Jardín

Dios pasea inquieto por el jardín florido. La brisa del comienzo lo despeina. ¿Quién la habrá inventado? Eva está cerca. Está desnuda como las aves del desierto. Adán, sentado al pie de un árbol, piensa con voz ajena. No es bueno que el hombre esté solo. De la arcilla original no queda nada. Los cuerpos son claros enigmas. Una hoja de parra esconde apenas la mancha solar de su entrepierna. Eva ya viene, Adán tiembla, Dios dice algo entre las flores todavía sin nombre. Nadie escucha.

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