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Devenires de la subjetividad
"El Dios medieval se ha dispersado, sin perder por
ello nada de su fuerza y de su unidad formal profunda: la Ciencia,
la Clase obrera, la Patria, el Progreso, la Salud, la Seguridad,
la Democracia, el Socialismo - la lista sería demasiado
larga - son otros tantos avatares de Él." El siglo XX fue testigo de un desplazamiento de la mirada,
este acontecimiento está señalado en la distancia
que media entre un enfoque bio-psico-social de las ciencias
del hombre o interdisciplinario y una concepción social
histórica de las producciones subjetivas.
El enfoque bio-psico-social Desde distintas corrientes y disciplinas se habla de enfoque bio-psico-social en tanto las llamadas ciencias del hombre buscan en determinado momento histórico reconocerlo como unidad, es decir una totalidad en si misma . Esta época está signada por la producción de una mirada que se compone con el concurso de diversas disciplinas científicas que toman al hombre por objeto. Es así que en este período el hombre, en tanto objeto de estudio científico, es asumido en su "totalidad" y como resultado de este proceso de síntesis se produce una "mentalidad interdisciplinaria" que intenta dar cuenta de los procesos humanos mediante la articulación de los diversos saberes y cuya pretensión es alcanzar un enfoque "holístico". Es la noción de "hombre en situación" la que permitirá echar a andar dicho proyecto. La mencionada noción fue popularizada por el filósofo francés Jean Paul Sartre y amplificada en el Río de la Plata por Enrique Pichón Riviérè y José Bleger. Es notorio, como ha planteado De Brasi, que si fue necesario plantearse una articulación, ello se debió a que cada dominio científico fue constituido mediante la operación que aisló su objeto de estudio. Se realizó, de este modo, un corte que desvinculó al objeto de otros dominios disciplinarios con el objetivo de aprenderlo. Cada corte corresponde a una disciplina específica, que conecta al objeto así construido con un discurso teórico que le es propio y este último viene a organizarse como una jerga con pretensión de lenguaje. Las articulaciones mencionadas quedan claramente señaladas por el guión que une lo bio-psico-social y que denota la intención de integrar saberes, a la vez que es signo de una "toma de consciencia" de lo que el hombre no es. El hombre no es solamente un ser biológico, ni un ser psíquico, ni un ser social, ni bastan los abordajes parciales para comprenderlo en su complejidad. Ciencia e interdisciplina Para comprender este esfuerzo de unificación y totalización
de las ciencias del hombre es preciso realizar un rodeo que eche
luz sobre el proceso de formación del corpus científico.
El desarrollo de la ciencia moderna como sistema de organización
y producción del saber se ha desplegado en contra del
aristotelismo, lo cual determina que aquella automáticamente
creciera enfrentándose a la metafísica y a su saber
global y teológico. En un primer momento de su desarrollo
se establecen divisiones que delimitan grandes continentes que
se desgajan de la filosofía y que a su vez conforman nuevos
dominios constituidos por saberes, teorías y técnicas.
Lo que a cada dominio viene a darle su consistencia, no es otra
cosa que su centro, es decir su objeto formal y abstracto. Su
construcción permitirá, por la observación
e investigación científica, determinar las leyes
que lo rigen. "Un proceso natural se investiga como posible llave
de una hipótesis teórica; y como tal se lo prepara,
purifica, antes de interrogarle en el lenguaje de esa teoría". Podría decirse por lo que se desprende del párrafo anterior que la ciencia está construida en contra de la naturaleza, puesto que niega la complejidad y el devenir, alegando un mundo regido por un número pequeño de leyes. "Las leyes matemáticas simples a las cuales, según se cree, están sujetos los comportamientos elementales y que constituirían la verdad última del Universo, casi siempre han sido concebidas sobre el modelo general de las leyes dinámicas". Estas leyes describen el mundo en términos de trayectorias
deterministas y reversibles,
Eppur si muove Si queremos entender a que se debió la estratificación
de la ciencia es necesario establecer su genealogía aunque
para ello solo nos baste retroceder apenas unos 400 años. "Eppur si muove" habría manifestado Galileo
cuando, en 1633, se retracta públicamente de sus convicciones
científicas para evitar la condena del Vaticano. En su
expresión se condensa el núcleo de la ciencia naciente,
ya que a partir del acontecimiento señalado lo esencial
de la práctica científica estará en el respeto
a los hechos y no ya a los textos sagrados. "Puedo creer de buen grado que la autoridad de las
Sagradas Escrituras no tuvo otra intención que la de enseñar
a los hombres los artículos y proposiciones que , siendo
necesarios para su salvación y superando toda razón
humana, no podían enseñarse y hacerse dignos de
crédito sino por la boca misma del Espíritu Santo.
