- Diálogo con Ana María Fernández
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- "Mi preocupación es como transformar
la historia sin olvidarnos del deseo"
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- Hace una década escandalizó a la ortodoxia
del grupalismo con un texto compartido con Ana María Cueto,
que ahora, a la distancia, califica de "borrador elemental".
Sin embargo, aquel "dispositivo grupal" resultó
una suerte de petición de principios para Ana María
Fernández, el trazo grueso de un pensamiento provocador,
expansivo y vigoroso.
En su búnker de Palermo Viejo, la autora de "El campo
grupal" y titular de la Cátedra de Teoría
y Técnica de Grupos de la carrera de Psicología
de la UBA, habló de haceres grupales y sobre esa base
sugirió la necesidad de "una revuelta" que le
pase el plumero a certezas tan cómodas como enfermas de
naftalina.
La subjetividad, la izquierda, los tics del mundo psi y una invitación
a que cada quién piense con su propia cabeza fueron algunas
de sus jugosas formulaciones.
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- Entrevista de Walter Vargas y Daniel Seghezzo
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- WV- ¿Cómo fue que llegaste a la noción
de dispositivo grupal?
- AF- Esa idea la expuse en sus lineamientos básicos
a lo largo de una serie de artículos publicados a mediados
de los ochenta. Al volver a trabajar en la enseñanza de
lo grupal nos dimos cuenta que los textos con los que habíamos
enseñado en los sesenta y en los setenta en algo habían
caducado.
WV- Al principio me enojé mucho cuando leí esos
artículos, dado que yo venía de siete años
de estudiar Psicología Social con todo el fervor pichoniano.
Y luego, al pasar por la escuela de Tato me encuentro con alguien
que se atreve a interpelar sin más la noción de
tarea, vista apenas como convocante y ya no de manera estructurante.
AF- Sí, admito que a los pichonianos ortodoxos eso los
irritaba.
WV- ¿Podrías desarrollar entonces tu noción
sobre la idea de tarea?
AF- Partamos de que ya en Pichón mismo, para ser fiel
a la letra, hay una distinción entre tarea implícita
y otra explícita. La implícita es lo estructurante
en Pichon. Lo que me parece es que si algún mérito
tuvo ese artículo escrito muy a la ligera es que no daba
por verdad lo que estaba ya dicho. Encontré un modo de
no aceptar verdades consagradas dichas por consagrados. Lo mismo
que en el libro, El Campo Grupal se permite interrogar ese pequeño
núcleo de mojones teóricos mínimos del tema.
No podés comparar lo teorizado en grupos con, por ejemplo,
lo teorizado en el interior del psicoanálisis, que es
una obra inmensa, riquísima. Lo grupal es muy pobre en
su producción teórica y también es muy nuevo.
Y también porque los grupalistas, más que teorizar,
hacemos. Es muy difícil teorizar sobre lo que acontece
en un grupo; la pregunta por el cómo y el por qué
de eso que está ocurriendo ahí no tiene fácil
respuesta.
DS- ¿Te parece que el pensamiento pichoniano ha sido
demasiado institucionalizado o petrificado?
AF- Totalmente. Yo lo conocí un poquito a Pichon, y te
aseguro que él ha sido una de esas personas menos aferradas
a las teorías que conocí. No le interesaba el bronce
ni nada por el estilo.
DS- El se hubiera sentido bastante incómodo con todo
eso.
AF- Acaso tampoco hubiera entendido bien los intentos por encontrarle
filiaciones marxistas que él en realidad no tenía
o que, en todo caso, no fueron determinantes. Es lo mismo que
se hace a veces con Lacan. Lo que ocurre es que Lacan -lo mismo
que Pichon-, buscaba referentes conceptuales de distintos autores,
distinta procedencia y distintas disciplinas. Si congelamos la
dimensión de lo inconciente en Lacan en la noción
estructuralista de inconciente, es hacerle pagar a un autor de
tanta riqueza, un efecto de época del cual él no
fue responsable. Tomar al pie de la letra estas cuestiones es
como dejar congelado un pensamiento que es devenir, que es proceso.
DS- Un buen ejemplo que abona lo que decís es el de
Nietzsche, no?
AF- Fíjense que de los tres grandes hermeneutas de la
sospecha, Marx, Nietzsche y Freud, el que mantiene más
juventud de pensamiento es Nietzsche. Y esto no pasa porque él
sea más importante que los otros dos, sino debido a que
los otros dos padecieron el peso mortífero de las instituciones
de bronce. Entonces, han habido legiones de marxistas que creían
que era verdad lo que decían porque Marx ya lo dijo, y
legiones de psicoanalistas que creen que es verdad lo que dicen
porque ya lo dijeron Freud o Lacan. La institucionalización
escolar de los grande pensadores resulta siempre mortífera.
