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¿Qué hacemos cuando hacemos
trabajo comunitario?
Historia de una práctica comunitaria en América
Latina
Marcela Parra
DEPARTAMENTO ECUMENICO DE INVESTIGACIONES
SEMINARIO DE INVESTIGADORES INVITADOS 1998
"A los trabajadores comunitarios de esta poderosa y pobre
América Latina y a la gente que nos hace posible..."
ENSAYANDO MILITANCIAS
Fuimos tanteando caminos desconocidos,
Sin huellas, en realidad no eran caminos.
Intentábamos lo mejor, intentábamos;
buscábamos, pero sin buscar demasiado;
nos atrevíamos, pero éramos tontos,
cobardes, teníamos miedo.
Y el miedo tomó venganza
y nos dejó aquí
estériles, casi infecundos,
tibios, vomitados.
El error fue haber creído que ya no
necesitábamos conversión
que la verdad ya nos había sido revelada de una vez y
para siempre
que éramos dioses incapaces de aprender
incapaces de una perfección mayor
incapaces...
Nos ufanábamos de nuestra buena conciencia,
de nuestro compromiso político, de nuestro palabrerío.
Creímos que las palabras eran acciones,
creímos en la omnipotencia de nuestras impotentes ideas.
Los otros fueron siempre la causa, nuestra
causa
nosotros no necesitábamos nada
nada nos hacía falta...
ni la piedad de los santos, ni las palabras de consuelo
ni el llanto amargo, ni la esperanza inquieta.
Nos reímos, cuánto nos reímos!
-aunque creíamos que no-
cuánto miramos con lástima los gestos que no supimos
leer.
Pensábamos que entendíamos todo
pero en verdad no comprendíamos casi nada.
Llegábamos y era como si nada existiera
éramos ciegos, no pudimos ver lo que estaba;
el origen mismo lo sospechamos en nosotros
y nos perdimos lo que ya había sido engendrado.
Hablábamos del pueblo
como si hubiésemos entendido lo que decíamos.
Hablábamos por, a favor o en lugar del pueblo
hablábamos nosotros,
éramos sólo nuestras voces.
Nos alejábamos del Maestro
y de todos los grandes que pueblan la historia
nos alejábamos de nosotros mismos, anduvimos perdidos.
Nuestras palabras sonaban a vacío,
ya no nos significaban nada,
ya no significaban nada para nadie.
Parecíamos sabios repartiendo nuestras
bondades por el mundo
hipócritas, necios, repitiendo las andanzas del poder.
Demasiado burgueses, aunque odiáramos a la burguesía
demasiado oficialistas aunque habláramos de revolución
demasiados...
No fue maldad, fue soberbia
fue la caridad mal entendida
fue la justicia mal interpretada, la justicia injusta
fue la blasfemia del Evangelio
fueron nuestros ideales deformados.
Pero redimiré nuestra inocencia, nuestra
ingenuidad
a pesar de todo, a pesar de nuestra ceguera.
Redimiré nuestra tarea de pioneros, nuestro lanzarnos
aunque hayamos sido mezquinos.
Redimiré el poder escribir hoy estos
versos...
Ahora es tiempo de nuevas utopías
de transformaciones profundas, de verdaderas conversiones
de sinceramientos sinceros.
Es tiempo de temblar ante el abismo propio
de animarnos a nosotros mismos
y ofrecernos enteros, cristalinos
implicados, abiertos.
Es tiempo de la propia metamorfosis
de la propia
no de la de otros.
La vuelta a la utopía...
Resurgen ahora los ideales primeros
nuestro entusiasmo de militantes empedernidos
nuestro creer empecinado, nuestro acto de fe
nuestra esperanza.
¿Cómo olvidar aquellos días?!
¿cómo no sentir que todo eso todavía vive
muy adentro?
¿cómo no intentar una nueva creación?
Es el tiempo de la sabiduría
de la paciencia ancestral y la reflexión divina.
Es tiempo de que el mundo se pueble de dioses
y todo vuelva entonces a tener sentido...
Es nuestro tiempo
el de la propia metamorfosis...
Diciembre 1992**
Indice
A.- Introducción
Fundamentación
Objetivos y metodología
B.- 1. Narración de la Experiencia: "Comunidades
Eclesiales de Base... una búsqueda" (1986-1996)
2. Eje de Sistematización: La Estrategia de Intervención
en la
Comunidad
C.- Conclusiones y desafíos
D.- Anexos
E.- Bibliografía
* INTRODUCCION
"...en plena moda del desencanto,
cuando el desencanto se ha convertido
en artículo de consumo masivo y universal
nosotros seguimos creyendo en
los asombrosos poderes del abrazo humano"
Eduardo Galeano
El contexto mundial de globalización y exclusión,
junto al más fanático de los fundamentalismos actuales
-la sacralización del mercado-, aparecen hoy como una
hegemonía incapaz de incluir otros horizontes.
Las "políticas de ajuste" de corte neoliberal
que se han venido desarrollando en todos los países de
América Latina han producido fenómenos que afectan
enormemente la vida de nuestros pueblos y las prácticas
sociales generadas en ellos.
Entre dichos fenómenos se encuentran: una gran recesión
económica, una amplia disminución del poder adquisitivo
de la mayor parte de la población, un crecimiento de la
injusticia social, la disminución y/o desaparición
de las políticas sociales que existían en el llamado
Estado de Bienestar, la exclusión del mercado de trabajo
formal y de los beneficios sociales de grandes sectores sociales,
la inclusión de nuevos sectores de la población
en la franja de pobreza, etc.
Esta "cultura de la muerte", que hoy intenta imponerse
como la única alternativa social posible, se enfrenta
-sin embargo- a múltiples experiencias sociales de base
que insisten permanentemente en el valor de la vida. Diferentes
prácticas comunitarias se siguen generando en toda América
Latina.
Dedicar a ellas nuestro esfuerzo adquiere sentido ya que quizás
sean esos microespacios sociales los que nos permitan ir configurando
un ser y un quehacer alternativo al actual modelo económico-político-social.
Desde esta creencia es que me propongo narrar la experiencia
de trabajo comunitario de un grupo de jóvenes insertos
en Comunidades Eclesiales de Base. Esta experiencia, generada
desde un ámbito eclesial y desarrollada en barrios urbanos
de la ciudad de Córdoba -Argentina-, tuvo su comienzo
a finales del año 1986 y continúa hasta la actualidad.
Quisiera aquí volver a esa práctica para reflexionar
sobre las estrategias metodológicas que fuimos ensayando
con mis compañeros de equipo. La intención es que
este esfuerzo ayude a vislumbrar pistas que nos guien, en tanto
trabajadores comunitarios, para que, desde nuestros lugares concretos
de inserción, podamos acompañar y fortalecer esa
vida que nace incesante y porfiadaamente en nuestros pueblos.
* FUNDAMENTACION
Acerca de las urgencias desde las que se gestó este trabajo...
Lo personal...
"...el aprendizaje consigo mismo significa
tomarse a uno como punto de referencia fundamental,
interrogar las propias experiencias, el propio pasado,
las maneras de percibir y de juzar, los temores y las incertidumbres,
las fuentes de alegrís y de tristeza,
el modo de ver el futuro y de verse en el futuro"
Desde lo personal, el origen del mismo tuvo que ver con la necesidad
de entablar un diálogo, desde mi realidad actual de psicóloga
trabajadora de un hospital público de mi país,
con una experiencia de trabajo comuninatario central en mi vida
y en la que participé durante algunos años.
La fuerza de esta urgencia nace principalmente de las dificultades
que he vivenciado durante mis dos primeros años de ejercicio
profesional y en mi actual lugar de inserción, para incluirme
en proyectos comunitarios. Dificultades que comparto con otros
"compañeros de ruta" y que tienen que ver en
mucho con el crítico contexto social actual y con la ruptura
de esquemas de interpretación y acción que hasta
hoy nos habían servido pero que ahora nos resultan insufientes,
no nos alcanzan
Además, es de fundamental importancia para cada uno de
quienes hemos trabajado y trabajamos en el campo social, poder
recuperar permanentemente aquellas prácticas sociales
en las que estamos insertos para que, desde ellas ,
incorporemos el aporte brindado por nuestra "formación"
académica.
Hacer así nuestro aporte para construir "una sociedad
donde quepan todos".
En relación a la gente con la cuál compartí
esta experiencia...
Quisiera que el presente escrito pudiera ser un aporte también
para ellos. Tanto para los compañeros del equipo de coordinación
como para la gente de los barrios.
Al mismo tiempo quisiera desde aquí compartir los pequeños
aprendizajes realizados para que los mismos puedan acompañar
a otros trabajadores comunitarios.
En relación a la Psicología...
Creo importante reflexionar sobre los aportes que las Ciencias
Sociales en general y la Psicología en particular han
venido realizando y pueden realizar en la actualidad al desarrollo
de experiencias sociales de base.
A la vez, cobra relevancia para quienes trabajamos desde las
ciencias sociales, rescatar aquellos trabajos comunitarios que
se vienen realizando en toda América Latina desde distintos
espacios (eclesiales, educacionales, etc.). Los mismos poseen
una especificidad propia que no puede reducirse a ninguno de
los ámbitos particulares en los que se desarrollan. De
todos y de cada uno de ellos podemos aprender.
Entre estas prácticas se encuentran las desarrollados
por diferentes grupos cristianos . Ellas adquieren especial interés
por la larga tradición que estos grupos poseen en el trabajo
con comunidades.
Por último, la sistematización de este tipo de
experiencias adquiere sentido para la Psicología Comunitaria
debido a que aunque "el trabajo social-comunitario no deja
de realizarse en nuestras tierras (pero) lo que no suele ser
del todo común es la unión entre este trabajo y
la Psicología" (Serrano García - Alvarez Hernández,
1992). Existe una gran distancia entre los trabajos comunitarios
y las teorizaciones hechas desde la Psicología que se
suma a una generalizada falta de sistematización de los
primeros. Hasta el momento las teorizaciones han ido siempre
muy por detrás de las prácticas.
Las preguntas que le dieron origen...
En relación a la experiencia...
¿cómo fue posible este trabajo comunitario?
¿cómo lo hicimos?
¿cómo fue el comienzo? ¿cómo fue
nuestro proceso de inserción como
equipo? ¿cuál fue nuestro modo de acercarnos a
la gente?
¿cómo se sostuvo el trabajo a través del
tiempo? ¿qué cambios hubo?
¿qué nos pasó a nosotros durante este proceso?
¿qué le paso a la
gente?
¿cuáles fueron las posibilidades y las dificultades
que brindó el
contexto para el desarrollo de la experiencia?
¿cuáles eran las características de ese
contexto cuando empezamos y
cuáles son las particularidades actuales?
¿cuáles fueron los logros de la experiencia, los
objetivos
alcanzados?
¿cuáles fueron los obstáculos que tuvimos
que enfrentar? ¿cómo los
enfrentamos?
¿cuáles fueron nuestros errores? ¿cuáles
nuestros aprendizajes como
equipo y cuáles compartimos con la gente?
¿quiénes participamos? ¿a quiénes
pudimos llegar?
¿cuál fue nuestro lugar, nuestro aporte? ¿cómo
se fue transformando el mismo durante la experiencia?
¿cuáles fueron los recursos comunitarios que se
fueron
desenvolviendo, desplegando en este proceso?
¿cuáles fueron nuestros supuestos al comenzar el
trabajo y cómo se
fueron modificando?
¿cómo seguir aportando hoy a esta experiencia?
En relación a otras prácticas comunitarias...
¿cuándo un trabajo puede denominarse comunitario?
¿qué elementos
tienen que estar presentes para ser tal?
¿qué herramientas metodológicas fueron utilizadas
en esta
experiencia que, a la vez, puedan servirnos en otros trabajos
hoy,
en nuestros actuales lugares de inserción?
¿cómo replantear hoy, en el contexto actual, un
trabajo comunitario?
¿cómo aprovechar los aprendizajes realizados para
enriquecer
prácticas comunitarias actuales?
¿qué aportes se pueden hacer desde las Ciencias
Sociales y desde la
Psicología a experiencias de trabajo con estas características?
* OBJETIVOS
"Yo creo que uno escribe para juntar los pedazos
y para ayudar a que se junten los pedazos de los demás..."