Pero que Dios, que nos ha dotado de sentido, razón e intelecto,
haya querido que prescindamos de ellos, que haya que proporcionarnos
otro medio de conocer lo que podemos conocer a través
de los mismos, no pienso que sea necesario creerlo"
Como vimos, la modernidad se inaugura en el mismo movimiento
con que la ciencia occidental se libera de la mayor parte de
sus ataduras con la metafísica. Al construir y jerarquizar
el método experimental, compone la posibilidad de un mundo
ateo habitado solo por objetos y hechos. Esta "operación"
instituye la ciencia moderna y liga en forma indisoluble el nombre
de Galileo a la revolución científica del siglo
XVI. Es en este siglo que se produce una mutación intelectual
radical que procesa una transformación inédita
del espíritu humano: la praxis pasa a ocupar el lugar
que hasta entonces el espíritu contemplativo ostentaba
debido a una cultura que consideraba la actividad "teórica"
como la más elevada. El naciente hombre moderno trata
por todos los medios de dominar la naturaleza estableciendo una
diferencia radical con el hombre medioeval que se empeñaba
en contemplarla. "No intentaré explicar aquí las razones
y causas que provocaron la revolución espiritual del siglo
XVI. Para nuestro propósito basta con describirla caracterizando
la Si la interpretación de Koyré es correcta, es evidente entonces que, en este punto, Galileo apela a una vuelta al platonísmo y más precisamente, a concepciones pitagóricas y euclidianas. Sin embargo el historiador Stillman Drake contradice a Koyré en un punto esencial al demostrar que en 1604 Galileo Galilei no habría intentado realmente deducir consecuencias observables a partir de una definición matemática a priori. En el texto de 1604 lo que el científico pisano propone - según Drake - es una medida local: "Es un error pensar que Galileo partió desde el principio de la hipótesis de que las ciencias matemáticas gobernaban la naturaleza y la física debía conformársele. Más bien las matemáticas se le fueron imponiendo gradualmente en la cuestión espinosa del cambio literalmente continuo" El problema que planteaba Galileo, el físico, era determinar
qué estaba midiendo: concebir una velocidad independientemente
del movimiento, con el objeto de medirla, Como señala Prigogine la naturaleza queda confundida
con un "gran código" de leyes y el científico,
con la figura del legislador. Galileo si bien nos "arranca"
del mundo teológico, coloca al hombre en el lugar de "dios"
al separarlo de la naturaleza. Esta escisión: hombre /
naturaleza, es la misma que separa al sujeto del objeto. Mediante
el método experimental que instituye la separación
sujeto/objeto es que se produce el mito del conocimiento objetivo,
es decir científico. El esfuerzo de las ciencias modernas radica en establecer leyes universales, con la expectativa de conocer con exactitud el dominio en cuestión. Esta ilusión es posible en función de la espacialización del pensamiento que excluye el tiempo como variable. La ciencia clásica concibió al mundo como dado de una vez y para siempre, por lo tanto su tarea fue establecer las regularidades de un mundo estable, ello fue posible al sacrificar el devenir por una parte y la diferencia por otra. Así la función del observador es despojar a los fenómenos de su complejidad para descubrir tras ellos la simplicidad de un mundo gobernado por sus regularidades, es decir, por sus propias leyes más o menos simples. La diversidad del mundo queda aplastada bajo una operación que la señala como apariencia. En el dispositivo conformado, la función del observador se apoya en el concepto de semejanza que permite señalar lo mismo que se afirma en cada repetición. De ello la ciencia extrae sus regularidades, pero, sin embargo, olvida que éstas no borran lo diferente que simultáneamente deviene en cada singularidad que se actualiza en la repetición.
