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Graffiti: Las voces de la calle Comunicación
y vida cotidiana
Hay ruidos en la ciudad, manchas de
pintura, paredes tachadas una y mil veces. Hay gritos silenciosos,
amenazas nocturnas y desesperados mensajes en una botella. ¿Que pasó en los años
'80 para que se produzca una verdadera explosión de los
graffiti y su irrupción en otros espacios ciudadanos?
Los subversivos de la comunicación
Los graffitti, como los músicos de rock, son los nuevos referentes de una generación que ya no cree docilmente en políticos, militares y demás criaturas de la institución social . Sus ideas breves e impactantes ofician de filosofía y hasta de modo de vida para los pibes. De los Beatles a esta parte, las letras de canciones, las respuestas ocurrentes en los reportajes y las pintadas espontaneas "dan letra" a la nueva generación. Fue quizás el Mayo francés, como veremos más adelante, el que marcó a nivel mundial el punto de giro: el graffiti fue un arma privilegiada de combate de lo nuevo contra lo viejo. Lo que había que decir, necesitó de una nueva manera de decirlo.
En los graffittis aparece muchas veces lo siniestro transformado, a través del humor, en un hecho creativo. Lo innombrable, lo que solo circula como rumor, es allí denunciado, escrito a la vista de todos como para poder nombrarlo en voz alta y discutirlo.
Estas fueron algunas de las leyendas
que apareciron luego del oscuro suceso del robo de las dos manos
de Perón. Otro hecho siniestro de nuestra historia, la existencia de miles de desaparecidos durante la última dictadura militar, es registrada como en un libro de bitácora en las paredes, contestando unas veces discursos hegemónicos
o adelantando una visión, pesimista en este caso, acerca de nuestro futuro
Hay en cierto sentido, un efecto de insigh en su lectura. Más alla de coincidir o no con las expresiones, el fuerte tono autocrítico facilita la identificación, ayuda a pensar, hace las veces de un "interpretador colectivo" dirigido al conjunto de la sociedad. Lo latente tiene un canal para manifestarse. Aparece en este punto un interrogante:
¿Puede la creatividad popular ejercer un efecto preventivo?. Más allá de su efectividad en cada sujeto, el solo hecho de facilitar el debate, hacer reir o indignarse, provocar reflexiones o cualquier emoción es suficiente. El graffiti juega, en ese aspecto, un rol movilizante y permisivo.
Yo creo que las leyendas, más allá de la crítica de quienes ven en la recurrencia al humor negro o al pesimismo un elemento nocivo, así como cualquier discurso de los medios de comunicación, no son leídos pasivamente. Cada lectura es a su vez una operación discursiva nueva donde se resemantiza, se transforma o acepta el sentido recibido, más criticamente o más acriticamente. Y ésta diferencia, que tiene su importancia en lo individual, no deja de pasar a un segundo plano en un análisis macro donde lo que me interesa es resaltar que el sentido es siempre una apropiación. La manipulación, como la explotación, necesita de por lo menos dos sujetos. Y si es importante analizar las intenciones de los Medios o de los discursos institucionales, tal vez lo sea más comprender que hace la gente con aquello que recibe.
