupos operativos estarían permeables a los grandes analizadores sociales, especialmente al 68 mundial y el período contracultural que allí se inició: "Debemos mucho a los intelectuales norteamericanos que encontraron una nueva estrategia para combatir el sistema y su guerra. Estamos en deuda con mayo del 68, en París. Para nosotros, los argentinos, la fecha cleve del cambio es también el año de 1968, pero en Rosario, Córdoba y Buenos Aires. En ese entonces el Instituto de Psicoanálisis se adhirió a la huelga general, declarada contra la represión violenta de obreros y estudiantes, y Jorge Mom, como presidente de la Asociación, hizo pública nuestra protesta."

Podríamos analizar el movimiento en torno a los factores de necesidad que le dio origen. Sin embargo, esta forma de orientar el estudio me parece que deja fuera del campo de observación los elementos centrales de todo proyecto o movimiento social: al decir en Henri Desroche, movimientos que generan imaginarios que generan movimientos... Surgido en sus condiciones de posibilidad, el movimiento grupo-operativista irá construyendo su proyecto, básicamente a partir de la orientación del trabajo de terreno en el cual el proyecto se desarrollaba. Así, las orientaciones básicas, como Bauleo explicaría décadas más tarde, surgirían principalmente de la terapia y de la educación.

El proyecto pichoniano no puede entenderse únicamente como el desarrollo de una original concepción teórica sobre los grupos, el psiquismo humano colectivo. El proyecto pichoniano es mucho más amplio, y muestra más claramente su estructura dramática si lo consideramos como la profecía, como el proyecto, como el espacio imaginario estructurado y estructurante de un movimiento. Y si bien el movimiento (prioridad a la base material) determinaría en gran parte la estructura y posibilidades de su espacio imaginario, éste a su vez sería quien planteara esos no-límites, esos no-lugares (u-topías), esos lenguajes aún no inventados que el movimiento debería ocupar, inaugurar. El proyecto pichoniano alimentaría a un amplio movimiento, que se institucionalizaría en las formas más o menos actuales del frente "psi" argentino.

Pero el proyecto de institucionalización supone el fracaso de la profecía o proyecto que abandera el movimiento. Al lado del proyecto de tranformación, está presente el proyecto de institucionalización, volviendo un equivalente la nueva forma social. El movimiento, entonces, se encuentra entre estos dos elementos, en una tensión que permanentemente será denunciada por sus analizadores.

De esta manera, concebimos al movimiento grupo-operativista como un movimiento subsidiario en el proceso de conformación del frente "psi" argentino, pero con la característica de haber conformado un proyecto científico enormemente original (y cabe recordar que incluso los proyectos científicos están subtendidos por una historia y un remanente utópico-mesiánico, o francamente religioso.)

Sometido a la presión hacia la equivalencia con formas sociales preexistentes, por un lado, y por el otro a la de sus propios analizadores, el movimiento va pasando por diferentes momentos, que pueden sugerir formas específicas de periodización. La creación de un establecimiento como la Escuela Privada de Psicología Social nos habla ya claramente de la imposición del proyecto de institucionalización sobre las formas más utópicas o mesiánicas (o radicales) de transformación. Y sin embargo, la institucionalización del movimiento no significará pura y simplemente su burocratización, la generación de estructuras rígidas y represivas. Al contrario, encontraremos la generación de formas imaginarias institucionales, que normalmente toman la forma de una novela institucional.

Nuestro proyecto, en este artículo, es reinterrogar a esta novela, confrontarla con sus propias contradicciones y con otras verdades históricas, con el objeto de conocer las formas en las que el imaginario institucional ha deformado la historia. Pero, asimismo, encontrar el núcleo de verdad, los principios que rigen dicha alteración, escuchar las verdades que se expresan de esa manera.

Antecedentes

Tenemos así una doble historia. Una historia que sigue paso a paso la trayectoria de la novela, ese elemento autobiográfico que parece ineludible a Pichon para dar cuenta de los avatares de su pensamiento.