Punto de vista, disciplina y totalización Una vez señalado el proceso de construcción
de la ciencia moderna, vemos que ésta se nos presenta
estratificada, cada estrato recubre un objeto de estudio que
se construye a partir de la instalación de un punto de
vista y éste es específico e inmanente a su dominio
disciplinario. "Lejos de fundar la repetición, la ley muestra más bien el modo cómo la repetición viene a resultar imposible para los sujetos puros de la ley: los particulares" Planteado este problema debemos preguntarnos en qué condiciones la experimentación garantiza las repeticiones que permiten a la ciencia establecer sus demostraciones. Al respecto dejemos que nuevamente Deleuze nos auxilie: "Se trata, pues, en la experimentación, de sustituir un orden general por otro: un orden de igualdad por un orden de semejanzas. Se desmembran las semejanzas, para descubrir una igualdad que permita identificar determinados fenómenos en condiciones concretas de experimentación" La institución de las ciencias sociales, si bien es tardía, se esforzará por reeditar la hazaña Newtoniana. En primer lugar y en el borde de las ciencias naturales se da el desarrollo de la biología, posteriormente de la mano de Augusto Compte y siguiendo los preceptos positivistas, se establece un nuevo objeto científico: la sociedad; una vez que se construye como objeto de ciencia da lugar al desarrollo de la sociología y paralelamente la no tan vieja noción de mente da lugar al concepto de psiquismo, constituyéndose en el objeto abstracto privilegiado de la psicología. Como ya vimos más adelante es que se conforma una voluntad colectiva de articulación y totalización de los saberes de estas disciplinas a los efectos de "unificar" la imagen del hombre. Un cambio de preguntas Después de Kant, es Hegel una de las figuras más
influyentes, tanto en el siglo XIX como en la primera mitad del
siglo pasado. Marx veía en la filosofía hegeliana
la última expresión de la filosofía clásica
alemana. Es en Kant que consensualmente los filósofos
contemporáneos ubican el origen del idealismo alemán.
Para él, la filosofía deja de ser una metafísica
abstracta de dios, mundo y alma, para convertirse en una reflexión
sobre los hechos (factum) de la cultura humana, es decir,
una reflexión sobre la ciencia, el arte, la moral, la
religión; aquellos aspectos que conforman la cultura.
Kant inaugura un tiempo filosófico en que se busca determinar
las leyes de la conciencia y de cómo es que ésta
determina los hechos sociales. Hegel puede considerarse el mayor
exponente de esta corriente y su influencia, como vemos, es enorme
en el panorama de la filosofía de los últimos dos
siglos, influyendo tanto en los filósofos de derecha como
de izquierda y llegando a encontrarse sus rastros en las terminologías
tanto de Heidegger como de Sartre. "nos encontramos con una empresa teórica más
ambiciosa que la que intentaron Freud o Marx: nada menos que
con una totalización, como diría Sartre,
de todo el conocimiento socio-histórico existente. Aquí,
por primera vez, hay una teoría sistemática que
abarca toda la gama de la fantasía individual, las relaciones
interpersonales, los sistemas socio-técnicos y las relaciones
entre grupos. () En opinión de Sartre, existe un dominio
del ser en el cual los principios dialécticos son constituyentes
de la naturaleza de lo conocido. Se trata del dominio de la historia
humana.() Así, en el plano de lo humano, Sartre utiliza
la dialéctica para caracterizar la relación entre
el conocedor, lo conocido y la naturaleza de lo conocido. Es en referencia a los planteos de sartreanos y estructuralistas que Deleuze y Guattari formulan la siguiente interrogante en El Antiedipo: "¿cómo producir y pensar fragmentos que tengan entre sí relaciones de diferencia en tanto que tal, que tengan como relaciones entre sí a su propia diferencia, sin referencias a una totalidad original incluso perdida, ni a una totalidad resultante incluso por llegar?" Una vez planteado un problema tan sutil y revolucionario, al solo formular dicha pregunta producen una torsión en el modo de pensamiento hegemónico de la época, arremeten produciendo una respuesta que hace estallar al concepto de sujeto que constituía el núcleo de la filosofía hegeliana y sobre el cual se sustentaba el pensamiento de las ciencias sociales: "Sólo la categoría de multiplicidad,
empleada como sustantivo y superando lo múltiple tanto
como lo Uno, superando la relación predicativa de lo Uno
y de lo múltiple, es capaz de dar cuenta de la producción
deseante: la producción deseante es multiplicidad pura,
