PSICOLOGÍA: ¿SÓLO EN EL DIVÁN?
 
 
 
ACERCA DE LA INFLUENCIA DE LA PSICOLOGÍA EN LOS ESPACIOS DE LA POLÍTICA.
 
 
María Celeste Gigli Box
 
Licenciatura en CIENCIA POLÍTICA
Y RELACIONES INTERNACIONALES, UCALP.
 
 
 
Sabemos que las Ciencias Sociales están ávidas de desarrollo; pero que dicho proceso es imposible de realizar si nos supeditamos solamente al ámbito en que se acota la Ciencia Social de nuestro interés (sea la Sociología, la Psicología o la Ciencia Política). Si nos encerramos de este modo, y procuramos descubrir conocimientos que conceptualizamos como "latentes" y existentes con anterioridad, -los cuales sólo necesitan un perspicaz cientista que los desentrañe empírica y teóricamente, los sistematice, los pruebe y los exponga-, tal vez estemos derrochando un gran caudal cognoscitivo que enriquecería nuestras investigaciones y a la Ciencia en general.
 
 
 
Es cierto que hacer Ciencia muchas veces no es más que redescubrir ideas que ya existían subrepticiamente con anterioridad, y que todavía no eran comprendidas o estimadas por los científicos (los cuales seguramente se iban a guiar por el caudal de conceptos ya descubiertos dentro de las ciencias en las que eran doctos sin mirar más allá su esfera de estudio particular). Pero si muchas veces esto es "Ciencia" no lo es todas. Este no es el único móvil que guía a los estudiosos a seguir gestando conocimiento. La Ciencia es un todo nutrido por el Conocimiento, un conocimiento que abarca a todos los compartimentos más o menos estancos en que se divide la Ciencia Social en general. Para poder acercarnos al placer de Conocer, debemos ampliar nuestro espectro de visión y ver la cantidad de aportes que pueden hacer distintas Ciencias Sociales -en función de sus enfoques- a un fenómeno social a estudiar. Así, es necesario abrir el espectro de estudio, e invitar a la escena a más de una Ciencia Social para abordar nuestro objeto de interés. De este modo, es imposible soslayar el estudio de una ciencia social (cualquiera sea ésta), sin tomar prestados conocimientos "de otra"; los cuales, -demás está aclarar-, no son propiedad de alguna otra ciencia, sino simplemente sus focos de interés dentro de todo el fenómeno humano.
 
 
 
Siguiendo esta idea; es decir, que el estudio de las conductas humanas en su totalidad, debe ser tomado como una constante interdisciplinaria (lo cual, enriquecerá con seguridad, la visión de estudio); he visto el valiosísimo aporte de la Psicología, -ciencia que por excelencia ha estudiado y estudia conductas humanas, entre otras áreas-, a otra como es la Ciencia Política, que -dentro de sus numerosos ámbitos de interés-, también estudia conductas humanas, sólo que en su manifestación política. Éste es el motor y el objetivo de poder aseverar que la Psicología puede aportar todo un espectro de categorías, descubrimientos, conocimientos, etc, fundamentales para el estudio de la Ciencia Política.
 
 
 
Si bien comenzar a contar a la contribución que puede realizar la Psicología con su vasto cuerpo teórico a los estudiosos de la Política es una aseveración muy sencilla de comprender (es redundante sostener que muchos fenómeno políticos están conformados por actores individuales, los cuales se desenvuelven con un fuerte componente subyacente de emociones, concepciones, percepciones, etc. que son el blanco de estudio de la Ciencia de la Conducta). No es tan fácil asegurar que los teóricos de la Ciencia Política hayan reparado en la cantidad de conocimiento al que podría accederse si se tiene en cuenta a la Psicología, en el espectro de herramientas inmediatas. Más aún: la mayoría de estudios que la han tenido en cuenta, son presentados como "curiosidades", o como estudios circunspectos a la casuística (con una fuerte connotación de excepcionalidad), o como un aporte legítimo pero aislado e imposible de ser utilizado sistemáticamente, como has sido las fuentes tradicionales del conocimiento político; es decir, la Historia, la Sociología, entre otras.
 
