Ciencia y capitalismo

Lic. Adriana Rita Divito

E-mail: adivito@iapg.org.ar

"No nos une el amor, sino el espanto"
J. L. Borges

 

1) Definiciones de Hipótesis y Tesis
Hipótesis: "Suposición de una cosa para inferir una consecuencia".
Tesis: "Conclusión que se mantiene con razonamientos"

Hipótesis de la cual se parte:
El desarrollo de las ciencias se halla no sólo dirigido, sino también orientado por el poder económico, recostado a su vez en el poderío militar. La ciencia no "avanza" por los caminos de la utilidad hacia la "concreción tecnológica" de sus inquisiciones. Ello implica, pues, que mientras no logre liberarse de la esfera exclusiva de lo pragmático, no laborará en pos del beneficio común.
Ahora bien: la ciencia se halla posibilitada por la herramienta tal vez más compleja que puede ofrecer sobre el planeta la Naturaleza: el cerebro humano. Y nos encontramos por tanto abocados a la siguiente paradoja: si se limitan los beneficios que una investigación científica libre, no acotada, acarrearía, el propio sistema capitalista limita sus posibilidades de expansión.
Iremos detallando, a continuación, algunos de los ítems que nos acercan a dicho aserto.
Sin pretender obviamente agotar posibilidades extensión y consecuencias que de los mismos podrían llegar a inferirse. Dada la magnitud acotada del presente trabajo, descansamos pues en nuestros amables lectores, en la inteligencia que sabrán ellos completar el universo de aquellos conceptos que estamos a punto de enumerar, y aún de ampliarlo.

1.Así es; la pregonada "libertad de mercado", al descansar casi en su totalidad en la concreción de intereses individuales (ello es no globales), lo único que acaba logrando es limitarlo. Vemos pues, que el capitalismo no tiende hacia una ciencia como motor del desarrollo humano, sino que tutela su dirección como instrumento para la acumulación de capital, y, al mismo tiempo, como freno a la posible competencia que para su hegemonía implicaría un dominio y difusión uniformes de los logros basados en investigaciones técnicas y/o aplicadas.
Resulta central en la concepción capitalista del mundo, cierta visión cortoplacista en sus objetivos, y dicha concepción suele enemistarse con otra que, al estudiar las causas, reconoce a largo plazo sus efectos. De ello se desprende que, si los intereses sectoriales o individuales del capitalismo se ubicasen bajo los parámetros de la lógica científica en su diversidad de ramas, maximizarían sus ganancias y lograrían, en conjunto, el crecimiento global del sistema y la factibilidad de su viabilidad a mediano y largo plazo.
De aquí en adelante, nos dedicaremos a realizar algunas puntuaciones y reflexiones a las cuales nuestro punto de partida nos conduce.

a) Pensamiento científico como opuesto a pensamiento capitalista: el científico solo aspira al regalo, hacia aquello que podríamos denominar una "donación consensuada" del resultado de su labor, apuntando a lograr la máxima difusión de sus actividades entre la mayor cantidad de individuos posible.
Mide su éxito o fracaso por la aceptación de sus descubrimientos, y no por el rédito económico de los mismos.
Por el contrario, la máxima aspiración del segundo apunta a que todo conocimiento, toda investigación, redunde en ganancias concretas, tangibles, y, en la medida de lo posible, en un horizonte que no exceda, a lo sumo, el mediano plazo.
Cuando el modelo obtiene algún avance científico, o bien tecnológico sobre sus competidores de mercado, tiende, bien a ocultarlo, bien a capitalizar para sí la exclusividad de las ganancias que dicho conocimiento generen. Contrario sensua, la actitud del científico de exponer sus logros a la mayor cantidad de gente y en forma, la más de las veces, gratuita, pues en el orgullo que provoca, per se, el logro obtenido, se halla el placer de su realización.

b) Los desarrollos científicos se hallan, cada época, subordinados a la utilización que de ellos pretenda hacer el sistema. Así verbigracia, la investigación pura, para lograr aportes de capital, debe resultar factible en la producción de beneficios económicos colaterales.