WV- ¿Querés decir que Nietzsche careció
de seguidores?
AF- Quiero decir, algo burlonamente, que Nietzsche se mantiene
joven por que no aparecieron escuelas de nietzcheanos que lo
colocaran como el Maestro. En caso contrario hubiera pasado lo
mismo. Ningún autor resiste la Escuela y la enseñanza
como verdad religiosa; tanto Freud como Lacan en determinado
momento de su pensamiento cambiaron su rumbo. Sus textos, por
eso mismo, no pueden ser tomados como una verdad revelada.
WV- O sea que para vos el legado de un pensador es más
que nada una herramienta, y no un bronce o una acumulación
de ideas cristalizadas.
AF- Yo desconfío de toda obediencia a las ideas. En El
Campo Grupal intento precisamente eso, analizar las ideas con
un criterio de elucidación crítica.
WV- ¿Cómo valorizás la situación
del marxismo en este fin de siglo?
AF- Bueno, hay cuestiones de la política que no se saldaron
en su época, y que tampoco se saldan ahora. Por ejemplo
el problema de la tensión entre democracia y revolución;
es decir, como realizar transformaciones de extrema radicalidad
en el marco de los consensos democráticos. Esta es una
de las cuestiones que hoy una izquierda que quisiera tener vigencia
tendría que repensar. En tal sentido el marxismo ha caído
de hecho, pero no de derecho. Me parece que con el marxismo habría
que hacer lo mismo que con el psicoanálisis, una oportuna
deconstrucción.
WV- Jacques Derrida parece haberla intentado.
AF- Sí, Derrida abre una perspectiva muy interesante,
pero hay que tener el recaudo de no instituir rápidamente
nuevos padres. Creo que mas que buscar nuevos padres lo importante
es tomar herramientas de distintos autores para producir nuevos
pensamientos. El otro recaudo es no caer en un eclecticismo confuso
y vacío.
WV- ¿Cuál es tu postura al respecto?
AF- A mí me sirve la idea de caja de herramientas planteada
por Foucault. En este momento, para pensar la subjetividad, tengo
algunas herramientas foucaultianas, algunas herramientas deleuzianas
y muchas otras. Lo mismo quiero decir sobre el marxismo.
WV- Deleuze dice que es bueno meter todo en la misma bolsa
a condición de que uno esté adentro de esa bolsa
y no mirando todo desde un púlpito.
AF- Estoy de acuerdo con esa idea. Yo uso mucho por ejemplo a
Castoriadis, uso bastante Deleuze, uso Derrida. Son los autores
que más tengo en la cabeza en este momento. La deriva
que yo tuve en mi propio pensamiento, ha sido a partir del libro
El Campo Grupal, es decir, abrir una interrogación central:
cómo es posible una articulación entre el deseo
y la historia. Esto de alguna forma ya estaba anunciado en el
libro El Campo Grupal. Estas cosas tienen, ahora que lo pienso,
una proyección política con independencia de que
en su origen hayan sido planteadas en el plano académico.
Mi preocupación de fondo ha sido política; en realidad,
debemos hacernos cargo que nos hemos olvidado del deseo, cuando
pensamos el deseo solemos olvidarnos de la historia. El problema,
insisto, está en cómo articular estas dos dimensiones,
pensar las cuestiones socio-históricas de la subjetividad.
WV- ¿El campo grupal es vigoroso por sí mismo?
AF- Bueno, cuando yo voy a coordinar un grupo o a hacer una intervención,
no sé si pienso en mantener el vigor del grupo o en generar
a veces un gran lío. Pichon decía que uno va a
las instituciones justamente para alterarlas, para lograr que
al menos algo de lo instituído se mueva, para que los
sentidos congelados puedan fisurarse y abrirse nuevos espacios
de producción de subjetividad. Yo voy con esa intención
a los espacios institucionales.
DS A veces se piensa que podemos hacer esa labor desestructurante
en un grupo sin la ayuda de un coordinador.
AF- La potencia productiva puede producirse aun a pesar de la
coordinación, pero tampoco se puede generalizar. Hay espacios
y espacios... Por ejemplo en la Cátedra, una cosa que
se ha hecho difícil es hacer carne la idea de que a cada
demanda hay que ofrecer un diseño específico. El
asunto es preguntarse frente a cada situación institucional
qué diseño de intervención ofrecemos a fin
de crear las mejores condiciones de funcionamiento. En un caso
será con unas tecnologías, en otro, con otras.