 
 
Es un hecho que no reparando en todo el caudal teórico que contiene la Psicología, la Ciencia Política está omitiendo un detalle fundamental: incluso está vedando una interpretación certera de su objeto de estudio. Si todo fenómeno político tiene un nivel de interpretación social, económico o hasta jurídico ¿Cómo el nivel psicológico no está presente entre los "tradicionales" elementos a tener en cuenta?. Sencillamente, es necesario que la Ciencia Política incorpore el estudio de la Conducta, tomándola en consideración desde la concepción psicológica del fenómeno para sumar una interpretación nueva a su foco de estudio.
 
 
 
De cualquier modo, la situación actual no es desoladora —existen diversas publicaciones interesantísimas que tratan de ver en la política su espectro psicológico-, lo cierto es que el material —si bien conocido-, es escaso y aislado. Se suceden como estudios completamente acotados a un único suceso, a solamente algunos personajes trascendentes, también como pequeñas notas o breves observaciones y consideraciones (que en algunos casos son algo inconexas), de las que no podemos inferir mucho. Esto quiere decir solamente una cosa: hay que seguir investigando y seguir tratando de rever qué se puede hacer por enriquecer este "espacio" de la Ciencia Política donde la Psicología suma su conocimiento completando un poco más el interesante propósito de estudiar la Política...
 
 
 
Si bien sabemos que estas dos Ciencias son algo novatas y todavía experimentan un proceso de formación (estado que es común a todas las ciencias, -caso contrario, desaparecerían- y que también existe en muchos ámbitos del saber algo más sistematizados que las dos asignaturas a las que me refiero); tal vez por dicho proceso aún resulte algo complejo tratar de acercarlas y hacerlas interactuar, ya que apreciaríamos la cantidad de brechas de diferencia —en cuanto a caudal de información e intereses disímiles- que aún reinan entre las dos. Pero siempre hay un principio, y eso es lo que tenemos que gestar los que nos interesamos por ellas.
 
 
 
Allende esto, existen muchas investigaciones conocidas acerca de la interdisciplinariedad de las dos. Sabido es que muchos se han dedicado a ver la influencia de la psicopatología y su injerencia en personajes poderosos de la Historia, o la gran interrelación entre procesos traumáticos de la infancia y su manifestación ante ciertas actitudes políticas (desde la inclinación partidaria, hasta los medios a utilizar para desarrollar nuestras conductas políticas), o como es el caso de la convergencia entre ciertas metodologías de fundamento puramente psicológico que fueron utilizadas numerosas veces como medio para un fin exclusivamente político. Estos ejemplos son algunos pocos de la totalidad de los que encontramos en las pocas investigaciones a las que podemos acceder para comenzar con esta interrelación entre la Psicología y la Ciencia Política.
 
 
 
Si bien todo este material es de fundamental importancia, un hecho es que no es el único. Existe una diversidad de temáticas que tal vez no hayan sido exclusivamente concebidas para que se las estudie con criterio psico-político. Tal vez sólo se las ha atenido a pequeños aspectos de la Ciencia Política o la Psicología, (sin llegar a "cerrar" un tópico global que las incluya simultáneamente y con la rigurosidad metodológica que exige utilizar una Ciencia para comprender un fenómeno social), y de este modo sólo refieran a pequeñas manifestaciones de la conducta política -acotadas en tiempo y espacio-, y no permitan mayores inferencias o deducciones por su escaso nivel de repetición en la historia de los quehaceres políticos. Si bien no es grato encontrar esta laguna de conocimientos en los aspectos psicológicos relacionados con el ámbito político, justamente esto puede resultar el móvil principal —y uno de los motivos-, de la Ciencia a seguir existiendo: porque todavía queda más por saber, quedan incógnitas por develar, quedan sucesos por sistematizar, quedan herramientas por aplicar y porque siguen surgiendo novedades para racionalizar. Esto es lo maravilloso de la investigación científica. Y éste es un fenómeno cotidiano que permite al Conocimiento seguir creciendo. Y ni la Psicología ni la Ciencia Política quedan exentos. Por dicha razón, luego de ver que esta unión de las dos Ciencias puede aumentar y enriquecer nuestro espectro de conocimiento, traté de ver que puntos de unión había entre ellas, pero procurando que no tuvieran que ver con los ya estudiados.
 
