¿Qué hacemos cuando hacemos trabajo comunitario?

Historia de una práctica comunitaria en América Latina

 

Marcela Parra

DEPARTAMENTO ECUMENICO DE INVESTIGACIONES
SEMINARIO DE INVESTIGADORES INVITADOS 1998



"A los trabajadores comunitarios de esta poderosa y pobre
América Latina y a la gente que nos hace posible..."


ENSAYANDO MILITANCIAS

Fuimos tanteando caminos desconocidos,
Sin huellas, en realidad no eran caminos.
Intentábamos lo mejor, intentábamos;
buscábamos, pero sin buscar demasiado;
nos atrevíamos, pero éramos tontos,
cobardes, teníamos miedo.
Y el miedo tomó venganza
y nos dejó aquí
estériles, casi infecundos,
tibios, vomitados.

El error fue haber creído que ya no necesitábamos conversión
que la verdad ya nos había sido revelada de una vez y para siempre
que éramos dioses incapaces de aprender
incapaces de una perfección mayor
incapaces...

Nos ufanábamos de nuestra buena conciencia,
de nuestro compromiso político, de nuestro palabrerío.
Creímos que las palabras eran acciones,
creímos en la omnipotencia de nuestras impotentes ideas.

Los otros fueron siempre la causa, nuestra causa
nosotros no necesitábamos nada
nada nos hacía falta...
ni la piedad de los santos, ni las palabras de consuelo
ni el llanto amargo, ni la esperanza inquieta.

Nos reímos, cuánto nos reímos! -aunque creíamos que no-
cuánto miramos con lástima los gestos que no supimos leer.
Pensábamos que entendíamos todo
pero en verdad no comprendíamos casi nada.

Llegábamos y era como si nada existiera
éramos ciegos, no pudimos ver lo que estaba;
el origen mismo lo sospechamos en nosotros
y nos perdimos lo que ya había sido engendrado.

Hablábamos del pueblo
como si hubiésemos entendido lo que decíamos.
Hablábamos por, a favor o en lugar del pueblo
hablábamos nosotros,
éramos sólo nuestras voces.

Nos alejábamos del Maestro
y de todos los grandes que pueblan la historia
nos alejábamos de nosotros mismos, anduvimos perdidos.
Nuestras palabras sonaban a vacío,
ya no nos significaban nada,
ya no significaban nada para nadie.

Parecíamos sabios repartiendo nuestras bondades por el mundo
hipócritas, necios, repitiendo las andanzas del poder.
Demasiado burgueses, aunque odiáramos a la burguesía
demasiado oficialistas aunque habláramos de revolución
demasiados...

No fue maldad, fue soberbia
fue la caridad mal entendida
fue la justicia mal interpretada, la justicia injusta
fue la blasfemia del Evangelio
fueron nuestros ideales deformados.

Pero redimiré nuestra inocencia, nuestra ingenuidad
a pesar de todo, a pesar de nuestra ceguera.
Redimiré nuestra tarea de pioneros, nuestro lanzarnos
aunque hayamos sido mezquinos.

Redimiré el poder escribir hoy estos versos...

Ahora es tiempo de nuevas utopías
de transformaciones profundas, de verdaderas conversiones
de sinceramientos sinceros.
Es tiempo de temblar ante el abismo propio
de animarnos a nosotros mismos
y ofrecernos enteros, cristalinos
implicados, abiertos.

Es tiempo de la propia metamorfosis
de la propia
no de la de otros.

 

La vuelta a la utopía...

Resurgen ahora los ideales primeros
nuestro entusiasmo de militantes empedernidos
nuestro creer empecinado, nuestro acto de fe
nuestra esperanza.

¿Cómo olvidar aquellos días?!
¿cómo no sentir que todo eso todavía vive muy adentro?
¿cómo no intentar una nueva creación?

Es el tiempo de la sabiduría
de la paciencia ancestral y la reflexión divina.
Es tiempo de que el mundo se pueble de dioses
y todo vuelva entonces a tener sentido...

Es nuestro tiempo
el de la propia metamorfosis...

 

Diciembre 1992**


Indice

A.- Introducción
Fundamentación
Objetivos y metodología

B.- 1. Narración de la Experiencia: "Comunidades Eclesiales de Base... una búsqueda" (1986-1996)
2. Eje de Sistematización: La Estrategia de Intervención en la
Comunidad

C.- Conclusiones y desafíos

D.- Anexos

E.- Bibliografía



* INTRODUCCION

"...en plena moda del desencanto,
cuando el desencanto se ha convertido
en artículo de consumo masivo y universal
nosotros seguimos creyendo en
los asombrosos poderes del abrazo humano"
Eduardo Galeano

 

El contexto mundial de globalización y exclusión, junto al más fanático de los fundamentalismos actuales -la sacralización del mercado-, aparecen hoy como una hegemonía incapaz de incluir otros horizontes.
Las "políticas de ajuste" de corte neoliberal que se han venido desarrollando en todos los países de América Latina han producido fenómenos que afectan enormemente la vida de nuestros pueblos y las prácticas sociales generadas en ellos.
Entre dichos fenómenos se encuentran: una gran recesión económica, una amplia disminución del poder adquisitivo de la mayor parte de la población, un crecimiento de la injusticia social, la disminución y/o desaparición de las políticas sociales que existían en el llamado Estado de Bienestar, la exclusión del mercado de trabajo formal y de los beneficios sociales de grandes sectores sociales, la inclusión de nuevos sectores de la población en la franja de pobreza, etc.
Esta "cultura de la muerte", que hoy intenta imponerse como la única alternativa social posible, se enfrenta -sin embargo- a múltiples experiencias sociales de base que insisten permanentemente en el valor de la vida. Diferentes prácticas comunitarias se siguen generando en toda América Latina.
Dedicar a ellas nuestro esfuerzo adquiere sentido ya que quizás sean esos microespacios sociales los que nos permitan ir configurando un ser y un quehacer alternativo al actual modelo económico-político-social.
Desde esta creencia es que me propongo narrar la experiencia de trabajo comunitario de un grupo de jóvenes insertos en Comunidades Eclesiales de Base. Esta experiencia, generada desde un ámbito eclesial y desarrollada en barrios urbanos de la ciudad de Córdoba -Argentina-, tuvo su comienzo a finales del año 1986 y continúa hasta la actualidad.
Quisiera aquí volver a esa práctica para reflexionar sobre las estrategias metodológicas que fuimos ensayando con mis compañeros de equipo. La intención es que este esfuerzo ayude a vislumbrar pistas que nos guien, en tanto trabajadores comunitarios, para que, desde nuestros lugares concretos de inserción, podamos acompañar y fortalecer esa vida que nace incesante y porfiadaamente en nuestros pueblos.


* FUNDAMENTACION

Acerca de las urgencias desde las que se gestó este trabajo...

Lo personal...

"...el aprendizaje consigo mismo significa
tomarse a uno como punto de referencia fundamental,
interrogar las propias experiencias, el propio pasado,
las maneras de percibir y de juzar, los temores y las incertidumbres,
las fuentes de alegrís y de tristeza,
el modo de ver el futuro y de verse en el futuro"

Desde lo personal, el origen del mismo tuvo que ver con la necesidad de entablar un diálogo, desde mi realidad actual de psicóloga trabajadora de un hospital público de mi país, con una experiencia de trabajo comuninatario central en mi vida y en la que participé durante algunos años.
La fuerza de esta urgencia nace principalmente de las dificultades que he vivenciado durante mis dos primeros años de ejercicio profesional y en mi actual lugar de inserción, para incluirme en proyectos comunitarios. Dificultades que comparto con otros "compañeros de ruta" y que tienen que ver en mucho con el crítico contexto social actual y con la ruptura de esquemas de interpretación y acción que hasta hoy nos habían servido pero que ahora nos resultan insufientes, no nos alcanzan
Además, es de fundamental importancia para cada uno de quienes hemos trabajado y trabajamos en el campo social, poder recuperar permanentemente aquellas prácticas sociales en las que estamos insertos para que, desde ellas ,
incorporemos el aporte brindado por nuestra "formación" académica.
Hacer así nuestro aporte para construir "una sociedad donde quepan todos".


En relación a la gente con la cuál compartí esta experiencia...

Quisiera que el presente escrito pudiera ser un aporte también para ellos. Tanto para los compañeros del equipo de coordinación como para la gente de los barrios.
Al mismo tiempo quisiera desde aquí compartir los pequeños aprendizajes realizados para que los mismos puedan acompañar a otros trabajadores comunitarios.


En relación a la Psicología...

Creo importante reflexionar sobre los aportes que las Ciencias Sociales en general y la Psicología en particular han venido realizando y pueden realizar en la actualidad al desarrollo de experiencias sociales de base.
A la vez, cobra relevancia para quienes trabajamos desde las ciencias sociales, rescatar aquellos trabajos comunitarios que se vienen realizando en toda América Latina desde distintos espacios (eclesiales, educacionales, etc.). Los mismos poseen una especificidad propia que no puede reducirse a ninguno de los ámbitos particulares en los que se desarrollan. De todos y de cada uno de ellos podemos aprender.
Entre estas prácticas se encuentran las desarrollados por diferentes grupos cristianos . Ellas adquieren especial interés por la larga tradición que estos grupos poseen en el trabajo con comunidades.
Por último, la sistematización de este tipo de experiencias adquiere sentido para la Psicología Comunitaria debido a que aunque "el trabajo social-comunitario no deja de realizarse en nuestras tierras (pero) lo que no suele ser del todo común es la unión entre este trabajo y la Psicología" (Serrano García - Alvarez Hernández, 1992). Existe una gran distancia entre los trabajos comunitarios y las teorizaciones hechas desde la Psicología que se suma a una generalizada falta de sistematización de los primeros. Hasta el momento las teorizaciones han ido siempre muy por detrás de las prácticas.



Las preguntas que le dieron origen...

En relación a la experiencia...

¿cómo fue posible este trabajo comunitario? ¿cómo lo hicimos?
¿cómo fue el comienzo? ¿cómo fue nuestro proceso de inserción como
equipo? ¿cuál fue nuestro modo de acercarnos a la gente?
¿cómo se sostuvo el trabajo a través del tiempo? ¿qué cambios hubo?
¿qué nos pasó a nosotros durante este proceso? ¿qué le paso a la
gente?
¿cuáles fueron las posibilidades y las dificultades que brindó el
contexto para el desarrollo de la experiencia?
¿cuáles eran las características de ese contexto cuando empezamos y
cuáles son las particularidades actuales?
¿cuáles fueron los logros de la experiencia, los objetivos
alcanzados?
¿cuáles fueron los obstáculos que tuvimos que enfrentar? ¿cómo los
enfrentamos?
¿cuáles fueron nuestros errores? ¿cuáles nuestros aprendizajes como
equipo y cuáles compartimos con la gente?
¿quiénes participamos? ¿a quiénes pudimos llegar?
¿cuál fue nuestro lugar, nuestro aporte? ¿cómo se fue transformando el mismo durante la experiencia?
¿cuáles fueron los recursos comunitarios que se fueron
desenvolviendo, desplegando en este proceso?
¿cuáles fueron nuestros supuestos al comenzar el trabajo y cómo se
fueron modificando?
¿cómo seguir aportando hoy a esta experiencia?

En relación a otras prácticas comunitarias...
¿cuándo un trabajo puede denominarse comunitario? ¿qué elementos
tienen que estar presentes para ser tal?
¿qué herramientas metodológicas fueron utilizadas en esta
experiencia que, a la vez, puedan servirnos en otros trabajos hoy,
en nuestros actuales lugares de inserción?
¿cómo replantear hoy, en el contexto actual, un trabajo comunitario?
¿cómo aprovechar los aprendizajes realizados para enriquecer
prácticas comunitarias actuales?
¿qué aportes se pueden hacer desde las Ciencias Sociales y desde la
Psicología a experiencias de trabajo con estas características?