Yo trabajo mucho con psicodrama, pero no lo aplico a todas las
instituciones adonde voy. Trabajo más cómoda con
psicodrama, como trabajo más cómoda con pacientes
en diván y no se me ocurre mandar a todo el mundo al diván.
Hay que ver cómo se presentan las cosas en cada situación.
Hay una idea muy generalizada en el mundo "Psi"; el
dispositivo tecnológico al que alguien adhiere es el que
se aplica a todas las situaciones. Aún en los más
aggiornados y en los más sofisticados teóricos
hay también un atraso de por lo menos 30 años;
lo que atrasa es la idea bíblica del texto, lo oculto
en el texto. Un autor autorizado se transforma en un autor autoritario,
porque sólo él tiene la verdad y vos tenés
que revelar esa verdad. En este punto se entremezclan cuestiones
filosóficas, políticas, teóricas, ideológicas
y hasta económicas.
WV- ¿Pensás que el mundo psi no se llevó
históricamente bien con la filosofía? Te pregunto
porque ahora parece que hay cierto rescate de Spinoza o Nietzsche.
AF- Eso viene de lejos. Freud, por ejemplo, estaba imbuído
del positivismo de la época. Hasta los setenta, en la
Argentina, pensar cuestiones metafísicas era estar a la
derecha de la filosofía. Pero por ejemplo Lacan lee a
Hegel, a Heidegger. Después se le quitan las citas a los
seminarios y por efecto de autoridad, parece que Lacan pensó
él solito todo eso. Pero no hay pensamiento en las ciencias
sociales o en las ciencias humanas que no este impregnado por
los problemas filosóficos de la época. Estos pueden
estar planteados explicítamente, u operar implícitamente.
En tal sentido es imprescindible realizar deconstrucciones y
análisis genealógicos de los conceptos de un autor.
Parece que el mundo psi esta un poco atrasado en este asunto.
WV No es fácil superar ese atraso.
AF- Obvio que no. Acá por ejemplo hay como un efecto colonial
por el cual suponer un inconciente en clave no estructuralista
es una herejía, sin embargo es imprescindible poner en
discusión el status teórico del inconciente. Para
abordar ese tema hay que nutrirse de todas las polémicas
del pensamiento, y no sólo de las cuestiones exclusivamente
disciplinarias. Cada día nos encontramos con nuevos problemas
de la agenda académica. Observamos en los alumnos de la
facultad de Psicología una cuestión muy interesante
que ni siquiera es ideológica, yo te diría que
es estética.
La Cátedra realiza unas Jornadas de Producción
Grupal. Una vez por cuatrimestre se junta toda la cátedra
con los alumnos y ahí indagamos los imaginarios estudiantiles,
(en el sentido que les daba Castoriadis). Y ya desde principios
de los noventa empiezan a aparecer escenas donde asocian el modo
de enseñanza de Lacan en la Facultad, con el Ejercito
y la Iglesia. Ironizan sobre la transmisión. Ahora los
pibes no hacen una critica ideológica como en los setenta,
simplemente les parece de mal gusto.
DS- ¿Qué cosa les parece de mal gusto?
AF- Que tengan que repetir las teorías como un padrenuestro.
Había una escena divertidísima que se llamaba "Las
hormiguitas de Lacan", en la cual una chica estaba estudiando
para un parcial. La cosa es que unas hormiguitas marchaban cada
vez más fuerte, eran un ejercito que terminaba comiéndose
a la chica. Bueno, esto es parte del efecto de este fin de milenio,
de la crisis de toda certeza religiosa. Pero los chicos no hacen
una crítica ideológica ni política ni teórica,
sino que que se posicionan desde una especie de desagrado, como
quien ya no quiere usar una ropa pasada de moda.
WV- ¿Trabajás con muchos jóvenes, Ana?
AF- Sí, claro.
WV- Se te da por amonestarlos cuando ves que no están
pensando en cambiar el mundo?
AF- Pienso que ellos son hijos de nuestra derrota. Eso, a veces,
me produce mucha angustia.
Hubo una cosa muy interesante cuando vino Mandel, poco antes
de morir, y dio una charla a la que asistió mucha gente
de nuestra edad, casi toda perteneciente a la izquierda clásica.
WV- Creo que no fue muy bien recibido.