Eduardo Galeano
. analizar las estrategias metodológicas del trabajo de
un grupo de jóvenes insertos en Comunidades Eclesiales
de Base en barrios urbanos de la ciudad Córdoba -Argentina-.
. resignificar, desde mi formación actual como psicóloga,
los aprendizajes vividos en dicho trabajo en función de
enriquecer mi práctica actual
. construir herramientas que sirvan para la realización
de próximos trabajos comunitarios de manera tal que, desde
los mismos, se puedan acompañar y fortalecer los procesos
sociales presentes en nuestras poblaciones
* METODOLOGIA
A.- Momentos principales:
1. Sistematización de la experiencia
Aquí considero a la sistematización fundamentalmente
desde su carácter de "modalidad investigativa"
y en tanto forma de construcción del conocimiento.
Parto de un primer relato de la experiencia realizado, junto
a uno de mis compañeros de equipo, durante el año
1996, para enriquecer el mismo con:
-los materiales elaborados por el equipo coordinador durante
la
experiencia;
-los registros personales y grupales del proceso -los cuales
lamentablemente son muy limitados-;
-las reflexiones escritas de algunos compañeros y las
propias;
-algunos textos que relatan la experiencia de Comunidades
Eclesiales
de Base en América Latina y en otras regiones del país;
-la memoria vital de la experiencia y mi capacidad de reconstruir
la misma para transmitirla hoy través de un texto;
2. Construcción de ejes de análisis de la experiencia
a partir de
algunos aportes de las Ciencias Sociales y de la Psicología.
3. Conclusiones y Desafíos
B.- ¿Qué entendemos aquí por sistematización?
¿para qué sistematizar?
Algunos aportes...
..."(...)'modalidad investigativa' que emplean hoy los
trabajadores comunitarios en diversos campos de la acción
social, cultural y educativa como 'estrategia para reconstruir,
comprender y transformar sus prácticas'...";
..."apropiarse de la experiencia vivida y dar cuenta de
ella, compartiendo con otros lo aprendido";
..."creación de conocimientos a partir de nuestra
experiencia de intervención en una realidad social, como
un primer nivel de teorización sobre la práctica
(...) por un lado apunta a mejorar la práctica, la intervención,
desde lo que ella misma nos enseña (...); de otra parte
(...), aspira a enriquecer, confrontar y modificar el conocimiento
teórico actualmente existente";
..."conceptualizar la práctica";
..."penetrar en el interior de la dinámica de las
experiencias";
..."comprender y mejorar nuestra propia práctica
(...) comprender cómo se desarrolló la experiencia,
por qué se dio precisamente de esta manera y no de otra
(...) cuáles fueron los cambios que se produjeron, cómo
se produjeron y por qué se produjeron";
..."explicarnos nuestra propia trayectoria, no para reconstruir
el pasado por reconstruirlo, sino para poder comprender mejor
nuestro presente";
..."reflexionar, cuestionar, confrontar la propia práctica,
superar el activismo, la repetición rutinaria de ciertos
procedimientos, la pérdida de perspectivas en relación
al sentido de nuestra práctica (...) es un buen instrumento
para mejorar la intervención";
..."producir conocimientos a partir de nuestra inserción
concreta y cotidiana en procesos sociales específicos
(...) enriqueciendo, confrontando y cuestionando el conocimiento
existente sobre esos procesos sociales, para que sea cada vez
más adecuado a las condiciones rápidamente cambiantes
de la realidad en nuestros países";
...está "referida necesariamente a experiencias prácticas
concretas";
..."orientar a los profesionales para darle orden y rigor
al conocimiento que está en su práctica (...) la
teoría está en la práctica";
..."la sistematización juega un importante rol, al
impulsar al profesional para que extraiga los fundamentos de
su práctica, para que felxiones sobre el porqué
de lo que hace, contraste y critique sus supuestos (con la práctica
misma -los efectos que tiene su acción en la reliadad-
y con la teoría) y ordene lo que ha aprendido de manera
que le sea más útil en situaciones futuras y a
otros";
..."debemos estar en condiciones de dar respuesta a nuestras
preguntas, desde la experiencia, pero habiendo realizado un procesos
que trasciende lo que sabíamos por el hecho de haber participado
en ella, que nos permite entender con mayor profundidas las razones
por las cuales ésta se desarrolló de esa específica
manera".
* EL RELATO DE LA EXPERIENCIA
"A mi querida Comunidad Parroquial:
Soy una pequeña comunidad eclesial de base.
Nací para el Adviento de 1986.
Una de mis integrantes visitó a sus vecinos
invitándolas a una reunión para organizarme.
Al comienzo tuvieron temores, incertidumbres, inseguridades y
timidez. Lentamente fueron zanjando dificultades
y hoy se proyectan como un esbozo que pretende lograr
los objetivos que están fijados para este tipo de encuentros:
tratan de crecer en la fe, de profundizar la Palabra de Dios,
de entrar en comunión con los hermanos, de ir poco a poco
adquiriendo
un mayor compromiso con la justicia y la realidad social del
ambiente.
Cada día voy creciendo más y más.
Mis miembros se conocen, se apoyan, participan, comparten necesidades,
se brindan solidariamente a quienes los necesitan, rezan juntos,
reflexionan la Palabra de Dios tratando de hacerla vida y,
a su vez, que la vida actualice la Palabra.
Me gustaría que nazcan muchas como yo, que se reproduzcan
y llenen todo el ámbito de la Parroquia
para que sean muchas pequeñas luces que al brillar
señalen el camino a los que aún no se han dado
cuenta
que la mejor manera de llegar a Dios es todos juntos".
Comunidades Eclesiales de Base... una búsqueda (1986-1996)
Introducción
Hablar de un tema tan vasto como el que aquí anunciamos
no es tarea fácil. Por eso es que queremos comenzar con
algunas aclaraciones.
En primer lugar queremos referirnos a la particularidad y a los
límites de nuestra experiencia. Aquí sólo
podremos contarles parte de lo que hemos vivido. Nuestra narración
tendrá que ver fundamentalmente con nuestro propio proceso...
Será la versión desde alguien que integró
el equipo coordinador de un trabajo que se compartió con
la gente de los barrios. Aquí la gente no hablará
a través nuestro, aunque en algunos momentos citaremos
algunas de sus frases.
En segundo término vale aclarar que presentaremos aquí
parte de lo que podríamos considerar la segunda etapa
de la historia de las Comunidades Eclesiales de Base en nuestro
país y especialmente en nuestra provincia.
El comienzo de dicha historia podemos ubicarlo allá por
los años sesenta-setenta, época de la cual sólo
tenemos algunos indicios que nos cuentan que, en diferentes zonas
de nuestra ciudad -barrio "Las Palmas", "Villa
el Libertador", "San Roque", etc.- 'algo' pasaba.
Por otra parte, a nivel país, sabemos que en 1976 en la
diócesis de Quilmes -Buenos Aires- ya se había
iniciado este nuevo caminar de las C.E.Bs. En 1978 nacen las
experiencias de Formosa, Goya y de algunas otras dióceses
del norte del país. En este tiempo comienza un gran proceso
de capacitación de las bases, líderes y agente
de pastoral. Pero debido a factores intra-eclesiales y extra-eclesiales
y, fundamentalmente por el golpe del 76', estos intentos se vieron
frustrados. Durante los años de la dictadura militar,
la sola mención de comunidad y de C.E.Bs. -al igual que
tantas otras cosas- fueron prohibidas, silenciadas.
En síntesis, la historia que acá vamos a narrarles
se inscribe temporalmente luego del restablecimiento de la democracia
en nuestro país -1983-. Dicha experiencia comenzó
alrededor del año 1986 y se desarrolla hasta la fecha.
Nosotros tomaremos desde finales del año 1986 hasta 1996.
Espacialmente se ubica en los barrios que abarca la Parroquia
San Cayetano de la Ciudad de Córdoba -Argentina-.
Contexto político-social
El inicio de la experiencia tuvo mucho que ver no sólo
con un movimiento de renovación dentro de la Iglesia Católica
sino con un contexto social de entusiasmo y participación
que se vivió a partir de la reapertura democrática
en el país y que alentó la gestación y restablecimiento
de prácticas sociales de base.
Nuestro país, al igual que la mayoría de los países
latinoamericanos, había sufrido una sangrienta dictadura
que se había instaurado en 1976 y que estaba declinando
a finales de 1982, después de la Guerra de Malvinas.
Entre los altos costos de este período teníamos
alrededor de 30.000 desaparecidos y una profunda desmovilización
popular lograda mediante el terrorismo de Estado. Sin embargo,
al inicio del período democrático, nuevas esperanzas
estaban abiertas.
Ese clima de optimismo posibilitó el desarrollo de diferentes
iniciativas. Sin embargo el mismo fue erosionada a partir de
diferentes hechos... "La Ley de Punto Final" -24 de
diciembre de 1986-, "La Ley de Obediencia Debida" -1987-
y finalmente "El Indulto" que siguieron al juicio a
las Juntas Militares, los levantamientos militares como el de
"La Tablada" -enero 1989- y el de los "carapintadas",
la implementación de las políticas de ajustes del
F.M.I. y el crecimiento de la deuda externa, la pérdida
de representatividad de los partidos políticos y de otras
instancias que en su momento habían constituído
manifestaciones del movimiento popular, la ola de privatizaciones
de distintos servicios del Estado, la fuerte crisis institucional
(justicia, policía, etc.), el alto índice de desocupación
y la flexibilización laboral, la desaparición de
las políticas sociales y de los sistemas de seguridad
social, la corrupción generalizada, la aparición
de lo que se llamó 'los nuevos pobres', etc.
Con todo este contexto que fue modificando las condiciones de
vida concretas de la gente, el sentir general fue pasando de
la euforia primera a una cierta sensación de quebrantamiento
y frustración que caracteriza al período actual.
Así, la "democracia formal" fue y continúa
haciendo cada vez más evidentes sus límites dentro
de una sociedad mundial globalizada en la cual millones de personas
no tienen cabida.
Contexto eclesial de la experiencia
Entre 1968 y 1972 la Iglesia Latinoamericana, liderada por
la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), efectuó
un proceso de transformación con un claro contenido liberador
y comprometido con los pobres.
Durante los años sesenta-setenta se había gestado
el comienzo de una renovación eclesial que coincidía
con una búsqueda de justicia y libertad en la sociedad.
La perspectiva eclesial era la de "abrirse al mundo"
y superar estructuras obsoletas entre las cuales se encontraba
la de la parroquia tradicional. Se empezaba a hablar de descentralización,
de protagonismo laical, de renovación bíblica y
litúrgica , de "teología de las realidades
temporales", de compromiso social, etc. Entre los temas
claves se encontraban la Justicia, la Liberación, los
Pobres, la Nueva Teología,etc. Mientras en Europa la preocupación
era más bien la de adecuarse y sintonizar con nuevas corrientes
del pensamiento filosófico, político y psicológico,
en América Latina el desafío era diferente, sin
negar por ésto que la formación de los teólogos
latinoamericanos se había dado en las academias europeas.
Aquí se trataba de responder al drama cotidiano de millones
de personas al borde de la muerte por la pobreza y la miseria.
La preocupación en América Latina no era la de
confrontar la fe con el mundo moderno sino más bien la
de confrontar la fe con el no-mundo .
Los picos máximos de este proceso transformador se dieron
en la participación del Episcopado Latinoamericano en
el Concilio Vaticano II(1963-1965) y su aplicación al
subcontinente realizada en la Conferencia de Medellín
hecha en 1968. En dicho proceso se va a dar un giro de fondo
en las líneas pastorales de la Iglesia y se va a ir gestando
la "Iglesia de los Pobres" basada en la participación
popular a través de las Comunidades Eclesiales de Base
(C.E.Bs.) , en la reflexión crítica realizada por
la Teología de la Liberación y en un compromiso
decidido en la búsqueda de liberación de América
Latina.
En 1969 se realiza en nuestro país, en la provincia de
Tucumán, un encuentro nacional de obispos que se conoce
con el nombre de "Encuentro de San Miguel". El mismo
formó parte del intento por adaptar los linamientos de
Medellín a la realidad nacional. Dicho documento dice
en una de sus partes: "Consideramos de gran importancia
las C.E.Bs. para revitalizar pastoralmente las parroquias, y
también un instrumento apto de evangelización y
presencia física de la Iglesia en medios marginados, sectorial
o geográficamente". (Cap. 15)
En el año 1972 empieza a organizarse la respuesta conservadora
en reacción a todo este proceso. Desde las instancias
preparatorias de la Conferencia de Puebla (1979) se darán
fuertes confrontaciones. Sin embargo, Puebla confirmará
la "Opción preferencial por los Pobres" como
uno de los ejes fundamentales de la identidad eclesial latinoamericana.
