Esquizoanálisis y encuadre móvil

"Que ves, que ves cuando me ves,
cuando la mentira es la verdad"
Divididos

Por Alfonso Lans

 

Las definiciones más famosas sobre el encuadre plantean que debe ser lo fijo, aquello que no puede variar, pero si prestamos atención a esas definiciones, observaremos que se le hace decir al concepto más de lo que nos posibilitaría y mucho menos que lo que el propio concepto permitiría afirmar. ¿Qué es lo que se dice de más? Se dice de más que dentro del encuadre hay un marco teórico, lo cual, en realidad, sólo es así en cuanto convenimos que una teoría es un modo de ver, un modo de registrar, algo así como un lente, pero de ningún modo una teoría puede enmarcar lo real. Si la teoría es para nosotros un instrumento, lo es en la medida que permite componer un modo de ver.
Ello no nos posibilita "aplicar" el lente, sino que previamente tendremos que visualizar cuales son los elementos de aquella realidad que nos permiten constituir el plano.
¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que el encuadre, si bien es una delimitación, puede ser concebido desde una perspectiva geométrica o dinámica.
El encuadre, entendido desde una perspectiva geométrica, es una serie de coordenadas, por lo menos dos, que anteceden al cuadro, o sea que ya tengo el encuadre dado como su a priori, pues antecede al cuadro y al contenido de aquello que va a ser encuadrado.
Otra forma es la dinámica, donde el encuentro de fuerzas produce una diferenciación de intensidades que, de este modo, se hacen figura. Se conforma un observable, manifestándose desde un determinado ángulo de encuadre y con el cambio del punto de vista, lo que varía es el propio cuadro.
En ese sentido, es una forma móvil que lo que trata de capturar es el movimiento. Esta modalidad de trabajo, más que interpretar, permite desplegar una línea de experimentación.
En esta situación, lo realmente importante son los movimientos que se puedan realizar, incluso se vuelve más importante que interpretarla. La reconstrucción de los conflictos que se plantean o se plantearan y enunciar algo en torno a ellos, pues es de vital importancia para efectuar un proceso de reconstitución, recomposición e invención de la subjetividad.
Incluso establecer una "verdad" sobre la situación es lo de menos, lo importante es todo lo que se desencadena a partir del acontecimiento, cómo éste se llena de sentido y cómo a partir de ahí empiezan a converger una serie de relaciones de fuerzas, que obtienen su registro como deseos, odios, amores, envidias; es cuando los afectos y pasiones tienen donde anclar.
A partir de un acontecimiento, lo que se despliega es una multiplicidad de sentidos que se conectan con una serie de conflictos inmanentes a la vida cotidiana, ahora el tema es cómo sacar del interior el conflicto y reenviarlo a donde se produce. El conflicto no es un problema, se anuda al problema, como lo hace Hamlet cuando anuda el problema del poder a una interrogante existencial: "ser o no ser" que lo hace pasar en forma transitiva de un problema de gobierno a un conflicto neurótico, expresado mediante la duda de si él o ella "me ama o no me ama".