es decir, afirmación irreductible a la unidad." El efecto liberador de estos párrafos no es de rápida aprehensión, en ellos se encuentra un giro en el modo de concebir nuestra experiencia subjetiva y en nuestro modo de conocer y vivenciar el mundo. Un modo distinto de plantearnos nuestra relación con el mundo y que, necesariamente, nos lleva a formular nuevamente todas las preguntas. El planteo esquizoanalítico no surge de pronto; está íntimamente ligado a unas filosofías del devenir, minoritarias, revulsivas y revolucionarias por naturaleza, que encuentran en Nietzsche su más genial exponente. Este junto a Kierkegaard -aunque en direcciones bien diferenciadas- se oponen al sistema kantiano y especialmente, al hegeliano; su coincidencia radica en oponer la repetición a toda posible forma de generalidad. Ello se manifiesta según Deleuze en los siguientes movimientos: a) hacen de la repetición misma algo enteramente nuevo, b) oponen la repetición a las leyes de la naturaleza, convirtiéndola en su exepcionalidad y c) oponen la repetición a la ley moral. La operación nietzscheana es precisa y denuncia al pensamiento de Kant, a la vez que descubre su carácter platónico. Nietzsche señala con extrema claridad a la constitución del plano trascendente de la moral como el principal enemigo del pensamiento científico. Cuando Kant lanza su famoso imperativo moral: "obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda convertirse en ley universal"; vacía a la voluntad de saber de todo prejuicio, interés y contingencia personal. De este modo, la pura forma se eleva en Kant contra el azar y la contingencia y fundamentalmente, contra el deseo. La ciencia, piensa Nietzsche, no tiene por que carecer de intencionalidad; allí están Iroshima y Nagasaki para recordárnoslo; pues la pretensión de la objetividad ya es un acto intencional. Para Nietzsche la ciencia es simplemente una herramienta usada por alguien. Su movimiento desenmascara una última ilusión, pues muestra al saber científico como un modo posible de interpretación del mundo. Rompe el velo que ocultaba al manipulador. Desmontado el poder de manipulación de la ciencia, ésta es recreada como poder reactualizado de la interpretación. Pone así en evidencia, que no es ni en la proximidad, ni en lo más profundo que se encuentra la clave de la interpretación. Queda al descubierto un fondo caótico de innumerables valoraciones o figuraciones posibles. En este punto Hopenhayn indica que la ciencia, tal como la quiere Nietzsche, asegura un modo eficaz de autodestrucción de la metafísica: "La apropiación nietzscheana de la ciencia tiene por finalidad el regocijo. () No es casual que Nietzsche recurra a este bien patrimonial de la modernidad, como es la ciencia() El concepto mismo de ciencia jovial (gaya ciencia) revela esta contradicción de la ciencia moderna: entre la pesantez de la ratio y la liviandad de un mundo des-sacralizado. Ciencia que instrumentaliza (y refuerza el dominio), o ciencia que pulveriza los fantasmas del dominio." Mediante su singular apropiación de la ciencia, Nietzsche
recupera la posición de Heráclito y abre cauce
a un devenir que propone internarnos en la desmesura dionisíaca
para reconciliarnos con el caos y la disolución. Buscaba
con ello crear las condiciones de posibilidad que permitieran
una reapropiación de la ciencia sin el peso del orden
y la jerarquía que requiere el espíritu positivista
del siglo XIX. Nietzsche tiene claro desde el vamos que no hay
una sola interpretación para la ciencia y que esta puede
insuflarse tanto de un ímpetu regresivo como liberador.
Se hace visible este movimiento que realizan las ciencias del hombre que no es otro que el pendular entre el humanismo y el positivismo para recuperar, en su ultimo movimiento, la mejor tradición libertaria en el acto de afirmación de las nuevas ciencias hermenéuticas. Por un momento somos capaces de comprender que si hay interpretaciones es porque las mismas nos rodean por doquier: "la interpretación se encuentra ante la obligación de interpretarse ella misma al infinito" () "De allí se desprenden dos consecuencias importantes. La primera es que la interpretación en adelante será la interpretación por el "quien". No se interpreta lo que hay en el significado, sino que se interpreta a fondo: quien ha planteado la interpretación. El principio de la interpretación no es más que el intérprete."()" La segunda consecuencia es la de que la interpretación debe interpretarse siempre ella misma." Nuestros modos de conocer y fijar la realidad, al verse interpelados
por el trabajo del tiempo, quedan señalados en su cualidad
de producción social-histórica. Las preguntas como
¿qué es el sujeto? ¿cómo es el sujeto?
dejan sitio a otro tipo de preguntas que interrogan los procesos
y los mecanismos que han hecho posible la construcción
de la subjetividad moderna. Lo que queda interpelado es la relación
misma entre el objeto y el sujeto, para interrogarnos -de la
mano de Michel Foucault- por la relación del sujeto con
la verdad. Este primer paso queda comprendido en un primer movimiento
en que ya despliega una labor descontructiva y que lleva definitivamente
a cabo con su trabajo sobre una arqueología del saber.