Los otros antecedentes, la otra historia, nos habla de las posibilidades de que el discurso pichoniano, ese "delirio", pudiera ser compartido y adoptado por una base social, convirtiéndose así en los elementos básicos de una nueva teoría.

Estas dos historias, biografía e historia del movimiento, se encontrarán íntimamente relacionadas en la génesis social del proyecto pichoniano.

No nos interesa repetir los datos biográficos de Pichon en lo general. Más bien nos interesa señalar algunos elementos que se generan en su biografía, básicamente aquéllos que hacen a la posibilidad de tener otros puntos de vista, una serie de interferencias que permitirían la emergencia de fenómenos nuevos, tales como la fusión o integración de áreas distintas del conocimiento (arte, psiquiatría, psicoanálisis, etc.) en un conjunto más o menos sistematizado.

Un dato relevante, para Pichon, es su temprano contacto con los indios guaraníes. Los indios, para Pichon, no solamente son objeto del prejuicio social. La relación que su padre establece con los guaraníes es básicamente desviante: "Mi familia, en ese aspecto, tenía una postura muy clara, muy abierta. En particular mi padre, que sentía especial simpatía por los aborígenes. El, ya en su infancia, había tenido fuertes fantasías ligadas a la vida salvaje... Todo esto incidió para que nunca tuviera miedo de los indios y no tomara recaudos especiales de protección, ni aún en esos largos viajes que emprendía solo y a caballo." Y efectivamente, su padre había sido expulsado de la academia militar de Saint-Cyr por sus ideas socialistas y su relación con personajes y grupos de esa tendencia política. Posteriormente fue a estudiar a Manchester (una de las ciudades donde Engels conocería más de cerca la clase obrera) para aprender el manejo de la industria textil. De allí se iría a Argentina, pasando por Barcelona, con el objeto de crear plantaciones básicamente de algodón y tabaco. Consigue del gobierno argentino una concesión, pero al parecer sus intentos siempre estuvieron, al decir de Pichon, coronados por el desastre.

Por su parte, la madre de Pichon está descrita como una persona de fuerte carácter y valentía. Amante del teatro (que la convirtió en la primera mujer en fumar y usar pantalones, con motivo de una representación), fundó varias escuelas en Goya, incluyendo la Escuela Profesional y el Colegio Nacional.

En este contexto, resulta interesante que, recién venido de Europa, con el francés como lengua materna, Pichon aprendió a hablar primero el guaraní y posteriormente el castellano. La figura de los indios resulta tremendamente ambivalente. Tomándolos por separado, Pichon admiraba, como su padre, la laboriosidad de los indígenas. Además, estaba fuertemente tocado por su cultura: "Se trata de un mundo mítico, con una concepción del pensamiente esencialmente mágico; y es evidente que todo lo relacionado con la muerte tiene allí un alto valor. A la vez, subyace en los actos cotidianos, en los mitos y leyendas, una profunda poesía. Todo ello es muy perceptible, por ejemplo, en el folklore guaraní, que es no sólo uno de los elementos principales de esa cultura, sino también algo de lo más hermoso que he conocido en mi vida... Y si bien se comentaba mucho el carácter bravío de esta gente y su afición por las peleas, creo, en relación con esto último, que era más lo que se hablaba y se temía que lo ocurrido realmente." Sin embargo, esto no impediría que dijera: "Ahora bien, la amenaza de los indios se daba cuando éstos se juntaban en malones, ya que, individualmente, eran gente muy trabajadora..."