* OBJETIVOS
"Yo creo que uno escribe para juntar los pedazos
y para ayudar a que se junten los pedazos de los demás..."
Eduardo Galeano

. analizar las estrategias metodológicas del trabajo de un grupo de jóvenes insertos en Comunidades Eclesiales de Base en barrios urbanos de la ciudad Córdoba -Argentina-.
. resignificar, desde mi formación actual como psicóloga, los aprendizajes vividos en dicho trabajo en función de enriquecer mi práctica actual
. construir herramientas que sirvan para la realización de próximos trabajos comunitarios de manera tal que, desde los mismos, se puedan acompañar y fortalecer los procesos sociales presentes en nuestras poblaciones



* METODOLOGIA

A.-
Momentos principales:

1. Sistematización de la experiencia
Aquí considero a la sistematización fundamentalmente desde su carácter de "modalidad investigativa" y en tanto forma de construcción del conocimiento.
Parto de un primer relato de la experiencia realizado, junto a uno de mis compañeros de equipo, durante el año 1996, para enriquecer el mismo con:
-los materiales elaborados por el equipo coordinador durante la
experiencia;
-los registros personales y grupales del proceso -los cuales
lamentablemente son muy limitados-;
-las reflexiones escritas de algunos compañeros y las propias;
-algunos textos que relatan la experiencia de Comunidades
Eclesiales
de Base en América Latina y en otras regiones del país;
-la memoria vital de la experiencia y mi capacidad de reconstruir
la misma para transmitirla hoy través de un texto;

2. Construcción de ejes de análisis de la experiencia a partir de
algunos aportes de las Ciencias Sociales y de la Psicología.

3. Conclusiones y Desafíos


B.- ¿Qué entendemos aquí por sistematización? ¿para qué sistematizar?

Algunos aportes...

 

..."(...)'modalidad investigativa' que emplean hoy los trabajadores comunitarios en diversos campos de la acción social, cultural y educativa como 'estrategia para reconstruir, comprender y transformar sus prácticas'...";
..."apropiarse de la experiencia vivida y dar cuenta de ella, compartiendo con otros lo aprendido";
..."creación de conocimientos a partir de nuestra experiencia de intervención en una realidad social, como un primer nivel de teorización sobre la práctica (...) por un lado apunta a mejorar la práctica, la intervención, desde lo que ella misma nos enseña (...); de otra parte (...), aspira a enriquecer, confrontar y modificar el conocimiento teórico actualmente existente";
..."conceptualizar la práctica";
..."penetrar en el interior de la dinámica de las experiencias";
..."comprender y mejorar nuestra propia práctica (...) comprender cómo se desarrolló la experiencia, por qué se dio precisamente de esta manera y no de otra (...) cuáles fueron los cambios que se produjeron, cómo se produjeron y por qué se produjeron";
..."explicarnos nuestra propia trayectoria, no para reconstruir el pasado por reconstruirlo, sino para poder comprender mejor nuestro presente";
..."reflexionar, cuestionar, confrontar la propia práctica, superar el activismo, la repetición rutinaria de ciertos procedimientos, la pérdida de perspectivas en relación al sentido de nuestra práctica (...) es un buen instrumento para mejorar la intervención";
..."producir conocimientos a partir de nuestra inserción concreta y cotidiana en procesos sociales específicos (...) enriqueciendo, confrontando y cuestionando el conocimiento existente sobre esos procesos sociales, para que sea cada vez más adecuado a las condiciones rápidamente cambiantes de la realidad en nuestros países";
...está "referida necesariamente a experiencias prácticas concretas";
..."orientar a los profesionales para darle orden y rigor al conocimiento que está en su práctica (...) la teoría está en la práctica";
..."la sistematización juega un importante rol, al impulsar al profesional para que extraiga los fundamentos de su práctica, para que felxiones sobre el porqué de lo que hace, contraste y critique sus supuestos (con la práctica misma -los efectos que tiene su acción en la reliadad- y con la teoría) y ordene lo que ha aprendido de manera que le sea más útil en situaciones futuras y a otros";
..."debemos estar en condiciones de dar respuesta a nuestras preguntas, desde la experiencia, pero habiendo realizado un procesos que trasciende lo que sabíamos por el hecho de haber participado en ella, que nos permite entender con mayor profundidas las razones por las cuales ésta se desarrolló de esa específica manera".


*
EL RELATO DE LA EXPERIENCIA

"A mi querida Comunidad Parroquial:
Soy una pequeña comunidad eclesial de base.
Nací para el Adviento de 1986.
Una de mis integrantes visitó a sus vecinos
invitándolas a una reunión para organizarme.
Al comienzo tuvieron temores, incertidumbres, inseguridades y timidez. Lentamente fueron zanjando dificultades
y hoy se proyectan como un esbozo que pretende lograr
los objetivos que están fijados para este tipo de encuentros:
tratan de crecer en la fe, de profundizar la Palabra de Dios,
de entrar en comunión con los hermanos, de ir poco a poco adquiriendo
un mayor compromiso con la justicia y la realidad social del ambiente.
Cada día voy creciendo más y más.
Mis miembros se conocen, se apoyan, participan, comparten necesidades,
se brindan solidariamente a quienes los necesitan, rezan juntos, reflexionan la Palabra de Dios tratando de hacerla vida y,
a su vez, que la vida actualice la Palabra.
Me gustaría que nazcan muchas como yo, que se reproduzcan
y llenen todo el ámbito de la Parroquia
para que sean muchas pequeñas luces que al brillar
señalen el camino a los que aún no se han dado cuenta
que la mejor manera de llegar a Dios es todos juntos".

Comunidades Eclesiales de Base... una búsqueda (1986-1996)


Introducción

Hablar de un tema tan vasto como el que aquí anunciamos no es tarea fácil. Por eso es que queremos comenzar con algunas aclaraciones.
En primer lugar queremos referirnos a la particularidad y a los límites de nuestra experiencia. Aquí sólo podremos contarles parte de lo que hemos vivido. Nuestra narración tendrá que ver fundamentalmente con nuestro propio proceso... Será la versión desde alguien que integró el equipo coordinador de un trabajo que se compartió con la gente de los barrios. Aquí la gente no hablará a través nuestro, aunque en algunos momentos citaremos algunas de sus frases.
En segundo término vale aclarar que presentaremos aquí parte de lo que podríamos considerar la segunda etapa de la historia de las Comunidades Eclesiales de Base en nuestro país y especialmente en nuestra provincia.
El comienzo de dicha historia podemos ubicarlo allá por los años sesenta-setenta, época de la cual sólo tenemos algunos indicios que nos cuentan que, en diferentes zonas de nuestra ciudad -barrio "Las Palmas", "Villa el Libertador", "San Roque", etc.- 'algo' pasaba.
Por otra parte, a nivel país, sabemos que en 1976 en la diócesis de Quilmes -Buenos Aires- ya se había iniciado este nuevo caminar de las C.E.Bs. En 1978 nacen las experiencias de Formosa, Goya y de algunas otras dióceses del norte del país. En este tiempo comienza un gran proceso de capacitación de las bases, líderes y agente de pastoral. Pero debido a factores intra-eclesiales y extra-eclesiales y, fundamentalmente por el golpe del 76', estos intentos se vieron frustrados. Durante los años de la dictadura militar, la sola mención de comunidad y de C.E.Bs. -al igual que tantas otras cosas- fueron prohibidas, silenciadas.
En síntesis, la historia que acá vamos a narrarles se inscribe temporalmente luego del restablecimiento de la democracia en nuestro país -1983-. Dicha experiencia comenzó alrededor del año 1986 y se desarrolla hasta la fecha. Nosotros tomaremos desde finales del año 1986 hasta 1996. Espacialmente se ubica en los barrios que abarca la Parroquia San Cayetano de la Ciudad de Córdoba -Argentina-.


Contexto político-social


El inicio de la experiencia tuvo mucho que ver no sólo con un movimiento de renovación dentro de la Iglesia Católica sino con un contexto social de entusiasmo y participación que se vivió a partir de la reapertura democrática en el país y que alentó la gestación y restablecimiento de prácticas sociales de base.
Nuestro país, al igual que la mayoría de los países latinoamericanos, había sufrido una sangrienta dictadura que se había instaurado en 1976 y que estaba declinando a finales de 1982, después de la Guerra de Malvinas.
Entre los altos costos de este período teníamos alrededor de 30.000 desaparecidos y una profunda desmovilización popular lograda mediante el terrorismo de Estado. Sin embargo, al inicio del período democrático, nuevas esperanzas estaban abiertas.
Ese clima de optimismo posibilitó el desarrollo de diferentes iniciativas. Sin embargo el mismo fue erosionada a partir de diferentes hechos... "La Ley de Punto Final" -24 de diciembre de 1986-, "La Ley de Obediencia Debida" -1987- y finalmente "El Indulto" que siguieron al juicio a las Juntas Militares, los levantamientos militares como el de "La Tablada" -enero 1989- y el de los "carapintadas", la implementación de las políticas de ajustes del F.M.I. y el crecimiento de la deuda externa, la pérdida de representatividad de los partidos políticos y de otras instancias que en su momento habían constituído manifestaciones del movimiento popular, la ola de privatizaciones de distintos servicios del Estado, la fuerte crisis institucional (justicia, policía, etc.), el alto índice de desocupación y la flexibilización laboral, la desaparición de las políticas sociales y de los sistemas de seguridad social, la corrupción generalizada, la aparición de lo que se llamó 'los nuevos pobres', etc.
Con todo este contexto que fue modificando las condiciones de vida concretas de la gente, el sentir general fue pasando de la euforia primera a una cierta sensación de quebrantamiento y frustración que caracteriza al período actual.
Así, la "democracia formal" fue y continúa haciendo cada vez más evidentes sus límites dentro de una sociedad mundial globalizada en la cual millones de personas no tienen cabida.


Contexto eclesial de la experiencia

Entre 1968 y 1972 la Iglesia Latinoamericana, liderada por la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM), efectuó un proceso de transformación con un claro contenido liberador y comprometido con los pobres.
Durante los años sesenta-setenta se había gestado el comienzo de una renovación eclesial que coincidía con una búsqueda de justicia y libertad en la sociedad. La perspectiva eclesial era la de "abrirse al mundo" y superar estructuras obsoletas entre las cuales se encontraba la de la parroquia tradicional. Se empezaba a hablar de descentralización, de protagonismo laical, de renovación bíblica y litúrgica , de "teología de las realidades temporales", de compromiso social, etc. Entre los temas claves se encontraban la Justicia, la Liberación, los Pobres, la Nueva Teología,etc. Mientras en Europa la preocupación era más bien la de adecuarse y sintonizar con nuevas corrientes del pensamiento filosófico, político y psicológico, en América Latina el desafío era diferente, sin negar por ésto que la formación de los teólogos latinoamericanos se había dado en las academias europeas. Aquí se trataba de responder al drama cotidiano de millones de personas al borde de la muerte por la pobreza y la miseria. La preocupación en América Latina no era la de confrontar la fe con el mundo moderno sino más bien la de confrontar la fe con el no-mundo .
Los picos máximos de este proceso transformador se dieron en la participación del Episcopado Latinoamericano en el Concilio Vaticano II(1963-1965) y su aplicación al subcontinente realizada en la Conferencia de Medellín hecha en 1968. En dicho proceso se va a dar un giro de fondo en las líneas pastorales de la Iglesia y se va a ir gestando la "Iglesia de los Pobres" basada en la participación popular a través de las Comunidades Eclesiales de Base (C.E.Bs.) , en la reflexión crítica realizada por la Teología de la Liberación y en un compromiso decidido en la búsqueda de liberación de América Latina.
En 1969 se realiza en nuestro país, en la provincia de Tucumán, un encuentro nacional de obispos que se conoce con el nombre de "Encuentro de San Miguel". El mismo formó parte del intento por adaptar los linamientos de Medellín a la realidad nacional. Dicho documento dice en una de sus partes: "Consideramos de gran importancia las C.E.Bs. para revitalizar pastoralmente las parroquias, y también un instrumento apto de evangelización y presencia física de la Iglesia en medios marginados, sectorial o geográficamente". (Cap. 15)
En el año 1972 empieza a organizarse la respuesta conservadora en reacción a todo este proceso. Desde las instancias preparatorias de la Conferencia de Puebla (1979) se darán fuertes confrontaciones. Sin embargo, Puebla confirmará la "Opción preferencial por los Pobres" como uno de los ejes fundamentales de la identidad eclesial latinoamericana.
Es dentro de esta opción que se inscribe en nuestro país y en estos últimos doce años, la experiencia de los Seminarios de Formación Teológica. Encuentros que se realizan anualmente organizados fundamentalmente por y para laicos en donde también participan religiosos, sacerdotes y miembros de otras iglesias.
Impulsados por esta mística y habiendo algunos de los miembros más activos de nuestra comunidad parroquial participado del primer Seminario de Teología -Quilmes 1986- es que un grupo de jóvenes que veníamos participando de las actividades parroquiales, junto al párroco, le empezamos a dar forma a este caminar de las C.E.Bs. en nuestra Parroquia a finales del año 1986.