Es dentro de esta opción que se inscribe en nuestro país
y en estos últimos doce años, la experiencia de
los Seminarios de Formación Teológica. Encuentros
que se realizan anualmente organizados fundamentalmente por y
para laicos en donde también participan religiosos, sacerdotes
y miembros de otras iglesias.
Impulsados por esta mística y habiendo algunos de los
miembros más activos de nuestra comunidad parroquial participado
del primer Seminario de Teología -Quilmes 1986- es que
un grupo de jóvenes que veníamos participando de
las actividades parroquiales, junto al párroco, le empezamos
a dar forma a este caminar de las C.E.Bs. en nuestra Parroquia
a finales del año 1986.
Fuimos tomando entonces los aportes que la historia del pueblo
creyente latinoamericano nos contaba a través de los documentos
de la Iglesia que...
. las C.E.Bs. habían surgido en nuestro continente hacía
ya más de 20 años. Habían recibido su bautismo
en Medellín donde se las consideró "primer
núcleo de estructuración eclesial". Luego
fueron "confirmadas" por Puebla como "motivo de
alegría y de esperanza para la Iglesia" (Documento
de Puebla -D.P.- 96);
. estas comunidades, integradas mayoritariamente por la gente
más sencilla, se habían multiplicado y se habían
mostrado auténticamente liberadoras;
. ellas venían anunciando el Reino, principalmente con
el testimonio de su vida, en los más diversos ambientes;
. eran fuente de servicios y ministerios en respuesta a las necesidades
de la gente, ministerios confiados a los mismos laicos;
. resultaban focos de evangelización y motores de liberación
(D.P. 96);
. creaban mayor interrelación personal, aceptación
de la Palabra de Dios, revisión de vida y reflexión
sobre la realidad, a la luz del Evangelio;
. acentuaban el compromiso con la justicia en la realidad social;
. hacían de la Parroquia una comunidad de comunidades.
Más tarde, en la Primera Convivencia Parroquial de C.E.Bs.
que se realizaría en noviembre de 1987, se escucharían
frases como las siguientes:
. "una pequeña comunidad es un grupo de personas
que tienen objetivos comunes, que se reúne para colaborar,
para trabajar por el barrio, para profundizar la Palabra de Dios...";
. "es como una gran familia en la que aprendemos a compartir
y a conocernos";
. "es eclesial porque la guía Cristo y es de base
porque la integramos la gente sencilla, la gente del pueblo..."
Contando con la riqueza de la experiencia latinoamericana ya
desarrollada es que este grupo de jóvenes nos empezábamos
a preguntar cómo empezar nosotros... en nuestro lugar...
Y nos lanzamos entonces a soñar... Queríamos contarle
a la gente de nuestros barrios esta experiencia de las C.E.Bs.
que estaba sucediendo en América Latina, queríamos
contarle de nuestro entusiasmo por sumarnos a este andar.
Ubicación geográfica
La experiencia se desarrolla en la Parroquia San Cayetano. La
misma abarca una zona bastante extensa conformada por cinco barrios
cada uno de los cuales tiene particularidades socioculturales
y económicas específicas. La población total
supera los 20.000 habitantes y ha ido creciendo desde aquél
momento hasta hoy.
Dichos barrios son: Renacimiento, Colonia Lola, Acosta, Altamira
y Miralta.
Algunos de ellos tienen más bien características
de barrio de clase media-baja en los cuales sus habitantes tienen
un empleo relativamente estable. Trabajan como empleados (públicos
o privados), docentes, hay también algunos profesionales,
etc. contando en general con algún tipo de cobertura social.
Aquí llegan los servicios de luz, agua, gas natural, teléfono.
Hay escuelas, centros de salud, etc.
Otros barrios son de condición más humilde muchos
de los cuales provienen de historias de ocupación de las
casas que hoy habitan. Trabajan en la construcción, como
changarines, cuentapropistas, etc. Las instalaciones de servicios
son relativamente precarias y gran parte de los hogares están
a cargo de mujeres solas con muchos hijos. Existe aquí
un porcentaje de población migrante del norte del país.
Por último, hay también zonas que tienen características
de "villas miseria". Aquí las viviendas son
extremadamente precarias, con poca accesibilidad a los servicios
básicos y las condiciones laborales son mucho más
inestable que en el resto.
Lamentablemente estas condiciones que hemos descripto muy brevemente
han ido desmejorando durante los últimos años.
La estructura edilicia de la parroquia se encuentra en Altamira.
En Colonia Lola hay un Capilla -San Andrés- y una casa
donde viven algunas monjitas. En Renacimiento, desde 1993 hay
una pequeña capilla. Hasta entonces las misas, la celebración
de los sacramentos, la catequesis, etc. se hacía en las
casas de los vecinos.
Las "pequeñas comunidades" comenzaron en dos
de los barrios mencionados, Renacimiento y Altamira. Luego se
extendieron a Colonia Lola, Acosta y Miralta.
Es importante señalar que en algunos de estos barrios
la Parroquia venía realizando desde hacía mucho
tiempo y antes del "inicio" de las C.E.Bs., toda una
serie de actividades eclesiales (celebración de misas
y sacramentos, enseñanza de la catequesis, roperos parroquiales,
preparación de fiestas patronales, etc.) y/o sociales
(apoyo escolar, posta sanitaria, cooperativas, centro vecinal,
etc.). En otros barrios dichas actividades se comenzarían
a gestar al mismo tiempo que crecía la experiencia de
las C.E.Bs.
Con ésto queremos señalar que las "comunidades"
se han ido gestando dentro de un contexto en el que la Iglesia
tiene inserción, tiene un trabajo concreto con la gente
del lugar desde hace tiempo y a partir de diferentes instancias,
ya sean éstas específicamente eclesiales o correspondan
más en general al orden social.
El ambiente parroquial
Durante el año 1986, en el marco de la renovación
eclesial que se venía dando dentro de la Iglesia latinoamericana,
y especialmente desde la llegada de un nuevo sacerdote, se había
gestado un movimiento particular dentro de la parroquia. Los
nuevos lineamientos eclesiales y las inquietudes del nuevo párroco
parecían coincidir con muchas de las necesidades y los
sueños presentes en la gente.
Había sido posible entonces realizar todo un replanteo
acerca de la modalidad de trabajo. Se hablaba de una mayor participación
laical, de la descentralización de las actividades y de
las responsabilidades, de una catequesis permanente que acompañara
todas las etapas vitales de las personas, etc. Se habían
incorporado además jóvenes a los grupos, se habían
empezado a formar personas para ser "Ministros de la Eucaristía"
, se había reorganizado el ropero parroquial, se habían
introducido cambios en la liturgia (cantos, homilías,
etc.), se había dado impulso a la formación de
catequistas, etc.
Todos estos cambios, sin embargo, no estuvieron exentos de conflictos.
Muchas personas no estuvieron de acuerdo con los contenidos de
esta nueva línea pastoral. Con el tiempo, algunos prefirieron
quedarse con una experiencia religiosa más tradicional,
otros se fueron integrando de a poco a esta nueva praxis pastoral.
El equipo coordinador
Como parte de todo este movimiento, y como ya lo enunciáramos,
fue a mediados del año 1986, que un grupo de jóvenes
de la zona que veníamos participando en distintas instancias
de la vida parroquial (grupos juveniles, catequesis, coro de
la misa, etc.) empezamos a pensar, junto al párroco del
lugar, la forma concreta de dar inicio a este andar de las C.E.Bs.
en nuestros barrios.
El grupo de trabajo se denominó "Equipo Formación".
Como tal había surgido a comienzos de ese mismo año
ante la convocatoria para preparar la Vigilia del Jueves Santo
y para organizar un retiro espiritual con los jóvenes
de la parroquia.
Al principio los que integrábamos el equipo éramos
cinco, incluído el párroco. Al año siguiente
más gente se sumó al trabajo. La mayoría
eran jóvenes.
Además de reunirnos periódicamente una o dos veces
por semana, cada uno de nosotros, y en la medida de sus posibilidades,
se fue incorporando a las pequeñas comunidades que se
fueron formando. El sentido principal era el de acompañarlas,
apoyar a los coordinadores, estar más cerca de la gente,
el ir aprendiendo... en síntesis, la idea era vivir desde
adentro y bien de cerca este proceso comunitario.
A finales del 86' fue cuando se lanza el trabajo concreto con
la gente...
Los comienzos
Desde esta idea de las C.E.Bs. empezamos a caminar las calles
de la zona. Queríamos construir un mapa sobre el cual
diferenciaríamos distintos sectores cada uno de los cuales
abarcaría varias manzanas.
Queríamos ubicar en cada uno de estos sectores una familia
para que fuera la responsable, la coordinadora del área.
Nuestra idea era que dicha familia, a la que denominábamos
familia-llave, fuera la encargada de invitar a la gente de esa
zona a las distintas actividades que se fueran llevando a cabo,
facilitando también el espacio físico de su casa
o buscando otro donde pudieran reunirse,
Para ello nos habíamos imaginado saliendo casa por casa
a golpear puertas para poder hablar con las personas. Pero los
hechos se fueron dando -como siempre- de manera muy distinta
a la que habíamos planificado...
Al salir nos encontramos con vecinos que espontáneamente
ya se venían reuniendo con cierta periodicidad para rezar
el Rosario, hacer oración, leer la Biblia, ayudar a algún
vecino, etc. Nos encontramos también con "líderes
naturales", personas convocantes, con iniciativa, con los
cuales podríamos contar.
Además, y aunque en principio no lo habíamos tenido
en cuenta, nosotros mismos teníamos "referentes"
en la zona. Personas que conocíamos por estar en contacto
con la parroquia o con quienes teníamos relación
a partir de otros ámbitos (laborales, barriales, etc.)
y a quienes les podía interesar esta propuesta.
En la realidad nuestras "familias llaves" resultaron
ser más bien "personas llaves", especialmente
mujeres. Y más que encontrarlas golpeando casa por casa,
las ubicamos siguiendo el curso de nuestras propias relaciones
sociales.
Por otra parte, las zonas que habíamos dibujado en el
mapa si bien nos ayudaron a ubicarnos, no fueron las que se usaron
en la realidad. En la práctica cada persona llave, cada
animador, se encargó de un área pero valiéndose
para ello no del mapa dibujado sino de su propio mapa de relaciones.
Más que seguir nuestra propuesta de hacer una invitación
a los vecinos casa por casa, fueron invitando a las personas
más conocidas, a los vecinos más próximos,
a los más amigos. Fueron siguiendo -como nosotros- el
curso de sus propias relaciones sociales y afectivas...
La propuesta específica que el equipo hizo a los animadores
y que ellos fueron transmitiendo a sus vecinos era la de reunirse
en sus propias casas a reflexionar la realidad social del barrio,
del país, etc. a la luz de la Palabra de Dios para, de
esta forma, vivir una fe encarnada desde un compromiso social
concreto. A ésto nos referíamos cuando hablábamos
de empezar este caminar de las Comunidades Eclesiales de Base
en nuestra zona.
Como equipo coordinador de la experiencia nos encargaríamos,
entre otras cosas, de la preparación de materiales (guías
escritas) cuya finalidad era la de ayudar a concretar la propuesta.
Dichos materiales serían entregados a los animadores los
cuales tendrían a su cargo el coordinar el encuentro con
los vecinos miembros de la pequeña comunidad.
La frecuencia de estos encuentros la irían determinando
cada una de las comunidades. Este sería uno de los puntos
en los que, más adelante, se irían haciendo evidentes
las particularidades de cada una de ellas ya que así como
algunas se fueron juntando semanalmente, otras lo irían
haciendo sólo en ocasión de triduos o novenas.
En este sentido cada comunidad fue siguiendo su propio ritmo.
Lo que nosotros pretendíamos era el logro de una cierta
continuidad en los encuentros lo que en ese momento igualábamos
a la continuidad de la experiencia.
Para la preparación del material nos guiamos por los tiempos
litúrgicos (Adviento, Cuaresma, Pascua, Pentecostés,
etc.), por las fiestas patronales (San Cayetano) y por las devociones
populares (Novena Mariana, rezo del Rosario, los santos).