 
 
Así comencé a realizar el trabajo que pretendo comentarles con estas pocas páginas. Si bien estas líneas no son iguales en caudal, quisiera igualmente darles los principales tópicos de la investigación. Como prolegómeno, expondré que no se utilizaron —o reutilizaron- ramas de investigación ya estiladas o breves análisis que unen a las dos ciencias, como les comenté ut supra (que sí pueden ser aspectos fundamentales a tener en cuenta cuando se habla de un fenómeno político, como también —y esto es lo más importante-, pueden ser pequeños motores para continuar con la investigación de las dos Ciencias concebidas como interacción recíproca de teoría). En esencia, no se amplificó información ya sistematizada, sino que el objetivo fue el encontrar planteos alternativos a esta cuestión de ver el espacio que constituye "lo" psicológico de "lo" político.
 
 
 
El punto de partida constituyó este complejo entramado que llamamos "Ser Humano", es decir, nosotros. Para llegar luego al fin fundamental, que es denotar cómo -si constituimos un múltiple conjunto de sensaciones, emociones, racionalizaciones, etc-, es casi imposible separar el estudio de la psiquis humana —que es móvil de toda la conducta del hombre-, de lo que [sólo] en otra instancia es una conducta política. Nosotros portamos un aparato psíquico que es la base de nuestra conducta. De él provienen todas nuestras concepciones e intenciones para obrar. A su vez, el medio del individuo interactúa recíprocamente con el psiquismo, dando lugar a una retroalimentación permanente de este último. Si la política es una manifestación de esto, ¿Cómo se la puede dividir totalmente de la Psicología? Esta es la postura que oficia como un punto partida de la investigación. Este desarrollo está destinado a aquellos a los que se vean motivados a conocer otro aspecto de análisis posible en el estudio político. Por dicha razón, desde la Ciencia Política, lo que se ve es algo así como una suerte de "apelación" a las herramientas de la Psicología para estudiar conductas (que en este caso, serán políticas), a su caudal teórico, a sus descubrimientos y a sus herramientas para seguir redescubriendo lo eminentemente psicológico en el espacio de la política. De este modo, la línea de análisis estuvo centrada en la recopilación de estudios psicológicos acerca de aspectos que consideré pertinentes para el estudio de la Ciencia Política con el fin de ampliar el espectro de análisis del abordaje político y comprender más acabadamente un hecho de esta índole, concebido con sus implicaciones paralelas -en este caso-, psicológicas.
 
 
 
Estas palabras tienen como fin comentar la tamaña tarea de considerar a la Psicología como una fuente permanente del estudio politológico en cuestiones que tradicionalmente se creen vedadas de modo exclusivo al quehacer político o histórico solamente (como líderes políticos, ideología o guerras),. Sin embargo, siempre hay un "pero" que limita el accionar de un desarrollo teórico, cuestionándolo. Este "pero" se refleja ahora en algunos limites al hacer el abordaje de un fenómeno con la utilización de estas dos ciencias. Éstas condiciones hacen específicamente, al preconcepto que tiene gran parte de los interesados en el estudio político con respecto al temor de una postura "psicologista" del fenómeno político, donde toda manifestación del mismo es explicable exclusivamente con variables de orden psicológico. No creo que el estudio psicológico sea un arma que explica absolutamente TODO lo que se cruza por su camino. Sabemos que concebir la realidad política de este modo es algo así como identificar a la Psicología con la Ciencia Política y terminar por fagocitar todo el bagaje teórico de la ultima por la Psicología que será quien explique siempre y en última instancia cualquier conducta. Mas pensar así es incorrecto, apresurado y absurdo. Es muy fácil ver que esto es una perfecta falacia. Acercar la Psicología a la Ciencia Política —para ver en qué puede "ayudarla"-, no es anular a la última supeditándola a aquella. En las páginas de la investigación, se puede ver cómo, "situados" en el campo de la Ciencia Política, es dable tomar categorías de estudio psicológicas y teoría ya producida por ésta, para poder ilustrar fenómenos políticos que, si bien tienen raíces psicológicas, éstas no constituyen en modo alguno la totalidad del mismo. En esencia y sintéticamente, la utilización de la Psicología como arma para el estudio político es muy potable, esto sin desmerecer otras ciencias sociales que obran las veces de fuentes tan legítimas como la primera. Por contraposición, me manifiesto en contra de aquellos que desacreditan totalmente el uso de la Psicología por no reconocerle entidad científica o por no creer simplemente, que ésta pueda explicar alguna conducta política. Creo que si la Psicología estudia -entre otras cosas- conductas, las políticas no podrán escaparse de su espectro.
 