c) El desarrollo de las ciencias se halla dirigido y orientado por el poder económico, apoyado a su vez en el poder militar.
La ciencia pues, no "avanza" hacia la realización de logros de utilidad general, sino que apunta más bien a la "concreción tecnológica" de sus postulados; y ello implica per se, una amplia gama del espectro del conocimiento posible (vg. en disciplinas tales como la Antropología, la Arqueología, la Historia, la Biología, etc.), que ve detenidas sus aspiraciones al no ser considerados sus descubrimientos, prima facie, redituables.
Al mismo tiempo y por similares razones, el sistema delimitará, en el campo del saber, "bettes noires" cuyo desarrollo debe ser quisquillosamente vigilado y sus descubrimientos cuidadosamente silenciados al resultar sus contenidos francamente adversos a una ideología que pretende convertirse no solo en hegemonizante, sino también eterna. (Baste al respecto recordar la difusión alcanzada en su momento por trabajos "académicos" como el puesto a nuestra consideración con el ampuloso postulado "Fin de la Historia", sin dar en mientes que el simple desarrollo de un concepto tal implica dar por anuladas aquellas capacidades que han permitido a la especie humana evolucionar y construir su propia historia, y que sólo tendrá su fin cuando se ponga freno a su inventiva.)

d) Mientras la ciencia no logre liberarse pues de los mecanismos de presión que una visión capitalista del mundo aplica sobre ella, seguirán produciéndose algunas interesantes paradojas:
Al ser los frutos de su investigación inconvenientemente distribuidos, la ciencia, utilizada al servicio de una maximización de las ganancias, producirá en realidad menores beneficios.
La técnica (aplicación de los saberes científicos concebidos) limitará la extensión de sus ganancias por la simple reducción del mercado demandante.
Esta reducción del mercado demandante (debida a la concentración de capital y su inequitativa distribución) obligará a su vez a la restricción de aportes hacia el campo de la ciencia pura, de la investigación base, alejada, por razones de índole temporal, de la concreción de beneficios en términos de transferencia a tecnología. La inevitable restricción de inyección de capitales implica a su vez un recorte al presupuesto otorgado por las potencias centrales a ramas de investigación consideradas como "no estratégicas" según el modelo ideológico imperante; desinversión que, a mediano y largo plazo, acotará la capacidad de aplicación de los modelos científicos previamente diseñados por simple disminución de estos últimos.
Vemos así que el esquema basado en la "libertad de mercado" lo único que logra es concentrarlo, lo cual implica limitarlo.

¿A cuántos futuros cerebros, potenciales productores de nueva ciencia y tecnología condena este modelo? ¿Y no es un modelo que condena al ostracismo a buena parte de sus generadores y consumidores, un modelo suicida? ¿Uno condenado a agotarse? El humano es, entre todas las especies que habitan el planeta, aquel que mayor individuación alcanza. Su instrumento principal: el sistema nervioso central. Reducir pues la cantidad de cerebros potencialmente aptos para producir nueva ciencia, tecnología, y conocimiento, resulta ser francamente vesánico.

e)La pregunta central resultaría, pues, ser: ¿Es lógico el modelo capitalista?, ¿Válida su visión del mundo, sus implicancias y consecuencias? ¿Si su idea central se halla basada en la iniciativa individual, es decir, en el potencial que cada sujeto/cerebro posee para aportar al desarrollo de la especie: ¿Cómo se compatibiliza ello cuando es el sistema en sí quien deja de lado al menos 2/3 partes de la cantidad total de individualidades capaces de llevar a buen puerto sus declarados objetivos?
Estos datos no deben ser imputados a una visión distorsionada de la realidad por nuestra parte. Surgen por el contrario, de datos que organismos dependientes de las U.N. tales como el P.N.U.D. y la O.M.S. proporcionan anual o bianualmente. A la lectura de tales informes remitimos, pues, a nuestros lectores.
Lo cual, lógicamente, nos lleva a formularnos la próxima pregunta: ¿Sus objetivos declarados,: ¿Coincidirán con sus objetivos reales?

f)A esta altura de nuestros razonamientos, se nos antoja lógica una sola conclusión: En realidad, tras la ilusoria "mascarada" de la "iniciativa individual", el "sistema se halla diseñado para obtener el poder y los beneficios que de él dimanan, en beneficio de, a lo sumo, 15 / 20 % de la población del planeta, hecho con el cual plantea su propia inutilidad: ¿Qué no lograría con el 70/80% de los cerebros hambreados restante?
Pensamos por ello: en contra de sus ilusorios postulados, el sistema capitalista resulta ser profundamente conservador y antiprogresista.