AF- Sí, porque el tipo en vez de hablar de la lucha de
clases, hablaba de los movimientos ecologistas, feministas, etc.
y de pronto alguien se paró y lo increpó: ¡pero
usted hace veinte años me enseñó que..!
Y tal y tal. Pero Mandel, sin inmutarse, le respondió:
¿Y usted quiere que yo siga diciendo lo mismo después
de todo lo que pasó? Por suerte existen franjas de la
izquierda que han seguido pensando de un modo no religioso, como
se ve por ejemplo en las películas de Ken Loach, la New
Left, Tony Negri, etc. Por otro lado yo soy optimista: la sociedad
es cada vez más injusta, y lo que fue derrotado fueron
los modos de solución de la injusticia de la sociedad.
Ignoro lo que vendrá para revertir estas injusticias,
pero seguramente lo que surja no deberá conceder en su
radicalidad.
WV- Es que aceptar que todo siga igual podría también
meternos en un pozo melancólico...
AF- La melancolía política se produce cuando lo
que opera es la nostalgia por lo que no fue; se repiten rituales
que han caducado y se pierde el entusiasmo político.
WV- Nos queda entonces aferrarnos a la liturgia...
AF- Sí, pero sería un ritual vacío. Yo no
dejo de ir a las marchas por los derechos humanos, pero lo que
observo no es una pérdida de la mística, sino la
falta de pasión por la revuelta.
DS- Retomando el tema grupal ¿qué relaciones
posibles podrías establecer entre clínica y estética?
AF- Bueno, los referentes obligados en nuestro país para
pensar las relaciones entre clínica y estética
son Kesselman y Pavlovsky. La preocupación estética
es inseparable de la preocupación ética. Quienes
han explorado estas cuestiones nos advierten sobre el riesgo
de caer en el esteticismo de las producciones grupales. En clínica
yo creo que hay singularidades que circulan en cada grupo. Lo
contrario sería pensar que existe un inconciente grupal...
DS- ¿Es una exquisitez epistémica considerar
la dualidad del sujeto en el grupo vs. la noción de un
objeto-grupo, o de fantasías inconcientes comunes en los
grupos?
AF- Lo que está en revisión es la propia división
del mundo en sujetos y objetos. Es la renovación filosófica
de este momento: la subjetividad, como dice Guattari, hay momentos
en que se singulariza y hay momentos en que se colectiviza. Entonces
la subjetividad es polifónica. Me parece mejor considerar
lo que acontece en un grupo. Lo cual no quiere decir que uno
tenga que tachar, anular de su caja de herramientas, algún
tipo de intervención que de cuenta de un movimiento grupal
más general. Pero hacerlo de un modo que no quede lo singular
subsumido en la totalidad. Hay una cosa muy clara que dicen Deleuze
y Guattari en un libro muy antiguo, que se llama El Anti-Edipo,
y es el todo al lado de las partes, y no el todo que subsuma
la unidad. Los grupalistas, a veces, tienen una idea del todo
grupal donde tienen que subordinar las partes. Entonces, puede
haber un momento de una totalidad, pero este todo no es superior
a las partes, es el todo al lado de las partes
DS- En un tiempo hubo como una fascinación de los grupalistas
con la totalidad, ¿no?
AF- Ha habido en los inicios grupales, un modo gestáltico
de todo lo grupal: Lewin, y también la idea de estructura
inconciente grupal. Al mismo tiempo estas posiciones quedan prisioneras
de una narrativa de época. Esa época las cosas
se explicaban así. Y por eso es tan importante la idea
de una genealogía de los conceptos. Es decir, si vos marcas
los conceptos en la época en que fueron producidos, a
que respondieron, podés hacer un trabajo genealógico
que te permita historizar los conceptos para entonces poder luego
trabajar deconstructivamente para ver cuánto de esos conceptos
quedan prisioneros de época y qué puede mantener
su vigencia, en el marco de narrativas que plantean otras cuestiones
hoy. Hay muchas cuestiones que hay que repensar.
DS- Respecto de la circulación de lo historico-social
en el grupo, ¿cómo se piensa esto en tal o cual
persona que integra un grupo terapéutico?
AF- Eso se pone de manifiesto, entre muchas otras cosas, en los
discursos que circulan en un grupo, donde desde la coordinación
intento detectar cómo se abrochan universos de significación
colectiva en un significante singular. Ese sería para
mí el trabajo de una coordinación; detectar cómo
circulan tales discursos. Es que el histórico-social no
es algo abstracto, esta ahí, en los discursos, en su dimensión
tanto explícita como implícita, también
en lo no dicho. Hay, a modo de ejemplo, un paciente que cuenta,
en un grupo terapéutico de un hospital, que su hermana
esta embarazada y él no sabe qué hacer dado que
se trataba de una chica soltera y su novio se había desentendido.