Si Sartre había corrido la cuestión de "lo que hacen los demás de mi" a lo que "hago yo con lo que los demás hicieron de mí" (2), igualmente se puede ver así la cuestión de los discursos que circulan y de los sentidos que tratan de imponerse socialmente. Los graffiti son una estrategia popular, no la única ni la privilegiada en cualquier situación, de desocultamiento, de demitificación de un supuesto "orden natural" en la sociedad. "La conciencia crítica, escribió Pichón Riviere, es una forma de vinculación con lo real, que implica la superación de ilusiones acerca de la propia situación, como sujeto, como grupo, como pueblo. Esta conciencia crítica se logra en un proceso de transformación, en una praxis que modifica situaciones que necesitan de la ilusión o de la ficción para ser toleradas".(3)
El rock y los graffitti tienen una estrecha relación: unos y otros se alimentan mutuamente. Frases tomadas de canciones son escritas en las paredes, nombres de ídolos o de grupos inundan la ciudad, y sus metaforas son usadas para nuevos mensajes. A su vez el rock y la canción popular incorporan la estetica de las paredes y no pocas veces alguna de sus frases.(En la tapa de un disco se ve a Charly García sentado bajo una pared con el graffiti 'Clics Modernos', que le dá nombre al Long Play). El homenaje máximo lo brindó Horacio Fontova quien a mediados de los '80 escribió una canción donde el aerosol era el protagonista y hablaba en primera persona:
Evidentemente hay un factor de edad en esta identificación: los pibes que escriben la ciudad son los mismos que van a los recitales o tienen su bandita de rock. La escritura es una práctica nocturna. Espontánea u organizada, individual o grupal maneja los códigos de lo clandestino, calcula el riesgo, apura los tiempos. El uso predominante del aerosol, los trazos muchas veces inacabados, dan cuenta del apuro cuando no de la corrida para eludir la persecución policial. Para Pichón Rivière la noche "implica un comportamiento distinto que el practicado en el transcurso del día. La tensión vital baja, las defensas y los mecanismos de autocensura se debilitan (...)Con la oscuridad emerge la imaginación aportando soluciones a las dificultades planteadas durante el día". Vincula la noche a la "conspiración", por ser un "modelo natural de comportamiento que tiene su pauta en el sueño. En ella se organizan determinadas fuerzas que apuntan a obtener un cambio y manejar de manera distinta el destino de la comunidad en la que surgen".(4) Tengo la sensación que el graffiti no solo transgrede con las pautas de conducta de un adolescente: los encargados de vigilar y castigar homologan a sus autores con los activistas políticos. Ellos son los subversivos de la comunicación, los "francotiradores del aerosol" (5), los "guerreros nocturnos". No provocan la risa en todos. Ni la complicidad. Hay quienes conside-ran a nuestros artistas como sus enemigos jurados: "Los hombres deberían saber -como enseñara Heráclito hace algunos siglos- que la guerra es general". ¿Y los que pintan svásticas,
o escriben mensajes de muerte e intolerancia? El graffiti rompe la ilusión
de los sentidos univalentes.
No hay tema cerrado y así lo demuestran las tachaduras, las contestaciones, el juego retórico y la denuncia a lo verosimil que quiere hacerse pasar por verdadero. Provocan -como decía Hölderlin con respecto al arte- "una catastrofe de sentido". Y esta catastrofe no hace otra cosa que mostrarnos las significaciones, la misma realidad social como producto de construcciones. Construcciones arbitrarias, es decir, que no responden a un "reflejo" de lo real, ni guardan correspondencia con él. Son más una construcción dentro de la trama discursiva, de la infinita "semiosis social"(8), que una adecuación a la "realidad objetiva". Por esta grieta se pueden observar los materiales de la construcción, posibilitando asimismo nuevas alternativas, nuevos sentidos.
La metacomunicación es un discurso acerca de las reglas del discurso. Una comunicación acerca de la misma comunicación. Esta autoreflexibidad está permanentemente en juego en las paredes, donde los graffitteros van "ajustando" sus intercambios, van opinando acerca de los cambios de conductas propios y ajenos, y sobre su propia actividad. Atentos a la sociedad que los configura, que los aplaude o los denigra, ellos van dejando huellas acerca del destino inmediato o último de su comunicación
La ciudad es un vasto escenario donde los graffitis irrumpen dando algo así como un color imprevisto al decorado. Modifican la escenografía, confunden a los actores, desestructuran el rutinario transcurrir por el espacio. Imponen otros ritmos, ponen en duda la linealidad del tiempo, restituyen lo misterioso a través del azar y el asombro. Cuestionan el orden de la dramatica representada, reinstalando algo del caos original.Tienen algo nuevo que contarnos acerca de los mitos y de nuestros sueños. Se niegan, en definitiva, a seguir siendo solo público, por que cuentan con un arte poderoso. "El azar, según Illia Prigogine, puede ser la fuente de la creación, el principio explicativo del cambio y la transformación.(...)una posibilidad para evitar el desencanto de un mundo rígidamente determinado".(9)