 
 
Sabemos que, la Psicología no es un actor inédito en el abordaje del objeto de estudio de la Ciencia Política. Desde hace más de cincuenta años, se estudian sus fenómenos, teniendo en cuenta su marco psicológico (es el conductismo el que ha enriquecido este modo de abordar la política de manera excelsa). De cualquier modo, queda mucho por estudiar y por aprender, porque siempre queda mucho por estudiar y mucho por aprender en toda Ciencia, y la Política no será de ningún modo, la excepción...
 
 
 
Por dicha razón me propuse realizar el trabajo que intentaré comentarles. En él jugaron dos ingredientes fundamentales: un profundo interés y gusto por la Ciencia de la Mente (con su relación con el ámbito humano en general) y sus injerencias en el campo político. Así, traté de ver en qué aspectos -pertinentes del estudio de la Ciencia Política- podría servir la utilización de la Psicología como principal fuente de datos y/o herramientas de estudio. Obviamente, me asombré mucho al ver la estrecha relación que guardaban. Seguidamente, me centré en los tres ámbitos específicos en que versa el trabajo (Personajes políticos históricos, ideología y guerra) los cuales fueron ensayados por separado por gran cantidad de psicólogos (no así de politólogos), y que, tal vez no son contemplados en la Ciencia Política al ser abordados cotidianamente por los especialistas de ella (o, -por lo menos- no teniendo en cuenta su costado psicológico). Iniciando ya el comentario de los contenidos del trabajo, es dable aclarar que, no se encontrarán a lo largo de sus líneas, tecnicismos excesivos de índole psicológica ni psicoanalítica, y los que no son posibles de soslayar están mencionados en un lenguaje comprensible para cualquier lego en las Ciencias de la Conducta.
 
 
 
Antes de tratar el primer tópico, me sentí movida a realizar una aclaración de una cuestión que tiene que ver con lo que es luego la esencia del primer capítulo: Psicopatologías en grandes personajes de la Historia Política. Para realizar esta salvedad apelé a una analogía con otro análisis en el que juega papel preponderante la Psicología, y que es el de la identificación del concepto de "Genio y Locura". Existen diversos estudios psicológicos que se postulan a favor o en contra de la doble implicación de estas dos características en ciertas personalidades destacadas de la Historia, y corresponderá a cada cientista acoplarse a alguna de las dos posturas). Particularmente, realicé esta relación con un hecho que es común al estudio de lo que seguía en el trabajo (los personajes políticos de la Historia), y traté comentar las dificultades que presentan los abordajes psicológicos póstumos y los realizados por analistas que no trataron directamente al analizado (que son el único medio de análisis para poder abordar a los personajes del pretérito), apelando, a documentos personales de los mismos y a observaciones cotidianas —y por qué no, comentarios de allegados-, totalmente fuera de la observación sistemática de alguien preparado que pueda identificar y diagnosticar la conducta del individuo en cuestión. Ergo, son medios poco "científicos". Esto es una problemática imposible de soslayar y que es dable tomarla como la primer imposibilidad a un análisis serio de un personaje histórico.
 
 
 
Una vez desarrollada la aclaración precedente, entramos en lo concreto del apartado. El tema del Capítulo I es específicamente las conductas de personajes que han mostrado signos de psicopatología, como son Juana "La Loca", Adolf Hitler y Rudolf Hess. En dicho apartado, incluí también un excelso estudio psicológico que realizó Freud y Büllitt acerca de uno de los presidentes más destacados de los Estados Unidos, Thomas Wilson.
 
 
 