Sintetiza así Pichon esta relación, a partir de sus padres: "A veces, pensando en esas tierras, en esas costumbres, me cuesta comprender la capacidad que tuvieron mis padres para adaptarse a una forma de vida tan distinta. Ellos eran gente grande, ya formada; sin embargo, tuvieron una ductilidad y amplitud para entender el quehacer de los otros, que sorprende." Pichon, en la relación de su familia con el nuevo medio, viviría una doble "locura": locura de su padre, que hijo de familia pudiente, admirador de Rimbaud, decide desertar la civilización hacia tierras más "salvajes", en pos de un proyecto casi utópico. Su madre, por su parte, tiene la "locura" inversa: en medio de una tierra "bravía", posteriormente en Goya, mujer de un "plantador" fracasado y que finalmente, en la pobreza, se dedica a la siembra de hortalizas, instala una cultura "europea" en un contexto francamente contrastante.

La infancia de Pichon incluye recuerdos dolorosos: "Trabajaba con mi padre en el campo; a los seis años ya sembraba..." "Vivíamos con lo estricto. Finalmente, mi padre empezó a sembrar verduras, cerca de Goya. Yo iba con él, en el carro, y ofrecía la mercadería a la gente, de casa en casa. Tengo muy claro el recuerdo de ese niño gritando: 'Zapallitos, compren zapallitos...'" En esta nueva vida, Pichon no era grande ni formado. Varios mundos se conjugaban en esa extraña experiencia infantil: "Y ese mundo primitivo, de donde surgieron mis temores más profundos, el de los malones indígenas, me nutrió naturalmente con toda una visión mágica del universo. Un universo regido por la culpa, y donde la muerte, el duelo y la locura, forman el contexto general. Muchos de mis intereses científicos y mis investigaciones, están ligados a la internalización de esas estructuras primitivas."

Queda claro que el período infantil, en Pichon, es un período en el cual diversos mundos, diversas culturas, aparecen incluidos de forma no necesariamente diferenciada. Así, lo internalizado en Pichon sería la estructura básica de un mundo interno en permanente proceso de interferencia. Muchas de esos mundos podrían, en su momento, ser excluyentes. Admirador de Rimbaud, de Lautréamont, Pichon se remitirá también a la poesía indígena, donde encontrará los mismos complejos subyacentes a la cultura occidental (el edipo, por ejemplo). Sin embargo, muchos de los proyectos potenciales en su mundo, tenderán a alejarse unos de otros. Sobre todo, la tendencia paterna hacia la aventura (tristemente abandonada a favor del comercio, en términos de necesaria subsistencia), será fuertemente negada por la tendencia materna hacia una vida más urbana, más citadina.

Estos dos mundos fueron vividos por Pichon. Finalmente el mundo materno vencerá. Y ello no únicamente por razones afectivas. El mundo también estaba cambiando. La "romántica" vida rural tenía que ceder el paso a los procesos de industrialización. En los año 40, cuando Pichon iniciaba el proceso fuerte de su producción, el mundo occidental sufre una fuerte revolución. Sus ciudades crecen, la vida rural va desapareciendo, a favor de la forma industrial, incluso en el campo. Este proceso de dimensiones históricas ha marcado a buena parte de los intelectuales de dicha generación. Pero lo que no hay que olvidar, es que cualquiera de las opciones que desde aquí se abrían incluían, necesariamente, una ruptura con elementos profundamente anclados en la infancia, y que necesariamente serían abandonados o traicionados en un futuro cercano.