Pero cuando más se acerca Foucault a describir la relación
con el saber, más se destaca en el fondo la relación
del sujeto con el poder. Desde entonces, la relación saber-poder
constituye el eje de su trabajo. A partir de su estudio sobre
la voluntad de saber mostrará la producción del
sujeto como efecto de esta relación. Re-inventa de ese
modo el proyecto nietzscheano al realizar una genealogía,
no ya de la moral, sino de la constitución de nuestra
experiencia subjetiva. Su trabajo, en resonancia con filósofos
de la talla de Deleuze, Derrida, Althuser, produce una descontrucción
del sujeto que termina por abrirlo, para mostrarlo desfondado
-al decir de Juan Carlos De Brasi- sin esencia que señalar,
ni substancia que capturar, sino puro efecto. Su propuesta intelectual,
lejos de producir la muerte del hombre, lo conecta a su más
oceánica experiencia vital, pues abre al sujeto a un mundo
de significaciones para señalar que es en éste
donde un colectivo se instituye, a la vez que el sujeto se individua.
Este mundo de significaciones se produce social e históricamente
y los procesos de subjetivación constituyen una de sus
producciones inmanentes.
Subjetividad, locura y enfermedad mental Realizar un recorrido por la historia de las ciencias y su
relación con la producción de la subjetividad moderna
sería un esfuerzo vano para nuestro propósito si
no tuviera el sentido de permitirnos pensar la actualidad de
nuestros modos de producción de la subjetividad humana,
así como nuestros principales conceptos de salud y enfermedad
mental. El siglo XIX fue testigo de un gran debate que se crispa
hasta lo dilemático: por una parte, se alinean aquellos
que sostienen el origen de la enfermedad mental en una causalidad
psicogenética y por la otra, aquellos que sostienen que
el origen se halla en la organogénesis. Este conflicto
adquiere ribetes caricaturescos en el enfrentamiento entre las
posiciones biologistas y psicologistas durante los siglos XIX
y XX, hasta que "dialécticamente" se integran
en la concepción interdisciplinaria que señala
al hombre como un ser bio-psico-social. "La personalidad se convierte así en el elemento en el cual se desarrolla la enfermedad y el criterio que permite juzgarla; es la realidad y la medida de la enfermedad a la vez. En esta preeminencia de la noción de totalidad se puede ver un retorno a la patología concreta y la posibilidad de determinar como un dominio único el campo de la patología mental y el de la orgánica. En efecto, ¿acaso no se refieren ambas, por vías diferentes, al mismo individuo humano en su realidad? Gracias a esta noción de la totalidad, ¿no convergen por la identidad de sus métodos y la unidad de su objeto?" Unos párrafos más abajo, refiriéndose a un trabajo de Goldstein publicado en el Journal de Psychología en 1933, es más categórico: "En todas estas recientes formas de análisis médico podemos reconocer una significación única: cuanto más encaramos como un todo la unidad del ser humano, más se disipa la realidad de una enfermedad que sería una unidad específica, y más se impone también la descripción del individuo reaccionando a su situación de modo patológico en lugar del análisis de las formas naturales de la enfermedad" Esta posición - la de concebir al hombre como una totalidad
- posibilita un avance importante. Es su logro colocar en el
centro de atención al hombre y su interrelación
con el medio y a la enfermedad como una contingencia en un campo
de posibilidades. Sin embargo, será rápidamente
abandonada por el joven Foucault, pues no sólo renegara
de este su primer libro, sino que, además, intentará
impedir su traducción y luego prohibir su reimpresión.
Lo que no abandona es su interés por la enfermedad mental
y la experiencia de la locura. Nueve años transcurren
después de publicado este pequeño texto y de regreso
a Francia de su estadía en Suecia como agregado cultural,
Foucault presenta su tesis de doctorado ante un tribunal mayor
integrado por George Canguilhem, Henri Gouhier y Daniel Lagache.