Aquí reside parte de la fascinación que despiertan los graffitis. Sus autores manejan los códigos poéticos. Sus narraciones y simbolos son del orden de lo mítico, dandonos la posibilidad de una multiplicación infinita de nuestras fantasías. Con ellos somos parte de un monumental poema de escritura automática desparramado por todos los rincones de la ciudad. "Esos surrealistas, escribió Lacan, no sabían muy bien lo que hacían. Pero ésto se explica, en suma, por el hecho de que eran poetas, y como lo hizo notar hace mucho tiempo Platón, no es para nada forzoso,es incluso preferible que el poeta no sepa lo que hace. Esto es lo que le da a lo que hace su valor primordial".(11)
Pompeya y más allá...el Mayo francés
La primera aparición histórica del graffiti es en Pompeya. A las inscripciones de caracter obsceno y pagano que abundaban en los alrededores de las fastuosas residencias del fin de semana romano les dieron esa denominación. Del italiano su nombre, pues, y su orígen, los márgenes más liberales de una sociedad opulenta en lo económico y ecléctica en lo moral. Lejos de allí, los primeros cristianos refugiados en las catacumbas de la tierra santa, se identifican con el símbolo de un pez, que dejan grabado en sus paredes. Pero es en el siglo XX donde sus usos se extienden. Los graffitis invaden baños y subtes, paredes públicas y fabricas. La lucha política toma el pincel en sus manos como un arma; los presos tallan en sus celdas frases, nombres y dibujos. La prensa mundial difunde, a mediados de la década del '60, las leyendas que los jovenes estadounidenses escriben en los baños de hospitales, restaurantes y prostíbulos de Saigón:
El Mayo francés de 1968, irrumpe sin permiso, desorientando a los partidos políticos de izquierda y al mismísimo estado gaullista. Y a la manera de un gran manifiesto surrealista decora París ante la sorpresa e incomprensión de buena parte de la sociedad francesa.
Ellos hacen realidad la idea de Lautremont :"La poesía debe ser hecha por todos". En la década del '70 es America Latina la que toma esta posta imaginaria y las pintadas acompañan a los procesos revolucionarios que se desencadenan. En la Nicaragua de Somoza jugaron un papel destacado según lo relata el libro "La insurrección de las paredes"(11). Allí se afirma que las "pintas" son "las masas en vivo, su espíritu y estado de ánimo". Para los somocistas era imposible vigilar las paredes, censurarlas. Por eso se convirtieron en "sorpresa subversiva, en génesis de los actuales medios de comunicación y en la manera que eligió el pueblo para 'conversar' e inter-cambiar mensajes". El libro termina con una frase contundente: "Así como desalojamos a los somocistas del poder, como los desalojamos de los cuarteles, antes los desalojamos de las paredes".
Nuestra historia fragmentada
Los graffitis están ahí. Ocurrentes, transgresores, escépticos, puteadores, humorísticos, despiertan las reacciones más diversas entre la gente. Diversas asociaciones, como los "Amigos de la Ciudad" formalizaron desde 1985 en adelante, campañas en su contra. Un ex-intendente de la ciudad de Buenos Aires hizo colocar carteles al pie de monumentos prohibiendo las inscripciones y le puso en cerco al obelisco. En el diario "La Nación" no hay mes que no se publique una carta de lector o una nota calificando esta práctica poco menos que de delictiva, al igual que la policía federal: puede significar dos años de prisión. Pero los graffitis siguen ahí. Y si los tapan, reaparecen. Allá por el año 1982, en el período de la posguerra nacional, apareció así pintada una pared de la avenida Independencia:
Tal vez ese graffiti caracterizaba, más allá de las intenciones de su autor, el punto de inflexión de toda una época de nuestra convulsionada historia. La dictadura militar instalada en 1976 comenzaba su repliegue estra-tégico al tiempo que las expresiones populares -políticas, gremiales, estudiantiles y sociales- exigían con más fuerza una salida democrática. Y es en ese contexto donde alguien se atreve a lo imposible unos meses atrás: salir de las catacumbas armado de un aerosol y en pleno día dibujar sus sentimientos para que los vea la ciudad. Y sin saberlo inaugurar una nueva forma de comunicación. Nueva forma por el caracter público y masivo que de allí en más adquieren los graffitis, refugiados por décadas en las paredes de los baños. Si bien en ese ámbito el autor de la inscripción buscaba cierta complicidad, la transgresión boca a boca, ahora son grupos de jóvenes que se dirigen a todos. "Los que utilizan la pared para ser escuchados con ésta antigua técnica del graffiti son el brote de una nueva generación de jóvenes hartos de que nada ocurra, de que nada cambie. Jóvenes que reclaman un mundo un poco menos asfixiante, cansados de tantos tabúes dogmáticos".(12) En éste supuesto ideológico encon-tramos, más allá de los matices, lo que los iguala: la burla a lo establecido y el rechazo a esquemas ideológicos, expresados a través del absurdo, la ironía, la frase ingeniosa. Los graffiteros toman posición ante la hipocresía social. En los años cuando se discutió y posteriormente aprobó la ley de Divorcio Vincular, desde las paredes no solo expresa-ron sus puntos de vista sino que tomaron a diversas institu-ciones como blanco de su ataque sin piedad:
Otro de los blancos predilectos de éstos
"subversivos de la comunicación" son los medios
masivos.