Podríamos decir que el núcleo más arcaico de la personalidad, el sí-mismo-nuclear en la terminología de Stern, se ve caotizado. Se da un proceso de caotización que involucra al conjunto de la personalidad; incluso aunque no haya manifestación de delirio.
Importa este momento porque es cuando en el propio proceso se está produciendo y transformando su realidad. Son cambios de estado, el Caos es portador, decía Guattari, de morfogénesis potenciales pre-programadas, a la vez que encierra embriones procesuales que permiten las morfogénesis mutantes; está sembrado de "puntos de bifurcación" de "cribas mutantes" cuyo cálculo no puede predecir la posición resultante o las potencialidades actuales y virtuales.
En el proceso esquizoanalítico, así como en el propio relato de esta experiencia, estas líneas se ven mezcladas, se tocan, se confunden, aparecen los mismos mecanismos de un lado y otro. Están efectuándose a un tiempo, sin un orden preestablecido, las líneas duras pero también las líneas blandas y partículas o esquizias que pasan de una línea a otra y también sus líneas de fuga.
La fuga, es vital para "encontrar un arma" que posibilite una recomposición subjetiva y una re-invención del medio ambiente, para desplegar una línea de experimentación del deseo, de los miedos y conflictos a los que el propio proceso nos enfrenta; hay en este sentido mas acompañamiento que interpretación. Por supuesto que también van surgiendo interpretaciones, pero el tema no solo es dónde, cuándo y cómo se interpretar, aquellas no surgen por un efecto de traductibilidad, sino por la producción del propio movimiento que va generando nuevas conexiones. En la medida en que va produciendo y restituyendo relaciones interpersonales, la memoria va conectando informaciones que el sujeto obtiene con imágenes y recuerdos que -de a poco- van llegando desde su pasado y que es necesario desembrollar, pero ello no basta para producir un proceso autopoiético de subjetivación, es necesario descubrir aquellas líneas prepersonales que lo trabajan desde el fondo esquizo. Un acontecimiento se despliega, golpea como un pájaro contra los vidrios de una ventana medio abierta, medio cerrada. Nos puede sumergir en la desesperación o llenarnos de un gozo expansivo que nos informa que a llegado la hora de la alegría. De todos modos compone un nuevo espacio tiempo que nos arrastra en una línea pasional, el acontecimiento está poblado por devenires, intensidades aún no nominadas que nos envuelven. El acontecimiento es acto, actual; su tiempo intensivo se compone por las relaciones de velocidad que entre si se establecen en la medida que se despliega. Por ello el acontecimiento es productor de sentido, es su propio movimiento y el efecto de composición o descomposición de las relaciones entre los cuerpos que agencia los que configuran una o varias tendencias que pugnan por su efectuación. El sentido entonces es un derivado, efecto de su efectuación como veíamos, a la vez que produce su contracara: el sinsentido. Mucho se ha estudiado ya la relación entre ambos, el sentido si lo es, lo es en relación al sinsentido y a la inversa. Quedaría por establecer la capacidad de este par de actuar por postas y cambiar su signo: del sentido al sinsentido en las relaciones de composición del acontecimiento. Esta nueva perspectiva nos abre a considerar una nueva materialidad a ser tratada en la nueva clínica

