La carne
 
Para Ana
 
Vuelvo a su cuerpo como el agua a las columnas. Ahí no veo labios, muslos de greda o senos de alabastro. Apenas huelo su carne oscura y tensa, callados signos de un barco en movimiento.
 
La carne es muda.
 
De cerca ella se pierde, se escapa, se corrompe. Cuando creo que la alcanzo todo vuelve al espejismo. Entonces me resigno y duermo a la sombra de sus pliegues.
 
La carne es ciega.

La piel encubre un largo río de silencios. Después se eriza o cae en hondonadas que a su vez ocultan cuevas tan profundas que llegan hasta el centro de la tierra
El cuerpo miente.
Siempre trato de llenar todos los huecos. Pero nunca trasciendo los comienzos. La carne cierra el paso con sus piedras. Y yo fracaso boqueando como un pez fuera del tiempo.

La mano flota.
 
El cabello crece debajo de los sueños, en el cruce de las piernas, en la suave curvatura de las nalgas. La carne se dispara y deja huellas, ligeros ideogramas y jugos en la boca.
 
La lengua llora.
 
A través de la Edad la carne vence al sueño. Yo subo con esfuerzo esas colinas. Pero ella puede más/ ella resiste. La carne es luz. El cuerpo tiene alas.
 
Y sólo vuela lo que pesa.

volver al incio / volver a textos