Fuimos tomando entonces los aportes que la historia del pueblo creyente latinoamericano nos contaba a través de los documentos de la Iglesia que...
. las C.E.Bs. habían surgido en nuestro continente hacía ya más de 20 años. Habían recibido su bautismo en Medellín donde se las consideró "primer núcleo de estructuración eclesial". Luego fueron "confirmadas" por Puebla como "motivo de alegría y de esperanza para la Iglesia" (Documento de Puebla -D.P.- 96);
. estas comunidades, integradas mayoritariamente por la gente más sencilla, se habían multiplicado y se habían mostrado auténticamente liberadoras;
. ellas venían anunciando el Reino, principalmente con el testimonio de su vida, en los más diversos ambientes;
. eran fuente de servicios y ministerios en respuesta a las necesidades de la gente, ministerios confiados a los mismos laicos;
. resultaban focos de evangelización y motores de liberación (D.P. 96);
. creaban mayor interrelación personal, aceptación de la Palabra de Dios, revisión de vida y reflexión sobre la realidad, a la luz del Evangelio;
. acentuaban el compromiso con la justicia en la realidad social;
. hacían de la Parroquia una comunidad de comunidades.

Más tarde, en la Primera Convivencia Parroquial de C.E.Bs. que se realizaría en noviembre de 1987, se escucharían frases como las siguientes:
. "una pequeña comunidad es un grupo de personas que tienen objetivos comunes, que se reúne para colaborar, para trabajar por el barrio, para profundizar la Palabra de Dios...";
. "es como una gran familia en la que aprendemos a compartir y a conocernos";
. "es eclesial porque la guía Cristo y es de base porque la integramos la gente sencilla, la gente del pueblo..."

Contando con la riqueza de la experiencia latinoamericana ya desarrollada es que este grupo de jóvenes nos empezábamos a preguntar cómo empezar nosotros... en nuestro lugar... Y nos lanzamos entonces a soñar... Queríamos contarle a la gente de nuestros barrios esta experiencia de las C.E.Bs. que estaba sucediendo en América Latina, queríamos contarle de nuestro entusiasmo por sumarnos a este andar.


Ubicación geográfica

La experiencia se desarrolla en la Parroquia San Cayetano. La misma abarca una zona bastante extensa conformada por cinco barrios cada uno de los cuales tiene particularidades socioculturales y económicas específicas. La población total supera los 20.000 habitantes y ha ido creciendo desde aquél momento hasta hoy.
Dichos barrios son: Renacimiento, Colonia Lola, Acosta, Altamira y Miralta.
Algunos de ellos tienen más bien características de barrio de clase media-baja en los cuales sus habitantes tienen un empleo relativamente estable. Trabajan como empleados (públicos o privados), docentes, hay también algunos profesionales, etc. contando en general con algún tipo de cobertura social. Aquí llegan los servicios de luz, agua, gas natural, teléfono. Hay escuelas, centros de salud, etc.
Otros barrios son de condición más humilde muchos de los cuales provienen de historias de ocupación de las casas que hoy habitan. Trabajan en la construcción, como changarines, cuentapropistas, etc. Las instalaciones de servicios son relativamente precarias y gran parte de los hogares están a cargo de mujeres solas con muchos hijos. Existe aquí un porcentaje de población migrante del norte del país.
Por último, hay también zonas que tienen características de "villas miseria". Aquí las viviendas son extremadamente precarias, con poca accesibilidad a los servicios básicos y las condiciones laborales son mucho más inestable que en el resto.
Lamentablemente estas condiciones que hemos descripto muy brevemente han ido desmejorando durante los últimos años.
La estructura edilicia de la parroquia se encuentra en Altamira. En Colonia Lola hay un Capilla -San Andrés- y una casa donde viven algunas monjitas. En Renacimiento, desde 1993 hay una pequeña capilla. Hasta entonces las misas, la celebración de los sacramentos, la catequesis, etc. se hacía en las casas de los vecinos.
Las "pequeñas comunidades" comenzaron en dos de los barrios mencionados, Renacimiento y Altamira. Luego se extendieron a Colonia Lola, Acosta y Miralta.
Es importante señalar que en algunos de estos barrios la Parroquia venía realizando desde hacía mucho tiempo y antes del "inicio" de las C.E.Bs., toda una serie de actividades eclesiales (celebración de misas y sacramentos, enseñanza de la catequesis, roperos parroquiales, preparación de fiestas patronales, etc.) y/o sociales (apoyo escolar, posta sanitaria, cooperativas, centro vecinal, etc.). En otros barrios dichas actividades se comenzarían a gestar al mismo tiempo que crecía la experiencia de las C.E.Bs.
Con ésto queremos señalar que las "comunidades" se han ido gestando dentro de un contexto en el que la Iglesia tiene inserción, tiene un trabajo concreto con la gente del lugar desde hace tiempo y a partir de diferentes instancias, ya sean éstas específicamente eclesiales o correspondan más en general al orden social.


El ambiente parroquial

Durante el año 1986, en el marco de la renovación eclesial que se venía dando dentro de la Iglesia latinoamericana, y especialmente desde la llegada de un nuevo sacerdote, se había gestado un movimiento particular dentro de la parroquia. Los nuevos lineamientos eclesiales y las inquietudes del nuevo párroco parecían coincidir con muchas de las necesidades y los sueños presentes en la gente.
Había sido posible entonces realizar todo un replanteo acerca de la modalidad de trabajo. Se hablaba de una mayor participación laical, de la descentralización de las actividades y de las responsabilidades, de una catequesis permanente que acompañara todas las etapas vitales de las personas, etc. Se habían incorporado además jóvenes a los grupos, se habían empezado a formar personas para ser "Ministros de la Eucaristía" , se había reorganizado el ropero parroquial, se habían introducido cambios en la liturgia (cantos, homilías, etc.), se había dado impulso a la formación de catequistas, etc.
Todos estos cambios, sin embargo, no estuvieron exentos de conflictos. Muchas personas no estuvieron de acuerdo con los contenidos de esta nueva línea pastoral. Con el tiempo, algunos prefirieron quedarse con una experiencia religiosa más tradicional, otros se fueron integrando de a poco a esta nueva praxis pastoral.


El equipo coordinador

Como parte de todo este movimiento, y como ya lo enunciáramos, fue a mediados del año 1986, que un grupo de jóvenes de la zona que veníamos participando en distintas instancias de la vida parroquial (grupos juveniles, catequesis, coro de la misa, etc.) empezamos a pensar, junto al párroco del lugar, la forma concreta de dar inicio a este andar de las C.E.Bs. en nuestros barrios.
El grupo de trabajo se denominó "Equipo Formación". Como tal había surgido a comienzos de ese mismo año ante la convocatoria para preparar la Vigilia del Jueves Santo y para organizar un retiro espiritual con los jóvenes de la parroquia.
Al principio los que integrábamos el equipo éramos cinco, incluído el párroco. Al año siguiente más gente se sumó al trabajo. La mayoría eran jóvenes.
Además de reunirnos periódicamente una o dos veces por semana, cada uno de nosotros, y en la medida de sus posibilidades, se fue incorporando a las pequeñas comunidades que se fueron formando. El sentido principal era el de acompañarlas, apoyar a los coordinadores, estar más cerca de la gente, el ir aprendiendo... en síntesis, la idea era vivir desde adentro y bien de cerca este proceso comunitario.
A finales del 86' fue cuando se lanza el trabajo concreto con la gente...


Los comienzos

Desde esta idea de las C.E.Bs. empezamos a caminar las calles de la zona. Queríamos construir un mapa sobre el cual diferenciaríamos distintos sectores cada uno de los cuales abarcaría varias manzanas.
Queríamos ubicar en cada uno de estos sectores una familia para que fuera la responsable, la coordinadora del área. Nuestra idea era que dicha familia, a la que denominábamos familia-llave, fuera la encargada de invitar a la gente de esa zona a las distintas actividades que se fueran llevando a cabo, facilitando también el espacio físico de su casa o buscando otro donde pudieran reunirse,
Para ello nos habíamos imaginado saliendo casa por casa a golpear puertas para poder hablar con las personas. Pero los hechos se fueron dando -como siempre- de manera muy distinta a la que habíamos planificado...
Al salir nos encontramos con vecinos que espontáneamente ya se venían reuniendo con cierta periodicidad para rezar el Rosario, hacer oración, leer la Biblia, ayudar a algún vecino, etc. Nos encontramos también con "líderes naturales", personas convocantes, con iniciativa, con los cuales podríamos contar.
Además, y aunque en principio no lo habíamos tenido en cuenta, nosotros mismos teníamos "referentes" en la zona. Personas que conocíamos por estar en contacto con la parroquia o con quienes teníamos relación a partir de otros ámbitos (laborales, barriales, etc.) y a quienes les podía interesar esta propuesta.
En la realidad nuestras "familias llaves" resultaron ser más bien "personas llaves", especialmente mujeres. Y más que encontrarlas golpeando casa por casa, las ubicamos siguiendo el curso de nuestras propias relaciones sociales.
Por otra parte, las zonas que habíamos dibujado en el mapa si bien nos ayudaron a ubicarnos, no fueron las que se usaron en la realidad. En la práctica cada persona llave, cada animador, se encargó de un área pero valiéndose para ello no del mapa dibujado sino de su propio mapa de relaciones. Más que seguir nuestra propuesta de hacer una invitación a los vecinos casa por casa, fueron invitando a las personas más conocidas, a los vecinos más próximos, a los más amigos. Fueron siguiendo -como nosotros- el curso de sus propias relaciones sociales y afectivas...
La propuesta específica que el equipo hizo a los animadores y que ellos fueron transmitiendo a sus vecinos era la de reunirse en sus propias casas a reflexionar la realidad social del barrio, del país, etc. a la luz de la Palabra de Dios para, de esta forma, vivir una fe encarnada desde un compromiso social concreto. A ésto nos referíamos cuando hablábamos de empezar este caminar de las Comunidades Eclesiales de Base en nuestra zona.
Como equipo coordinador de la experiencia nos encargaríamos, entre otras cosas, de la preparación de materiales (guías escritas) cuya finalidad era la de ayudar a concretar la propuesta. Dichos materiales serían entregados a los animadores los cuales tendrían a su cargo el coordinar el encuentro con los vecinos miembros de la pequeña comunidad.
La frecuencia de estos encuentros la irían determinando cada una de las comunidades. Este sería uno de los puntos en los que, más adelante, se irían haciendo evidentes las particularidades de cada una de ellas ya que así como algunas se fueron juntando semanalmente, otras lo irían haciendo sólo en ocasión de triduos o novenas. En este sentido cada comunidad fue siguiendo su propio ritmo.
Lo que nosotros pretendíamos era el logro de una cierta continuidad en los encuentros lo que en ese momento igualábamos a la continuidad de la experiencia.
Para la preparación del material nos guiamos por los tiempos litúrgicos (Adviento, Cuaresma, Pascua, Pentecostés, etc.), por las fiestas patronales (San Cayetano) y por las devociones populares (Novena Mariana, rezo del Rosario, los santos).