Se expresan distintas opiniones. La coordinadora trae fragmentos
de tales opiniones en el grupo, y hay uno que dice: "Bueno,
yo soy católico, pero...". El universo de significaciones
que está en ese "Pero..." parece apuntar a "tal
vez tendría que abortar". No está dicho, es
un no-dicho, pero lo que ves allí es una tensión
entre dos universos de significaciones: el universo de "yo
soy católico" con el universo "coma-pero-puntos
suspensivos". Esto es parte de la discursividad que está
en un grupo. A veces, cuando pensamos en el histórico-social,
pensamos en algo como muy general y abstracto, y Castoriadis
dice: "el modo de ser del histórico-social son los
universos de significación". Las significaciones
no son transportadas solo en el lenguaje explícito; en
un caso puede ser a través de un silencio, de pronto puede
ser un gesto; o, cuando él dice "pero...", no
hay discurso de palabras, hay gestos que portan significación,
y hasta un cuerpo que porta significación.
DS- En este ejemplo que das cabría hacer alguna mención
al aporte de la semiología en la lectura de lo grupos.
AF- Si hay algo que a mi criterio define al campo grupal es la
necesidad del enfoque interdisciplinario. Claro que sirven la
semiología, la semiótica y otras disciplinas.
DS- Aquí podrían hacerse objeciones al regodeo
del detalle de laboratorio.
WV- El riesgo es caer en el eclecticismo.
AF No, no hay eclecticismo porque no podés juntar
cualquier cosa con cualquier cosa. Lo que hay que romper es la
idea de cierta territorialización disciplinaria cuando
ésta no es lo adecuado allí. Como cuando vos querés
explicar fenómenos sociales -y digo explicar con toda
intención- con el Complejo de Edipo. Se produce una extrapolación
pura y arbitraria. Las masas no tienen madre ni padre. Pensar
a Yabrán como un padre fallido, que sé yo, todo
eso me parece de terror. Lo que hay que buscar es otro modo de
articular lo que se ha llamado lo individual y lo social; no
a partir del Edipo de los pueblos. Esto no lo hizo Freud ni lo
hizo Lacan. Se trata del análisis de los universos de
significaciones, la vieja pregunta de Reich acerca de por qué
las masas alemanas desearon el fascismo. Y no fue por la idea
de padre. Aunque millones de peronistas digan Perón es
como mi padre y Evita es como mi madre, esto no autoriza a una
interpretación edípica del fenómeno político
del peronismo. Ahora estoy a cargo de un postgrado en la Facultad,
es un Programa de Actualización en el Campo del Problema
de la Subjetividad; el Seminario que doy es justamente "Dimensión
socio-histórica de la Subjetividad", y van filósofos,
politólogos, etc., con la idea de que las herramientas
para pensar la dimensión socio-histórica de la
subjetividad deben tener un atravesamiento disciplinario y no
un dominio de objeto.
Es interesante, porque incluso los alumnos que se inscriben son
de distintas carreras. Hay antropólogos, gente de psicología,
de filosofía, de ciencias políticas. Estos temas
que estamos conversando ya estaban enunciados de algún
modo en El Campo Grupal (Notas para una genealogía); Las
cuestiones referidas al campo de la subjetividad se están
desplegando ahora en este postgrado que estoy dictando, y seguramente
es material acumulado para un próximo libro. Estas son
las cosas en que estoy pensando hoy y que todo el tiempo revierten
en mi trabajo con los grupos. Es interesante ver cómo
en la crítica a una iglesia enseguida aparecen automáticamente
otras críticas a otras tantas iglesias.
DS- El pensamiento "religioso" muchas veces se reviste
de un ropaje culto o erudito.
AF- Cultos, eruditos, ilustrados, informados, pero no hablan
en nombre propio. Bueno, si después pensás que
con eso han ganado tanta plata podés entender un poco,
pero de todos modos se trata de gente sin pensamiento propio.
La aventura de pensar queda subordinada a transmitir la enseñanza
del maestro. Es pensamiento religioso. Como los religiosos judíos
que en la Cábala iban interpretando al margen la letra
chica del texto sagrado.
DS- Una suerte de desperdicio.