Desde las paredes libran tambien una lucha cuerpo a cuerpo con los discursos oficiales, denuncian la pérdida de nuestra memoria histórica, asumen por muchos el rol de contestar y desocultar
Un estallido de ingenio y bronca se vió en las paredes ante la llegada del papa Juan Pablo II en los años de Alfonsín
La crítica de la vida cotidiana es un tema central de los graffiti, ubicados estrategicamente en el espacio transicional entre el mundo público y el universo familiar. Allí actúan como mediadores. Para Ana Quiroga, estas manifestaciones creativas o artísticas "introducen una ruptura entre la cotideanidad y la representación familiar (...) representa a lo cotidiano de una manera que es contradictoria con esa familiaridad que encubre (...) desenmascara por que introduce el asombro, los interrogantes, abre un espacio para comprender, pensar, reflexionar".(13) Para Graciela Jasiner no hay tarea sin "ruptura de la familiaridad que encubre los objetos, crítica de la vida cotidiana que implica meterse a trabajar con lo siniestro, con el asombro, con lo terrorifico, con lo inesperado (...) liberación de trabas que impone lo formal, un cuestionamiento de lo dado, un lanzarse a lo desconocido".(14) Volvamos a los testimonios de los mismos graffiteros: "A nosotros nos gusta -revela un miembro de 'Fife y autogestión'- el simple hecho de que pase un tipo y vea nuestras pintadas y que por lo menos se sienta tocado en los próximos dos minutos. Que se sienta agredido, chocado".(15) Otros, como los rosarinos "Caquetas", afirman: "Pintamos para alegrar un poco el viaje diario en colectivo de los cansados estudiantes y trabajadores de la city".(16) O tambien "No es que haganos humor negro por que somos malos, -explica un miembro de "La yilet en el tobogán-, sino por que estamos cansados de ser buenos y queremos expresar lo absurda y triste que a veces es la realidad en que vivimos".(17) En ésta línea existen leyendas que, detrás de una aparente trivialidad, contienen también una denuncia, un reclamo, una advertencia.
No sería temerario afirmar que los graffiteros, como escribió Ana Quiroga refiriendose a la tarea psicosocial, "rescatan la utilización de la capacidad de asombro como punto de partida del conocimiento. Abordan el objeto cotidiano desde el descomponerlo, desde una interpelación al corazón de lo real". (18)
Al igual que el graffiti de los baños, la referencia sexual está muchas veces presente. Si para nuestra sociedad aun quedan temas tabues (homosexualidad, drogas, desnudos en TV) temas que solo abordan los medios masivos desde ópticas científicas o seudo-cientificas, las paredes serán el espacio de expresión frontal -¿y de goce?- de las minorías marginadas
Restituyen lo siniestro, nombran lo "bajo", exhaltan lo sexual, festejan lo marginal. Si para Baudrillard, "todos jugamos a disimular la indiferencia"(19), los graffiteros proponen un juego distinto: estas pintadas generan rechazo, risas, asco, adhesión y polémicas pero dificilmente indiferencia.