Nuestro diagnóstico inicial y los objetivos que nos propusimos

La situación diagnóstica inicial era la de una parroquia centralizada, que no llegaba a todos, con una estructura jerárquica y piramidal, con poco protagonismo laical, con miembros cuya vivencia de la fe estaba poco ligada al compromiso social y con una religiosidad que muchas veces terminaba siendo vacía al hacer énfasis sobre todo en sus aspectos formales.
El objetivo general y a largo plazo con el que partimos fue el de "llevar el Evangelio a todos", llegar a todas las familias del barrio, a cada rinconcito, a cada casa.
Pretendíamos, por una parte, lograr una resignificación de la religiosidad popular. Pasar de una vivencia de la fe que muchas veces estaba caracterizada por la realización mecánica de determinados ritos y por la incoherencia entre la fe y la práctica cotidiana a otra que fuera más comprometida con la realidad social.
Por otra parte, dábamos mucha importancia al análisis político-económico-social de la realidad y al compromiso concreto.
Las Comunidades Eclesiales de Base eran la manera privilegiada de ir haciendo realidad estos objetivos.
La primera invitación fue para juntarse a preparar en comunidad el Adviento de 1986. Para ello se diagramó un folleto a través del cual se intentaron transmitir estas inquietudes. Dicho folleto fue repartido casa por casa por los animadores y por otros miembros de la comunidad parroquial.
En ese contexto se realizaron las tres primeras reuniones en las que se trabajó, por una parte, el sentido del Adviento y, por otra, la importancia y riqueza de la vida comunitaria. En este marco se concretó también la primera reunión de animadores de comunidades.
Con el tiempo fuimos observando que, desde este intento de "llegar a todos", habíamos podido llegar mayoritariamente a las mujeres y no tanto a los jóvenes, niños, hombres, etc. Aquéllas eran las participantes principales en esta experiencia.


Materiales

Cuando hablamos de "materiales" nos referimos principalmente a las cartillas de formación y a un esquema básico para los encuentros de comunidades que elaborábamos.
Éstos se iban preparando sobre la marcha entregándose a los animadores en las reuniones que el equipo mantenía con ellos o acercándoselos a sus casas.
El esquema general de cada encuentro constaba de tres momentos principales: el ver, el juzgar y el actuar:
. en el ver se apuntaba a realizar una análisis de la realidad a partir de preguntas, relatos de situaciones concretas, lectura de recortes de diarios o revistas, chistes, poesías, cantos, etc.;
. en el juzgar se leía un texto bíblico con el objetivo de reflexionar lo que la Palabra de Dios decía respecto a la realidad analizada; se incorporarían aquí también Documentos de la Iglesia, refranes y lecturas populares, etc.
. en el actuar se proponía pensar, a partir de la reflexión anterior, acciones en donde se pudiera concretar el compromiso con la realidad.
Además había una introducción donde se explicitaba el sentido y el objetivo del encuentro.
Luego, este esquema inicial, tendría algunas modificaciones según las particularidades de las comunidades y de los aprendizajes que fuimos haciendo durante la experiencia.
Como ejemplo de estas modificaciones vale citar los cambios introducidos en el esquema inicial. A dicho esquema se le agregaría el momento de la ofrenda y de la celebración. Por otra parte, en el comienzo no habíamos incluído la copia del texto bíblico que se sugería leer, solamente poníamos la cita. Pero al ver que muchas personas no tenían Biblia o que no sabían buscar en ella las citas empezamos -primero- a transcribir el texto y -luego- a pensar cómo hacer para que todos fueran aprendiendo a utilizar la Biblia y a familiarizarse más con ella.
Para la preparación del material nos guiamos por lo producido en otras experiencias como la del Padre Carlos Mesters, y tomamos aportes de la educación popular de adultos, de la metodología catequística, del método de la teología de la liberación, y también incluímos algunas técnicas participativas.
El material que se iba produciendo era utilizado por las pequeñas comunidades. En ese sentido había buena acogida aunque la gente a veces mostraba ciertas resistencias en cuanto expresaban que eran textos muy políticos, que no se le daba mucha importancia a la oración, etc.
En cuanto a los recursos materiales con los que nos manejábamos podemos decir que la mayoría de las cosas fueron hechas "a pulmón".


Principales formas de acción

Las principales formas de intervención estuvieron dadas por encuentros y celebraciones en las pequeñas comunidades, cartillas de formación, celebración de novenas y triduos, realización de misiones, reuniones con los animadores de las comunidades, participación en convivencias parroquiales y diocesanas, en seminarios y cursos, reuniones de coordinación a nivel diocesano y nacional, organización de las fiestas patronales y de "jornadas".
Respecto a estas últimas queremos destacar la realizada en Pentecostés de 1989.
En ese momento los Obispos habían convocado a una Jornada de Oración y Reflexión con motivo de las elecciones presidenciales que se iban a realizar en mayo. Se vivía un momento económico social muy duro. Fue el período de inflación más difícil que se había vivido como país.
De acuerdo a la posición que se había venido sosteniendo en relación al tema político y a cómo concebíamos el compromiso cristiano, continuamos insistiendo en la "no separación de las realidades de la vida -las cuales son siempre políticas y sociales- de las realidades de la fe" y tomando la iniciativa de los Obispos organizamos a nivel parroquial una jornada.
En la misma, y a modo también de rescatar lo simbólico-ritual, se hizo una celebración. En ella se propuso "renunciar" a todo aquello que no nos permitía crecer como pueblo y que, por lo tanto, no nos ayudaba a luchar por la unidad y la paz.
Se renunció a la "falsedad", al "orgullo", a la "vagancia", a la "cobardía", al "miedo", a la "soberbia", a la "comodidad", a la "indiferencia", a la "injusticia", a la "envidia", a la "avaricia", al "no te metás", al "qué dirán", etc. Hubo a la vez, un compromiso en relación a "ayudar al necesitado", "al que sufre", a "ayudarse mutuamente", a "predicar la Palabra de Dios, a "ser más unidos, humildes y solidarios", a "trabajar por la unidad, la reconciliación y la paz" y a "luchar por lo justo, por la fe, por la dignidad del hombre y por el amor". Hubo también un fuerte compromiso a "no perder la esperanza".
Durante ese mismo año, y en relación a la difícil situación económica-política-social mencionada, se escribió una carta que fue publicada en el diario local "La Voz del Interior" y que fue firmada por los coordinadores de las C.E.Bs. El objetivo de la misma era expresar solidaridad, cercanía y compromiso con muchísimas inicitivas que habían surgido en los sectores más pobres de la población como intentos de paliar la terrible crisis que se estaba viviendo (ollas populares, comedores infantiles, huertas comunitarias, etc.). Iniciativas en las que muchos miembros de las comunidades participaban activamente.


Algunos obstáculos en el caminar

A partir de los comentarios de los animadores, de lo que nosotros íbamos observando y a partir de la propia reflexión sobre la práctica se nos iban haciendo claros algunas dificultades en relación a la experiencia en su totalidad, a los animadores y miembros de las comunidades, a la estructura eclesial y a nosotros mismos como equipo de trabajo.
Entre las dificultades más claras en relación a los animadores y a los miembros de las comunidades se encontraba principalmente la de hablar, opinar, decir, expresarse durante los encuentros -tanto en el momento del análisis de la realidad como en el de la reflexión de la Palabra y en el del compromiso concreto-.
Además, los animadores muchas veces se "ataban" al material organizando la comunidad alrededor del mismo y no instrumentándolo en función de las características y necesidades particulares. Costaba por otra parte, incorporar el momento del canto (sugerido en el esquema general de los encuentros) como un espacio importante de oración y de reflexión.
Más adelante irían apareciendo otros puntos como problemáticos: "la falta de integración de los varones", "la inpuntualidad y la inasistencia" de algunos miembros, "la proliferación de las sectas", etc.
Estos puntos problemáticos se fueron abordando a partir de cartillas de formación, de la reflexión y búsqueda de estrategias de acción durante las reuniones de animadores, afianzando el acompañamiento del equipo a los animadores y a los miembros de las comunidades, apuntalando la formación, teniendo en cuenta estas dificultades en la elaboración del material, etc.
Con el desarrollo de la experiencia fuimos también dándonos cuenta de que algunos inconvenientes se iban dando a partir de la lectura de la Biblia... ¿porqué a veces nos quedamos todos en silencio? ¿cómo hacer cuando no entendemos algo? ¿cómo vamos nosotros a interpretar la Biblia?, etc.
En función de esas dudas e interrogantes se fueron pensando "Encuentros Bíblicos". El objetivo era poder ir haciendo realidad una "lectura popular de la Biblia".
Los casos, las situaciones planteadas en el momento de "partir de la realidad", los análisis que se iban realizando, etc. a menuedo eran tildados de "políticos". Esta concepción que cuando se hacía iba cargada de una connotación negativa era sosteniada tanto por algunos miembros de las C.E.Bs. como por algunas personas de la comunidad parroquial.
Se fueron tomando estas preocupaciones para, a partir de ellas, ir profundizando la reflexión respecto a la dimensión política presente en cada hecho de la vida cotidiana.
La idea también era la de apuntalar desde aquí la vinculación fe y vida que teníamos como uno de los objetivos principales.
Aparecieron también algunos conflictos con la jerarquía eclesial local a pesar de que la postura general siempre había sido la de "dejar hacer...". Por ejemplo, para el II Encuentro Nacional de C.E.Bs., quienes tenían que ir como representantes de la Diócesis de Córdoba no fueron autorizados por el Obispo para asistió. De todos modos, y aunque no se contaba con la representación "oficial", estos representantes participaron.
A nivel global y de nosotros como equipo podemos agregar otros obstáculos que vivimos también como desafíos:
. contar con pocos miembros en el equipo y con pocos animadores: el haber sido más hubiera agilizado la relación de la parroquia-C.E.Bs.;
. el lenguaje: en el sentido de que, como equipo, nos constaba encontrar las palabras y las formas que nos ayudaran a comunicarnos realmente con la gente; nos costaba encontrar las palabras que nos ayudaran a decir lo que queríamos transmitir y a entender lo que la gente nos estaba diciendo; nos costaba, desde nuestra lógica, entender esa "otra lógica" presente en los procesos comunitarios;
. nuestra propia rigidez mental: la falta de una más permanente y profunda reflexión-revisión de la práctica.