El comienzo, -por una cuestión de organización cronológica-, se identifica con Doña Juana "La Loca", hija de los Reyes Católicos. Para que no parezca contradictorio, creo que es obligado mencionar que si me empeñé en enumerar y contemplar los "márgenes de error" recurrentes que presentan ciertas investigaciones de personas que han vivido tan lejanas en el tiempo, puede resultar contradictorio el hecho de que incluya, con intención de veracidad científica, el estudio de Juana que vivió en pleno siglo XVI en el trabajo de investigación. Pues bien, su inclusión en dicho trabajo tiene dos fundamentos: el primero hace alusión al hecho de que el estudio de Juana está excelentemente realizado desde lo psicopatológico como desde lo que lo nutre, que es la fuente histórica. Juana ha sido objeto de estudio de varios historiadores y psiquiatras y el producto que se saca de esto es lo suficientemente bueno como para hacerle mención. Y la segunda razón es que en realidad, utilicé el estudio de Juana como un punto de partida que me sirvió para poder exponer algunas ideas que tienen que ver con una cuestión no tan psicológica ni política, sino más bien del orden de la actitud científica al abordar —o simplemente al conocer-, un hecho que se centra en la Historia Universal. Hago alusión al acto de realizar, -antes de tratar un suceso pretérito y sobre todo una persona del pasado-, algo así como un proceso mental "desmitificador" que nos haga ver al hecho y a su protagonista de un modo más humano y cotidiano y no tan parecido a esos manuales escolares que nos reflejan una historia novelesca donde cada personaje desarrolla un rol como si su vida fuese una gran puesta en escena en algo que sólo nos precedió unos siglos atrás (y que en esencia se diferencia de nuestra realidad). Allende las diferencias temporales. Hombres del medioevo o la modernidad, tenían gracias y penurias comunes con los contemporáneos. Juana fue tan real como nosotros, por eso pudo ser presa de un cuadro esquizofrénico como el que tuvo. No sólo a nosotros puede pasarnos. Ella fue "tan humana" como Ustedes o como yo.
 
 
 
Una vez concluido el cuadro de la Reina tildada para la posteridad de poco cuerda, toma la posta un personaje del cual no necesitamos de grandes desarrollos y pruebas para ver que algo en sus emociones fallaba. Hablo específicamente de Adolf Hitler. En esa parte del capítulo traté de enunciar la multiplicidad de patologías y cuadros diversos que se le han achacado a Adolf. Desde psicótico hasta maníaco depresivo, pasando por otras enfermedades que se le han diagnosticado a lo largo de lo que va de su tiempo a esta parte, por psicólogos y psiquiatras. En su tratamiento, intenté mostrar cada uno de esos diagnósticos y tomé partido específicamente por uno de ellos, el que dice que Adolf era un psicópata paranoide.
 
 
 
Seguidamente, el personaje que continúa en esta "Galería de Psicopatologías"era algo así como la mano derecha del Führer. Llegó el turno de Rudolf Hess. Él presentaba un cuadro de psicosis que también fue recreado por diversos personajes -no solamente luego de muerto el protagonista-, sino durante su vida y estancia en la reclusión a la que lo condenó el tribunal de Nüremberg. Además, verán como -lo que en realidad es un problema psicológico en una persona-, tiene conductas que tienen efectos graves cuando ésta tiene el cargo político que tenía Hess, convirtiéndose un desorden mental personal en una cuestión de Estado. ¿Cuál fue el problema? Sencillamente una locura: tal vez lo recuerden, ir a pedirle a Churchill, directamente, la paz por una entrevista cara a cara. En el apartado de este personaje se aprecia cómo esta locura intenta ser disfrazada por cada uno de los dos regentes de ese momento: el sorprendido Churchill y el mayor damnificado, el mismísimo Führer.
 
 
 
Por último, asistirán a un estudio psicológico eminente que realizó el padre del psicoanálisis: Sigmund Freud. Él, junto con su colega Büllitt, logró hacer una exposición psicoanalítica de uno de los presidentes más importantes de los Estados Unidos, Thomas Wilson. En dicho estudio, se pueden ver algunas de las características del presidente que tienen que ver con su aparato psíquico y su pasado, y que constituyen la base de ciertas manifestaciones posteriores de su conducta. El "idealismo" de este mandatario no ha sido mera casualidad ni un invento de su medio político. Este fenómeno se conjugó con características que Wilson gestaba desde su niñez. En el desarrollo de este apartado, hice explícita mención a cada una de ellas. Además, para poder contraponer el estudio de Freud cumpliendo con una de las premisas que basan mi trabajo (aquella de ver a la Psicología como una herramienta más de análisis que sirve para complementar otras ya existentes -como la Historia-, por ejemplo); traté de fusionar un análisis sobre la cuestión del idealismo wilsoniano -y la doctrina que sentó éste en el país del norte-, que hace el mismísimo Henry Kissinger y que no dista en nada de lo que aporta Freud desde lo psicoanalítico. Tal vez en esta cuestión se vea el punto más fuerte de todo el capítulo (ya que lo que los politólogos tienen en cuenta a primera instancia, serán los criterios del tratadista estadounidense), y es verdaderamente una sorpresa ver cómo dos personajes tan grandes en el ámbito científico como son Freud y Kissinger, los cuales no centran sus estudios en las bases del otro (ni Freud conoció a Kissinger, ni Kissinger hace remisiones a la psicología freudiana), llegan a conclusiones que tranquilamente pueden ser utilizadas como complementarias y que se contienen parcialmente una en la otra. Obviamente, en el acápite número uno del trabajo que pretendo comentarles muy brevemente aquí, se podrá ver con más detenimiento todo esto que acabo de mencionarles.
 