El 20 de mayo de 1961 expone su tesis en forma brillante y deslumbra
tanto al tribunal como a su auditorio; la tesis central es nada
menos que Historia de la locura en la época clásica. En el Río de la Plata encontramos si no la misma atmósfera, por lo menos el registro del discurso de Sartre y nada menos que en la figura entrañable y mítica de Enrique Pichón Riviérè. En su prólogo al libro El proceso grupal. Del psicoanálisis a la psicología social intenta esclarecer y enunciar su esquema referencial para mostrarnos "su origen y su historia" buscando con ello poner en evidencia la coherencia interior de su tarea y discriminar los distintos momentos de su labor teórica: "Las primeras aproximaciones a la psiquiatría clínica me abrieron el camino hacia un enfoque dinámico, el que me llevaría progresivamente y a partir de la observación de los aspectos fenoménicos de la conducta desviada, al descubrimiento de elementos genéticos, evolutivos y estructurales que enriquecieron mi comprensión de la conducta como una totalidad en evolución dialéctica" () La síntesis actual de esa indagación puede señalarse por la postulación de una epistemología convergente, según la cual, las ciencias del hombre conciernen a un objeto único: "el hombre-en-situación" susceptible de un abordaje pluridimensional. Se trata de una interciencia, con una metodología interdisciplinaria, la que, funcionando como una unidad operacional, permite un enriquecimiento de la comprensión del objeto de conocimiento y una mutua realimentación de las técnicas de aproximación al mismo" En la persona de Pichón se encarna la epistemología convergente que proclama y que se manifiesta en su búsqueda por construir una interciencia y un método interdisciplinario que le permita operar en el campo de la clínica psiquíatrica y de la salud mental, como en la vida cotidiana: psiquiatría dinámica, psicoanálisis, materialismo histórico, teoría de la comunicación y dinámica de grupos son los referentes con los cuales emprende su singular construcción.
Subjetividad y experimentación Es en el tratamiento psicoanalítico de pacientes psicóticos
que Pichón profundiza su indagación de los procesos
transferenciales y donde descubre la existencia de múltiples
objetos internos que se vienen a articular en un "mundo
construido según un progresivo proceso de internalización",
dando lugar a su concepto de mundo interno. Es la
propia indagación analítica la que lo lleva a ampliar
el concepto de relación de objeto y formular el concepto
de vínculo, que define como una estructura compleja que
incluye el sujeto y el objeto, así como su mutua interrelación
dada en los procesos de comunicación y aprendizaje. "Esta concepción del mundo interno, y la sustitución
de la noción de instinto por la estructura vincular, entendiendo
al vínculo como un protoaprendizaje, como el vehículo
de las primeras experiencias sociales, constitutivas del sujeto
como tal, con una negación del narcisismo primario, conducían
necesariamente a la definición de la psicología,
en un sentido estricto, como psicología social. Es notable como la nominación de su psicología
como psicología social cierra esta fermental concepción,
pues queda territorializada como especialidad y no como un modo
singular de concebir a la psicología en relación
a la vida cotidiana. Como vimos, la práctica de Pichón focaliza en los procesos de la vida cotidiana, lo cual le permite un nuevo modo de inteligir la enfermedad mental al resaltar que lo importante es el cambio, ya que lo que caracteriza a la vida cotidiana es su devenir: "El contacto con los pacientes, el intento de establecer con ellos un vínculo terapéutico confirmó lo que de alguna manera había intuido; que tras de toda conducta "desviada" subyace una situación de conflicto, siendo la enfermedad la expresión de un fallido intento de adaptación al medio. En síntesis, que la enfermedad era un proceso comprensible." En el mismo prólogo Pichón afirma que, al iniciar
sus estudios de medicina, cuando ingresa en la Universidad, queda
impactado por el enfrentamiento con el cadáver. Este precoz
acontecimiento consolida su decisión, años más
tarde, de trabajar con la locura, pues como él mismo dice:
veía en ella una forma de muerte reversible.
Subjetividad clínica y grupalidad La perennidad y la estabilidad planteada por Kant "despersonaliza"
el pensamiento al separarlo del cuerpo que lo conjuga. No es
casual que el camino de la ciencia, que arranca en la metafísica
y se construye en su contra, termine en la formulación
del positivismo, en donde el ideal ascético encarna como
la última de sus expresiones en el mito de la objetividad
científica. Pienso que al derrotero pichoniano le hubiese