Modificaciones en el andar

Siguiendo el ritmo de la religiosidad popular...
La figura de la Virgen María iba apareciendo ante nosotros como central en la religiosidad de la gente. Su imagen era convocante para la gente del barrio. Además, iba apareciendo también, como una práctica bastante frecuente, el rezo del Rosario.
Partiendo de estas percepciones, y a través de lo que denominamos Misiones Marianas, fuimos tratando de profundizar esta dimensión de la creencia popular en el sentido de ir acercándonos a una imagen de la Virgen en la que se resaltara fundamentalmente su condición de mujer común, de mujer inserta en la vida y en la realidad social e histórica de su época. El objetivo era ir haciendo una resignificación de la religiosidad popular que apuntara, como dijimos anteriormente, a una vivencia de la fe más concreta, más encarnada, más llena de contenido, menos mecanicista.
Desde ese mismo objetivo, y partiendo de que muchas veces la gente rezaba el Rosario "como loros", se fue incorporando la idea de rezarlo pero en función de profundizar la reflexión sobre la vida de Jesús. Para ello se invitó a incorporar a los "misterios tradicionales" la lectura de pasajes bíblicos.
También iba cobrando fuerza el reclamo de capacitación respecto al tema bíblico... "no nos sentimos formados para lo que estamos haciendo, sobre todo para explicar la Palabra de la Biblia, surgen muchas preguntas muy difíciles..." decía una de las animadoras durante la reunión.
Fue entonces que se preparó una Novena Bíblica con la idea de partir de la devoción a la Virgen María e introducirse desde allí a una lectura popular y comunitaria de la Biblia. La lectura de la Biblia resultaba mucho menos convocante que la imagen de la Virgen así que, atendiendo a este elemento de la religiosidad de la gente y a riesgo de quedarnos fuera del proceso comunitario, decidimos llegar a la lectura de la Biblia desde esta devoción popular. Más adelante, y con el mismo sentido, uniríamos a la figura de la Virgen la del Espíritu Santo.
Respecto a esta devoción mariana también cabe acotar que durante el año 1989 se fue trabajando más la idea de realizar "misiones". Se preparaban cartillas sencillas con las que los miembros de las comunidades iban visitando -y dejando- a sus vecinos.
Posteriormente, durante la tradicional Novena a San Cayetano de 1990, se hizo un intento de enlazar dos elementos presentes en la religiosidad popular: las novenas y la devoción a los santos.
Fue así que se unieron en una misma novena que se denominó "Recuperando Testimonios" dos testimonios de vida: el de San Cayetano
-patrono parroquial- y el del Obispo mártir Monseñor Angelelli . La proximidad de las fechas en que se recuerda la muerte de ambos -4 de Agosto para Monseñor Angelelli y 7 de Agosto para San Cayetano- nos dió una excusa para marcar la proximidad de sus opciones: la fe en un mismo Dios, el Dios de la Vida, el Dios de los Pobres. Al mismo tiempo, y a nivel de la diócesis, se realizaban celebraciones en torno a la figura de Monseñor Angelelli: peregrinaciones al lugar en donde murió, misas, peñas, etc.
También fue cobrando cada vez más fuerza la importancia que tenían los tiempos litúrgicos para la mayoría de la gente, incluso para aquellos "más alejados". Cada vez era más claro para nosotros que ese ritmo era el de toda la comunidad y no sólo el de algún grupo, equipo o movimiento. Entonces si bien al principio asumir este ritmo parecía ulna concesión tradicionalista, después lo fuimos viendo como una oportunidad para invitar a vivirlo de otra manera.

Acerca de las diversidades y particularidades de las comunidades...
Poco a poco íbamos percibiendo algunas particularidades y diversidades entre las comunidades.
Para algunas el material que preparábamos aparecía como demasiado complejo, un tanto inaccesible mientras que para otras parecía estar bien. Fué así que empezamos a preparar para algunas ocasiones materiales más simples que constaban no de los tres momentos principales antes explicitados sino que tenían sólo un texto bíblico y preguntas para la reflexión. Cada una de las pequeñas comunidades fue instrumentando el material que más se adecuaba a sus particularidades.
Hubo momentos también en que, ante el surgimiento de nuevas comunidades, las mismas "comenzaban su andar" haciendo uso de los materiales y propuestas hechas con anterioridad. Ésto principalmente porque en ellos aparecían temas y dudas características de los inicios de la experiencia.
Las comunidades se iban diferenciando también en otros aspectos: en la frecuencia con la que realizaban sus encuentros, en la cantidad y tipo de actividades eclesiales y sociales en que se iban incorporando, en su grado de participación en seminarios, cursos y convivencias, en su "resistencia" o no a lo político, etc.

Algunos temas que preocupaban...
En relación a los objetivos propuestos, algunos temas iban apareciendo como preocupación. Principalmente el de los "ministerios dentro de la Iglesia", la creciente proliferación de "las sectas" y la concepción respecto al "agua bendita".
Para el abordaje puntual de estos tres puntos se elaboraron algunas cartillas. Además se fueron reflexionando en las distintas instancias de encuentro.
Respecto a los "ministerios de la Iglesia" se apuntó a resaltar su diversidad y su carácter de servicios a la comunidad. Y ésto en función no sólo de promover el protagonismo laical sino también a partir de limitaciones concretas en cuanto a las responsabilidades y actividades que podían ser cubiertas por el sacerdote. Puntualmente se había visualizado la necesidad de preparar a algunas personas para que pudieran acompañar los momentos de duelo cuando fallecía algún vecino. Se preparó entonces una guía para la realización de una pequeña celebración que podría llevarse a cabo en dichas ocasiones.
En cuanto al tema del agua bendita lo que se hizo fue tomarlo como punto de partida para reflexionar acerca de la concepción mágica que a menudo se veía asociada a la bendición tanto de objetos como de personas. El objetivo seguía siendo el de ir resignificando distintos elementos de la religiosidad popular. El eje fundamental de la reflexión pasó por presentar al agua como un signo de la presencia de Dios, un signo de vida y no como una especie de amuleto.
La preocupación acerca de la proliferación de las sectas tuvo que ver con que este hecho se estaba generalizado tanto en nuestro país como en el resto de Latinoamérica. Muchos interrogantes y dudas teníamos nosotros y se habían generado entre la gente por lo que se fueron tomando distintos aspectos para la reflexión.
Por una parte se intentaron analizar las diferencias que había entre las sectas y otras religiones, los mecanismos de funcionamiento de las primeras y algunos de los aspectos negativos de las mismas. Se insistió mucho en el respeto que nos merecen otras religiones. Se reflexionó también sobre algunos errores de la Iglesia Católica que creíamos dificultaba su llegada a la gente contribuyendo de esta forma, y sin proponérselo, a la proliferación de las sectas.

De nuestro intelectualismo...
Por otra parte, y a medida que iba avanzando la experiencia, íbamos percibiendo que en los encuentros se había hecho demasiado énfasis en el análisis socio-económico-político de la realidad privilegiando de esta manera más la dimensión intelectual y racional frente a la simbólica y vivencial. Nos empezamos a dar cuenta de la importancia que el aspecto ritual, simbólico, cotidiano, vivencial tenía en esta experiencia de las C.E.Bs.
El énfasis en lo intelectual tenía que ver más con nuestras necesidades que con la de los miembros de las comunidades.
Fue entonces que en la preparación del material para las reuniones fuimos incorporando la idea de "celebraciones". Queríamos rescatar el sentido de la celebración en tanto expresión de las vivencias cotidianas a través de los gestos y como una forma de ir respetando y aclopándonos a las características de la religiosidad que vivía la gente.
Se incorporó a "los encuentros-celebraciones" el momento del 'ofrecimiento' que contenía la idea de representar, a través de distintos objetos, las vivencias cotidianas de las personas de la comunidad.
A estas celebraciones se incorporaron también los "ministros de la eucaristía" de la Parroquia.

Compartir tareas y responsabilidades...
Durante el año 1989 una de las animadoras preparó material para los encuentros de comunidades y los sumó a los preparados por el equipo. Aunque nosotros nos habíamos planteado llegar a esta instancia como uno de los objetivos del trabajo, en este caso la iniciativa surgió de manera espontánea, y constituyó un signo de que en algo por lo menos íbamos avanzando en esta idea de una participación horizontal, de un mayor protagonismo de toda la comunidad, etc.
Otros signos del movimiento progresivo hacia una mayor participación fueron el poder ir compartiendo otro tipo de tareas y responsabilidades tales como la organización de celebraciones y convivencias, la acción y representación a nivel de instancias más amplias de articulación, la participación en cursos y seminarios, la incorporación a tareas barriales, etc.
La idea de descentralización que había estado en la génesis del trabajo con las C.E.Bs. y que se iba plasmando a través de distintos hechos (la celebración de la Novena a San Cayetano en los tres barrios y no sólo en aquél en donde se ubicaba el "templo", la realización de las misas y de los sacramentos en otros barrios, etc) también constituía un avance en este sentido. No se trataba sólo de descentralizar para llegar a más gente, para conocer y vivir la fe desde distintas realidades sino también para hacer posible una mayor participación a través del compartir tanto las tareas como las responsabilidades.

De nuestro esquematismo inicial...
Junto al desarrollo de la experiencia iban surgiendo en nosotros otras reflexiones.
Lo que nos habíamos imaginado al principio -las comunidades reuniéndose una vez por semana o durante varios días seguidos a realizar encuentros de reflexión- no parecía ser lo que más se acercaba a la religiosidad de la gente.
Esta idea sobre qué era una C.E.Bs. que había estado en nosotros desde el principio de manera bastante implícia, se nos iba apareciendo como demasiado rígida. A pesar de que en muchos momentos de este caminar sentíamos que simplemente íbamos "haciendo camino al andar", nos habíamos atado a un esquema que la realidad nos estaba haciendo flexibilizar.
Estas eran el tipo de reflexiones que tratábamos de ir plasmando en modificaciones concretas de la modalidad de trabajo.
Se empezó entonces a insistir más en la idea de realizar "misiones" en función de poder salir de este esquematismo y llegar a más gente.
Para estas misiones se iban preparando pequeñas cartillas con esquemas simples de oración que eran repartidas a muchas familias a las que los miembros de la comunidad iban visitando y a las cuales, desde el esquema anterior de reuniones semanales de comunidad, no se había podido llegar.
Esta idea de las "misiones" no era nueva dentro de la Iglesia. Lo novedoso era el contenido laical, ecuménico, popular, horizontal y comprometido que se le intentó imprimir y que estaba en contraposición al carácter apologético, proselitista, clerical que muchas veces caracterizaba a las misiones tradicionales.

Las comunidades eclesiales de base no como un grupo más de la parroquia sino como la parroquia misma en movimiento...
Fuimos visualizando que, de alguna manera, las C.E.Bs. se habían convertido en "un grupo más" de la parroquia y en el grupo que sentía que encarnaba más fielmente la "opción por los pobres". En ese sentido se había creado una especie de barrera entre las pequeñas comunidades y el resto de las instancias parroquiales.
Sin embargo, desde la reflexión sobre la riqueza de las C.E.Bs., veíamos que éstas no tenían que ser un grupo más dentro de la parroquia sino que debían ser la parroquia, la Iglesia misma en movimiento. El sentido más profundo de la experiencia tenía que estar dado por el hecho de que toda la comunidad se pusiera en movimiento en función de una auténtica experiencia comunitaria desde la opción por los pobres y no sólo algunos.
Se empezaron a realizar entonces pequeñas acciones para revertir esta situación, entre las cuales estuvo la de promover que el material de reflexión que había venido siendo utilizado hasta ese momento casi exclusivamente por las pequeñas comunidades empezara a aprovecharse desde otras instancias de la vida parroquial (grupos juveniles, ministros de la eucaristía, ropero, etc.).


Procesos de organización

A medida que se iba desarrollando la experiencia se iban conformando diferentes espacios de organización y articulación a nivel parroquial, diocesano y nacional y que podemos esquematizar de la siguiente manera.


Espacios Actividades

- Nivel Parroquial

Equipo Formación Reuniones de Equipo
Animadores de C.E.Bs. Reuniones del Equipo con los Animadores
Miembros de las C.E.Bs. Convivencias Parroquiales de C.E.Bs.


- Nivel Diocesano

Animadora de C.E.Bs. Reuniones de la Animadora
Encuentros de Animadores de C.E.Bs.
Convivencias Diocesanas

- Nivel Nacional

Equipo Nacional de C.E.Bs. Reuniones del Equipo Nacional
Encuentros Nacionales de C.E.Bs.