Afirmamos anteriormente que el encuadre es el arte de seleccionar los elementos, el encuadre entonces, desde la perspectiva que estamos pensando, es un sistema óptico e informático. No lingüístico, sino informático, o mejor, signalético como lo llama Guattari, en tanto es un sistema abierto de informaciones disponibles, actuales o virtuales, con sus reglas específicas de producción, distribución y consumo en el cual, tanto la visión como la palabra son factibles de componerse para actuar por postas, donde un acontecimiento le va dando sentido a otro y activando diversos devenires. Para poder pensar el encuadre así, como un sistema óptico, es fundamental discriminar este concepto de encuadre, del famoso concepto de encuadre como institución, que es el planteo, ya clásico, de Bleger, y que incluye el sistema de normas que queda establecido a través del contrato.
Para poder movernos con el encuadre, es necesario realizar esta diferenciación porque se ha teorizado el problema del encuadre en relación con el contrato de trabajo y obviamente, el contrato no se puede romper porque eso es lo que sostiene el trabajo y en definitiva es lo que en el juego se registra como lo instituido, es decir, son sus reglas de juego. Pero lo importante de esta diferenciación es que además permite ubicarnos en la línea que nos interesa, que es el problema del devenir. El concepto blegeriano de encuadre es el no-proceso, él va a decir: son aquellas líneas que se mantienen constantes de tal manera que el proceso pueda hacerse visible.
Este modelo de registro de la realidad viene de la psicología experimental, funciona bajo el paradigma positivista compuesto con los conceptos de invariante, constante, etc. y es asimilable a lo estático para que, por contraste, se puedan medir las variables. Si lo pensamos en términos de cámara de vídeo es como una cámara fija en la cual la realidad pasa por delante de un punto de vista estático. Si yo acompaño las líneas de fuerza que están presentes en el campo y me desplazo siguiendo una de esas líneas como en un traveling que me puede llevar a distintos territorios, intensificar el movimiento o seguir la acción, yo voy a variar mi punto de vista, necesariamente voy a seleccionar otros elementos, voy a relacionar otras cosas. ¿Por qué se planteaba que el encuadre tenía que ser estático?. Primero que nada porque la época está imbuida de una disposición científica en la cual es necesario dar cuenta del método: marcar una hipótesis, desarrollar una validación de esa hipótesis, comprobarla, demostrarla, etc, pero ese es el modelo de producción de verdad del positivismo, que implicó (aun implica) a "casi" la totalidad de los diversos estratos y círculos científicos. En los años cincuenta, en Buenos Aires y por extensión en Montevideo, se produce una gran movida epistemológica para que el psicoanálisis sea definitivamente aceptado como disciplina científica a escala local. Fue una gran preocupación que exigió de Bleger, entre otros, de un gran esfuerzo de producción teórica. Es esta atmósfera la que propició que determinados problemas se plantearan en aquella época, ya no lo son para nosotros. Primero, porque ya lo hemos aceptado como ciencia, como una ciencia hermenéutica que es distinta a una ciencia positiva, con todas las críticas de las cuales, de todos modos, es objeto; segundo, porque no nos interesa el paradigma científico que ya juega como un instituido, sino la invención y la puesta en práctica de paradigmas ético-estéticos de referencia y de universos incorporales de valor o consistencia.
El concepto de encuadre que propone Bleger parte de plantear una dualidad fundamental, él estaba ubicado en la filosofía del ser, más concretamente, sigue la línea hegeliana, aunque encubierta bajo el materialismo dialéctico y lo que viene a retomar más precisamente, es el planteo de Fitche, un alemán pos hegeliano que da fundamento a los desarrollos kleinianos. Todos ellos estaban pensando de diversas maneras el problema del inconsciente, quiere decir que Freud no nació de la nada, había un ambiente, había una atmósfera en Viena que provenía del romanticismo, que permitía pensar en el plano del inconsciente.
Este hombre, Fitche, hijo del idealismo y del romanticismo alemán, plantea que el mundo se constituye a partir del yo y que en la medida en que el yo se establece y se delimita, se construye el mundo. Esta es una idea que van a retomar los klenianos para plantear que hay un proceso de diferenciación que constituye al mundo como otro en tanto me constituyo como yo, el yo precoz por un lado y un orden de lo indiferenciado por el otro. Antes de esta discriminación, el mundo era un todo indiferenciado y el mundo como tal, incognocible. Esta unidad, yo - no yo, conserva una fuerte reminiscencia del dualismo platónico: la idea -lo permanente- por un lado y el movimiento -lo corporal- por otro. Se seguiría así el mismo proceso que el pensamiento filosófico produce a través de la historia, remitiendo al planteo freudiano en torno de las líneas filogenética y ontogenética en la herencia intrasubjetiva del hombre.