Nuestro diagnóstico inicial y los objetivos que nos
propusimos
La situación diagnóstica inicial era la de una
parroquia centralizada, que no llegaba a todos, con una estructura
jerárquica y piramidal, con poco protagonismo laical,
con miembros cuya vivencia de la fe estaba poco ligada al compromiso
social y con una religiosidad que muchas veces terminaba siendo
vacía al hacer énfasis sobre todo en sus aspectos
formales.
El objetivo general y a largo plazo con el que partimos fue el
de "llevar el Evangelio a todos", llegar a todas las
familias del barrio, a cada rinconcito, a cada casa.
Pretendíamos, por una parte, lograr una resignificación
de la religiosidad popular. Pasar de una vivencia de la fe que
muchas veces estaba caracterizada por la realización mecánica
de determinados ritos y por la incoherencia entre la fe y la
práctica cotidiana a otra que fuera más comprometida
con la realidad social.
Por otra parte, dábamos mucha importancia al análisis
político-económico-social de la realidad y al compromiso
concreto.
Las Comunidades Eclesiales de Base eran la manera privilegiada
de ir haciendo realidad estos objetivos.
La primera invitación fue para juntarse a preparar en
comunidad el Adviento de 1986. Para ello se diagramó un
folleto a través del cual se intentaron transmitir estas
inquietudes. Dicho folleto fue repartido casa por casa por los
animadores y por otros miembros de la comunidad parroquial.
En ese contexto se realizaron las tres primeras reuniones en
las que se trabajó, por una parte, el sentido del Adviento
y, por otra, la importancia y riqueza de la vida comunitaria.
En este marco se concretó también la primera reunión
de animadores de comunidades.
Con el tiempo fuimos observando que, desde este intento de "llegar
a todos", habíamos podido llegar mayoritariamente
a las mujeres y no tanto a los jóvenes, niños,
hombres, etc. Aquéllas eran las participantes principales
en esta experiencia.
Materiales
Cuando hablamos de "materiales" nos referimos principalmente
a las cartillas de formación y a un esquema básico
para los encuentros de comunidades que elaborábamos.
Éstos se iban preparando sobre la marcha entregándose
a los animadores en las reuniones que el equipo mantenía
con ellos o acercándoselos a sus casas.
El esquema general de cada encuentro constaba de tres momentos
principales: el ver, el juzgar y el actuar:
. en el ver se apuntaba a realizar una análisis de la
realidad a partir de preguntas, relatos de situaciones concretas,
lectura de recortes de diarios o revistas, chistes, poesías,
cantos, etc.;
. en el juzgar se leía un texto bíblico con el
objetivo de reflexionar lo que la Palabra de Dios decía
respecto a la realidad analizada; se incorporarían aquí
también Documentos de la Iglesia, refranes y lecturas
populares, etc.
. en el actuar se proponía pensar, a partir de la reflexión
anterior, acciones en donde se pudiera concretar el compromiso
con la realidad.
Además había una introducción donde se explicitaba
el sentido y el objetivo del encuentro.
Luego, este esquema inicial, tendría algunas modificaciones
según las particularidades de las comunidades y de los
aprendizajes que fuimos haciendo durante la experiencia.
Como ejemplo de estas modificaciones vale citar los cambios introducidos
en el esquema inicial. A dicho esquema se le agregaría
el momento de la ofrenda y de la celebración. Por otra
parte, en el comienzo no habíamos incluído la copia
del texto bíblico que se sugería leer, solamente
poníamos la cita. Pero al ver que muchas personas no tenían
Biblia o que no sabían buscar en ella las citas empezamos
-primero- a transcribir el texto y -luego- a pensar cómo
hacer para que todos fueran aprendiendo a utilizar la Biblia
y a familiarizarse más con ella.
Para la preparación del material nos guiamos por lo producido
en otras experiencias como la del Padre Carlos Mesters, y tomamos
aportes de la educación popular de adultos, de la metodología
catequística, del método de la teología
de la liberación, y también incluímos algunas
técnicas participativas.
El material que se iba produciendo era utilizado por las pequeñas
comunidades. En ese sentido había buena acogida aunque
la gente a veces mostraba ciertas resistencias en cuanto expresaban
que eran textos muy políticos, que no se le daba mucha
importancia a la oración, etc.
En cuanto a los recursos materiales con los que nos manejábamos
podemos decir que la mayoría de las cosas fueron hechas
"a pulmón".
Principales formas de acción
Las principales formas de intervención estuvieron dadas
por encuentros y celebraciones en las pequeñas comunidades,
cartillas de formación, celebración de novenas
y triduos, realización de misiones, reuniones con los
animadores de las comunidades, participación en convivencias
parroquiales y diocesanas, en seminarios y cursos, reuniones
de coordinación a nivel diocesano y nacional, organización
de las fiestas patronales y de "jornadas".
Respecto a estas últimas queremos destacar la realizada
en Pentecostés de 1989.
En ese momento los Obispos habían convocado a una Jornada
de Oración y Reflexión con motivo de las elecciones
presidenciales que se iban a realizar en mayo. Se vivía
un momento económico social muy duro. Fue el período
de inflación más difícil que se había
vivido como país.
De acuerdo a la posición que se había venido sosteniendo
en relación al tema político y a cómo concebíamos
el compromiso cristiano, continuamos insistiendo en la "no
separación de las realidades de la vida -las cuales son
siempre políticas y sociales- de las realidades de la
fe" y tomando la iniciativa de los Obispos organizamos a
nivel parroquial una jornada.
En la misma, y a modo también de rescatar lo simbólico-ritual,
se hizo una celebración. En ella se propuso "renunciar"
a todo aquello que no nos permitía crecer como pueblo
y que, por lo tanto, no nos ayudaba a luchar por la unidad y
la paz.
Se renunció a la "falsedad", al "orgullo",
a la "vagancia", a la "cobardía",
al "miedo", a la "soberbia", a la "comodidad",
a la "indiferencia", a la "injusticia", a
la "envidia", a la "avaricia", al "no
te metás", al "qué dirán",
etc. Hubo a la vez, un compromiso en relación a "ayudar
al necesitado", "al que sufre", a "ayudarse
mutuamente", a "predicar la Palabra de Dios, a "ser
más unidos, humildes y solidarios", a "trabajar
por la unidad, la reconciliación y la paz" y a "luchar
por lo justo, por la fe, por la dignidad del hombre y por el
amor". Hubo también un fuerte compromiso a "no
perder la esperanza".
Durante ese mismo año, y en relación a la difícil
situación económica-política-social mencionada,
se escribió una carta que fue publicada en el diario local
"La Voz del Interior" y que fue firmada por los coordinadores
de las C.E.Bs. El objetivo de la misma era expresar solidaridad,
cercanía y compromiso con muchísimas inicitivas
que habían surgido en los sectores más pobres de
la población como intentos de paliar la terrible crisis
que se estaba viviendo (ollas populares, comedores infantiles,
huertas comunitarias, etc.). Iniciativas en las que muchos miembros
de las comunidades participaban activamente.
Algunos obstáculos en el caminar
A partir de los comentarios de los animadores, de lo que nosotros
íbamos observando y a partir de la propia reflexión
sobre la práctica se nos iban haciendo claros algunas
dificultades en relación a la experiencia en su totalidad,
a los animadores y miembros de las comunidades, a la estructura
eclesial y a nosotros mismos como equipo de trabajo.
Entre las dificultades más claras en relación a
los animadores y a los miembros de las comunidades se encontraba
principalmente la de hablar, opinar, decir, expresarse durante
los encuentros -tanto en el momento del análisis de la
realidad como en el de la reflexión de la Palabra y en
el del compromiso concreto-.
Además, los animadores muchas veces se "ataban"
al material organizando la comunidad alrededor del mismo y no
instrumentándolo en función de las características
y necesidades particulares. Costaba por otra parte, incorporar
el momento del canto (sugerido en el esquema general de los encuentros)
como un espacio importante de oración y de reflexión.
Más adelante irían apareciendo otros puntos como
problemáticos: "la falta de integración de
los varones", "la inpuntualidad y la inasistencia"
de algunos miembros, "la proliferación de las sectas",
etc.
Estos puntos problemáticos se fueron abordando a partir
de cartillas de formación, de la reflexión y búsqueda
de estrategias de acción durante las reuniones de animadores,
afianzando el acompañamiento del equipo a los animadores
y a los miembros de las comunidades, apuntalando la formación,
teniendo en cuenta estas dificultades en la elaboración
del material, etc.
Con el desarrollo de la experiencia fuimos también dándonos
cuenta de que algunos inconvenientes se iban dando a partir de
la lectura de la Biblia... ¿porqué a veces nos
quedamos todos en silencio? ¿cómo hacer cuando
no entendemos algo? ¿cómo vamos nosotros a interpretar
la Biblia?, etc.
En función de esas dudas e interrogantes se fueron pensando
"Encuentros Bíblicos". El objetivo era poder
ir haciendo realidad una "lectura popular de la Biblia".
Los casos, las situaciones planteadas en el momento de "partir
de la realidad", los análisis que se iban realizando,
etc. a menuedo eran tildados de "políticos".
Esta concepción que cuando se hacía iba cargada
de una connotación negativa era sosteniada tanto por algunos
miembros de las C.E.Bs. como por algunas personas de la comunidad
parroquial.
Se fueron tomando estas preocupaciones para, a partir de ellas,
ir profundizando la reflexión respecto a la dimensión
política presente en cada hecho de la vida cotidiana.
La idea también era la de apuntalar desde aquí
la vinculación fe y vida que teníamos como uno
de los objetivos principales.
Aparecieron también algunos conflictos con la jerarquía
eclesial local a pesar de que la postura general siempre había
sido la de "dejar hacer...". Por ejemplo, para el II
Encuentro Nacional de C.E.Bs., quienes tenían que ir como
representantes de la Diócesis de Córdoba no fueron
autorizados por el Obispo para asistió. De todos modos,
y aunque no se contaba con la representación "oficial",
estos representantes participaron.
A nivel global y de nosotros como equipo podemos agregar otros
obstáculos que vivimos también como desafíos:
. contar con pocos miembros en el equipo y con pocos animadores:
el haber sido más hubiera agilizado la relación
de la parroquia-C.E.Bs.;
. el lenguaje: en el sentido de que, como equipo, nos constaba
encontrar las palabras y las formas que nos ayudaran a comunicarnos
realmente con la gente; nos costaba encontrar las palabras que
nos ayudaran a decir lo que queríamos transmitir y a entender
lo que la gente nos estaba diciendo; nos costaba, desde nuestra
lógica, entender esa "otra lógica" presente
en los procesos comunitarios;
. nuestra propia rigidez mental: la falta de una más permanente
y profunda reflexión-revisión de la práctica.
Modificaciones en el andar
Siguiendo el ritmo de la religiosidad popular...
La figura de la Virgen María iba apareciendo ante
nosotros como central en la religiosidad de la gente. Su imagen
era convocante para la gente del barrio. Además, iba apareciendo
también, como una práctica bastante frecuente,
el rezo del Rosario.
Partiendo de estas percepciones, y a través de lo que
denominamos Misiones Marianas, fuimos tratando de profundizar
esta dimensión de la creencia popular en el sentido de
ir acercándonos a una imagen de la Virgen en la que se
resaltara fundamentalmente su condición de mujer común,
de mujer inserta en la vida y en la realidad social e histórica
de su época. El objetivo era ir haciendo una resignificación
de la religiosidad popular que apuntara, como dijimos anteriormente,
a una vivencia de la fe más concreta, más encarnada,
más llena de contenido, menos mecanicista.
Desde ese mismo objetivo, y partiendo de que muchas veces la
gente rezaba el Rosario "como loros", se fue incorporando
la idea de rezarlo pero en función de profundizar la reflexión
sobre la vida de Jesús. Para ello se invitó a incorporar
a los "misterios tradicionales" la lectura de pasajes
bíblicos.
También iba cobrando fuerza el reclamo de capacitación
respecto al tema bíblico... "no nos sentimos formados
para lo que estamos haciendo, sobre todo para explicar la Palabra
de la Biblia, surgen muchas preguntas muy difíciles..."
decía una de las animadoras durante la reunión.