A nivel parroquial se diferenciaban entonces tres espacios: el equipo formación, los animadores de las pequeñas comunidades y los miembros de las C.E.Bs. A la vez, un miembro del Equipo Formación participaba como reprentante de las C.E.Bs. en el Consejo Pastoral.
Había una instancia de reunión del equipo con los animadores de la pequeñas comunidades. Estas reuniones se realizaban periódicamente haciéndose en Altamira cada quince días y en Renacimiento todas las semanas. A veces, a las reuniones que se realizaban en Bº Altamira se sumaban las animadores de Renacimiento.
A nivel de la diócesis, y a partir de 1987, se habían empezado a realizar mensualmente, a nivel de la Diócesis, reuniones de lo que luego se llamaría "Animadora Diocesana de C.E.Bs." Esta instancia había surgido como iniciativa de algunos cordobeses que habían participado del primer Seminario de Formación Teológica -Quilmes 86'- y que se habían planteado vivir una fe comprometida desde una clara opción por los pobres... ¿por qué no nos juntamos en Córdoba? ¿por qué no nos organizamos y tratamos de conocernos más, de compartir experiencias, de ayudarnos a crecer? Así, representantes de distintas parroquias, C.E.Bs., grupos, etc. de la diócesis, se empezaron a juntar una vez por mes. A estas reuniones asistían como representantes de las C.E.Bs. de la parroquia algún/os miembro/s del equipo formación y algún/os animador/es de las pequeñas comunidades.
Durante ese mismo año, y a nivel nacional, también se realizó el "I Encuentro Nacional de Comunidades Eclesiales de Base" cuyo lema fue "Comunidades Eclesiales de Base: un nuevo rostro de la Evangelización . A partir del mismo queda conformado el primer "Equipo de animación, comunicación y articulación de las C.E.Bs." en la Argentina.
Con anterioridad a este encuentro nacional, y entre algunas coordinadoras de las comunidades, había surgido la idea de generar una instancia que facilitara el "compartir las experiencias vividas durante el primer año del caminar de las C.E.Bs.", "conocerse", "preparar a los representantes que irían al encuentro nacional", "tomarse unos mates juntos", etc.
Para ello se pensó y se llevó a cabo el 8 de noviembre el "Primer Encuentro de Pequeñas Comunidades a Nivel Parroquial". En el mismo participaron miembros pertenecientes a seis comunidades: tres comunidades de Barrio Renacimiento y tres de Barrio Altamira.
Después de esta convivencia, las reflexiones que en ella surgieron, fueron compartidas con el resto de la comunidad a través del boletín parroquial "Mensajes Comunitarios". Esta comunicación complementaba otra anterior en la cual se había contado de la existencia de diez pequeñas comunidades en la parroquia.
Junto a estos encuentros parroquiales se fueron realizando convivencias a nivel diocesano y encuentros diocesanos de animadores.
En diciembre de 1989 se realiza el "Primer Encuentro de Animadores de C.E.Bs." El sentido del mismo fue generar un espacio de reflexión en donde se pusieran en común las distintas experiencias y que permitiera, al mismo tiempo, realizar una evaluación acerca de lo actuado por la animadora diocesana hasta ese momento y una formulación de nuevas propuestas. Asistieron aproximadamente treinta participantes pertenecientes a seis parroquias de la diócesis.
Se comenzó trabajando sobre las principales dificultades que surgían en la tarea: "falta de material para las reuniones y para otras actividades", "falta de capacitación ante temas bíblicos", "resistencias a tratar temas sociales y políticos", "dificultades en el logro de capacitación y mayor compromiso en el resto de la gente". Como dificultades menores se mencionaron la "falta de apoyo de los párrocos", la "ausencia de varones", la falta de "tiempo", los "conflictos con la jerarquía". Como propuestas para superar estos obstáculos surgieron ideas tales como la de "generar más espacios de formación", de "escuchar más a la gente", de "buscar otras formas de participación", de "respetar tiempos y procesos", de "insistir en una fe concreta y comprometida".
Respecto a la Animadora se propuso que "se encargara de la fomación de los animadores y de la elaboración de material", "que participaran representantes de más parroquias y que los mismos se fueran rotando", "que pusiera énfasis en el fortalecimiento de las C.E.Bs.", "que se encargara de la realización de los encuentros para animadores y de la preparación de las convivencias generales". De esta manera se iba construyendo la función que podía jugar la animadora diocesana.
En continuidad con esta primera reunión y con los objetivos de "lograr un mayor y mejor conocimiento, comunicación e integración de las C.E.Bs.", de "intercambiar experiencias", de "contribuir a la formación de animadores" y de "prepararse para el II Encuentro Nacional" que se iba a realizar en octubre, se convoca para el día 20 de mayo de 1990 al "II Encuentro de Coordinadores de Córdoba", encuentro en el que participaron alrededor de cuarenta personas.
Se trabajó el "partir de la realidad" -primer momento del esquema ver, jugar y actuar- desde una propuesta que había elaborado el Equipo Nacional de Animacion de C.E.Bs. Como parte de este análisis de la realidad se reflexionó sobre los signos de vida y muerte presentes en la sociedad, acerca de sus causas y de sus responsables. La síntesis de esta refleción se presentó luego en el II Encuentro Nacional de C.E.Bs.
Después de este encuentro diocesano se acordó que las comunidades siguieran trabajando el momento de la "iluminación" -juzgar- y el del "compromiso concreto" -actuar-.
Los miembros de las C.E.Bs. también comenzaron a participar en los "Seminarios de Teología" y en otros espacios de formación tales el curso arquidicoesano dado por el equipo del Padre Marins -Brasil- en Córdoba durante el año 1988.
A partir de este último es que se organiza la "II Conviencia Parroquial de Comunidades Eleciales de Base" en mayo de 1988 ya que quienes habían participado del mismo quisieron compartir su experiencia con los otros miembros de las comunidades. El lema de la convivencia fue: "Las Comunidades Eclesiales de Base no son un movimiento dentro de la Iglesia, es la Iglesia en movimiento". De este encuentro participaron miembros de seis comunidades, mayoritariamente mujeres. Entre todos los que habían concurrido, además de compartir sus experiencias comunitarias, se intercambiaron dónde y cuándo cada comunidad se reunía para facilitar de esta forma la participación de los que tenían algún problema de horario.
Durante esta convivencia se trabajaron las siguientes preguntas: ¿cómo era la Iglesia cuando éramos niños y cómo la experimentamos hoy? ¿qué tendría que seguir cambiando? ¿por qué?. Algunas de las reflexiones que surgieron y que iban mostrando el cambio en la manera de vivir la fe que se estaba gestando fueron...
...en relación a cómo era la Iglesia cuando niños: "la Iglesia entonces era autoritaria, cerrada, poco participativa", "se oraba en un idioma prácticamente desconocido, que establecía distancia entre sus miembros", "formalista", "tenía la misa en latín, no se entendía nada", "era muy alejada, cerrada...";
...en relación a cómo la experimentamos hoy: "hoy es más abierta, con más comunicación", "partimos de la realidad, se adapta más a las necesidades de nuestro tiempo", "está comenzando a cambiar, está en movimiento, tiende a la apertura, hay mayor participación y comunicación, es menos misteriosa y más realista";
...respecto a qué cosas deberían seguir cambiando: "para que exista un cambio los cristianos debemos tomar conciencia de que formamos parte de la Iglesia, y de que formar parte de la Iglesia no significa solamente seguir con los ritos sino asumir todo un estilo de vida", "la Iglesia debería seguir cambiando... renovando la catequesis, la manera de evangelizar, la forma de orar", "ser más socializadora, llevando a la internalización de pautas, valores y sentimientos tales como la solidaridad, fraternidad, cooperación, participación, etc.", "tendría que cambiar su forma de evangelizar, que camine junto al pueblo", "habría que lograr mayor comunicación", "que capacite a la gente con mayor participación de los laicos" , "que contemple más las necesidades del pueblo y de los sacerdotes porque todos necesitamos reivindicarnos como personas", "que sea una Iglesia donde el amor, la justicia reinen, en donde nos sintamos todos hermanos".
En la medida en que se iba participando de estos encuentros, cursos, seminarios, etc. nosotros ibamos reflexionando acerca del sentido que tenía dicha participación. Nos parecía entonces que la misma tenía que ver principalmente con el poder ir sintiendo que en este caminar de las comunidades, caminar durante el cual muchas veces había miedo e incertidumbre, no se estaba solo. Había toda una experiencia eclesial a nivel nacional y latinoamericano que nos acompañaba y que arrancaba de las raíces más profundas de nuestra religiosidad.


Articulación con otras iniciativas de la zona

Las instancias de articulación de la experiencia como tal con otros trabajos barriales y con otras instituciones fue en general escasa, especialmente al principio. Sólo en una segunda estapa de la experiencia se empezó a dar un movimiento en este sentido y a partir de necesidades bien concretas y para acciones puntuales.
Sin embargo, las conexiones personales "informales" con ollas populares, centros vecinales, centros de salud, apoyo escolar, etc. sí se dieron en mayor medida desde quienes integrábamos el equipo y desde los miembros de las pequeñas comunidades. Muchos veníamos, permanecimos y/o nos fuimos incorporando a distintos espacios de participación social de la zona y de otros espacios a la par que vivíamos esta experiencia de las C.E.Bs. Es decir, las prácticas sociales y eclesiales nos atravesaban a todos nosotros como miembros de una misma comunidad barrial.


Instancias de evaluación y reflexión sobre la práctica

Al finalizar algunas de las actividades centrales (novenas, triduos, convivencias, fistas patronales, etc.) intentábamos ir evaluando la marcha de la comunidades junto a los animadores y a los miembros de las C.E.Bs..
Durante el año 1988 se realizaron dos evaluaciones. La primera en ocasión de la finalización de la Misión Mariana. La misma contempló los siguientes items: el material, los temas y los textos.
En relación a éstos surgieron las siguientes reflexiones por parte de los integrantes de las comunidades... "se ha visto mucha mayor participación", "la gente pudo aterrizar y uno por uno fue cuestionándose", "en mi casa no se habla más que de la Biblia", "antes rezábamos como loros, ahora tiene sentido el rosario", "se nota el cambio que vamos teniendo aunque no es constante", "acá hemos crecido en la solidaridad, antes no me daba con nadie en el barrio, ahora me doy hasta con los perros", "la Biblia antes era un misterio, ahora es más comprensible desde que nos reunimos", "cualquier cosa que pasa la gente enseguida dice 'vamos a pedir por la radio'..." , "con las reuniones es como regar la semilla de la Palabra de Dios", "nosotros pedimos la sabiduría de lo alto y el Señor la da para interpretar la Biblia. El lo prometió así".
La segunda evaluación se realizó al finalizar el año y se tomaron como puntos de referencia la experiencia comunitaria, la vivencia de fe, el compromiso social, las dificultades y las sugerencias, el material de trabajo, la tarea de los coordinadores y otros.
Se habló de "el logro de un mayor conocimiento y comunicación", "de lo positivo del compartir, del análisis de la realidad y la profundización de la fe", "se destacó la ayuda brindada por el material en el sentido de poder relacionar fe y vida y para la organización del trabajo".
En relación a las dificultades y sugerencias apareció "la necesidad de una mayor vinculación entre las comunidades y de una mayor presencia del párroco en las mismas o de algún catequista o miembro de la comunidad parroquial en función de, por ejemplo, aclarar algunas dudas que iban surgiendo", "se solicitó mejor impresión de los materiales", "se pidió más información sobre la animadora diocesana de comunidades", "se plantea la posibilidad de revisar con los coordinadores el material para los encuentros antes de su utilización".
En ocasión de la Novena Bíblica realizada en 1989 se hizo una evaluación en torno a los siguientes puntos: el material utilizado, los textos, los objetivos, los misterios sugeridos para el rezo del rosario, etc. Se intentaba continuar así con una revisión permanente de la experiencia.
Otra instancia de evaluación y reflexión sobre la práctica se iba dando al interior del equipo y son esas reflexiones las que vamos intentando volcar a través de todo este trabajo.


