- Filosofía del lenguaje
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- Discurso de objeto y discurso de sujeto
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- El discurso de objeto, más típico de las ciencias formales
y las naturales, recorta esencias, mientras que el discurso de sujeto,
más propio de las ciencias culturales, explora complejidades. Ambos
discursos tienen sus limitaciones para dar cuenta acabada de su objeto
de conocimiento, pero también tienen sus ventajas porque permiten
la transformación de dicho referente.
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La palabra le fue dada al hombre para encubrir su
pensamiento.
Talleyrand
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- Cuando intentamos definir "hombre" como animal racional,
estamos dando indudablemente una definición inequívoca, precisa:
sabemos que hay cosas que son solamente animales (una jirafa), y cosas
que son solamente racionales (una computadora), pero algo que sea al mismo
tiempo animal y racional... es solamente el hombre.
- Desde ya, no es esta la única manera de definir al hombre. También
podríamos definirlo como un bípedo capaz de reír:
bípedos hay muchos (una gallina, por ejemplo), y hay también
cosas que se ríen (como por ejemplo la maquinita que reproduce el
sonido de una risa, o una hiena). Pero solamente el hombre reúne
ambas características: pararse en dos piernas y reír.
- Con estos mismo criterios, también podemos definir al hombre
como un bípedo implume, por ser el único ser que camina en
dos extremidades y no tiene plumas, con lo cual nunca habremos de confundir
al hombre con un avestruz. Sin embargo...
- Se cuenta que los sucesores de Platón en la Academia de Atenas
"dedicaron mucho tiempo y meditación al problema de definir
la palabra 'hombre'. Finalmente decidieron que significaba 'bípedo
implume'. Estaban muy satisfechos de esta definición hasta que Diógenes
desplumó un pollo y lo arrojó dentro de la Academia por encima
de la muralla. Era indudable que se trataba de un bípedo implume,
pero era también indudable que no se trataba de un hombre"
(1).
- En este punto nos preguntamos: ¿alcanza cualquiera de estas
definiciones para dar cuenta íntegramente de toda la complejidad
del hombre, o si se quiere de la naturaleza humana? La historia nos dice
que no: los griegos habían definido hace dos mil años al
hombre como animal racional, pero esta escueta definición parece
no haber conformado a muchos, ya que desde entonces se inventaron cientos
de sistemas antropológicos para dar cuenta de la quididad humana:
Cassirer, por dar algún ejemplo, señaló que la racionalidad
es un atributo insuficiente para definir al hombre, y que debemos considerarlo
mas bien como un 'animal simbólico' (2).
- Pero no nos dejemos invadir en este momento por la desazón cartesiana
de dudar de toda teoría anterior por el hecho de que tarde o temprano
vaya a quedar criticada y superada por otra teoría también
dudosa e insuficiente, y reflexionemos algo más sobre la cuestión.
- Podemos ir concluyendo hasta aquí que existe cierto tipo de
lenguaje o de discurso que resulta insuficiente para el conocimiento total
del hombre (suponiendo que esto fuera posible). Este discurso insuficiente
es el "discurso de objeto", un discurso que indudablemente recorta
lo que juzga esencial del hombre, pero que sin embargo no explora toda
su riqueza y complejidad. Ejemplos de este tipo de discurso son el aristótelico,
que define el hombre a partir de un género próximo y una
diferencia específica; un discurso derivado del anterior: el discurso
taxonómico de la biología que define hombre como 'homo sapiens';
y el discurso fenomenológico de Husserl, que intenta también
describir esencias.
- Necesitaremos entonces, otro discurso que pueda dar cuenta toda la
complejidad de la naturaleza humana, y que pueda superar la limitación
del discurso de objeto que, en su afán de esencializar, pierde detalles
que pueden ser fundamentales. Este discurso ha sido calificado como "discurso
de sujeto". Un lenguaje de este tipo no toma al hombre como un objeto
susceptible de ser recortado en categorías ontológicas, sino
que pretende tomarlo como sujeto mismo, como lo que 'realmente' es.