g)Considerando lo anteriormente expuesto, afirmamos, pues, que el capitalismo no aspira a una ciencia como potencial de un desarrollo humano sostenible, sino que utiliza a la misma como un instrumento para la acumulación de capital. Y si, como sostenemos, el conocimiento científico se halla subordinado a intereses económicos, valdría formularnos el interrogante: ¿Qué cosa es, por tanto, ciencia? ¿Qué "conocimiento científico"?

h)Lo anteriormente consignado nos obliga a reflexionar concordantemente a nuestras elucubraciones ya consignadas en el apartado "C", sobre el siguiente punto: ¿Existirían, existen, por tanto, áreas del conocimiento a las cuales resulta beneficioso acceder, y por tanto, resultan ser recompensadas con mayores aportes de capital, y conceptos, ello es, líneas del conocimiento a las cuales, merced a la ideología imperante, resulta "beneficioso" ignorar y evitar, con la consiguiente mengua del capital (tanto en volumen como en composición) que ello conlleva?
Creemos que las recientes investigaciones (últimos 40, 50 años) en el ámbito de la ecología, y la luz que sus reflexiones arrojan sobre los efectos que nuestra interacción con el medio establecen, ameritan ser pruebas asaz suficientes de la sospecha que con anterioridad hemos dejado planteada.

i)La relación que la ciencia guarda con el capitalismo podría pues, ser perfectamente descripta con los versos finales de un poema de J.L.Borges: "No nos une el amor, sino el espanto".
El científico conoce perfectamente las circunstancias bajo las cuales se torna posible la obtención de fondos por parte del poder económico. Sabe, con absoluta certeza, que cualquier investigación que realice debe necesariamente redundar, directa o indirectamente, y a corto o mediano plazo, en una técnica capaz de asegurar beneficios económicos significativos a los aportantes de capital para el mantenimiento del proyecto, así también como a no contrariar los postulados ideológicos a los cuales el flujo de dichos fondos se encuentra atado.

j)Se impone, pues, una profunda diacronía entre las concepciones temporales en el plano científico con aquellas que maneja el sistema global.
La ciencia por su estructura puede pensar y fijarse objetivos a mediano y largo plazo. En este sentido, puede "ver", "preveer", las contingencias de un desarrollo determinado.
Cierta cortedad de puntos de vista parece imperar por el contrario en las concepciones capitalistas de objeto, posición cuasi inevitable dada su actitud basada en tratar de obtener los máximos beneficios en el lapso de tiempo más acotado posible. No mide, pues, las consecuencias de su accionar a largo plazo.
Su concepción del mundo es la que impone la miopía de sus procederes. Su visión se dirige al cortoplacismo, o al mediano plazo ocasionalmente. Coincidimos en este aspecto plenamente con el aserto: "Nada hay más importante que una ideología".
La desertificación de zonas anteriormente feraces, el uso indiscriminado de recursos no renovables, la contaminación de aire y agua resultante de las incontroladas prácticas industriales, son prueba elocuente de los conceptos anteriormente expresados. Y esta concepción suele enfrentarse por tanto a aquella otra que, al dedicarse al estudio de las causas, reconoce con luengas miras sus efectos. Lo cual nos introduce de pleno en otra sorprendente paradoja:
Mientras el científico logra una visión más fructífera acerca de las ganancias futuras, el capitalismo, en su cortedad de miras, aspira sólo a los emolumentos que el presente, o a lo sumo el magro futuro, le ofrezcan por señuelo.
Lo cual nos impone una nueva, absurda, más inevitable conclusión: si los intereses sectoriales o individuales al servicio de los cuales labora el sistema se ubicasen bajo los parámetros dictados por el método científico en su diversidad de ramas, maximizaría sus ganancias, logrando un crecimiento conjunto de la idea en sí y tornando sustentable su futuro desarrollo.