Rol de los animadores de las pequeñas comunidades

Casi la totalidad de los animadores de las C.E.Bs. eran mujeres que, junto a las tareas del hogar, a su tarabajo afuera de la casa, a sus responsabilidades dedicaban un espacio a las pequeñas comunidades.
El rol que los animadores desarrollaban iba también apareciendo como objeto de nuestras reflexiones. Fuimos tomando entonces la idea de "ministerio" para hacer una reflexión global sobre dicho rol.
En lo puntual, desde el equipo, se iban trabajando distintos aspectos prácticos de la tarea en relación a la coordinación de los encuentros.
En la práctica las principales funciones que desarrollaban los animadores eran las de coordinación y organización generales de las actividades, la comunicación de los miembros de las pequeñas comunidades con el resto de los grupos de la parroquia y la articulación con otras instancias a nivel diocesano y nacional.
Desde el equipo se insistió permanentemente en el papel del animador como "puente" y de "canal de comunicación" entre las diferentes instancias de organización de la parroquia y la comunidad más amplia. El tema del rol también fue trabajado en el "III Encuentro Diocesano de Animadores de C.E.Bs." (01-09-91). El equipo dicesano había propuesto algunas preguntas que habían sido reflexionadas por las comunidades y que ese día se pusieron en común. Se referían al rol del animador, a su forma de elección, al surgimiento, a sus contribuciones.
¿Cuáles es el rol del animador? guiar, reunir, servir, aceptar errores, ser astuto y paciente, ser nexo, animar, tener en cuenta a todos, hacer participar, alegrar, dialogar, no ser autoritario.
¿Cómo contribuir, como coordinadores, al protagonismo del pobre y de la mujer? haciendo crecer nuestra fe y autoestima, valorando la experiencia de vida de la gente, haciendo promoción humana y social, sirviendo, misionando, etc.


Etapas de la experiencia...

En el trabajo creemos que pueden diferenciarse a grandes rasgos tres momentos.
Una primera etapa que se desarrolla desde finales del 86' hasta principios del 89' y que podemos llamar de "entusiasmo y defensa".
Había un gran entusiasmo que vivíamos a partir del inicio de la experiencia misma pero también debido al contexto nacional en que se vivía un optimismo generalizado por la vuelta a la democracia -1983-.
La cuestión de la "defensa" tuvo que ver con que en ese momento veíamos como necesario reivindicar la experiencia de las C.E. Bs. y de la Iglesia de los Pobres en esos términos y en su esencia ya que durante todo el proceso militar todo este movimiento había sido censurado. Importaba hablar de C.E.Bs. y de Iglesia de los pobres y no de, por ejemplo, grupos de reflexión o grupos de oración por dos razones fundamentales. La primera tenía que ver con la necesidad de ser claros: la Iglesia de los pobres y las C.E.Bs. ya tenían una historia en nuestro país y en nuestro continente, una historia de muchas alegrías pero también de muchas persecusiones y amenazas. En segundo lugar se trataba de marcar algunas diferencias en cuanto a otras maneras de entender y vivir la fe.
Una segunda etapa va desde principios del año 1989 hasta finales de 1992 y está marcada por una "crisis general".
A nivel nacional durante el año 1989 ocurrieron hechos fuertes tales como el período hiperinflacionario, el levantamiento militar de la Tablada, la asunción del presidente electo antes de tiempo, etc. Hechos que no hicieron a este período nada fácil.
Puntualmente el levantamiento militar de La Tablada reavivó viejos miedos. Muchos trabajos, experiencias y organizaciones de base fueron "sospechosas" y "sospechadas". Las C.E.Bs. también. Esto no nos fue indiferente para ninguno de los que estábamos participando de la experiencia. Como equipo nos preguntábamos especialmente acerca de la responsabilidad que teníamos frente a la gente de las comunidades y a los animadores.
Por otra parte, y a nivel específico de la experiencia, ya había pasado el entusiasmo primero. Se empezaba a notar el cansancio y el desgaste de la gente, de los animadores y del propio equipo formación.
Como ya relatamos se empezaba a ver también que el esquema de trabajo que habíamos venido planteando era demasiado rígido. En cuanto al material mismo vimos que, en el afán de poner énfasis en un análisis crítico de la realidad y en un compromiso social concreto, nos habíamos olvidado de las cuestiones más simples y cotidianas. Se vió también la necesidad de hacerlos más accesibles a todos en cuanto a la modalidad de la presentación y en cuanto a su lenguaje.
Primero se fue dando todo este replanteo al interior de la actividad parroquial. Luego se iría realizando todo un movimiento de apertura a la participación en distintas instancias del trabajo barrial. Este movimiento se produjo a distintos niveles: de la experiencia como tal, de la parroquia en general y también a nivel de las vivencias personales de cada uno de los que participábamos. Nos fuimos incorporando más al espacio barrial.
La tercera etapa se desarrolla desde finales de 1992 hasta hoy
-aunque nosotros tomamos sólo hata 1996- y constituyó un momento de "renacimiento". En ella, nuestro objetivo primero de darle continuidad a la experiencia, empezó a cobrar otras formas, otros matices.
A nivel eclesial más que las reuniones periódicas sobre las que al principio habíamos insistido comenzamos a trabajar más desde la idea de realizar "misiones" en las fechas litúrgicas claves y en donde no sólo las C.E.Bs. participaran sino donde toda la comunidad parroquial se pusiera en marcha.
Pero este cambio no significó un volver a una antigua receta pastoral que era el de las "tradicionales misiones" (sacramentalistas, proselitistas, apologéticas, etc.) sino que implicó un movimiento de resignificación de lo que era una misión y un esfuerzo por darle un sentido comunitario, de base, laical, ecuménico, popular.
Se trató de ulna manera muy concreta de sumar agentes pastorales y de llegar a más familias y sectores priorizando el "contenido" del mensaje. Llegar a todos pero especialmente "llegar de otra manera".
También se fue más fiel a la religiosidad popular, a su ritmo en términos de respetar la importancia y la fuerza de convocatoria de las fehcas litúrgicas claves.
Por otra parte, el equipo formación como tal fue desapareciendo. Algunos de sus miembros continuaron en la experiencia pero de una manera mucho menos sistemática, colaborando sólo para actividades puntuales. Gran parte de las actividades y responsabilidades que dicho equipo había desempeñado fueron asumidas por los animadores que continuaron con el acompañamiento del párroco. Los animadores se fueron ocupando principalmente de convocar y coordinar las misiones. Hoy, momento en el cual este momento del trabajo se sigue escribiendo, hay un grupo de sesenta misioneras, con reuniones periódicas de formación y organización, subdivididas por zonas barriales afines y coordinadas, en cada zona comunitaria, por ulna o dos responsables.
En esta tercera etapa el compromiso desde la fe también fue adquiriendo más claramente otras formas: la participación en tareas y organizaciones barriales, en partidos políticos, la militancia en las universidades, etc. Esto significó, por una parte, un enriquecimiento para las C.E.Bs. pero también llevó a un replanteo a nivel interno ya que muchos de los que antes estaban participando más activamente de un espacio eclesial hoy se encontraban trabajando desde otros ámbitos sociales.
Este proceso de mayor inserción de los miembros de las C.E.Bs. en el campo social se complementó, de alguna manera, con el replanteo interno del trabajo eclesial que se había reformulado en términos de misiones barriales. Podemos decir que la experiencia de las C.E.Bs. se vio fuertemente modificada y, en términos generales, enriquecida.
En relación al crítico contexto vivido en este período -y hasta la actualidad- podemos decir que el mismo ha influído enormemente en la experiencia. A pesar de ésto se sostiene la continuidad de la misma.
En términos generales, tanto las C.E.Bs. como todo un conjunto de iniciativas puestas en marcha en la zona -"Centros Vecinales", "grupos barriales de vecinos", "posta sanitaria", etc.- se sostienen aunque con un escaso poder de articulación con otros niveles más amplios de organización (regionales, partidos políticos, sindicatos) salvo las instancias específicamente eclesiales. Se han ido buscando puntos de encuentro y ensayando articulaciones con estos espacios pero los mismos no han logrado, en general, tomar fuerza ni sostenerse en el tiempo.

* EJE DE SISTEMATIZACION:
LA ESTRATEGIA DE INTERVENCION EN LA COMUNIDAD

Llamamos "eje de sistematización" al hilo conductor que atraviesa la sistematización de una experiencia determinada. Aspecto central desde el cual intentamos mirar la misma.
En este caso dicho eje estará dado por la "estrategia de intervención" desplegada. Es decir por el cómo fue llevado adelante el trabajo, por el proceso, por la práctica, por las secuencias concretas de las acciones.
Se trata de sistematizar las herramientas de trabajo utilizadas por el equipo, de rescatar aquello que nos impactó de la experiencia para pensarlo en función de una estrategia de intervención comunitaria. Ver qué y cómo lo hicimos para poder hacerlo de nuevo y para poder hacerlo mejor.
A la vez, dentro de este aspecto y en función de precisarlo, reflexionaremos sobre cuáles fueron los factores que facilitaron este trabajo comunitario y cuáles fueron los que lo obstaculizaron.
Tomamos esta dimensión de la experiencia porque en ella se sintetizan intereses, interrogantes, procupaciones, etc. que están presentes en todo trabajo comunitario cualquiera sea el ámbito desde el cual éste se desarrolle.
Sea que trabajemos comunitariamente desde un centro de salud, desde una escuela o desde una parroquia, que lo hagamos desde una ONG o desde el Estado hay preguntas e inquietudes, dudas y certezas, intuciones y desorientaciones, esperanzas y desesperanzas que están siempre presentes, que atraviesan a cualquiera de estos intentos... ¿cómo insertarse en una comunidad? ¿cómo hacer un diagnóstico de la situación social? ¿cómo conocer la cultura de un lugar? ¿cómo saber cuáles son las necesidades sentidas de una población? ¿cómo acceder a los recursos presentes en ella? ¿cómo llevar adelante una propuesta participativa? ¿cómo llegar a la gente? ¿cómo y qué podemos aportar nosotros? ¿cómo respetar el saber popular? ¿cómo establecer un diálogo entre ese saber y el conocimiento que nosotros traemos? ¿qué es lo que define a un trabajo como comunitario? ¿cuáles son los elementos sin los cuáles una experiencia no podría definirse como comunitaria? etc.
Nuestra preocupación por el cómo se hace un trabajo comunitario, también tiene que ver con esa tensión siempre presente entre la intencionalidad de un proyecto y las acciones concretas que se llevan finalmente a cabo.
Si bien concebimos a la lectura de la realidad y a la estrategia de intervención como un todo, con frecuencia vemos fuertes contradicciones entre las mismas que hacen que, desde lecturas de la realidad y posiciones ideológicas diferentes, se termina operando de la misma manera.
Por otra parte, nos urge volver sobre los pequeños aprendizajes realizados desde nuestra trabajo ya que concebimos que toda teoría es fruto de una visión articulada de la propia experiencia.

ESQUEMA DE LA ESTRATEGIA DE INTERVENCION DESPELEGADA EN LA COMUNIDAD -facilitadores, obstáculos y desafíos del trabajo comunitario-


*
Proceso de inserción en la comunidad y realización del trabajo
. inserción en la comunidad
. diagnóstico inicial
. descentralización
Contextos
. la zona como unidad de acción
. el domicilio como contexto privilegiado de trabajo
Instancias de Organización
. el trabajo en equipo
. los animadores de las comunidades y nuestra búsqueda inicial de familias-llaves
. organización interna y articulaciones dentro del ámbito eclesial y con otras instancias sociales
Herramientas
. formas de acción desarrolladas
. dimensión educativo-pedagógica de las mismas

* Reflexiones en términos de evaluación del trabajo
. logros, fracasos y desafíos
. modificación de nuestros supuestos iniciales:
-la tensión entre lo planificado y lo que fue sucediendo
-la "capacidad de llegada" de la experiencia
-desde la idea de grupo al concepto de redes sociales y al de
comunidad
-de cómo intentamos seguir el ritmo de la cultura popular
-acerca de la construcción del lenguaje
-de los límites de nuestro intelectualismo
-el desafío de la participación
. hipótesis metodológicas acerca de la evaluación en contexto
comunitario


* PROCESO DE INSERCION EN LA COMUNIDAD Y REALIZACION DEL TRABAJO


. Inserción en la comunidad

"A las religiosas que deciden irse a vivir con los chabolitas
les he aconsejado muchas veces que, primero traten de
purificar pacientemente la relación, que no tengan miedo al vacío,
que no teman enfrentar la pregunta: ¿qué hemos venido a hacer aquí?.
Nosotros, personas eficaces tenemos necesidad
de una larga y paciente purga,
de una prolongada cuarentena que puede durar años.
Si el domingo vamos a vivir entre los chabolitas
y el lunes ya abrimos un dispensario y
organizamos un encuentro de madres o una reunión de jóvenes,
tal vez estemos perdiendo para siempre
la ocasión de la pobreza".
Arturo Paoli.