AF- Sí, a veces tengo la impresión de que así
se están perdiendo intelectuales valiosísimos,
interesantísimos. Las de ellos son pasiones tristes, como
las llamaba Spinoza. Es el pequeño rulito al gran autor,
es toda una inteligencia desperdiciada.
DS- Lo que pasa es que integrar instituciones es algo tranquilizador...
AF- Vos pensá que ese proceso en el mundo psi de quedar
aferrado a pertenencias institucionales se da al mismo tiempo
que se desarma el mundo social-institucional; hay una retirada
del investimento social-institucional. Una experiencia paradigmática
en el mundo psi argentino -la del Lanús y la de todas
las experiencias hospitalarias de la época- tenía
como desafío inventar diseños de trabajo. Actualmente,
se lleva el diseño de trabajo válido para el consultorio
privado psicoanalítico de clase media al ámbito
hospitalario. Así se degrada el psicoanálisis,
porque, por ejemplo, se hacen sesiones de 20 minutos cada 15
días . La idea que tienen es que el mejor tratamiento
que pueden hacer en el hospital es el que más se parezca
al que se hace en el espacio privado. El tratamiento inventado
para el espacio privado sirve ahí, en el espacio privado.
¿Qué sentido tiene en el hospital tratar al niño
desaprovechando los recursos de la Asistente Social, de la entrevista
con la maestra, de la consulta con otros servicios, trabajar
con el grupo de madres mientras se espera al chico que está
en tratamiento psicopedagógico? En la Facultad hacen lo
mismo, y en eso yo veo un desdibujamiento de lo específico
de lo público.
DS- Eso lo notás hoy en la UBA.
AF- Sí, modalidades de enfrentamiento de Escuelas privadas
que han ganado poderes, que han transformado el sentido de lo
que debe hacerse en la Universidad. La hegemonía corporativa,
por suerte, comienza a fisurarse. Ha sido muy fuerte durante
la dictadura, lo cual era comprensible porque había un
gran encierro. Hay una idea de que los espacios públicos
como los hospitales y las universidades han quedado devaluados
por una ofensiva neo-liberal. Eso es cierto, pero junto a ese
ataque ha habido, en un movimiento de pinza, un desfondamiento
de sentido de las instituciones públicas que se ha producido
en el interior de sus propios agentes. Hay un desfondamiento
de sentido de las instituciones públicas que no lo produjo
el ataque menemista neo-liberal; lo producen sus propios actores
institucionales que piensan que deben trasladar el modelo privado
al espacio público. Entonces está el ataque neo-liberal,
pero al mismo tiempo hay un desfondamiento de sentido desde el
interior mismo de estas instituciones.
WV- Esta realidad deriva luego en la frivolidad esteticista
de que hablábamos antes.
AF Sí, eso lo veo cuando por ejemplo los alumnos
se burlan de esa pregunta del soliloquio psicodramático
"¿qué sentís?". Para ellos está
asociada con Moria Casán, con Luisa Delfino y similares.
A ellos les parece de mal gusto, no hay una discusión
ideológica. Es un simple prurito estético. Con
todo es muy interesante el efecto revulsivo que te producen estos
comentarios de los alumnos por que te obligan a desnaturalizar
el uso de la técnica.
DS- Escuchando a Suely Rolnik experimenté una visión
denostadora de la clínica, desde una especie de posición
estética posmoderna.
AF- Han habido diferentes modos de disciplinar la clínica
con la nomenclatura, modos de armar los equilibrios conceptuales
de intervención.
DS- Es clásica la respuesta de la antipsiquiatría...
AF- La antipsiquiatría tuvo sus buenos excesos. Basaglia
también, todo su movimiento anti-manicomial, todas las
luchas políticas por el sentido tienen que ser disruptivas.
¿Cómo romper con lo instituído si no es
con la violencia del lenguaje? Nietzsche decía; "yo
hago filosofía a martillazos". Todo lo que estamos
hablando hoy tiene una dimensión política, que
pasa por las luchas políticas del sentido. Esto implica
debate a martillazos en el plano de las ideas, pero con respeto
por las reglas del juego en el plano de la interacción
académica. Lo que se ha perdido, justamente, es la elegancia
en el debate de la ideas. A veces, entonces, discutir a martillazos
es fatal.
DS- Podríamos por ejemplo citar a Tausk, un entrampado
en la historia del movimiento psicoanalítico.
AF- Bueno, no sólo la revolución fue una madre
que devoró a sus hijos.
- (Publicada en Campo Grupal Nº 2, setiembre de 1998)
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