El exilio a Buenos Aires será la marca del abandono de estos mundos. A partir de entonces, sólo tendrán vida en el recuerdo. La necesidad de emigrar a las ciudades para recibir una "formación" indica ya la nueva sociedad que está en vías de crearse. Para Pichon, su opción por la medicina es precisamente reconocer el futuro obturado en "esas tierras", las tierras de su infancia, esas tierras a las que ya no quiso volver. Se abre así un drama sociológico que veremos repetirse en varios intelectuales: por ejemplo, Lefebvre, Lapassade, Lourau...: "Los orígenes periféricos, como ha anotado otro oriundo del Béarn, Henri Lefebvre, dan una percepción bastante enfermiza de lo estatal. En la periferia se siente más fuertemente que en otros lugares la potencia del centro, ya que éste proyecta su radio de acción a ochocientos kilómetros tan fácilmente como a cincuenta. En revancha, se experimenta la impresión de coacción, de arbitrariedad o de absurdo que provoca la separación geográfica, económica y cultural entre "el Norte" (traducción habitual del Centro) y el rincón de la antigua Occitania donde yo he nacido, pasado la infancia, y a veces una parte de la juventud antes de que la necesidad de encontrar trabajo me obligara a "subir" a una escuela normal de Normandía, a una estación de tren de Lorena, a un puesto en la administración en Poitiers o a una oficina de correos en los suburbios de Burdeos. El sentimiento de haber sido arrancado de la propia identidad, unido al Estado durante un período del pasado que no tiene nada de mítico, se nutre sin duda de esta necesidad económica de emigrar al norte: nuevo arrancamiento, doble arrancamiento que los ex-colonizados sienten con mayor fuerza y que, al mismo tiempo, da una visión concreta de lo estatal y un apego confuso por la región natal." Así, esa tristeza de Pichon, de cuyas causas poco quiere hablar, estaría vinculada también con otra tristeza, casi como dato sociológico, de las sociedades que estaban en vías de crearse.

El ojo de la cerradura y los "quilombos"

Ana Pampliega de Quiroga, mujer con la que Pichon compartió buena parte de su vida, resume así los primeros antecedentes de la obra pichoniana: "Enrique Pichon-Rivière nace en Ginebra, ciudad en la que residía temporariamente su familia, de origen francés. Cuando tenía cuatro años, los Pichon-Rivière se trasladan al Chaco, es decir, al noreste de la República Argentina, y se dedican al cultivo del algodón, contratando la mano de obra de una tribu guaraní. El Chaco de principios de siglo era una tierra todavía desgarrada por una guerra de conquista, en la que persistían focos de resistencia indígena.

La cultura guaraní es la de un pueblo devastado en su experiencia por la colonización española, pero que se aferra y lucha por su identidad a través de sus tradiciones, conservando su concepción del mundo, sobre todo una concepción de una relación unitaria entre el hombre y la naturaleza, y que trata de elaborar su experiencia a través de un pensamiento y una sensibilidad en la que el mito y la poesía ocupan un lugar central. Cultura que no sanciona la imaginación como delito ni la ruptura de los estereotipos sociales de pensamiento, venerando al visionario, al "Caraibé" como hombre de conocimiento. Marco esto porque nosotros, a los visionarios, solemos internarlos en los hospitales psiquiátricos.

Esa es la cultura que encuentra un grupo portador de la cultura francesa, cultura racionalista de una potencia colonial que hasta pocos años atrás dominara al mundo, pero en la que también se habían gestado movimientos revolucionarios, pensamientos de vanguardia a los que suscribía el padre de Pichon-Rivière, cultura en la que florecieron movimientos estéticos como el de los llamados "poetas malditos": Lautréamont, Rimbaud, Baudelaire. Es a partir de lo poético de ambas culturas que Pichon-Rivière integrará dentro de sí esos dos mundos diferentes. Y puede integrarlos porque ese grupo familiar se incluye en la tierra guaraní sin prejuicio, con un profundo respeto por esos hombres y esas mujeres que compartían con ellos el trabajo de la tierra."

Pichon, con su padre más establecido, estudia en las mismas escuelas que su madre había ayudado a establecer. Entre su estancia de niñez y adolescencia en el Chaco y Corrientes, y su llegada definitiva a Buenos Aires, Pichon desarrolla una sensibilidad que se convertiría en una guía importante para su vocación por la locura. Vive en su período adolescente una locura preñada por la poesía de "los malditos": "Tendría dieciséis, diecisiete años, cuando empecé a escribir mis primeros versos".