Fue entonces que se preparó una Novena Bíblica
con la idea de partir de la devoción a la Virgen María
e introducirse desde allí a una lectura popular y comunitaria
de la Biblia. La lectura de la Biblia resultaba mucho menos convocante
que la imagen de la Virgen así que, atendiendo a este
elemento de la religiosidad de la gente y a riesgo de quedarnos
fuera del proceso comunitario, decidimos llegar a la lectura
de la Biblia desde esta devoción popular. Más adelante,
y con el mismo sentido, uniríamos a la figura de la Virgen
la del Espíritu Santo.
Respecto a esta devoción mariana también cabe acotar
que durante el año 1989 se fue trabajando más la
idea de realizar "misiones". Se preparaban cartillas
sencillas con las que los miembros de las comunidades iban visitando
-y dejando- a sus vecinos.
Posteriormente, durante la tradicional Novena a San Cayetano
de 1990, se hizo un intento de enlazar dos elementos presentes
en la religiosidad popular: las novenas y la devoción
a los santos.
Fue así que se unieron en una misma novena que se denominó
"Recuperando Testimonios" dos testimonios de vida:
el de San Cayetano
-patrono parroquial- y el del Obispo mártir Monseñor
Angelelli . La proximidad de las fechas en que se recuerda la
muerte de ambos -4 de Agosto para Monseñor Angelelli y
7 de Agosto para San Cayetano- nos dió una excusa para
marcar la proximidad de sus opciones: la fe en un mismo Dios,
el Dios de la Vida, el Dios de los Pobres. Al mismo tiempo, y
a nivel de la diócesis, se realizaban celebraciones en
torno a la figura de Monseñor Angelelli: peregrinaciones
al lugar en donde murió, misas, peñas, etc.
También fue cobrando cada vez más fuerza la importancia
que tenían los tiempos litúrgicos para la mayoría
de la gente, incluso para aquellos "más alejados".
Cada vez era más claro para nosotros que ese ritmo era
el de toda la comunidad y no sólo el de algún grupo,
equipo o movimiento. Entonces si bien al principio asumir este
ritmo parecía ulna concesión tradicionalista, después
lo fuimos viendo como una oportunidad para invitar a vivirlo
de otra manera.
Acerca de las diversidades y particularidades de las comunidades...
Poco a poco íbamos percibiendo algunas particularidades
y diversidades entre las comunidades.
Para algunas el material que preparábamos aparecía
como demasiado complejo, un tanto inaccesible mientras que para
otras parecía estar bien. Fué así que empezamos
a preparar para algunas ocasiones materiales más simples
que constaban no de los tres momentos principales antes explicitados
sino que tenían sólo un texto bíblico y
preguntas para la reflexión. Cada una de las pequeñas
comunidades fue instrumentando el material que más se
adecuaba a sus particularidades.
Hubo momentos también en que, ante el surgimiento de nuevas
comunidades, las mismas "comenzaban su andar" haciendo
uso de los materiales y propuestas hechas con anterioridad. Ésto
principalmente porque en ellos aparecían temas y dudas
características de los inicios de la experiencia.
Las comunidades se iban diferenciando también en otros
aspectos: en la frecuencia con la que realizaban sus encuentros,
en la cantidad y tipo de actividades eclesiales y sociales en
que se iban incorporando, en su grado de participación
en seminarios, cursos y convivencias, en su "resistencia"
o no a lo político, etc.
Algunos temas que preocupaban...
En relación a los objetivos propuestos, algunos temas
iban apareciendo como preocupación. Principalmente el
de los "ministerios dentro de la Iglesia", la creciente
proliferación de "las sectas" y la concepción
respecto al "agua bendita".
Para el abordaje puntual de estos tres puntos se elaboraron algunas
cartillas. Además se fueron reflexionando en las distintas
instancias de encuentro.
Respecto a los "ministerios de la Iglesia" se apuntó
a resaltar su diversidad y su carácter de servicios a
la comunidad. Y ésto en función no sólo
de promover el protagonismo laical sino también a partir
de limitaciones concretas en cuanto a las responsabilidades y
actividades que podían ser cubiertas por el sacerdote.
Puntualmente se había visualizado la necesidad de preparar
a algunas personas para que pudieran acompañar los momentos
de duelo cuando fallecía algún vecino. Se preparó
entonces una guía para la realización de una pequeña
celebración que podría llevarse a cabo en dichas
ocasiones.
En cuanto al tema del agua bendita lo que se hizo fue tomarlo
como punto de partida para reflexionar acerca de la concepción
mágica que a menudo se veía asociada a la bendición
tanto de objetos como de personas. El objetivo seguía
siendo el de ir resignificando distintos elementos de la religiosidad
popular. El eje fundamental de la reflexión pasó
por presentar al agua como un signo de la presencia de Dios,
un signo de vida y no como una especie de amuleto.
La preocupación acerca de la proliferación de las
sectas tuvo que ver con que este hecho se estaba generalizado
tanto en nuestro país como en el resto de Latinoamérica.
Muchos interrogantes y dudas teníamos nosotros y se habían
generado entre la gente por lo que se fueron tomando distintos
aspectos para la reflexión.
Por una parte se intentaron analizar las diferencias que había
entre las sectas y otras religiones, los mecanismos de funcionamiento
de las primeras y algunos de los aspectos negativos de las mismas.
Se insistió mucho en el respeto que nos merecen otras
religiones. Se reflexionó también sobre algunos
errores de la Iglesia Católica que creíamos dificultaba
su llegada a la gente contribuyendo de esta forma, y sin proponérselo,
a la proliferación de las sectas.
De nuestro intelectualismo...
Por otra parte, y a medida que iba avanzando la experiencia,
íbamos percibiendo que en los encuentros se había
hecho demasiado énfasis en el análisis socio-económico-político
de la realidad privilegiando de esta manera más la dimensión
intelectual y racional frente a la simbólica y vivencial.
Nos empezamos a dar cuenta de la importancia que el aspecto ritual,
simbólico, cotidiano, vivencial tenía en esta experiencia
de las C.E.Bs.
El énfasis en lo intelectual tenía que ver más
con nuestras necesidades que con la de los miembros de las comunidades.
Fue entonces que en la preparación del material para las
reuniones fuimos incorporando la idea de "celebraciones".
Queríamos rescatar el sentido de la celebración
en tanto expresión de las vivencias cotidianas a través
de los gestos y como una forma de ir respetando y aclopándonos
a las características de la religiosidad que vivía
la gente.
Se incorporó a "los encuentros-celebraciones"
el momento del 'ofrecimiento' que contenía la idea de
representar, a través de distintos objetos, las vivencias
cotidianas de las personas de la comunidad.
A estas celebraciones se incorporaron también los "ministros
de la eucaristía" de la Parroquia.
Compartir tareas y responsabilidades...
Durante el año 1989 una de las animadoras preparó
material para los encuentros de comunidades y los sumó
a los preparados por el equipo. Aunque nosotros nos habíamos
planteado llegar a esta instancia como uno de los objetivos del
trabajo, en este caso la iniciativa surgió de manera espontánea,
y constituyó un signo de que en algo por lo menos íbamos
avanzando en esta idea de una participación horizontal,
de un mayor protagonismo de toda la comunidad, etc.
Otros signos del movimiento progresivo hacia una mayor participación
fueron el poder ir compartiendo otro tipo de tareas y responsabilidades
tales como la organización de celebraciones y convivencias,
la acción y representación a nivel de instancias
más amplias de articulación, la participación
en cursos y seminarios, la incorporación a tareas barriales,
etc.
La idea de descentralización que había estado en
la génesis del trabajo con las C.E.Bs. y que se iba plasmando
a través de distintos hechos (la celebración de
la Novena a San Cayetano en los tres barrios y no sólo
en aquél en donde se ubicaba el "templo", la
realización de las misas y de los sacramentos en otros
barrios, etc) también constituía un avance en este
sentido. No se trataba sólo de descentralizar para llegar
a más gente, para conocer y vivir la fe desde distintas
realidades sino también para hacer posible una mayor participación
a través del compartir tanto las tareas como las responsabilidades.
De nuestro esquematismo inicial...
Junto al desarrollo de la experiencia iban surgiendo en nosotros
otras reflexiones.
Lo que nos habíamos imaginado al principio -las comunidades
reuniéndose una vez por semana o durante varios días
seguidos a realizar encuentros de reflexión- no parecía
ser lo que más se acercaba a la religiosidad de la gente.
Esta idea sobre qué era una C.E.Bs. que había estado
en nosotros desde el principio de manera bastante implícia,
se nos iba apareciendo como demasiado rígida. A pesar
de que en muchos momentos de este caminar sentíamos que
simplemente íbamos "haciendo camino al andar",
nos habíamos atado a un esquema que la realidad nos estaba
haciendo flexibilizar.
Estas eran el tipo de reflexiones que tratábamos de ir
plasmando en modificaciones concretas de la modalidad de trabajo.
Se empezó entonces a insistir más en la idea de
realizar "misiones" en función de poder salir
de este esquematismo y llegar a más gente.
Para estas misiones se iban preparando pequeñas cartillas
con esquemas simples de oración que eran repartidas a
muchas familias a las que los miembros de la comunidad iban visitando
y a las cuales, desde el esquema anterior de reuniones semanales
de comunidad, no se había podido llegar.
Esta idea de las "misiones" no era nueva dentro de
la Iglesia. Lo novedoso era el contenido laical, ecuménico,
popular, horizontal y comprometido que se le intentó imprimir
y que estaba en contraposición al carácter apologético,
proselitista, clerical que muchas veces caracterizaba a las misiones
tradicionales.
Las comunidades eclesiales de base no como un grupo más
de la parroquia sino como la parroquia misma en movimiento...
Fuimos visualizando que, de alguna manera, las C.E.Bs. se
habían convertido en "un grupo más" de
la parroquia y en el grupo que sentía que encarnaba más
fielmente la "opción por los pobres". En ese
sentido se había creado una especie de barrera entre las
pequeñas comunidades y el resto de las instancias parroquiales.
Sin embargo, desde la reflexión sobre la riqueza de las
C.E.Bs., veíamos que éstas no tenían que
ser un grupo más dentro de la parroquia sino que debían
ser la parroquia, la Iglesia misma en movimiento. El sentido
más profundo de la experiencia tenía que estar
dado por el hecho de que toda la comunidad se pusiera en movimiento
en función de una auténtica experiencia comunitaria
desde la opción por los pobres y no sólo algunos.
Se empezaron a realizar entonces pequeñas acciones para
revertir esta situación, entre las cuales estuvo la de
promover que el material de reflexión que había
venido siendo utilizado hasta ese momento casi exclusivamente
por las pequeñas comunidades empezara a aprovecharse desde
otras instancias de la vida parroquial (grupos juveniles, ministros
de la eucaristía, ropero, etc.).
Procesos de organización
A medida que se iba desarrollando la experiencia se iban conformando
diferentes espacios de organización y articulación
a nivel parroquial, diocesano y nacional y que podemos esquematizar
de la siguiente manera.
Espacios Actividades
- Nivel Parroquial
Equipo Formación Reuniones de Equipo
Animadores de C.E.Bs. Reuniones del Equipo con los Animadores
Miembros de las C.E.Bs. Convivencias Parroquiales de C.E.Bs.
- Nivel Diocesano
Animadora de C.E.Bs. Reuniones de la Animadora
Encuentros de Animadores de C.E.Bs.
Convivencias Diocesanas
- Nivel Nacional
Equipo Nacional de C.E.Bs. Reuniones del Equipo Nacional
Encuentros Nacionales de C.E.Bs.
A nivel parroquial se diferenciaban entonces tres espacios: el
equipo formación, los animadores de las pequeñas
comunidades y los miembros de las C.E.Bs. A la vez, un miembro
del Equipo Formación participaba como reprentante de las
C.E.Bs. en el Consejo Pastoral.
Había una instancia de reunión del equipo con los
animadores de la pequeñas comunidades. Estas reuniones
se realizaban periódicamente haciéndose en Altamira
cada quince días y en Renacimiento todas las semanas.
A veces, a las reuniones que se realizaban en Bº Altamira
se sumaban las animadores de Renacimiento.