convenido el encuentro con el pensamiento intempestivo de Nietzsche. "Uno de los elementos constitutivos del esquema referencial que guió nuestra tarea, en lo que hace a la formulación de la teoría y la estructuración progresiva de una técnica grupal, fue el principio enunciado por Freud y retomado por Kurt Lewin, según el cual toda indagación va acompañada de una operación, es decir que no hay indagación "pura" , inocua. En la técnica operativa se hace posible la integración de la seudo antinomia entre lo teórico y lo práctico, por la unión de ambos en una praxis concreta," La pluralidad de la mirada reclamada por el pensamiento intempestivo toma cuerpo en el dispositivo grupal propuesto por Pichón, aunque aún conserve todo el lastre de las concepciones totalizadoras: "uno de los principios básicos de la técnica operativa: a una mayor heterogeneidad de los miembros, heterogeneidad adquirida a través de la diferenciación de roles en la que cada miembro aporta al grupo todo el bagaje de sus experiencias y conocimientos y una homogeneidad en la tarea lograda por sumación de la información, la que adquiere el ritmo de una progresión geométrica, enriqueciendo como parcialidad a cada uno de los integrantes y como totalidad al grupo, se logra una productividad mayor." En el trabajo clínico, esta característica del
trabajo grupal adquiere la mayor relevancia, "En la medida en que un grupo operativo, que se propone como tarea explícita la curación de sus integrantes, se centra en la ruptura de los estereotipos de la comunicación y de los mecanismos de adjudicación y asunción de roles, se permite a los pacientes una modificación de los vínculos internos y externos. Esta operación correctora hará posible un abordaje más plástico de la realidad, una conducta adaptativa creadora, con capacidad de planificación y proyecto personal." Al colocar la ruptura del estereotipo y la fijación de roles como su principal tarea, Pichón se propone dar a los integrantes del grupo terapéutico, la posibilidad de iniciar un aprendizaje de la realidad y adquirir no sólo la capacidad de cambiarla, sino de cambiar con ella, es decir, el modo en como los sujetos se vinculan entre ellos y con la realidad. Ello lleva, indefectiblemente, a la modificación del mundo interno fantasmático del sujeto, es la disposición de un sujeto creativo que esté en condiciones de modificar el mundo y a la vez modificarse. En definitiva es la resolución de un dualismo de base, expresado en la dicotomía mente/cuerpo, donde el problema planteado consiste en aprender a pensar. "El grupo operativo es un grupo centrado en la tarea y que tiene por finalidad aprender a pensar en términos de resolución de las dificultades creadas y manifestadas en el campo grupal y no en el de cada uno de sus integrantes, lo que sería un psicoanálisis individual en grupo . Sin embargo, tampoco está centrado exclusivamente en el grupo como en las concepciones gestálticas , sino que en cada aquí-ahora-conmigo en la tarea se opera en dos dimensiones, constituyendo en cierta medida una síntesis de todas las corrientes. Consideramos al enfermo que enuncia un acontecimiento como el portavoz de sí mismo y de las fantasías inconscientes del grupo. En esto reside la diferencia de la técnica operativa con las otras técnicas grupales, ya que las interpretaciones se hacen en dos tiempos y en dos direcciones distintas" Pichón con su re-invención del concepto de
vínculo y al tomar a este como objeto de su intervención
terapéutica desplaza las fronteras entre la clínica
y el aprendizaje. Su propia concepción de salud no solo
es solidaria con el desplazamiento señalado, sino que
el propio concepto de salud en Pichón es efecto de un
nuevo desplazamiento. El concepto de adaptación
activa a la realidad es su criterio básico de salud, con
ello Pichón condensa el territorio de la clínica
y del aprendizaje. Desde su perspectiva la salud mental consiste
en un proceso en el que se realiza un aprendizaje de la realidad
a través de la resolución de los conflictos. "el tema en estudio es la tarea misma de la vocación y el aprendizaje. A través de su análisis pueden irse enseñando la fenomenología psiquíatrica y la psicodinámica, a la par que se cumple una tarea de clarificación y de psicoterapia que limpia el campo del aprendizaje" Pichón, aunque no escapa al dualismo individuo - sociedad,
de todos modos sienta las bases para que en el Río de
la Plata la generación posterior se incline en la dirección
de su crítica. Ello se hace evidente en las producciones
conceptuales desde la década del setenta y en especial
en la década de los ochenta del siglo XX. "¿Como es posible que las masas luchen por su servidumbre, como si se tratase de su libertad?" Este problema está en íntima conexión con la crítica que Reich realiza al marxismo ortodoxo en referencia al concepto de ideología: "Las masas no fueron engañadas, en determinado momento desearon el fascismo." Como es notorio, las disciplinas son artefactos de control
que, paradojalmente, como en el caso de la psicología,
enuncian su búsqueda por liberar al hombre de sus cadenas.
La historia señala el fracaso del sueño humanista
y la funcionalidad de éste en la composición de
la subjetividad capitalista finisecular.