Es un adolescente aventurero, que "vivía todas las contradicciones propias, algunas muy angustiosas, del que, en cierta medida y más allá de sus deseos, responde a mundos culturales muy distintos y hasta opuestos." Durante este período, Pichon estaría muy atento a la vida que se organizaba en un pueblo, Goya, donde su madre se distinguía por su labor cultural. Relata que allí realiza su primera observación no participante, arquetipo del modelo formativo para los coordinadores de los grupos operativos: "Por ejemplo, una vez por semana se reunían en nuestra casa la señoras del pueblo para conversar. Mi madre participaba activamente. Yo me había agenciado un agujero, para ver y escuchar. Y así me daba cuenta de las contradicciones y de todo lo que pasaba en esos grupos. Y creo que así hice, como observador no participante, mi primer aprendizaje sobre el funcionamiento de los grupos humanos. Diría que es la enseñanza del ojo de la cerradura."

Se trata casi de una versión poética del inicio de una vocación: ¿qué más hermoso que espiar por el ojo de la cerradura a su propia madre? Más allá de cualquier interpretación en términos edípicos, es interesante cómo Pichon, en pleno período adolescente, aparece ya como un observador solitario. Señala el funcionamiento de los grupos: grupos de señoras de un pueblo, que se reunían "a conversar". Elementos culturales para un adolescente sui-generis, que iniciaría de esta manera una forma de situarse en el mundo.

El otro "ojo de la cerradura" estaría situado en los burdeles, en los "quilombos" necesarios para cualquier población más o menos pequeña. La observación del grupo de mujeres (con su madre como "participante activa") se hacía desde un contexto experiencial completamente interferencial: "A esa edad, uno siempre tiene aventuras. Ahora, lo sintomático es que casi todas las mías giraban alrededor del quilombo. El portero del quilombo se llamaba Canoi, era también el "cuidador" de las "muchachas". Los lunes, ellas tenían permiso para ir de paseo al pueblo. El portero las llevaba en un coche a caballo. Cuando el cortejo llegaba al pueblo, los pobladores cerraban todas las ventanas. Esto ocasionaba un ruido tremendo, pero al rato se empezaban a escuchar otros ruidos pequeños, de ventanas apenas entreabiertas con disimulo, con culpa, con avidez..."

Era desde el burdel que Pichon observaba a las mujeres del pueblo. Así, entonces, podría efectivamente darse cuenta del funcionamiento de un grupo, el grupo "detrás de la cerradura". Dos situaciones vecinas en su propia observación. De allí en adelante, sería difícil que Pichon participara en esos rituales para mantener a raya la desviación. Pero no solamente no participaba en el repudio del desviado: intenta establecer un campo de interferencias, que obligaría a su madre a desbordar su cuidadoso lenguaje: "Me acuerdo que una tarde estaba dando examen de francés. Lo tomaba mi madre, que era la profesora de esa materia. De pronto, ella me hace alusión a un ruido, ruido de coches que pasan. Yo le digo, disimulando, que "son un grupo de chicas que trabajan para la alegría." No recuerdo con precisión los términos, pero ése era el sentido. Lo cierto es que mi madre, que siempre había sido extremadamente cuidadosa con su lenguaje, me dice en francés, pero claramente, alzando el tono: '¡No, otra que chicas de la alegría, son las putas del quilombo!'".

El quilombo fue, para Pichon, el primer referente para comprender diversas problemáticas sociales. Canoi, el portero, aparece como ese primer maestro, prácticamente como su iniciador en su vida independiente de la familia.

Pero la historia de la observación y su cercanía a los lupanares tenía raíces, condiciones más profundas. Al igual que su padre, Pichon era un admirador de Rimbaud, y a esta admiración añadiría la de Chaplin. Reconoce en la poesía un símbolo de vida, y desde allí la creación artística, no estereotipada, quedará marcada por un elemento vital. La creación artística como símbolo de vida, será precisamente uno de los elementos clave para su psicología social del arte, y también para trabajar el problema de la psicosis. La locura, en su estereotipia, aparecería como presencia de la muerte, una muerte reversible a partir de esa vida, la vitalidad de la obra artística.