A nivel de la diócesis, y a partir de 1987, se habían
empezado a realizar mensualmente, a nivel de la Diócesis,
reuniones de lo que luego se llamaría "Animadora
Diocesana de C.E.Bs." Esta instancia había surgido
como iniciativa de algunos cordobeses que habían participado
del primer Seminario de Formación Teológica -Quilmes
86'- y que se habían planteado vivir una fe comprometida
desde una clara opción por los pobres... ¿por qué
no nos juntamos en Córdoba? ¿por qué no
nos organizamos y tratamos de conocernos más, de compartir
experiencias, de ayudarnos a crecer? Así, representantes
de distintas parroquias, C.E.Bs., grupos, etc. de la diócesis,
se empezaron a juntar una vez por mes. A estas reuniones asistían
como representantes de las C.E.Bs. de la parroquia algún/os
miembro/s del equipo formación y algún/os animador/es
de las pequeñas comunidades.
Durante ese mismo año, y a nivel nacional, también
se realizó el "I Encuentro Nacional de Comunidades
Eclesiales de Base" cuyo lema fue "Comunidades Eclesiales
de Base: un nuevo rostro de la Evangelización . A partir
del mismo queda conformado el primer "Equipo de animación,
comunicación y articulación de las C.E.Bs."
en la Argentina.
Con anterioridad a este encuentro nacional, y entre algunas coordinadoras
de las comunidades, había surgido la idea de generar una
instancia que facilitara el "compartir las experiencias
vividas durante el primer año del caminar de las C.E.Bs.",
"conocerse", "preparar a los representantes que
irían al encuentro nacional", "tomarse unos
mates juntos", etc.
Para ello se pensó y se llevó a cabo el 8 de noviembre
el "Primer Encuentro de Pequeñas Comunidades a Nivel
Parroquial". En el mismo participaron miembros pertenecientes
a seis comunidades: tres comunidades de Barrio Renacimiento y
tres de Barrio Altamira.
Después de esta convivencia, las reflexiones que en ella
surgieron, fueron compartidas con el resto de la comunidad a
través del boletín parroquial "Mensajes Comunitarios".
Esta comunicación complementaba otra anterior en la cual
se había contado de la existencia de diez pequeñas
comunidades en la parroquia.
Junto a estos encuentros parroquiales se fueron realizando convivencias
a nivel diocesano y encuentros diocesanos de animadores.
En diciembre de 1989 se realiza el "Primer Encuentro de
Animadores de C.E.Bs." El sentido del mismo fue generar
un espacio de reflexión en donde se pusieran en común
las distintas experiencias y que permitiera, al mismo tiempo,
realizar una evaluación acerca de lo actuado por la animadora
diocesana hasta ese momento y una formulación de nuevas
propuestas. Asistieron aproximadamente treinta participantes
pertenecientes a seis parroquias de la diócesis.
Se comenzó trabajando sobre las principales dificultades
que surgían en la tarea: "falta de material para
las reuniones y para otras actividades", "falta de
capacitación ante temas bíblicos", "resistencias
a tratar temas sociales y políticos", "dificultades
en el logro de capacitación y mayor compromiso en el resto
de la gente". Como dificultades menores se mencionaron la
"falta de apoyo de los párrocos", la "ausencia
de varones", la falta de "tiempo", los "conflictos
con la jerarquía". Como propuestas para superar estos
obstáculos surgieron ideas tales como la de "generar
más espacios de formación", de "escuchar
más a la gente", de "buscar otras formas de
participación", de "respetar tiempos y procesos",
de "insistir en una fe concreta y comprometida".
Respecto a la Animadora se propuso que "se encargara de
la fomación de los animadores y de la elaboración
de material", "que participaran representantes de más
parroquias y que los mismos se fueran rotando", "que
pusiera énfasis en el fortalecimiento de las C.E.Bs.",
"que se encargara de la realización de los encuentros
para animadores y de la preparación de las convivencias
generales". De esta manera se iba construyendo la función
que podía jugar la animadora diocesana.
En continuidad con esta primera reunión y con los objetivos
de "lograr un mayor y mejor conocimiento, comunicación
e integración de las C.E.Bs.", de "intercambiar
experiencias", de "contribuir a la formación
de animadores" y de "prepararse para el II Encuentro
Nacional" que se iba a realizar en octubre, se convoca para
el día 20 de mayo de 1990 al "II Encuentro de Coordinadores
de Córdoba", encuentro en el que participaron alrededor
de cuarenta personas.
Se trabajó el "partir de la realidad" -primer
momento del esquema ver, jugar y actuar- desde una propuesta
que había elaborado el Equipo Nacional de Animacion de
C.E.Bs. Como parte de este análisis de la realidad se
reflexionó sobre los signos de vida y muerte presentes
en la sociedad, acerca de sus causas y de sus responsables. La
síntesis de esta refleción se presentó luego
en el II Encuentro Nacional de C.E.Bs.
Después de este encuentro diocesano se acordó que
las comunidades siguieran trabajando el momento de la "iluminación"
-juzgar- y el del "compromiso concreto" -actuar-.
Los miembros de las C.E.Bs. también comenzaron a participar
en los "Seminarios de Teología" y en otros espacios
de formación tales el curso arquidicoesano dado por el
equipo del Padre Marins -Brasil- en Córdoba durante el
año 1988.
A partir de este último es que se organiza la "II
Conviencia Parroquial de Comunidades Eleciales de Base"
en mayo de 1988 ya que quienes habían participado del
mismo quisieron compartir su experiencia con los otros miembros
de las comunidades. El lema de la convivencia fue: "Las
Comunidades Eclesiales de Base no son un movimiento dentro de
la Iglesia, es la Iglesia en movimiento". De este encuentro
participaron miembros de seis comunidades, mayoritariamente mujeres.
Entre todos los que habían concurrido, además de
compartir sus experiencias comunitarias, se intercambiaron dónde
y cuándo cada comunidad se reunía para facilitar
de esta forma la participación de los que tenían
algún problema de horario.
Durante esta convivencia se trabajaron las siguientes preguntas:
¿cómo era la Iglesia cuando éramos niños
y cómo la experimentamos hoy? ¿qué tendría
que seguir cambiando? ¿por qué?. Algunas de las
reflexiones que surgieron y que iban mostrando el cambio en la
manera de vivir la fe que se estaba gestando fueron...
...en relación a cómo era la Iglesia cuando niños:
"la Iglesia entonces era autoritaria, cerrada, poco participativa",
"se oraba en un idioma prácticamente desconocido,
que establecía distancia entre sus miembros", "formalista",
"tenía la misa en latín, no se entendía
nada", "era muy alejada, cerrada...";
...en relación a cómo la experimentamos hoy: "hoy
es más abierta, con más comunicación",
"partimos de la realidad, se adapta más a las necesidades
de nuestro tiempo", "está comenzando a cambiar,
está en movimiento, tiende a la apertura, hay mayor participación
y comunicación, es menos misteriosa y más realista";
...respecto a qué cosas deberían seguir cambiando:
"para que exista un cambio los cristianos debemos tomar
conciencia de que formamos parte de la Iglesia, y de que formar
parte de la Iglesia no significa solamente seguir con los ritos
sino asumir todo un estilo de vida", "la Iglesia debería
seguir cambiando... renovando la catequesis, la manera de evangelizar,
la forma de orar", "ser más socializadora, llevando
a la internalización de pautas, valores y sentimientos
tales como la solidaridad, fraternidad, cooperación, participación,
etc.", "tendría que cambiar su forma de evangelizar,
que camine junto al pueblo", "habría que lograr
mayor comunicación", "que capacite a la gente
con mayor participación de los laicos" , "que
contemple más las necesidades del pueblo y de los sacerdotes
porque todos necesitamos reivindicarnos como personas",
"que sea una Iglesia donde el amor, la justicia reinen,
en donde nos sintamos todos hermanos".
En la medida en que se iba participando de estos encuentros,
cursos, seminarios, etc. nosotros ibamos reflexionando acerca
del sentido que tenía dicha participación. Nos
parecía entonces que la misma tenía que ver principalmente
con el poder ir sintiendo que en este caminar de las comunidades,
caminar durante el cual muchas veces había miedo e incertidumbre,
no se estaba solo. Había toda una experiencia eclesial
a nivel nacional y latinoamericano que nos acompañaba
y que arrancaba de las raíces más profundas de
nuestra religiosidad.
Articulación con otras iniciativas de la zona
Las instancias de articulación de la experiencia como
tal con otros trabajos barriales y con otras instituciones fue
en general escasa, especialmente al principio. Sólo en
una segunda estapa de la experiencia se empezó a dar un
movimiento en este sentido y a partir de necesidades bien concretas
y para acciones puntuales.
Sin embargo, las conexiones personales "informales"
con ollas populares, centros vecinales, centros de salud, apoyo
escolar, etc. sí se dieron en mayor medida desde quienes
integrábamos el equipo y desde los miembros de las pequeñas
comunidades. Muchos veníamos, permanecimos y/o nos fuimos
incorporando a distintos espacios de participación social
de la zona y de otros espacios a la par que vivíamos esta
experiencia de las C.E.Bs. Es decir, las prácticas sociales
y eclesiales nos atravesaban a todos nosotros como miembros de
una misma comunidad barrial.
Instancias de evaluación y reflexión sobre la
práctica
Al finalizar algunas de las actividades centrales (novenas, triduos,
convivencias, fistas patronales, etc.) intentábamos ir
evaluando la marcha de la comunidades junto a los animadores
y a los miembros de las C.E.Bs..
Durante el año 1988 se realizaron dos evaluaciones. La
primera en ocasión de la finalización de la Misión
Mariana. La misma contempló los siguientes items: el material,
los temas y los textos.
En relación a éstos surgieron las siguientes reflexiones
por parte de los integrantes de las comunidades... "se ha
visto mucha mayor participación", "la gente
pudo aterrizar y uno por uno fue cuestionándose",
"en mi casa no se habla más que de la Biblia",
"antes rezábamos como loros, ahora tiene sentido
el rosario", "se nota el cambio que vamos teniendo
aunque no es constante", "acá hemos crecido
en la solidaridad, antes no me daba con nadie en el barrio, ahora
me doy hasta con los perros", "la Biblia antes era
un misterio, ahora es más comprensible desde que nos reunimos",
"cualquier cosa que pasa la gente enseguida dice 'vamos
a pedir por la radio'..." , "con las reuniones es como
regar la semilla de la Palabra de Dios", "nosotros
pedimos la sabiduría de lo alto y el Señor la da
para interpretar la Biblia. El lo prometió así".
La segunda evaluación se realizó al finalizar el
año y se tomaron como puntos de referencia la experiencia
comunitaria, la vivencia de fe, el compromiso social, las dificultades
y las sugerencias, el material de trabajo, la tarea de los coordinadores
y otros.
Se habló de "el logro de un mayor conocimiento y
comunicación", "de lo positivo del compartir,
del análisis de la realidad y la profundización
de la fe", "se destacó la ayuda brindada por
el material en el sentido de poder relacionar fe y vida y para
la organización del trabajo".
En relación a las dificultades y sugerencias apareció
"la necesidad de una mayor vinculación entre las
comunidades y de una mayor presencia del párroco en las
mismas o de algún catequista o miembro de la comunidad
parroquial en función de, por ejemplo, aclarar algunas
dudas que iban surgiendo", "se solicitó mejor
impresión de los materiales", "se pidió
más información sobre la animadora diocesana de
comunidades", "se plantea la posibilidad de revisar
con los coordinadores el material para los encuentros antes de
su utilización".
En ocasión de la Novena Bíblica realizada en 1989
se hizo una evaluación en torno a los siguientes puntos:
el material utilizado, los textos, los objetivos, los misterios
sugeridos para el rezo del rosario, etc. Se intentaba continuar
así con una revisión permanente de la experiencia.
Otra instancia de evaluación y reflexión sobre
la práctica se iba dando al interior del equipo y son
esas reflexiones las que vamos intentando volcar a través
de todo este trabajo.
Rol de los animadores de las pequeñas comunidades
Casi la totalidad de los animadores de las C.E.Bs. eran mujeres
que, junto a las tareas del hogar, a su tarabajo afuera de la
casa, a sus responsabilidades dedicaban un espacio a las pequeñas
comunidades.
El rol que los animadores desarrollaban iba también apareciendo
como objeto de nuestras reflexiones. Fuimos tomando entonces
la idea de "ministerio" para hacer una reflexión
global sobre dicho rol.
En lo puntual, desde el equipo, se iban trabajando distintos
aspectos prácticos de la tarea en relación a la
coordinación de los encuentros.