Una dimensión etico-estética: de la tecnodisciplina a la micropolítica En el siglo XIX y hasta la primer mitad del siglo XX, se forjaron campos homogéneos bipolarizados de subjetividad. En ellos se producían sujetos genéricos y el mundo quedaba situado bajo la égida de un antagonismo de base plasmado en la línea que dividía Este-Oeste: "proyección ampliamente imaginaria de las oposiciones clase obrera-burguesía." Actualmente el ideal científico encarna como política
para desplegarse, no solamente como fundamento de políticas
de Estado, sino produciendo, directamente, un poder tecnocrático
que penetra y reconstruye la trama social codificándola
(sobrecodificación). Esta operación de estatización
generalizada se viabiliza a través de aparatos ideológicos
como el judicial, educativo, sanitario, policial, semióticos,
lingüísticos, etc.. Así vemos como un ejercito
de técnicos de diversas disciplinas lamina lo social y
por ende los conflictos abandonan los "campos de batalla"
para pasar a poblar los gabinetes de distintos profesionales
que re-diagraman lo social. Es en esta atmósfera que debemos
entender como, en la actualidad, los profesionales e intelectuales
se alinean. "El planeta tierra vive un período de intensas
transformaciones técnico-científicas como contrapartida
de las cuales se han engendrado fenómenos de desequilibrio
ecológico que amenazan a corto plazo, si no se le pone
remedio, la implantación de la vida sobre su superficie.
Paralelamente a estas conmociones, los modos de vida humanos,
individuales y colectivos, evolucionan en el sentido de un progresivo
deterioro". El problema, tal como lo formula Guattari, radica en plantearse como se va a vivir de aquí en más: ¿el futuro nos deparará la desocupación, la exclusión social, la soledad, la desesperación y la angustia cronificada? ¿o seremos capaces de producir una revolución subjetiva y existencial que oriente de otro modo la producción y la distribución de los bienes materiales y culturales? ¿la vida colectiva seguirá rigiéndose por el imperio del mercado globalizado y valorada según los niveles de rentabilidad? ¿las relaciones sociales tanto en el plano nacional como internacional seguirán bajo el dominio de las lógicas policiales y militares? ¿lograremos abrir un cauce para que se manifiesten las líneas moleculares que permitan un desarrollo de la cultura, la investigación y la reinvención del medio ambiente y el entorno social? ¿como producir un enriquecimiento de los medios de vida, la sensibilidad y la creatividad singular y colectiva?
El caso de la vida Qué nos depara el siglo XXI es la pregunta necesaria, su formulación genera un atractor en el plano de la subjetividad y abre la posibilidad de diagramar Inconsciente a partir de un polo orientado hacia el futuro. En este sentido, las tareas que el esquizoanálisis se planteaba actúan como un antídoto para que este no se confunda con un nuevo dispositivo disciplinario por muy especial que sea. Pues sus tareas destructivas señalan que éste no puede dejar de afectarse a si mismo para no cesar de hacer que todo recomience. Hasta ahora, como señalaban Deleuze y Guattari, todas
las formas modernas de tratamiento de la locura producen un modo
de captura que la hacen devenir en enfermedad mental; ¿cómo
evitar que estas instituciones y dispositivos técnicos
extiendan por doquier el criterio de la neurosis bajo la forma
de la normalidad? " edipizar a todo el mundo, gente, animales y cosas, hasta el punto que se verá una nueva raza de enfermos suplicar por reacción que se les devuelva el asilo o una pequeña tierra beckettiana, un cubo de basura para catatonizarse en un rincón" Ya Nietzsche nos recordaba que larga fue la historia de la procedencia de la responsabilidad en el hombre: "Aquella tarea de criar un animal al que le sea lícito hacer promesas incluye en sí como condición y preparación, según lo hemos comprendido ya, la tarea más concreta de hacer antes al hombre, hasta cierto grado, necesario, uniforme, igual entre iguales, ajustado a regla y en consecuencia, calculable" Desde tal perspectivismo, una verdadera política de
la psicología social universitaria consistiría
en deshacer todos los dispositivos que promueven una reterritorialización
de la locura en la enfermedad mental. Estas cuatro tesis recuerdan que hemos olvidado lo esencial: " la sociedad es esquizofrenizante a nivel de su infraestructura, de su modo de producción de sus circuitos económicos capitalistas más precisos y que la libido carga este campo social, no bajo una forma en la que éste estaría expresado y traducido por una familia-microcosmos, sino bajo la forma en la que hace pasar la familia sus cortes y sus flujos no familiares, cargados como tales; luego, que las catexis familiares siempre son un resultado de las catexis libidinales social-deseantes, únicas primarias; por último, que la alienación mental remite directamente a estas catexis y no es menos social que la alienación social, que remite por su cuenta a las catexis preconscientes de interés." Evidentemente el esquizoanálisis no es un nuevo territorio
disciplinario, sino todo lo contrario, menos aún una especialización
propia de alguna disciplina y mucho menos una forma de psiquiatría
o psicología social.
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