La lucha contra la muerte llevará a Pichon a reconocerse en los "poetas malditos", entre los cuales Rimbaud y Lautréamont serán sus favoritos.

Pero un lector, máxime cuando se trata de un lector muy joven, de estos poetas no puede quedar indemne. El fuego de la poesía ya había tocado al joven Pichon. Pichon aparece, así, como un joven fuertemente tocado por sus propias identificaciones con estos poetas: "Rimbaud siempre me ha apasionado, así como ya antes había apasionado a mi padre. Y creo que entre Rimbaud y Lautréamont pueden establecerse ciertas comparaciones, no sólo en relación con sus obras, sino igualmente con sus vidas. Los dos escriben muy jóvenes, son contemporáneos; Lautréamont había nacido apenas cuatro años antes y la muerte de ambos es semejante. El destino que elige Rimbaud es, prácticamente, un suicidio; y también debe verse como suicidio el fin de Lautréamont. Ambos habían sido tomados, desde muy pronto, por el sufrimiento, la aventura y los "cielos lejanos". Uno, el Africa; el otro, el Río de la Plata."

Me pregunto si no es éste el Pichon más autobiográfico. Más tarde, ya en plena práctica psiquiátrica, encuentra a un paciente, Montagne (poeta uruguayo), que aprecia y comparte su pasión por la poesía de Lautréamont. Allí reconocería cómo sus experiencias tempranas (y también las de Montagne) lo llevaban a una fuerte identificación con el famoso poeta. Poco después, la amistad de Pichon con Montagne se interrumpió por el suicidio de éste último.

Identificado con los poetas malditos, Pichon desarrolla en la adolescencia una vocación por la desviación, por la locura, por las experiencias internas que llevan a ver la vida desde otro lugar, básicamente en ruptura con los modelos parentales establecidos. En este momento de su vida, Pichon inaugura un tercer modelo de identificación: ya no es su padre, desertor de la civilización europea en un sueño utópico fuertemente marcado por ideologías políticas; ya no es su madre, capaz de mantener y recrear, en los exóticos países del sur, la civilización francesa con toda dignidad. Ahora se trata de la crítica existencial (no necesariamente existencialista) generada desde la descolocación del poeta, especialmente el poeta maldito.

Este fenómeno del arte, de abrir la percepción a otro tipo de estética, supone fenómenos íntimamente ligados a los procesos de observación. Observación del arte, sí, pero observación también de la realidad desde el artista.

Su temprana identificación con los "poetas malditos" llevará a Pichon a una crítica sin piedad de los modos sociales de existencia, a una descolocación frente a los encargos y mandatos que pesaban sobre un "gringo", un francesito viviendo en países "exóticos". También inaugurará en él una doble vida: el Pichon del lupanar, frente al jovencito aún hijo de familia, destinado a realizar una carrera universitaria. La contradicción así inaugurada sólo se resolvería años más tarde, en su emigración, en su autoexilio de la familia y de sus tierras de la infancia.

"La poesía fue para mí, y sigue siéndolo, un símbolo de vida. Yo comencé a escribir con gran furor, pero la poesía me tomó cuando todavía no estaba instrumentado para ella. Por eso rompía casi todas las cosas que hacía; sólo guardo, en total, apenas unos cuatro o cinco poemas. Ahora no escribo más poesías, pero soy un ferviente lector."