 
 
Ya en el capítulo segundo, me aboqué a la temática de la ideología y sus raíces fundadas en el aparato psíquico, donde éste es muchas veces su fuente, y siempre es el sustento que la porta y la organiza. Aunque también la ideología es moldeada por connotaciones sociales, económicas e históricas que provienen del exterior y se entremezclan con los substratos psicológicos. Éste combinado de concepciones acerca de la vida que representan las ideas, son luego reformuladas y readaptadas a la figura de un líder. Éste no es el único posible fenómeno, sino que también puede suceder (como de hecho pasó varias veces en la Historia) que el líder sea el que fabrique esa ideología y la personalice absolutamente en su accionar político. Este fenómeno es muy común (y lo ha sido en la Europa Occidental de la primer mitad del siglo XX) cuando se presentan movimientos inscriptos en una dinámica social de masas. Esta característica cambia por completo la cuestión y la facilita para que se enquisten ideologías que utilizan gran substrato emocional en vez de nutrirse de un porcentaje mayoritario de racionalizaciones (aunque de cualquier modo, las ideologías, -aún las que parecen más racionales-, portan un bagaje emocional bien considerable). Pero para desarrollos más precisos de estas cuestiones los remito al capitulo donde se enumeran y explican con mayor precisión.
 
 
 
Otro tema que hace al contenido del segundo capítulo tuvo que ver con la propaganda, un fenómeno que se sienta sobre gran cantidad de supuestos psicológicos. De este modo, logra infundir ciertos "valores" en las personas que fueron víctimas de ella. En este preciso momento del desarrollo teórico, fui presa de la tentación de hacer una digresión teórica y cometí el atrevimiento de "distraerme" en el ejemplo postrero más elocuente: la Alemania Nazi. Así es como desarrollé, -por total apasionamiento con la cuestión-, el fenómeno alemán. Si bien no quise en ningún lugar de todo el trabajo, centrarme en la enumeración de sucesos históricos (salvo a modo de ejemplos), éste fue una excepción que por ser tan gráfica, no pude evitar incluir. En ella se vieron plasmadas, a través de su líder, -el aclamado Führer-, gran cantidad de los conceptos que se encuentran en dicho capítulo. Dentro de este desarrollo aludí a la concepción hitleriana de propaganda y a la interpretación que hace el psicoanalista Erich Fromm del fenómeno Nazi. Retomando luego la línea más formal que histórica, comenté la función de los prejuicios y estereotipos en las diferentes cosmovisiones que engendran una ideología. Prejuicios alimentan racismos que a su vez fundan o se enquistan, -desgraciadamente-, ideas. Mas no sólo los prejuicios ingresan a constituir un componente importante e inconsciente de diversas cosmovisiones, sino que diferentes actitudes estereotipadas, se integran junto con las preconcepciones, como no están tan lejanas de las percepciones y/o aseveraciones que tenemos y que hacemos respectivamente, del mundo que nos rodea...
 
 
 
Y por último, finalicé el capítulo desarrollando el caso más extremo al que ha aludido el hombre en lo que tiene que ver con la utilización de la Psicología (y la Fisiología) en el campo de lo ideológico: las técnicas de conversión, más conocidas como "lavados de cerebro". Las mencionadas prácticas, utilizan los más diversos (y nefastos) métodos para lograr que un individuo se haga un "adepto" (en el sentido literal de la palabra) a cierto sistema de ideas. En el capítulo enumero específicamente las horrorosas técnicas que se han utilizado en la Rusia stalinista como en la América de posguerra en estas cuestiones. Dentro de este desarrollo teórico de este tópico, también especifiqué todas las técnicas utilizadas por diversas policías de la guerra fría, como por agrupaciones clandestinas del momento, para lograr confesiones forzadas en los prisioneros que lograban obtener. A lo largo de todo este comentario, se verá como la Psicología ha sido mayormente usada —como es el caso de la propaganda y los lavados de cerebro-, con fines que nada tienen que ver con la ética, ya que atentan contra la autonomía y la libre elección de la persona y la obligan a profesar una idea.
 