En la práctica las principales funciones que desarrollaban
los animadores eran las de coordinación y organización
generales de las actividades, la comunicación de los miembros
de las pequeñas comunidades con el resto de los grupos
de la parroquia y la articulación con otras instancias
a nivel diocesano y nacional.
Desde el equipo se insistió permanentemente en el papel
del animador como "puente" y de "canal de comunicación"
entre las diferentes instancias de organización de la
parroquia y la comunidad más amplia. El tema del rol también
fue trabajado en el "III Encuentro Diocesano de Animadores
de C.E.Bs." (01-09-91). El equipo dicesano había
propuesto algunas preguntas que habían sido reflexionadas
por las comunidades y que ese día se pusieron en común.
Se referían al rol del animador, a su forma de elección,
al surgimiento, a sus contribuciones.
¿Cuáles es el rol del animador? guiar, reunir,
servir, aceptar errores, ser astuto y paciente, ser nexo, animar,
tener en cuenta a todos, hacer participar, alegrar, dialogar,
no ser autoritario.
¿Cómo contribuir, como coordinadores, al protagonismo
del pobre y de la mujer? haciendo crecer nuestra fe y autoestima,
valorando la experiencia de vida de la gente, haciendo promoción
humana y social, sirviendo, misionando, etc.
Etapas de la experiencia...
En el trabajo creemos que pueden diferenciarse a grandes rasgos
tres momentos.
Una primera etapa que se desarrolla desde finales del 86' hasta
principios del 89' y que podemos llamar de "entusiasmo y
defensa".
Había un gran entusiasmo que vivíamos a partir
del inicio de la experiencia misma pero también debido
al contexto nacional en que se vivía un optimismo generalizado
por la vuelta a la democracia -1983-.
La cuestión de la "defensa" tuvo que ver con
que en ese momento veíamos como necesario reivindicar
la experiencia de las C.E. Bs. y de la Iglesia de los Pobres
en esos términos y en su esencia ya que durante todo el
proceso militar todo este movimiento había sido censurado.
Importaba hablar de C.E.Bs. y de Iglesia de los pobres y no de,
por ejemplo, grupos de reflexión o grupos de oración
por dos razones fundamentales. La primera tenía que ver
con la necesidad de ser claros: la Iglesia de los pobres y las
C.E.Bs. ya tenían una historia en nuestro país
y en nuestro continente, una historia de muchas alegrías
pero también de muchas persecusiones y amenazas. En segundo
lugar se trataba de marcar algunas diferencias en cuanto a otras
maneras de entender y vivir la fe.
Una segunda etapa va desde principios del año 1989 hasta
finales de 1992 y está marcada por una "crisis general".
A nivel nacional durante el año 1989 ocurrieron hechos
fuertes tales como el período hiperinflacionario, el levantamiento
militar de la Tablada, la asunción del presidente electo
antes de tiempo, etc. Hechos que no hicieron a este período
nada fácil.
Puntualmente el levantamiento militar de La Tablada reavivó
viejos miedos. Muchos trabajos, experiencias y organizaciones
de base fueron "sospechosas" y "sospechadas".
Las C.E.Bs. también. Esto no nos fue indiferente para
ninguno de los que estábamos participando de la experiencia.
Como equipo nos preguntábamos especialmente acerca de
la responsabilidad que teníamos frente a la gente de las
comunidades y a los animadores.
Por otra parte, y a nivel específico de la experiencia,
ya había pasado el entusiasmo primero. Se empezaba a notar
el cansancio y el desgaste de la gente, de los animadores y del
propio equipo formación.
Como ya relatamos se empezaba a ver también que el esquema
de trabajo que habíamos venido planteando era demasiado
rígido. En cuanto al material mismo vimos que, en el afán
de poner énfasis en un análisis crítico
de la realidad y en un compromiso social concreto, nos habíamos
olvidado de las cuestiones más simples y cotidianas. Se
vió también la necesidad de hacerlos más
accesibles a todos en cuanto a la modalidad de la presentación
y en cuanto a su lenguaje.
Primero se fue dando todo este replanteo al interior de la actividad
parroquial. Luego se iría realizando todo un movimiento
de apertura a la participación en distintas instancias
del trabajo barrial. Este movimiento se produjo a distintos niveles:
de la experiencia como tal, de la parroquia en general y también
a nivel de las vivencias personales de cada uno de los que participábamos.
Nos fuimos incorporando más al espacio barrial.
La tercera etapa se desarrolla desde finales de 1992 hasta hoy
-aunque nosotros tomamos sólo hata 1996- y constituyó
un momento de "renacimiento". En ella, nuestro objetivo
primero de darle continuidad a la experiencia, empezó
a cobrar otras formas, otros matices.
A nivel eclesial más que las reuniones periódicas
sobre las que al principio habíamos insistido comenzamos
a trabajar más desde la idea de realizar "misiones"
en las fechas litúrgicas claves y en donde no sólo
las C.E.Bs. participaran sino donde toda la comunidad parroquial
se pusiera en marcha.
Pero este cambio no significó un volver a una antigua
receta pastoral que era el de las "tradicionales misiones"
(sacramentalistas, proselitistas, apologéticas, etc.)
sino que implicó un movimiento de resignificación
de lo que era una misión y un esfuerzo por darle un sentido
comunitario, de base, laical, ecuménico, popular.
Se trató de ulna manera muy concreta de sumar agentes
pastorales y de llegar a más familias y sectores priorizando
el "contenido" del mensaje. Llegar a todos pero especialmente
"llegar de otra manera".
También se fue más fiel a la religiosidad popular,
a su ritmo en términos de respetar la importancia y la
fuerza de convocatoria de las fehcas litúrgicas claves.
Por otra parte, el equipo formación como tal fue desapareciendo.
Algunos de sus miembros continuaron en la experiencia pero de
una manera mucho menos sistemática, colaborando sólo
para actividades puntuales. Gran parte de las actividades y responsabilidades
que dicho equipo había desempeñado fueron asumidas
por los animadores que continuaron con el acompañamiento
del párroco. Los animadores se fueron ocupando principalmente
de convocar y coordinar las misiones. Hoy, momento en el cual
este momento del trabajo se sigue escribiendo, hay un grupo de
sesenta misioneras, con reuniones periódicas de formación
y organización, subdivididas por zonas barriales afines
y coordinadas, en cada zona comunitaria, por ulna o dos responsables.
En esta tercera etapa el compromiso desde la fe también
fue adquiriendo más claramente otras formas: la participación
en tareas y organizaciones barriales, en partidos políticos,
la militancia en las universidades, etc. Esto significó,
por una parte, un enriquecimiento para las C.E.Bs. pero también
llevó a un replanteo a nivel interno ya que muchos de
los que antes estaban participando más activamente de
un espacio eclesial hoy se encontraban trabajando desde otros
ámbitos sociales.
Este proceso de mayor inserción de los miembros de las
C.E.Bs. en el campo social se complementó, de alguna manera,
con el replanteo interno del trabajo eclesial que se había
reformulado en términos de misiones barriales. Podemos
decir que la experiencia de las C.E.Bs. se vio fuertemente modificada
y, en términos generales, enriquecida.
En relación al crítico contexto vivido en este
período -y hasta la actualidad- podemos decir que el mismo
ha influído enormemente en la experiencia. A pesar de
ésto se sostiene la continuidad de la misma.
En términos generales, tanto las C.E.Bs. como todo un
conjunto de iniciativas puestas en marcha en la zona -"Centros
Vecinales", "grupos barriales de vecinos", "posta
sanitaria", etc.- se sostienen aunque con un escaso poder
de articulación con otros niveles más amplios de
organización (regionales, partidos políticos, sindicatos)
salvo las instancias específicamente eclesiales. Se han
ido buscando puntos de encuentro y ensayando articulaciones con
estos espacios pero los mismos no han logrado, en general, tomar
fuerza ni sostenerse en el tiempo.
* EJE DE SISTEMATIZACION:
LA ESTRATEGIA DE INTERVENCION EN LA COMUNIDAD
Llamamos "eje de sistematización" al hilo
conductor que atraviesa la sistematización de una experiencia
determinada. Aspecto central desde el cual intentamos mirar la
misma.
En este caso dicho eje estará dado por la "estrategia
de intervención" desplegada. Es decir por el cómo
fue llevado adelante el trabajo, por el proceso, por la práctica,
por las secuencias concretas de las acciones.
Se trata de sistematizar las herramientas de trabajo utilizadas
por el equipo, de rescatar aquello que nos impactó
de la experiencia para pensarlo en función de una estrategia
de intervención comunitaria. Ver qué y
cómo lo hicimos para poder hacerlo de nuevo y para poder
hacerlo mejor.
A la vez, dentro de este aspecto y en función
de precisarlo, reflexionaremos sobre cuáles fueron
los factores que facilitaron este trabajo comunitario y cuáles
fueron los que lo obstaculizaron.
Tomamos esta dimensión de la experiencia porque en
ella se sintetizan intereses, interrogantes, procupaciones, etc.
que están presentes en todo trabajo comunitario cualquiera
sea el ámbito desde el cual éste se desarrolle.
Sea que trabajemos comunitariamente desde un centro de salud,
desde una escuela o desde una parroquia, que lo hagamos desde
una ONG o desde el Estado hay preguntas e inquietudes, dudas
y certezas, intuciones y desorientaciones, esperanzas y desesperanzas
que están siempre presentes, que atraviesan a cualquiera
de estos intentos... ¿cómo insertarse en una comunidad?
¿cómo hacer un diagnóstico de la situación
social? ¿cómo conocer la cultura de un lugar? ¿cómo
saber cuáles son las necesidades sentidas de una población?
¿cómo acceder a los recursos presentes en ella?
¿cómo llevar adelante una propuesta participativa?
¿cómo llegar a la gente? ¿cómo y
qué podemos aportar nosotros? ¿cómo respetar
el saber popular? ¿cómo establecer un diálogo
entre ese saber y el conocimiento que nosotros traemos? ¿qué
es lo que define a un trabajo como comunitario? ¿cuáles
son los elementos sin los cuáles una experiencia no podría
definirse como comunitaria? etc.
Nuestra preocupación por el cómo se hace un trabajo
comunitario, también tiene que ver con esa tensión
siempre presente entre la intencionalidad de un proyecto y las
acciones concretas que se llevan finalmente a cabo.
Si bien concebimos a la lectura de la realidad y a la estrategia
de intervención como un todo, con frecuencia vemos fuertes
contradicciones entre las mismas que hacen que, desde lecturas
de la realidad y posiciones ideológicas diferentes, se
termina operando de la misma manera.
Por otra parte, nos urge volver sobre los pequeños aprendizajes
realizados desde nuestra trabajo ya que concebimos que toda teoría
es fruto de una visión articulada de la propia experiencia.
ESQUEMA DE LA ESTRATEGIA DE INTERVENCION DESPELEGADA EN LA COMUNIDAD
-facilitadores, obstáculos y desafíos del trabajo
comunitario-
* Proceso de inserción en la comunidad y realización
del trabajo
. inserción en la comunidad
. diagnóstico inicial
. descentralización
Contextos
. la zona como unidad de acción
. el domicilio como contexto privilegiado de trabajo
Instancias de Organización
. el trabajo en equipo
. los animadores de las comunidades y nuestra búsqueda
inicial de familias-llaves
. organización interna y articulaciones dentro del ámbito
eclesial y con otras instancias sociales
Herramientas
. formas de acción desarrolladas
. dimensión educativo-pedagógica de las mismas
* Reflexiones en términos de evaluación
del trabajo
. logros, fracasos y desafíos
. modificación de nuestros supuestos iniciales:
-la tensión entre lo planificado y lo que fue sucediendo
-la "capacidad de llegada" de la experiencia
-desde la idea de grupo al concepto de redes sociales y al de
comunidad
-de cómo intentamos seguir el ritmo de la cultura popular
-acerca de la construcción del lenguaje
-de los límites de nuestro intelectualismo
-el desafío de la participación
. hipótesis metodológicas acerca de la evaluación
en contexto
comunitario
* PROCESO DE INSERCION EN LA COMUNIDAD Y REALIZACION DEL
TRABAJO
. Inserción en la comunidad
"A las religiosas que deciden irse a vivir con los chabolitas
les he aconsejado muchas veces que, primero traten de
purificar pacientemente la relación, que no tengan miedo
al vacío,
que no teman enfrentar la pregunta: ¿qué hemos
venido a hacer aquí?.