Pero la poesía para Pichon es la poesía de los poetas malditos. Pichon, lo mismo que Rimbaud y Lautréamont, "es tomado", es cabalgado, es poseído por la poesía. Es evidente que existe ya una imagen, una escena que nos remite a rituales propios de la posesión. Pichon es poseído por la poesía, por una poesía "maldita", hija de la noche, con vocación por lo siniestro, una poesía reveladora de nuestras verdades más íntimas, interiores. Las letras de la noche iluminarían lo que el día oculta con su luz. Se inauguraba en Pichon una doble dialéctica: dialéctica de lo manifiesto y lo latente, de lo que el día negaba de la noche, pero que al mismo tiempo era lo que la noche se continuaba en el día. Continuidad del sueño y la vigilia en los procesos inconscientes. Pero en este momento, esa continuidad en Pichon es la de su experiencia interior, su vocación por la tristeza y lo siniestro, y su vida en Goya. Pero esta dialéctica se encuentra inmersa en otra, quizás más amplia: es la de su observación, observación del ojo de la cerradura desde el lupanar, es la "dolorosa bohemia" que se abre como espacio existencial del propio conocimiento, de la exploración de las verdades más íntimas y, quién sabe, más siniestras.

En Pichon, la crítica social desde la locura, desde la desviación, desde la propia locura, no se confunde con la crítica ideológico-política. El mismo no podía tener muy claro esto. Sin embargo, a pesar de sus tendencias y su simpatía por la izquierda, su militancia en este ámbito dejó mucho qué desear. "Por aquel tiempo, Corrientes era una provincia muy politizada. Había dos partidos principales, el liberal y el autonomista, muy enfrentados entre sí. Se vivía con violencia, especialmente en épocas de elecciones. La situación, entonces, se tornaba tremenda... Pero yo estaba absorbido por los deportes: fui campeón de ciclismo, practicaba natación, fútbol, tenis... Hasta llegué a ser campeón juvenil de boxeo en peso pluma."

Si la vida con los guaraníes siempre tenía el peligro latente de los malones (que nunca vió), la actividad política remitía a Pichon a escenas de franca violencia. Pichon relata la vivencia más profunda de su niñez: "Nunca pude olvidar cuando pasamos por Barcelona rumbo a Buenos Aires, el día que fusilaron a Ferrer, el anarquista.

Sentí un temor brutal por la seguridad de mi padre: temía que se enteraran de sus ideas y lo mataran, ya que si bien no era anarquista, se sabía que era radical socialista, y muy notorio, por haber sido secretario del jefe máximo de ese partido. Mi madre también mostró gran entereza en ese episodio." La escena política remitió a Pichon, indudablemente, a la represión: "Había concurrido al Teatro Argentino, en Buenos Aires, donde se representaba una obra cuyo mayor valor era ser un honesto alegato contra la guerra. La daba un grupo de actores anarquistas. La policía invadió súbitamente el teatro; yo me quedé paralizado, no hice gesto alguno, y la policía que golpeaba y detenía indiscriminadamente, no reparó en mí, no me hicieron una sola pregunta. Y pude dejar el teatro sin problemas."

La vocación política de Pichon no estaba exenta, tampoco, de ciertos elementos de sus "locuras", que evidentemente señalan hacia otros lados. Pichon se reconoce de ideas socialistas: "Soy uno de los fundadores del Partido Socialista, en Goya. Y fui candidato a diputado por este partido; sacamos ocho votos. También aquí lo sigular; lo fundamos en el quilombo donde trabajaba Canoi. La madame era la caudilla del Partido Conservador, pero nos dejaba. Decía: 'Son cosas de muchachos'..." No obstante, ya en Buenos Aires, su militancia se detiene en el comité de ayuda a los republicanos españoles. Este comité, y Pichon lo recuerda con mucho orgullo, fue el primero que envió a España una ambulancia...: "Ello se debe, fundamentalmente, a la influencia familiar. Mi padre acepta, pero mi madre, así como me había pedido que no fuera a España, también con sus ruegos determina que no participe en esas luchas.

Esto significó para mí un gran disgusto. Pero le hice caso por cariño y acaso, especialmente, por saber que era su único hijo."