 
 
En el último capítulo, llega el tiempo de hacerle una mención a la guerra. Pues bien, aquí me refiero a su costado psicológico. Es un tema que ha sido objeto de análisis ayer y hoy, en lo histórico, militar, jurídico y hasta literario (grandes epopeyas han sido objetos de odas para muchos escritores a lo largo de la Historia), pero en estas líneas quise aludir específicamente a los motores psicológicos que nos llevan a dicho conflicto y las consecuencias que este trae a quienes lo sufren en el campo de batalla y los que lo hacen como actores pasivos en el lugar donde se sucede.
 
 
 
En el comienzo, traté de mostrar la división entre la guerra del pasado y la del presente, denotar sus cambios, sus caracteres y sus consecuencias. Seguidamente, se ve como Freud estudió acabadamente el tema (lo hizo mientras transcurría la Segunda Guerra Mundial, que él sufrió durante su vida), exponiendo como las pulsiones de muerte y de amor inscriptos desde siempre en todo ser humano, entran en juego según la situación y cimientan la totalidad del proceder del hombre.
 
 
 
Luego de esta fundamentación, quise presentar a la guerra como fenómeno formal (sin connotaciones históricas, sino como hecho en sí mismo) y contraponerle de este modo con la concepción de Fiesta, otro fenómeno social que si bien, a primera instancia parece opuesto, o por lo menos tangencialmente diferente, tiene varias similitudes que resultarán, -estoy segura-, interesantes al leerlas. Es uno de los tópicos más curiosos tratados en el capítulo. También quise aludir a uno de los más desagradables productos de la guerra (la muerte no es sólo el más desagradable. Existen muchos, que tal vez sean aún peores: Los que luego de ese pavoroso espectáculo que es un conflicto bélico quedan vivos con ese horroroso recuerdo) como las diversas patologías que surgen con posterioridad al conflicto, como son las neurosis de guerra, y que son el devenir del suceso. En el apartado correspondiente a este tema podrán ver lo terrible de estas patologías.
 
 
 
Allende todos estos temas expuestos, pertinente aludir a que existe una vieja dicotomía entre sostener que el conflicto bélico es inherente a nuestras vidas, en función de una agresividad inscripta en nuestra naturaleza (y por ende a una escala mayor entre Estados), o la posibilidad de concebir la agresividad como un desarreglo entre estructuras y convenciones sociales que tenderá a desaparecer a medida que los pueblos se desarrollen cultural, social, económica y diplomáticamente. A lo largo del desarrollo de este tópico, podrán decidirse por una u otra postura. Es dable mencionar, que al final de todo el desarrollo se podrá encontrar un comentario final que sintetizará y resistematizará los temas tratados a lo largo de toda la investigación a fin de corporizar y dar sentido fluido y uniforme a todos los tópicos aludidos.
 
 
 
Luego de haberles comentado todo lo que contiene la investigación, sólo resta desear que su lectura les sea agradable. La idea de su realización no fue otra que la de poder ampliar, nuestra Ciencia Política para hacerla cada día más fuerte. De estos aportes se nutre, para luego devolvernos la multiplicidad de saberes que a muchos de nosotros, aún nos resta aprender y redescubrir. Sería importantísimo que alguien retome al posta de este apasionante tema como es la Psicología y la Política y amplíe y clarifique mucha mayor cantidad de temas a los que puede simplemente haberme acercado. Después de todo, de eso se trata la Ciencia...
 
 
 
Por eso, es necesario saber que todo los que se aporte a la Ciencia Política es a modo provisorio, y está en todos los interesados que lo vayamos ampliando, para acrecentar aún más nuestra erudición a través de una Ciencia más rica y por ende, más fuerte. Nosotros con nuestro esfuerzo por saber hacemos de ella una Ciencia viva y por ende, una Ciencia que vale la pena.