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Entre:
Invitación y posibilidad de devenir
Por Victoria Larrosa
" ...la necesidad de
mantener, de llevar lo uno hacia lo otro, en una unión
que no forma unidad..."1
El arte tiene estos atajos. Estando en Montevideo vi, por televisión,
un reportaje en el que una artista (uruguaya2) relataba una instalación
que realizó trabajando sobre la temática de lo
público y lo privado:
En el subte hay una habitación totalmente negra a la que
se accede por medio de un laberinto. Una vez adentro se escuchan
muy tenues, gemidos. Hay una caja de tizas. Hay un cartel en
el que desfilan letras que anuncian "Puede pasar".
Junto al impacto suscitado por lo artístico, estas ideas
me resultaron sugestivas para detenerme en lo cotidiano de nuestras
formas de pensamiento, en nuestras prácticas profesionales,
en las maneras en que nos vinculamos con lo llamado "público
y privado" 3.
Puede pasar: una invitación y una posibilidad.
Entre ilusiones metafísicas y escencialistas, entre absolutos,
entre "purezas"4, entre los "árboles"
se despliega, pasa, una superficie de intensidades en la que
lo posible existe como "algo".
Algo humano, pero no demasiado humano. Algo de otro en mí
y en el-lo otro que me afirma en la existencia. Otro que acompaña
en la conmoción de un tiempo en el que Dios ha muerto.
Escapar -o más bien "huir"- de los intentos
de buscar la pulcritud en el pensamiento, la coherencia de los
movimientos, la unidad conceptual, la certeza diagnóstica,
nos introduce en una temporalidad intempestiva, en el sentido
que Nietzsche lo plantea.
Transitando la consistencia como superficie del "entre"
y experimientando en lo intempestivo, el-lo otro deviene una
presencia productiva.
"Entre" nos ofrece también estas acepciones:
invitación y posibilidad de devenir, ensamblando formas
con un mínimo de organización a contenidos de un
máximo de despersonalización, de ajenidad, de desterritorialización5.
Lo finito sobre lo incesante, el sujeto como el "combate
pulsional que se necesita sostener"6 afirma lo humano en
su posibilidad de devenir.
Lo finito de la forma, ensamblado con lo informe, habilita el
paseo y la compañía. Modo de pensamiento como escritura
que requiere de otro otro de sí o fuera del mismo-
que se ofrezca como transparencia en la que habitar la soledad
y como reflejo de la ajenidad para que algo pueda pasar.
El trabajo en la clínica transita por momentos acompañando
esta escritura, este encuentro de la diferencia en la repetición,
esta lectura distraída.
Desidentificaciones, mezclas y producciones de subjetividad no
más internas o propias que de un afuera que produce y
a la vez es producido por este plano inmanente.
La muerte de Dios como "la despedida de los absolutos"7,
retorna si es que acontece- como puesta en marcha de un
movimiento que escribe finitud.
Llegado este punto, una pregunta ¿cómo cohabitar
con lo extraño? A fuerza de violentar el pensamiento:
destronándolo de su "plácido" asiento
racional obsesivo, sistemático, categórico,
claro y pulcro, oscuro y profundo- y disponerlo al servicio de
la producción de nuevos valores y sentidos.
Producción y creación de bifurcaciones, desconexiones
y combinaciones en un tiempo tal que "no forme unidad".
Ahora bien, es en el entre medio, dicen, donde "crece lo
mejor y lo peor".
Otra vez ¿cómo cohabitar, cómo convivir
con lo otro sin negar esta violencia que nos posibilita el contagio
al quebrar las identidades fijas y eternas?
Planteo al menos dos maneras de violentar: una violencia de apertura,
al servicio de la esperanza de lo nuevo8. La otra, una violencia
que aniquila lo no codificado, lo desconocido. Una violencia
de y sobre lo establecido, desde y hacia un trayecto distinto,
una intensidad inédita, una novedad. Otra violencia como
expulsión de lo otro, como rechazo y aniquilamiento. Violencia
que vemos ejercerse bajo amenazas, exterminio, golpizas, inmolaciones,
interpretaciones universalistas y más sutilmente (y a
veces académica e institucionalmente) ejercido desde lo
más cotidiano de nuestras vidas.