Debemos recordar que la labor política de Pichon no podía desprenderse del universo de este adolescente tempranamente tocado por la vocación poética. La lucha política tiene, así, un sentido existencial del cual no se puede apartar, y al cual quedará supeditada. La revolución de Pichon estaría más cerca de la "revolución molecular" de Guattari, que del "Gran día" pensado desde el marxismo.

Pichon, como estudiante, realizará algunos intentos de estudiar antropología: "Creo que ésta fue mi primer vocación científica. Me fascinaba investigar en el mismo lugar donde se habían producido batallas. Cavaba, buscaba restos de combates, especialmente en los que había participado Berón de Astrada, cuya historia personal me fascinaba (decían que le habían sacado la piel de la espalda para hacerle una manea a Rosas). Hasta llegué a descubrir un pequeño cementerio donde estaban enterrados varios veteranos de la guerra del Paraguay."

Sin mebargo, el abandono de la vocación poética y su transformación en interés científico no sería tan lineal. No es un Pichon que madura poco a poco. Su identificación con los poetas malditos es mucho más profunda.

Terminados sus estudios preparatorios, Pichon intentará realizar estudios de medicina en Rosario. Su vocación "nocturna" se reactualizará: "Me voy, cuando tenía 18 años, a Rosario, para poder estudiar medicina. Y allí, en Rosario, apenas llegué, me sucedieron cosas muy extrañas... Un francés, que vivía en la misma pensión, me dice que de un día para otro tiene que marcharse, y me pide, muy insistentemente, que lo sustituya como 'profesor de modales' de las muchachas de un quilombo. Las muchachas eran polacas, y ése fue mi primer trabajo...

Ellas eran muy distintas a las del quilombo de Goya. Muy brutas de modales y muy duras. Todas llevaban lentes con cadenitas, y una de mis tareas consistía en enseñarles a quitarse, correctamente, las cadenitas y los lentes..." Además, hay que señalar que se trataba de un burdel muy exclusivo, llamado Madame Safo, y además de estas tareas, también debía enseñarles las necesarias palabras francesas para el buen desempeño de su oficio...

Su estancia en Rosario no durará mucho tiempo. Afectado por una forma grave de neumonía, regresará a Goya, donde su madre cuidará de él. Piensa que esta enfermedad se originó en el tipo de vida que llevaba: "Muy agitada, tremenda. Una bohemia dolorosa, sin concesiones..."

Sin duda es la primera muerte de Pichon, una muerte a escala de la de sus primeros maestros no reconocidos: Rimbaud y Lautréamont. Ambos murieron jóvenes, y por formas disfrazadas de suicidio. Esta muerte fallida de Pichon será una marca de por vida, que a su vez signará indeleblemente su vocación científica, ya tempranamente decidida por la psiquiatría. Más adelante, cuando encuentre a Montagne en su práctica psiquiátrica, aparecerá nuevamente la presencia del suicidio. Después, su ex-mujer, Arminda Aberastury, también encontrará la muerte por el suicidio.

Pichon sobrevivió al suicidio. El arte, para él, es símbolo de vida, vocación por la vida. Pero es el arte verdadero, aquél que hace surgir la belleza, aquel que se toca de cerca con la muerte y lo siniestro. La vida del artista toca de cerca la muerte, y su obra es la mejor forma, quizás la única, de mantener la vida. En este momento, Pichon está más cerca de Bataille que de Freud. Esta grave enfermedad de Pichon es un verdadero parteaguas en su biografía. Esta muerte, en Rosario, es también la muerte del proyecto radical del poeta maldito. Es el momento en que su locura, más que actuada, será teorizada y conceptualizada a través de un recorrido que lo remitiría al camino de la ciencia, sin por ello abandonar, aunque sea por una doble vida (pero por mera supervivencia), sus propias locuras.

Durante su recuperación, en Goya, Pichon trabaja preparando a dos muchachos para su entrada al Colegio Nacional. Pasados pocos meses, se marcha definitivamente a Buenos Aires, a estudiar psiquiatría.

 

Dr. Roberto Manero Brito