- El discurso de sujeto intenta aproximaciones ontológicas hacia
lo óntico. Pero, ¿qué quiere decir esto? Para entenderlo
diferenciemos lo óntico de lo ontológico.
- Lo óntico, en el presente contexto, es lo que la realidad es
en sí misma. Como el discurso de sujeto tiene como referente la
realidad humana, lo óntico de este discurso es el hombre tal cual
es. Desde tal punto de vista, este nivel óntico es incognoscible,
y equivale a lo que Lacan llamaba lo real en su sentido epistemológico
(5), o lo que Kant llamaba el nóumeno. Nadie tiene la suficiente
objetividad y profundidad como para aprehender lo que el hombre realmente
es, como lo prueban la diversidad de discursos antropológicos que
aparecieron, aparecen y presumiblemente seguirán apareciendo.
- Pero lo que sí intenta el discurso de sujeto son aproximaciones
ontológicas hacia esa realidad incognoscible, realidad que aparece
entonces como una especie de idea regulativa, es decir, como un ideal que
se busca como meta, pero que nunca termina de alcanzarse.
- Ambos discursos -de objeto y de sujeto- intentan aprehender al hombre,
aunque de distinta manera: el discurso de objeto está prisionero
de la ilusión de creer que sus categorías ontológicas
agotan todo el sentido del ser hombre, o, si se quiere, de la ilusión
de haber alcanzado lo óntico, mientras que el discurso de sujeto
transita una permanente incertidumbre en tanto se percata de la imposibilidad
del cumplimiento óntico del conocimiento de lo humano, y, tal como
ocurre como el deseo en sentido freudiano, cuanto más intenta aludir
al sujeto, más lo elude, ya que la tensión deseante implica
también la búsqueda de un cumplimiento óntico (la
realización efectiva del deseo), búsqueda que termina siempre
con realizaciones sustitutivas.
- El discurso de objeto se conforma con la definición esencial
y la clasificación minuciosa, mientras que el discurso de sujeto
es más ambicioso, para lo cual debe pagar el precio de la imprecisión
y la complejidad, como puede verse en los discursos de Nietszche o de Lacan.
El discurso de objeto detiene el curso del conocimiento en definiciones
estáticas y precisas, mientras que el discurso de sujeto lo deja
fluír, desconfiando de las definiciones siempre muy acotadas y de
las clasificaciones que dividen la realidad en partes en que ella no está
dividida. Ambos discursos no aparecen solamente en el ámbito de
la ciencia, sino también en el discurso filosófico, en el
cotidiano, y también en el periodístico: en el estilo Grondona
predomina un discurso de objeto, y en el estilo Neustadt un discurso de
sujeto: tal vez por ello ambos periodistas se complementaban tan bien cuando
trabajaron juntos, ya que uno podía compensar las insuficiencias
del discurso del otro.
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- Discursos conceptistas y culteranistas
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- Los discursos de objeto y de sujeto también aparecen en la literatura.
El barroco español del siglo XVII ha producido dos estilos discursivos
en cierto sentido opuestos entre sí: el conceptismo y el culteranismo.
- El estilo literario conceptista procura plasmar el máximo de
ideas con el mínimo de palabras. Entre sus representantes principales
encontramos a Quevedo y Villegas y, desde luego, a Baltasar Gracián,
famoso por su sentencia "lo bueno, si breve, dos veces bueno",
y que algunos, pasándose de listos, expresaron alguna vez como "lo
bue, si bre, dos veces bue".
- El conceptismo se opone al culteranismo, aunque éste último
no sea más que un refinamiento del conceptismo.
- El estilo culteranista es amigo de la profusión de metáforas,
los conceptos ingeniosos, los desbordes verbales, etc., y su representante
principal es Góngora. El lema de los culteranistas pareció
ser: "para qué expresar las ideas con pocas palabras, cuando
pueden expresarse con muchas y muy rebuscadas". Mientras tanto, los
conceptistas, amantes de la expresión lacónica y sentenciosa,
no dejaban de criticar a sus oponentes cuando decían que "mas
valen quintaesencias que fárragos" (3).