Entonces, en un segundo movimiento, se va a plantear que el encuadre está vinculado al esquema corporal. Fíjense que acá se empieza a complicar el asunto, porque el encuadre incluye nuestro modo de percibir la realidad.
Bárbaro, estamos de acuerdo, hay encuadre en la ciencia, en psicología como en la vida cotidiana y ese encuadre va a estar siempre en referencia a la producción de un punto de vista, pero recordemos que un punto de vista esencialmente es un acto, una interacción.
Como verán ya estamos en otro registro, es el registro de la percepción, antes estábamos en el registro de la institución: son aquellas normas que repetitivamente se ensayan; desde esta perspectiva, el mayor grado de repetición en el trabajo está dado por el encuadre. En la teoría psicoanalítica se lo percibe, al encuadre, como el portador de lo instituido. Este planteo se sostiene como vimos en propuestas de Bleger. El plantea que es sobre las instituciones que los sujetos proyectan las partes psicóticas de la personalidad utilizándolas así defensivamente frente a algunas de las ansiedades psicóticas para contenerlas de este modo, toma esta hipótesis la toma de la línea psicoanalítica institucional inglesa, mas precisamente de Eliot Jaques quien la planteó, basándose en las teorías de Klein. Jaques, al igual que Bleger, proviene del psicoanálisis kleniano y tienen una vinculación directa con los planteos de Fitche debido a que es en su planteo que las teorias sobre cómo se organiza la relación yo : mundo que las teorias kleinianas encuentran su basamento.
Esto del orden institucional, de las normas, ya no es igual a lo que puedo percibir -aunque uno determine al otro- de modo que la institución modula la percepción, fenómeno más que evidente en el caso del señor K, entonces ya hay dos componentes que se mezclan. Pero en Bleger, la norma aparece abrochada al contrato, si desagregamos el contrato se discriminan dos dimensiones: por una parte la producción de los modos de percibir y por otra, aquellas normas que establecen una relación contractual.
En un diálogo imaginario Bleger podría decirnos:
- "sí, muy bien, es cierto, las instituciones muchas veces son utilizadas como mecanismos de defensa de la personalidad del sujeto".
Luego dice:
- "lo que pasa es que en la institución son proyectadas las partes psicóticas de la personalidad y en el yo, quedan resguardadas las partes neuróticas de la personalidad".
Habrán visto que seguimos con un esquema dualista. Pero además de proyección, yo le diría a Bleger:
- "Sí, lo que usted afirma es verdad pero en un sentido inverso, lo que acontece es que las instituciones modulan al sujeto y actúan sobre el sujeto de tal modo que se incorporan formas de hacer, formas de pensar y formas de sentir mediante el trabajo que las instituciones ejercen sobre nosotros, constituyendo modos de producción de la subjetividad, como las normas y costumbres que se abrochan incorporalmente modulando los cuerpos".
Modulaciones que se manifiestan como "internalizaciones" a través de instancias como el super yo. No es una metáfora, pues actúa como una máquina que maquina al sujeto mediante una acción directa, es una afección del cuerpo, nos compone íntima y materialmente; en ese sentido era que Ferenczi hablaba de introyección y Tausk de la máquina de influencia. Ellos la conocían porque la padecían y tuvieron que ir a descubrirla ahí donde Freud retrocedía: en el campo de la esquizofrenia. La encontraron en el fondo caótico de la inmanencia, en los procesos "primarios" inconscientes. Sin embargo debemos señalar que la máquina de influencia es una formación reactiva a la que habría que enfrentar a la manera de Nietzsche: escuela, iglesia, estado, ¿cuál de estos perros quiere morir?
En un registro contractual del encuadre lo que nos va a exigir el otro es la repetición. ¿Para qué?. Para recomponer su línea dura, la que le proporcione una seguridad ritual, a modo de un ritornelo.
Ya no existe ninguna forma de ser en bruto puesto que el ser no deja de ser modulación de consistencia: ritmo de montaje y desmontaje. Su cohesión y coherencia no están dadas por ningún principio interno de eternidad, ni por un encuadre causalista extrínseco (trascendencia) que mantendría los existentes juntos en el mismo mundo.

"El plano de inmanencia -nos enseñó Guattari- está poblado por dos tipos de estados entitarios: las multiplicidades caóticas que se componen y descomponen a velocidades infinitas como combinaciones complejas y "cribas" existenciales que seleccionan conjuntos relativamente homogéneos de combinaciones caracterizadas por enlentecimientos o desaceleraciones iterativas locales y localizantes que permiten un tiempo de enganche -a modo de imágenes/tiempo- a las primeras, confiriéndoles una estabilidad relativa".

Son en definitiva las dimensiones de referencia y consistencia, las que constituyen un régimen del cruce que nos permiten adquirir una identidad en forma respectiva, aunque de modo transitorio.