k)La forzada oposición entre ciencia y capitalismo deviene, pues, de una incorrecta estimación de las ganancias realmente obtenidas, desdeñando los gastos o pérdida de utilidades(achicamiento del mercado adquisidor, agotamiento de los recursos naturales, gastos originados en la represión de los grupos hambreados, asistencia alimentaria y sanitaria resultantes, etc.) que sus efectos colaterales ocasionan. La aplicación de principios científicos devendría, pues, en una correcta estimación de la ganancia neta de una inversión de capital, al realizar una estimación más correcta de todos los factores involucrados.
Pensamos, en realidad, que una de las fallas principales de la concepción hoy por hoy imperante es la impropia, absolutamente inadecuada metodología con arreglo a la cual estima sus ganancias. Con llamativa frecuencia, son desdeñados gastos que determinada actividad ocasionan en ramas colaterales a la actividad en sí; gastos que no son, pues, suficientemente valorados y alteran la ganancia efectivamente obtenida.
Ejemplificaremos con el resumen de un solo caso: los criterios utilizados en la manera de contabilizar los beneficios obtenidos por el sistema de hiper y supermercados. Una conocida cadena de supermercados francesa opera en varios países de América latina, provocando, colateralmente, la pérdida de decenas, y aún centenas de miles de puestos de trabajo locales. A su vez, otra importante empresa francesa, en el rubro de las Telecomunicaciones, opera simultáneamente en varios de los países citados. Y lógicamente sus ganancias se constriñen a las posibilidades económicas de sus potenciales usuarios, los cuales, por pertenecer al rubro de los sin trabajo, las limitan severamente.
Pues bien: observamos aquí la puja entre dos compañías, de afán capitalista, una de las cuales limita la ganancia de la otra. Mas el flujo de capital resultante, por empobrecimiento del mercado adquisidor perjudica a las dos en realidad. Tentados estamos de afirmar: Demasiados caciques...
¿Alguno de estos factores está presente al estimar, no ya su ganancia efectiva, sino la pérdida de ganancia factible en caso de darse una realidad social diferente a aquella que han contribuido a consolidar? No haremos ninguna otra consideración en el presente trabajo, pero creemos que lo anteriormente expresado servirá, por el momento, para aclarar el enunciado del apartado.

l)Tampoco toma en cuenta el cortoplacismo capitalista con seriedad suficiente el siguiente factor. Suele suceder en cualquier investigación científica, sea cual fuere el campo de saber considerado, que esta (ello es, la investigación en sí) funciona a modo de "caja de Pandora"; innúmeras veces, el "chamán", "el alquimista" científico topa con desarrollos colaterales no tomados en cuenta al principio de la actividad, los cuales, incluso desde el punto de vista económico, superan las expectativas que al inicio del proceso investigativo se tenían acerca del mismo. Recurriremos, por conocido, al descubrimiento del radio para simplemente puntuar nuestro anterior decir. De la búsqueda de la piedra filosofal, muchas piedras filosofales se han obtenido.

m)Las así llamadas "heridas narcisísticas" en la historia de la evolución del saber humano (Copérnico-Darwin-Freud), así también como otras profundas transformaciones en la concepción del campo de la realidad (Marx, Einstein) no surgieron del acatamiento a las respectivas concepciones imperantes, sino de la subversión de éstas a través de la percepción del mundo, de la realidad de una manera diferente. Vemos con claridad, en los ejemplos citados, la actitud "reaccionaria" del status quo dominante ante las innovaciones planteadas. ¿Cómo compatibilizar ello con la visión de una ciencia atada a un capital que, en general, aspira a mantener su posicionamiento ideológico mientras el mismo implique maximizar las ganancias?
Pues la ciencia avanza, en verdad, en base a variaciones de los puntos de vista que sobre la realidad se adoptan. Coincidimos con el autor (del cual imperdonablemente olvidamos su nombre) en aquello de "La salida de cualquier pesadilla consiste siempre en la adopción de un punto de vista diferente."
Citamos nuevamente a Borges: "Insomne, poseído, casi feliz, pensé que nada hay menos material que el dinero, ya que cualquier moneda es, en rigor, un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto, repetí, el dinero es tiempo futuro".