- El lector habrá advertido enseguida que el discurso de objeto
encuentra su homólogo literario en el discurso conceptista, mientras
que el discurso de sujeto tiene más relación con el discurso
culteranista. Tomemos tres ejemplos breves para comparar un discurso de
objeto y un discurso culteranista.
- a) El discurso de objeto podría definir hombre como animal racional,
mientras que el estilo culteranista recurrirá a metáforas,
como por ejemplo la de Blas Pascal, cuando llegó a definir al hombre
como "una caña de pensar": algo indudablemente más
risueño, pero también más rebuscado.
- b) Para el discurso de objeto, el oro es un elemento químico
que tiene un determinado número atómico y peso atómico.
Para el discurso metafórico de los culteranistas, en cambio, el
oro bien puede ser algo así como el "fuego congelado",
una metáfora que Borges, en su momento, había admirado bastante.
El discurso de objeto destacaría aquí que no hay necesidad
de recurrir a otras expresiones de dudosa relevancia, como el fuego congelado.
Entre otras cosas, para evitar llevarnos la sorpresa de la broma de Diógenes
en la Academia.
- c) Finalmente, para el discurso de objeto un ciprés al anochecer
no es más que un "árbol monoico de la familia de las
cupresáceas, de tronco recto, ramas erguidas, copa espesa y cónica,
hojas pequeñas y escamosas y frutos gálbulos", uno de
cuyos accidentes es el de estar en el momento en que empieza a faltar la
luz del día. Una metáfora de López Picó viene
a retratar, en cambio el ciprés al anochecer como el "espectro
de una llama". Como vemos, no es preciso que el lenguaje culteranista
recurra a demasiadas palabras, bastando muchas veces con que sean bien
rebuscadas.
- Hemos comparado deliberadamente discurso de objeto y discurso culteranista
(y no, como mejor sería, comparar discurso de objeto con discurso
de sujeto, o estilo conceptista con estilo culteranista), para poner de
relieve la diferencia que hay entre los discursos gnoseológicos,
cuya finalidad principal es conocer, y los discursos estéticos,
cuya principal finalidad es estética. Los primeros tienen eficacia
gnoseológica porque supuestamente están al servicio del conocimiento,
y son los discursos de objeto y de sujeto. Los segundos tienen en cambio
una eficacia estética porque apuntan a despertar sentimientos en
el lector, y son los dos estilos literarios españoles mencionados.
- Finalmente, si hemos hablado de estos estilos literarios es para mostrar
que ciertas actitudes gnoseológicas pueden hacerse corresponder
con ciertas otras actitudes estéticas.
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- Actitud nomotética e ideográfica
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- Una tradicional división de las ciencias, clasifica a estas
en nomotéticas e ideográficas: "el pensar nomotético
es el que busca las leyes; el ideográfico es el que se propone la
descripción de los acontecimientos o hechos particulares" (4).
El primero corresponde a las ciencias naturales y el segundo mas bien a
las 'ciencias del espíritu'.
- Desde ya, todas las ciencias tienen algo de ambos discursos: un biólogo
no se ocupa solamente de definir taxonómicamente animales y vegetales
ni de enunciar las leyes de la genética (discursos nomotéticos),
sino además también hace descripciones precisas y detalladas
de, por ejemplo, las costumbres de los animales, mostrando incluso sus
diferencias individuales (discurso idiográfico).
- Del mismo modo, una ciencia como la psicología intenta enunciar
por ejemplo las leyes del aprendizaje o los principios metapsicológicos
(discurso nomotético), pero también se embarca en explorar
la complejidad de los conceptos o de las personas individuales (discurso
ideográfico).
- La actitud nomotética se corresponde con el discurso de objeto,
y la actitud ideográfica se corresponde con el discurso de sujeto.
En cierto tipo de ciencias predomina uno, y en otros otro.