Un graffitero justifica su estética: "Pensamos que si Enrique Carreras sigue filmando y Tita Merello sigue cantando, nosotros también podemos pintar por que somos tan decadentes como ellos".(20) Charly García, en su tema "Necesito tu amor", describió el sentir de buena parte de la joven generación:
Evidentemente estas leyendas difieren mucho de las pintadas en las mismas paredes por jovenes de las mismas edades en las décadas del '60 y '70. Antes el "luche y vuelve" o el "le dió el cuero" o aquella otra "8 de octubre: feliz cumpleaños tata" también hablaban de complicidad, de imaginación, pero en contextos bien diferentes. Había propuestas y proyectos circulando en la sociedad que permitían practicas sociales más esperanzadas. Las paredes entonces eran disputadas por las organizaciones políticas populares, que a cada paso tenían algo que decir, que proponer, que actualizar:
Algunos sectores se jugaban a una estética de grandes murales llenos de colores para ilustrar sus propuestas, otros estampaban una estrella de cinco puntas como toda señal. Hoy en día los partidos políticos se adueñan de las paredes solo en función electoral. Entre elección y elección un poderoso silencio de cal retumba en las paredes. Unos meses antes de cada votación salen grupos prolijos de los comités, a pintar las mismas leyendas poco ingeniosas y monótonas que muchas veces se incuban en agencias de publicidad contratadas para el evento.
Pero la audacia en tiempos de vaciamiento ideológico tiene su precio. Un grupo radical de Parque Patricios quizo ir más allá de la repetición lisa y llana y dejó para la posteridad la siguiente joyita:
Esta falta de imaginación y de contenido, contrasta con el lenguaje directo, fresco y divertido de los graffiti. Ellos parecen darse cuenta y se burlan de los mensajes partidarios reformulándolos a su antojo.
Y a esta altura algunas preguntas caen de maduras: ¿Ocupa el graffiti un lugar dejado vacante por el mensaje político-reivindicativo?. ¿Es una estética y una comunicación que dá cuenta de la crisis de paradigmas político-morales-éticos que afectan a la sociedad mundial en su conjunto?.
Hay otros graffitis más espontaneos aun, más individuales, casi íntimos, de los que está llena la ciudad
En fin, cada cual tiene algo que decir, que comunicar y parece ser que la calle es un buen lugar.
Otra caracteristica del graffiti es el tachado, el agregado que sufren algunas publicidades y afiches políticos. En un cartel de Cafiero-Macaya con el
slogan "Los mejores hombres a la Provincia" alguien
añadió: "¡como
serán los peores!".
El yá histórico afiche de la campaña alfonsinista
"Usted sabe = RA", muchas veces era transformado en
O aquel otro que hacía fuerza para que Pacho O'Donell lograra una candidatura, "Pacho puede", terminaba con el agregado "una vez al mes". Es problable que alguna de estas contestaciones puedan ser vehiculizadas por agrupaciones políticas que prefieren el anonimato del graffiti, en algunas situaciones. En las últimas elecciones para senador porteño fue casi grosera la repetición del seudo-graffiti realizado por "Equipos de Difusión" -agencia publicitaria del justicialismo-, para denigrar al candidato radical: "Porto alegre De la Rua triste", y "La ciudad ya creció. Dejemos al chupete". Como para disimular, firmaban "Los pepe", a ver si alguien se tragaba el anzuelo de la espontaneidad. Parece evidente que los graffiti adquirieron en estos años prestigio y legitimidad popular y pretende ser utilizado, aprovechado y metabolizado por el sistema. Cantidad de hechos parecen confirmarlo en ésta última década:
Buena manera de naturalizar un fenómeno 'molesto'. Quitarle la fuerza contestataria y sumarla a las políticas de marqueting. Así lo ve un miembro de "Fife y autogestión": "El sistema siempre te va comiendo. Pintar es una parte nada más. Si eso se empieza a usar como una válvula de escape contra la opresión, sería muy facil para el sistema decir: ahí están los boludos que pintan: bien, que pinten. Es más, construirían más paredes para que sigamos pintando".(21). Las paredes parecen ser tambien un buen lugar para observar el estado de ánimo colectivo. Sin perder de vista que los que pintan no representan a todos los sectores ni a todas las edades, son depositarios de ansiedades grupales, de miedos, de fantasías, de ilusiones y desilusiones, que ellos se encargan de "alcahuetar" publicamente. El graffiti es, en definitiva, una de las maneras de recobrar la palabra, una práctica popular y creativa de agrietar los discursos monolíticos del poder y las instituciones. "Esta es una manera de pensar a través de las paredes -reflexiona un graffitero- sería bueno que todos lo hagan, que todos pinten, tener la libertad de usar este medio ya que no podemos manejar la información"(22). Como dice una inscripción que se popularizó en muchos frentes: Las paredes limpias no dicen nada. Y comunicarse, expresarse, es una necesidad social e individual que busca satisfacerse por cualquier medio. Por eso podríamos ver al graffiti como formando parte de una infinidad de estrategias populares de comunicación y resistencia: radios barriales, parlantes barriales, TV zonales, boletines estudiantiles y obreros, videos y cassettes testimoniales, volantes reivindicativos o carteles con poesías. Algo más que "adaptación activa": construcción conciente, apropiación de los medios y transformación de la realidad.
Combatiendo al Capital...simbólico
Retomando el comienzo, hay un espacio privilegiado en la ciudad, límite exacto entre lo público y lo privado, donde se libra una lucha simbolica sin cuartel: las paredes. A la vista de todos, como en la plaza pública o el mercado, los discursos tejen allí sus redes de poder y saber de manera desordenada y pintoresca, estableciendo un dialogo con aires de payada, un malabarismo repentista, una infinita sucesión de enunciados referidos. Primero las pintadas de corte político, social o sindical, luego los graffiti, fueron copando este espacio de poder invirtiendo todo el capital del que disponían: la complicidad, la palabra transgresora, la identificación desde la resistencia. Surgido de los baños y de otros intersticios de la sociedad, los graffitis comparten una visión cómica y esceptica del mundo. Lenguaje extraoficial, lleno de referencias a lo "inferior", material y sexual, se asume en portavoz anónimo de lo que la sociedad rumorea por lo bajo. Robin Hood moderno que se apropia del capital simbólico de los "poderosos" para repartirlo más equitativamente. Aerosol, tiza, carbón o pintura, compiten en las paredes a su modo con toda la trama de medios de comunicación "oficiales". Ese es el campo donde juegan de locales, donde despliegan sus estrategias de redefiniciones aunque el capital simbólico invertido sea desigual. El lenguaje es una técnica corporal. Por eso en las paredes se estableció una lucha cuerpo a cuerpo. De este modo podriamos ver a los graffitis como medios masivos de contestación ó, para decirlo más adecuadamente, de resemantización, y a los "graffiteros" como agentes sociales. Dueños de un poder en tanto porta1 voces de otros 'pibes sin calma' en esta 'ciudad de la furia', afilan sus estrategias y apuntan a quienes sujetan los cuerpos:
O escandalizan al barrio (y a la propia familia):
¿Será esta práctica metabolizada finalmente por el sistema? ¿Entrará en el juego, acatando las reglas de transgredir en el espacio comunicativo destinado para la transgresión?. En ese espacio, en ese límite, -como en las fiestas- el exceso puede ser perdonable y hasta necesario para una cierta homeostasis social. "No hay sentidos 'malos', -parece ser la regla y su moraleja- siempre que se produzcan dentro del juego". Como el bufón de las cortes europeas medievales, que era contratado por el mismo monarca para decir lo que a otro le hubiese costado la cabeza fuera de ese encuadre. De allí ese esfuerzo por institucionalizar el graffiti, de aceptarlo como parte del paisaje social. Estrategia de naturalización y neutralización del conflicto, nueva oportunidad al hijo prodigo. Pero donde hay poder hay resistencia (22). Y esa tensión y ese conflicto son generadores constantes de nuevos sentidos y de nuevas prácticas.
Citas bibliográficas
Bibliografía general
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