n)Siguiendo toda la línea de razonamiento anteriormente expuesta, resulta interesante tomarla como guía en una interpretación de las relaciones entre ciencia y el vínculo que los medios masivos de comunicación establecen con ella. La difusión vg., de los nombres comerciales, nombres de "fantasía" que los laboratorios asignan a determinados monodrogas (modificando, por tanto, el costo de una droga que posee, básicamente, iguales costos de producción e idénticas virtudes terapéuticas); el desprestigio que soportan aportes farmacológicos de países no gobernados por la multinacional de la salud (citemos aquí, a guisa de ejemplo, el sufrido por la vacuna cubana contra la meningitis en la Argentina), resultan esclarecedoras del tipo de vínculo que tenemos en vista.
Por ahora, y para no extendernos en demasía, dejaremos apenas esbozado este punto. Pero de lo anteriormente expresado creemos que se rescata, en realidad, la idea rectora en las relaciones entre M.M.C y los aportes que la ciencia efectúa en cualquier rama del saber considerada.
En fin, que, como cualquier publicista conoce a la perfección, buena parte de la concepción del mundo resulta ser imaginaria. Y si ello así fuere, dicha concepción sería factible de ser modificada por aquellas que, hoy por hoy dirigen la opinión y el saber del "mass-media". Así, aún aceptando el hecho de que no logren dirigir completamente las concepciones de las capas, (cada vez más minoritarias) de la humanidad con acceso al saber y, por tanto, a la posibilidad de la diversidad, logran en su cuasi totalidad orientar los temas en torno a los cuales la sociedad opina. Ciertamente, resultaría pueril de nuestra parte ignorar que las M.M.C. devienen intermediarios entre "la realidad" y el "individuo" que (cada vez más a través de ellos) la estima fútil, asimismo, denotan en los M.M.C los intereses que pretendidas "objetividades" enmascaran.
Cualquier lectura de "la realidad" implica en sí misma un recorte de aquellos "hechos" destinados a "ser leídos". Y este recorte no será discordante de los intereses que del cúmulo de datos diversos lo troquelan. En fin, que no nos conviene opinar sobre leones en casa del león.

o)Hasta ahora hemos centrado nuestra atención sobre la observación de cierta "miopía", cierta inmediatez del punto de vista capitalista con relación a los desarrollos que la ciencia le propone.
Pero debemos también consignar una miopía especular de las ciencias acerca de la utilización que un sistema determinado realizará con sus aportes, utilización que rara vez coincide con aquella por los científicos deseada o imaginada.
Creemos que resulta ser claro ejemplo de ello la división que, dentro de la comunidad científica (encabezada por los esfuerzos de Albert Einstein) produjo la "domesticación"del átomo, y los fines a los cuales el sistema político capitalista destinó sus resultados, bien alejados de aquellos que soñaron sus descubridores.
Remitiremos a los lectores del presente trabajo a los interesantes conceptos vertidos por el investigador norteamericano Andrew Feenberg acerca de las relaciones establecidas entre el descubrimiento, por parte de la comunidad científica de los usos a los cuales la autoridad política destinó sus logros, y los diversos períodos o concepciones por los cuales atravesó la ciencia ficción norteamericana, muchas veces redactada por científicos de primera línea. Más allá de las lúcidas digreciones que el autor detalla en su trabajo, nos da la impresión basal, de un "no tuvimos nada que ver con esto, o bien "no destinamos los frutos de nuestra labor a estos fines" que subyace bajo las diferentes concepciones que, en el género de la ciencia ficción plantean sus autores. Extraño medio para realizar, a fin de cuentas, lo que podríamos denominar un "mea culpa". Citamos literalmente esta vez, al autor norteamericano:
"La ciencia ficción era el medio mas libre para expresar la muy intensa ansiedad y hasta oposición de los científicos. Judith Merill exagera solo un poco cuando dice que en la era Mac Karthy la ciencia ficción virtualmente se convirtió, por un tiempo, en el único medio de disidencia política... Se sospechó de los científicos; sólo la lealtad y la obediencia incondicionales a los ideales occidentales podía aliviar los temores públicos"

Quisiéramos a lo anterior agregar una reflexión de Julius Oppenheimer, uno de los padres de la "Criatura H": "En cierto sentido, cuya crudeza nunca podrán extinguir la trivialidad ni el humor, ni la exageración, los físicos han conocido el pecado; y este es un conocimiento que no podrán perder". "Et proper vitam, vivendi perdere causas", deberíamos añadir.
A diferencia de la Biblia opinamos, sin embargo, que no necesariamente será la posesión del conocimiento la que nos arrojará del paraíso, sino más bien que debería, debe ser, aquella herramienta que hacia el Edén nos conduzca.