- Si queremos entendernos con un físico, un biólogo o un
psicólogo experimentalista, deberemos emplear un discurso de objeto,
y si queremos entendernos con un nietszchiano o un lacaniano utilizaremos
un discurso de sujeto: cada discurso sirve para entenderse con diferentes
personajes. Como decía Carlos I de España y V de Alemania,
hablar en italiano con los embajadores, en francés con las mujeres,
en alemán con los soldados, en inglés con los caballos y
en español con Dios.
- Vaya ahora una última pregunta: ¿por qué el discurso
de sujeto se ha apropiado de las ciencias del 'espíritu', hoy mas
bien denominadas ciencias sociales? A modo de hipótesis, podemos
esbozar dos razones:
- a) El hombre es un ser complejo, y tal vez es más complejo del
universo conocido. Ya de por sí el fenómeno de la vida es
un misterio, al cual, en el caso humano, debemos agregar el enigma de la
actividad psíquica. b) El hombre se considera a sí mísmo
un ser único, irrepetible, y singular. Una piedra también
lo es, sólo que esto último carece de importancia: para el
ser humano, nada hay más único que él mísmo,
invóquese la teoría del narcisismo o cualquier otra explicación
que uno desee. El discurso de sujeto es, entonces, el más apto para
dar cuenta de algo que es considerado al mismo tiempo complejo y singular.
El discurso de objeto tiende a generalizar, y con ello quedan relegadas
a un segundo plano tanto la singularidad, como así también
la complejidad de los entes estudiados.
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- El efecto transformador del discurso
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- Hemos dicho que ni el discurso de objeto ni el discurso de sujeto pueden
agotar todo el sentido de la condición humana. El hecho de que constituyan
apenas modos de aproximación a lo óntico, se debe, al menos
en parte, al carácter tautológico del lenguaje (6): toda
palabra remite a otra palabra, y ésta última a otra, y así
sucesivamente, con lo cual las palabras terminan remitiéndose unas
a otras sin apuntar a una instancia exterior al lenguaje mismo, es decir,
a la realidad, a lo óntico.
- G. Bateson solía decir que los diccionarios deberían
introducir de vez en cuando alguna definición ostensiva como para
compensar la deficiencia de las definiciones "recurrentes", como
él las denominaba. Por ejemplo, dejar de definir al hombre como
animal racional, y definirlo como "esto", al propio tiempo que
señalamos a un hombre. Bertrand Russell, en la misma línea
de pensamiento, decía que quizá la única expresión
ling¸ística que nos podía remitir a lo real era la
palabra "esto".
- Por lo dicho hasta ahora, parecería ser que no hay salida posible:
sea que se trate de un discurso de objeto o que se trate de un discurso
de sujeto, en la medida en que se refieran al hombre no pueden aprehender
lo que el hombre es.
- Sin embargo el lenguaje, y en particular el lenguaje científico,
tiene una característica peculiar: transforma su objeto de conocimiento.
En otras palabras, es capaz de modificar su referente, lo óntico;
y, cuando este referente es la misma naturaleza humana, esta queda transformada
por obra y gracia del lenguaje. Esto representa de alguna forma, una salida
a la circularidad del lenguaje, que puede así extenderse más
allá de sí mísmo produciendo una modificación
en lo real.
- Para ilustrar esta característica transformadora del lenguaje,
podemos mencionar ciertas ideas de algunos pensadores.
- Jacques Lacan, por ejemplo, nos dice que el orden simbólico
(el lenguaje) estructura el orden de lo real: el sujeto se estructura a
partir del discurso, el niño recibe un "baño de lenguaje"
que modelará su psiquismo. Paul Ricoeur es aún más
específico, cuando nos dice que el discurso psicoanalítico
estrctura al hombre al mostrarnos una imagen de éste que, una vez
difundida, hace que él vaya estructurándose en función
de esa imagen. De alguna manera, es posible decir que la difusión
del psicoanálisis contribuyó a la creación de un 'hombre
psicoanalítico' y que, los que se formaron el el psicoanálisis
-tanto analistas como pacientes- fueron estructurándose a imagen
y semajanza de esa imagen que nos legó Freud. Si el hombre freudiano
estaba enamorado de su madre y sentía a su padre como un rival,
el hombre fue modelándose sobre esa base y comenzó a acostumbrarse
a pensar acerca de sí en esos términos; si el hombre freudiano
no debía sentirse tan culpable y debía dar canalizar constructivamente
su instintividad para resolver su neurosis, también el hombre fue
haciéndose en función de esa imagen.