Una violencia que se ejerce cristalizando la forma cualquiera
sea la estética dominante- atribuyéndole el poder
de monopolizar la tan ansiada "verdad" acerca de "las
cosas, lo "normal" de ciertos comportamientos, lo "esperable"
de ciertas propuestas.
Esta violencia que llamaré "de la forma acabada"
implica la detención del movimiento eternizando lo finito.
Lleva implícita la veneración por lo que fue y
el desprecio por todos los demás tiempos. Una manera de
resucitar a Dios, de hacer que los muertos vivan. Una violencia
que repele el ensamble (como anudamiento) entre lo finito y lo
infinito, que impotentiza la complejidad de la vida y se fascina
con la búsqueda de unidad: que se unifique el cartero
con la noticia. Un rostro siempre es más que "algo".
Una demasía humana proporciona una certeza que hace mover
la cola del pez (ya pescado). Nos proporciona un sujeto, víctima
o culpable, un par nefasto, certero, intercambiable, a veces
imperceptible y camuflado.
También puede pasar. Y pasa también en el entre
medio.
Sin absolutos quedan los "algos", interpretados como
"vacío" desde esta empresa de resurreción.
La potencia que ejerce el predominio de las fuerzas activas,
nos invita y posibilita violentar el pensamiento que se automatiza
al estar separado del cuerpo.
Nos recibe a un tiempo en el que la apuesta por la ética9
actualiza nuestra potencia de creación de formas artísticas,
ligeras y lúcidas: revolucionarias.
"...revolucionarias punto
¿así termina?
Entre.
Pase.
Y ayúdeme a agregar algunas cosas, entre líneas.
Asterisco uno: entre lo escrito acerca de la clínica y
las desidentificacione encuentro Escribir a pesar de todo pese
a la desesperación. No: con la desesperación. Qué
Desesperación, no sé su nombre. Y antes Un libro
abierto también es la noche.
Asterisco dos: la nota al pie acerca de "pureza", Denise
Najmanovich. Hacemos doble click y aparecemos en su texto.
Asterisco tres ¿quién se pregunta cómo convivir
con lo extraño?
Entre los libros encuentro un asterisco que me lleva a una cita
de Guattari, menciona a Bajtin: la subjetividad es plural y polífónica.
La subjetividad también es una instalación puede
pasar. También una nota al pie, un documento cerrado,
un acceso denegado, un escrito desordenado.
Entre este texto y el precedente y el anterior ¿qué
paisaje armarán?
Asterisco mil, cuatro, no importa ya: ¿qué relaciones
establecen los asteriscos, las notas, la violencia y el arte,
la muerte de Dios y la clínica?
Entre tanto, algo.
Notas
1 Maurice Blanchot "El
último en hablar".
2 Su nombre es Patricia Bentancur
3 Desapropiándolas muchas veces de su valor como entidades
diferentes pero indisociables se las desarticula absolutamente,
en general beneficiando a sectores de poder que desrresponsabilizan
de sus compromisos políticos o se las fusiona de tal modo
que en general corresponde también a una desimplicación
subjetiva. Ambas estrategias de lo que llamaré más
adelante "violencia de la forma acabada".
4 Denise Najmanivich
5 Ver "Mil Mesetas", Rizoma, la referencia al n-1
6 "el sujeto no es esa unidad viviente..." Pierre Klossowski
en "Nietzsche y el círculo vicioso"
7 Suely Rolnik
8 Una manera de experimentar el futuro que lo afirme y no lo
esterilice como lugar-tiempo de lo inalcanzable.
9 A diferencia de la codificación moral que deprecia lo
actual en vistas de un futuro ideal o un pasado monumental a
recuperar.
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