Con inserción queremos referirnos a la posibilidad de iniciarse, de introducirse, de incluirse en el proceso comunitario. Queremos referirnos a la posibilidad de ir arraigándose en un lugar, de ir cultivando relaciones con la población de la zona, de ir construyendo una relación con el otro.
Se trata de un proceso permanente en el que, sin embargo, los momentos iniciales son de fundamental importancia. Proceso en el que, a la vez, nos vamos conociendo a nosotros mismos en nuestro modo de acercarnos a la gente y en el que se ponen en juego nuestras motivaciones, nuestros sueños, nuestras dificultades, nuestras capacidades, etc.
Proceso en el que también, como dice Pedrinho A. Cuareschi, debe tenerse una actitud de cuidado y humildad, de ir como alguien que pide permiso para poder participar y de tener un respeto muy grande por el saber y hacer de los otros.
Desde el inicio nosotros habíamos sospechado que nuestro arraigo en el lugar era una condición indispensable para poder desarrollar el trabajo. La validez de esta intuición primera nos sería confirmada en el transcurso de dicho trabajo y desde otras experiencias que iríamos conociendo en el camino.
Todos los miembros del equipo vivíamos y, de alguna u otra manera, veníamos trabajando en la zona desde distintos espacios sociales. Esto nos daba cierto conocimiento y acercamiento a la realidad en la cual íbamos a empezar esta experiencia.
Sin embargo, cada uno de los barrios era muy diferente a los otros y si bien vivíamos allí y/o habíamos trabajado en algunos de ellos, muchos aspectos de la cotidianeidad de nuestros vecinos y de la zona nos eran desconocidos. El ir tomando un contacto más cercano con las distintas realidades allí presentes nos fue impactando de una manera particular.
Además de estas particularidades de la gente del equipo, el trabajo se lanzaba desde una institución con toda una historia de arraigo en el lugar. No éramos solamente nosotros los que iniciábamos un trabajo desde nuestra propio estar en la zona, desde nuestras prácticas sociales en curso, desde nuestras relaciones como vecinos. Sino nosotros desde esta institución en particular y desde todo lo que ella significaba para la población y para nosotros mismos.
La Parroquia era uno de los pocos espacios sociales que en ese momento -y aún en la actualidad- convocaba gente, movilizaba y a través del cual se podía canalizar la participación y el reconocimiento a nivel barrial y social. Sin embargo, y como en el caso de cualquier otra institución desde la que hubiéramos actuado, desde ella se pudo llegar a un sector de la población y no a otros.
Este "vivir en el lugar", sumado al hecho de venir trabajando desde antes y de realizar este trabajo desde una institución con arraigo en la zona, no aseguraba nuestra inserción pero la posibilitaba y facilitaba.
No obstante, en algunos momentos, esta proximidad también nos dificultó tomar cierta "distancia" frente a algunas situaciones y dimensiones de la realidad. Quizás ésto es lo que se trasluce en la pobreza de nuestro diagnóstico inicial y en la dificultad para caracterizar mejor la idiosincracia de la gente del lugar.
Desde estos distintos elementos, fuimos viviendo y avanzando en un proceso de inserción que nos posibilitó sobre todo ampliar y profundizar las relaciones con la gente del lugar y compartir acciones con ellos. Sin dicho proceso el trabajo no hubiera sido posible.

 

 

. Diagnóstico inicial

"Conocer es resolver"
José Martí

En términos generales podemos hablar de una aproximación diagnóstica vital e implícita de los miembros del equipo en relación a la situación del barrio ya que todos vivíamos allí y la mayoría estábamos insertos en trabajos sociales de la zona. Sin embargo, en términos estrictos, nuestro diagnóstico inicial fue muy pobre, esta aproximación vital no fue suficiente.
Nuestro punto de partida más firme en este sentido fue el conocimiento, desde la institución, de que había mucha gente a la cual no se llegaba y nuestro presupuesto fue que esas personas esperaban, de alguna manera, la llegada de la parroquia. Allí apuntaban los objetivos de "llegar a todos" y de "descentralizar".
Por otra parte, sentíamos la necesidad de resignificar algunas prácticas religiosas por cuanto veíamos que muchas de ellas estaban cargadas de "formalismo", "mecanicismo", "ritualismo vacío", etc. Las demandas puntuales de la gente eran "rezar" (rezar el rosario, hacer novenas a la Virgen, atender a los enfermos con los sacramentos, etc.) y "conocer la Biblia". También creíamos necesario realizar un mayor acercamiento de la fe con la vida en términos de poder hacer un analisis crítico de la realidad social, política y económica y de tener un compromiso social concreto.
Desde lo general, podemos decir que nuestro "diagnóstico" hizo incapié en las dificultades sentidas y visualizadas desde la institución y en lo que nos proponíamos transformar. Nos faltó un mayor acercamiento a la realidad de la gente y poner atención no sólo en las necesidades sino también en los recursos comunitarios.
Pese a esta precariedad inicial, en el andar fuimos viendo que la iniciativa de las C.E.Bs. sincronizaba con una gran necesidad de los vecinos de reunirse, de sentirse tenidos en cuenta por la parroquia y de reconocerse como miembros de una misma comunidad. De no haber "dado" con esas necesidades sentidas no hubiese sido posible el trabajo. La articulación se dió a partir de esas necesidades específicas.
En términos de diagnóstico comunitario lo que nos fue ayudando en el transcurso de la experiencia, y a diferencia de lo que nos había pasado en el inicio, fue aprender a relevar no sólo las problemáticas y las dificultades presentes en la comunidad sino también conocer su cultura y sus recursos en términos de modalidades de enfrentar esas problemáticas y dificultades. Modalidades que, con sus límites y posibilidades, venían siendo ensayadas mucho antes de nuestra llegada y del inicio de la experiencia.
El proceso de arraigo y de inserción en el que estábamos inmersos nos fue ayudando a ver no sólo las necesidades sino también los recursos Pudimos así ir viendo más "lo que era posible", "lo que se podía hacer" en lugar de ver sólo "lo que faltaba" o "lo que no se podía realizar".
En función de un diagnóstico y en términos de una acción comunitaria de lo que se trata es de partir de las fortalezas y no de las debilidades de la comunidad. Tomar como punto de referencia y de partida "lo que ya está" en ella y no "lo que nosotros traemos" o nos proponemos.
Se trata también de tener siempre presente a toda la comunidad, de ver a los individuos, familias, grupos y organizaciones no como entes aislados sino en su interrelación, en lo que tienen en común, en lo que los afecta y moviliza a todos, en lo que se va pudiendo construir juntos.
A nivel de planificación y organización del trabajo nos parece importante destacar que, aunque en términos formales siempre se hace hincapié en una necesaria etapa diagnóstica inicial, a menudo, el proceso diagnóstico real, suele ser mucho más informal y caótico. Esto fue lo que nos pasó a nosotros en el trabajo.
Sea por la urgencia de implementar determinadas acciones, sea por la falta de formación de quienes emprenden la tarea, sea debido a la escasez de recursos, o sea por otros innumerables factores, muchas veces, en la práctica, se trata más que de una etapa diagnóstica inicial de un ir diagnosticando y actuando al mismo tiempo. De un ir diagnosticando a través de la acción y a partir de la reflexión sobre la propia práctica.
Fue desde la acción concreta y desde el interior del proceso mismo que nosotros pudimos ir ampliando y complejizando esta "visión diagnóstica" a la cual concebimos no como un cuadro estático de la situación social sino como posibilidades concretas de acción y cambio. El diagnóstico se fue complejizando a partir de la práctica.
Podemos decir que "...un diagnóstico, desde la perspectiva comunitaria, es un 'plan de acción' sobre la problemática a resolver (plan que) obviamente incluye el estudio de la situación social que la contiene. Es real, en la medida que articula, en un proceso de cambio, condicionantes y posibilidades sociales. Es práctico porque permite articularnos a partir de lo que ya se está haciendo, superando el riesgo de quedar descalificados del movimiento social".
Por otra parte, cualquier acción que emprendamos en función de realizar un diagnóstico se constituye en una forma de intervenir en la comunidad. No se puede separar el diagnóstico de la intervención.
Lo que se constituyó para nosotros en un elemento facilitador del trabajo comunitario no fue el diagnóstico en tanto etapa inicial del trabajo sino el diagnóstico en tanto actitud permanente. Actitud que nos permitió ir profundizando nuestra capacidad para percibir los recursos comunitarios existentes, recursos de los cuales nos pudimos valer para llevar adelante la tarea y para afrontar las dificultades que se fueron presentando.
Se trata de concebir a la acción y al hacer como herramientas indispensables de este diagnóstico. De diagnosticar en la acción y a partir de los cambios logrados.

 


. Descentralización

La descentralización fue uno de los objetivos básicos del trabajo explicitado en el querer "llegar a todos" y en el querer "estar más cerca de la gente". A la vez tuvo que ver con nuestro intento de lograr un mayor acercamiento a la realidad, con el tender a ampliar la capacidad de llegada de la Parroquia y con el intentar facilitar las posibilidades de participación.
En la experiencia hubo distintos niveles de descentralización (geográfica, de responsabilidades, de acciones, de capacidad de decisión, etc) y hubo un movimiento progresivo hacia la misma que se fue logrando desde una estado inicial de centralización.
Podemos decir que se fue cambiando el eje de trabajo desde un centro que estaba ubicado fundamentalmente en la Parroquia -como lugar privilegiado del hacer- y en el sacerdote -en tanto iniciador, promotor, organizador, responsable, ejecutor de las acciones- hacia otros lugares -capillas, casas, otros barrios- y hacia otras personas -jóvenes, catequistas, animadores y miembros de las C.E.Bs.-.
Las distintas fiestas y celebraciones religiosas que en principio se realizaban casi exclusivamente en la Parroquia se fueron trasladando y ampliando para su organización, ejecución y evaluación al resto de los barrios, capillas, organizaciones barriales. Se fueron ampliando los espacios, los responsables, los actores sociales. Se fueron compartiendo más las tareas.
El contexto de trabajo privilegiado desde las C.E.Bs. fue el domiciliario. Ésto dentro del contexto zonal en el que se desarrollaba toda la experiencia.
Queremos aquí también incluírnos a nosotros mismos en tanto laicos y jóvenes como protagonistas de esta descentralización porque fue desde nuestras propias inquietudes, necesidades, sueños, esperanzas que pudimos ser parte de esta experiencia. En otro momento de la vida parroquial-eclesial ésto no hubiera sido posible... ni por las posibilidades concretas de participación dadas por el contexto ni por nuestros propios límites internos dados por una concepción tradicional de nuestro lugar como laicos dentro de la Iglesia.
En ese sentido, y desde la Atención Primaria de la Salud, se habla de descentralización en términos de lograr una "accesibilidad geográfica" que posibilite la "accesibilidad cultural".
Creemos que la descentralización tanto física como a nivel de responsabilidades y acciones de las personas constituyó un elemento que favoreció el trabajo comunitario en tanto posibilitó una mayor llegada desde la experiencia a la población, una mayor accesibilidad de la gente hacia el proyecto de trabajo y facilitó procesos de participación.
Uno de los elementos que para nosotros dificultó el proceso de descentralización fue la poca cantidad de gente en el equipo y los pocos animadores como así también las resistencias a una mayor participación y protagonismo que se dieron principalmente al principio.

 


CONTEXTOS

. La zona como unidad de acción

La Iglesia, en tanto institución eclesial, está organizada por Parroquias que abarcan determinadadas zonas las