- El mismo Alfred Adler advirtió la situación, cuando dijo
que "en aquellos enfermos nuestros que antes habían pasado
por manos de algún psicoanalista, pudimos observar que hacen en
sus sueños un uso muy extenso del simbolismo de Freud" (7).
Un último ejemplo de modificación del hombre por el discurso
podemos también encontrarlo en los 'enunciados identificatorios'
de Piera Aulagnier, fragmentos de discurso parental que, al ser comunicados
al infante, producen en él modificaciones por un mecanismo de identificación
con esos fragmentos (8).
- Se trata, pues no sólo de una simple modificación del
objeto de conocimiento, sino de una modificación del hombre real.
Cuando Piaget hablaba de la asimilación funcional, hacía
referencia más a una modifcación del objeto en tanto objeto
de conocimiento, pero no en tanto objeto real, como ocurría en la
asimilación orgánica. El lenguaje, desde esta perspectiva,
apunta a ambos tipos de modificación.
- Plantear que el discurso estructura al sujeto es, en suma, como decir:
'voy siendo en la medida en que hablo sobre mí, y hablo sobre mí
en la medida en que voy siendo'. Este efecto transformador es posible encontrarlo
tanto en el discurso de objeto como en el de sujeto, aunque tal vez los
ejemplos más patéticos los podamos encontrar en el primero,
cuando una simple categorización estructura al sujeto. Tal el caso
de la psiquiatrización de los pacientes a través de un diagnóstico:
hay pacientes que una vez rotulados como 'depresivos', asumen total o parcialmente
esa identidad. De la misma manera (9) a través del discurso melancólico
el sujeto se puede nihilizar, es decir, transformar en una 'nada', acentuando
de esta manera el original estado de nihilización que generó
su discurso melancólico.
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- (1) Copi Irving, "Introducción a la lógica",
Buenos Aires, Eudeba, 1974, 15º edición, página 158.
- (2) Cassirer Ernest, "Antropología fiosófica",
Fondo de Cultura Económica.
- (3) Grimberg Carl y Svanstrm Ragnar, "Historia Universal",
Buenos Aires, Círculo de Lectores, Tomo 7, 1984, página 329.
- (4) Ferrater Mora José, "Diccionario de Filosofía",
Madrid, Alianza Editorial, 1979, Tomo 3, página 2383.
- (5) Véase Cazau Pablo, "Lo real, lo imaginario, lo simbólico",
El Observador Psicológico Nº 17, página 324.
- (6) Véase Cazau Pablo, "Un viaje a través del diccionario",
El Observador Psicológico Nº 2, página 58.
- (7) Adler Alfred, "El sentido de la vida", Barcelona, Editorial
Luis Miracle, 1964, 8º edición.
- (8) Aulagnier Piera, "La violencia de la interpretación".
Del pictograma al enunciado.
- (9) Yáñez Cortés Roberto, Clases de Metodología
de la Investigación Psicológica, Buenos Aires, Universidad
de Belgrano, Octubre de 1987.
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- (cuadro)
- DISCURSO DE OBJETO
- Busca generalizar
- Simplifica su objeto de estudio
- Construye definiciones
- Clasifica
- Estilo conceptista
- Actitud nomotética
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- DISCURSO DE SUJETO
- Busca singularizar
- Complejiza su objeto de estudio
- Desarticula definiciones
- Se resiste a clasificar
- Estilo culteranista
- Actitud ideográfica
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- FUENTE: REVISTA "EL OBSERVADOR PSI" Nº24, JULIO/AGOSTO
1997
- AUTOR: PABLO CAZAU - NUÑEZ 5183 (1431) CAPITAL FEDERAL - TE
- 542-1363
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