Nosotros, personas eficaces tenemos necesidad
de una larga y paciente purga,
de una prolongada cuarentena que puede durar años.
Si el domingo vamos a vivir entre los chabolitas
y el lunes ya abrimos un dispensario y
organizamos un encuentro de madres o una reunión de jóvenes,
tal vez estemos perdiendo para siempre
la ocasión de la pobreza".
Arturo Paoli.
Con inserción queremos referirnos a la posibilidad de
iniciarse, de introducirse, de incluirse en el proceso comunitario.
Queremos referirnos a la posibilidad de ir arraigándose
en un lugar, de ir cultivando relaciones con la población
de la zona, de ir construyendo una relación con el otro.
Se trata de un proceso permanente en el que, sin embargo, los
momentos iniciales son de fundamental importancia. Proceso en
el que, a la vez, nos vamos conociendo a nosotros mismos en nuestro
modo de acercarnos a la gente y en el que se ponen en juego nuestras
motivaciones, nuestros sueños, nuestras dificultades,
nuestras capacidades, etc.
Proceso en el que también, como dice Pedrinho A. Cuareschi,
debe tenerse una actitud de cuidado y humildad, de ir como alguien
que pide permiso para poder participar y de tener un respeto
muy grande por el saber y hacer de los otros.
Desde el inicio nosotros habíamos sospechado que nuestro
arraigo en el lugar era una condición indispensable para
poder desarrollar el trabajo. La validez de esta intuición
primera nos sería confirmada en el transcurso de dicho
trabajo y desde otras experiencias que iríamos conociendo
en el camino.
Todos los miembros del equipo vivíamos y, de alguna u
otra manera, veníamos trabajando en la zona desde distintos
espacios sociales. Esto nos daba cierto conocimiento y acercamiento
a la realidad en la cual íbamos a empezar esta experiencia.
Sin embargo, cada uno de los barrios era muy diferente a los
otros y si bien vivíamos allí y/o habíamos
trabajado en algunos de ellos, muchos aspectos de la cotidianeidad
de nuestros vecinos y de la zona nos eran desconocidos. El ir
tomando un contacto más cercano con las distintas realidades
allí presentes nos fue impactando de una manera particular.
Además de estas particularidades de la gente del equipo,
el trabajo se lanzaba desde una institución con toda una
historia de arraigo en el lugar. No éramos solamente nosotros
los que iniciábamos un trabajo desde nuestra propio estar
en la zona, desde nuestras prácticas sociales en curso,
desde nuestras relaciones como vecinos. Sino nosotros desde esta
institución en particular y desde todo lo que ella significaba
para la población y para nosotros mismos.
La Parroquia era uno de los pocos espacios sociales que en ese
momento -y aún en la actualidad- convocaba gente, movilizaba
y a través del cual se podía canalizar la participación
y el reconocimiento a nivel barrial y social. Sin embargo, y
como en el caso de cualquier otra institución desde la
que hubiéramos actuado, desde ella se pudo llegar a un
sector de la población y no a otros.
Este "vivir en el lugar", sumado al hecho de venir
trabajando desde antes y de realizar este trabajo desde una institución
con arraigo en la zona, no aseguraba nuestra inserción
pero la posibilitaba y facilitaba.
No obstante, en algunos momentos, esta proximidad también
nos dificultó tomar cierta "distancia" frente
a algunas situaciones y dimensiones de la realidad. Quizás
ésto es lo que se trasluce en la pobreza de nuestro diagnóstico
inicial y en la dificultad para caracterizar mejor la idiosincracia
de la gente del lugar.
Desde estos distintos elementos, fuimos viviendo y avanzando
en un proceso de inserción que nos posibilitó sobre
todo ampliar y profundizar las relaciones con la gente del lugar
y compartir acciones con ellos. Sin dicho proceso el trabajo
no hubiera sido posible.
. Diagnóstico inicial
"Conocer es resolver"
José Martí
En términos generales podemos hablar de una aproximación
diagnóstica vital e implícita de los miembros del
equipo en relación a la situación del barrio ya
que todos vivíamos allí y la mayoría estábamos
insertos en trabajos sociales de la zona. Sin embargo, en términos
estrictos, nuestro diagnóstico inicial fue muy pobre,
esta aproximación vital no fue suficiente.
Nuestro punto de partida más firme en este sentido fue
el conocimiento, desde la institución, de que había
mucha gente a la cual no se llegaba y nuestro presupuesto fue
que esas personas esperaban, de alguna manera, la llegada de
la parroquia. Allí apuntaban los objetivos de "llegar
a todos" y de "descentralizar".
Por otra parte, sentíamos la necesidad de resignificar
algunas prácticas religiosas por cuanto veíamos
que muchas de ellas estaban cargadas de "formalismo",
"mecanicismo", "ritualismo vacío",
etc. Las demandas puntuales de la gente eran "rezar"
(rezar el rosario, hacer novenas a la Virgen, atender a los enfermos
con los sacramentos, etc.) y "conocer la Biblia". También
creíamos necesario realizar un mayor acercamiento de la
fe con la vida en términos de poder hacer un analisis
crítico de la realidad social, política y económica
y de tener un compromiso social concreto.
Desde lo general, podemos decir que nuestro "diagnóstico"
hizo incapié en las dificultades sentidas y visualizadas
desde la institución y en lo que nos proponíamos
transformar. Nos faltó un mayor acercamiento a la realidad
de la gente y poner atención no sólo en las necesidades
sino también en los recursos comunitarios.
Pese a esta precariedad inicial, en el andar fuimos viendo que
la iniciativa de las C.E.Bs. sincronizaba con una gran necesidad
de los vecinos de reunirse, de sentirse tenidos en cuenta por
la parroquia y de reconocerse como miembros de una misma comunidad.
De no haber "dado" con esas necesidades sentidas no
hubiese sido posible el trabajo. La articulación se dió
a partir de esas necesidades específicas.
En términos de diagnóstico comunitario lo que nos
fue ayudando en el transcurso de la experiencia, y a diferencia
de lo que nos había pasado en el inicio, fue aprender
a relevar no sólo las problemáticas y las dificultades
presentes en la comunidad sino también conocer su cultura
y sus recursos en términos de modalidades de enfrentar
esas problemáticas y dificultades. Modalidades que, con
sus límites y posibilidades, venían siendo ensayadas
mucho antes de nuestra llegada y del inicio de la experiencia.
El proceso de arraigo y de inserción en el que estábamos
inmersos nos fue ayudando a ver no sólo las necesidades
sino también los recursos Pudimos así ir viendo
más "lo que era posible", "lo que se podía
hacer" en lugar de ver sólo "lo que faltaba"
o "lo que no se podía realizar".
En función de un diagnóstico y en términos
de una acción comunitaria de lo que se trata es de partir
de las fortalezas y no de las debilidades de la comunidad. Tomar
como punto de referencia y de partida "lo que ya está"
en ella y no "lo que nosotros traemos" o nos proponemos.
Se trata también de tener siempre presente a toda la comunidad,
de ver a los individuos, familias, grupos y organizaciones no
como entes aislados sino en su interrelación, en lo que
tienen en común, en lo que los afecta y moviliza a todos,
en lo que se va pudiendo construir juntos.
A nivel de planificación y organización del trabajo
nos parece importante destacar que, aunque en términos
formales siempre se hace hincapié en una necesaria etapa
diagnóstica inicial, a menudo, el proceso diagnóstico
real, suele ser mucho más informal y caótico. Esto
fue lo que nos pasó a nosotros en el trabajo.
Sea por la urgencia de implementar determinadas acciones, sea
por la falta de formación de quienes emprenden la tarea,
sea debido a la escasez de recursos, o sea por otros innumerables
factores, muchas veces, en la práctica, se trata más
que de una etapa diagnóstica inicial de un ir diagnosticando
y actuando al mismo tiempo. De un ir diagnosticando a través
de la acción y a partir de la reflexión sobre la
propia práctica.
Fue desde la acción concreta y desde el interior del proceso
mismo que nosotros pudimos ir ampliando y complejizando esta
"visión diagnóstica" a la cual concebimos
no como un cuadro estático de la situación social
sino como posibilidades concretas de acción y cambio.
El diagnóstico se fue complejizando a partir de la práctica.
Podemos decir que "...un diagnóstico, desde la perspectiva
comunitaria, es un 'plan de acción' sobre la problemática
a resolver (plan que) obviamente incluye el estudio de la situación
social que la contiene. Es real, en la medida que articula, en
un proceso de cambio, condicionantes y posibilidades sociales.
Es práctico porque permite articularnos a partir de lo
que ya se está haciendo, superando el riesgo de quedar
descalificados del movimiento social".
Por otra parte, cualquier acción que emprendamos en función
de realizar un diagnóstico se constituye en una forma
de intervenir en la comunidad. No se puede separar el diagnóstico
de la intervención.
Lo que se constituyó para nosotros en un elemento facilitador
del trabajo comunitario no fue el diagnóstico en tanto
etapa inicial del trabajo sino el diagnóstico en tanto
actitud permanente. Actitud que nos permitió ir profundizando
nuestra capacidad para percibir los recursos comunitarios existentes,
recursos de los cuales nos pudimos valer para llevar adelante
la tarea y para afrontar las dificultades que se fueron presentando.
Se trata de concebir a la acción y al hacer como herramientas
indispensables de este diagnóstico. De diagnosticar en
la acción y a partir de los cambios logrados.
. Descentralización
La descentralización fue uno de los objetivos básicos
del trabajo explicitado en el querer "llegar a todos"
y en el querer "estar más cerca de la gente".
A la vez tuvo que ver con nuestro intento de lograr un mayor
acercamiento a la realidad, con el tender a ampliar la capacidad
de llegada de la Parroquia y con el intentar facilitar las posibilidades
de participación.
En la experiencia hubo distintos niveles de descentralización
(geográfica, de responsabilidades, de acciones, de capacidad
de decisión, etc) y hubo un movimiento progresivo hacia
la misma que se fue logrando desde una estado inicial de centralización.
Podemos decir que se fue cambiando el eje de trabajo desde un
centro que estaba ubicado fundamentalmente en la Parroquia -como
lugar privilegiado del hacer- y en el sacerdote -en tanto iniciador,
promotor, organizador, responsable, ejecutor de las acciones-
hacia otros lugares -capillas, casas, otros barrios- y hacia
otras personas -jóvenes, catequistas, animadores y miembros
de las C.E.Bs.-.
Las distintas fiestas y celebraciones religiosas que en principio
se realizaban casi exclusivamente en la Parroquia se fueron trasladando
y ampliando para su organización, ejecución y evaluación
al resto de los barrios, capillas, organizaciones barriales.
Se fueron ampliando los espacios, los responsables, los actores
sociales. Se fueron compartiendo más las tareas.
El contexto de trabajo privilegiado desde las C.E.Bs. fue el
domiciliario. Ésto dentro del contexto zonal en el que
se desarrollaba toda la experiencia.
Queremos aquí también incluírnos a nosotros
mismos en tanto laicos y jóvenes como protagonistas de
esta descentralización porque fue desde nuestras propias
inquietudes, necesidades, sueños, esperanzas que pudimos
ser parte de esta experiencia. En otro momento de la vida parroquial-eclesial
ésto no hubiera sido posible... ni por las posibilidades
concretas de participación dadas por el contexto ni por
nuestros propios límites internos dados por una concepción
tradicional de nuestro lugar como laicos dentro de la Iglesia.
En ese sentido, y desde la Atención Primaria de la Salud,
se habla de descentralización en términos de lograr
una "accesibilidad geográfica" que posibilite
la "accesibilidad cultural".
Creemos que la descentralización tanto física como
a nivel de responsabilidades y acciones de las personas constituyó
un elemento que favoreció el trabajo comunitario en tanto
posibilitó una mayor llegada desde la experiencia a la
población, una mayor accesibilidad de la gente hacia el
proyecto de trabajo y facilitó procesos de participación.
Uno de los elementos que para nosotros dificultó el proceso
de descentralización fue la poca cantidad de gente en
el equipo y los pocos animadores como así también
las resistencias a una mayor participación y protagonismo
que se dieron principalmente al principio.
CONTEXTOS
. La zona como unidad de acción
La Iglesia, en tanto institución eclesial, está
organizada por Parroquias que abarcan determinadadas zonas las
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