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Caída de los sentidos en las prácticas
profesionales*
Lic. Osvaldo Bonano (obonano@arnet.com.ar)
Lic. Raquel Bozzolo
(rbozzolo@ciudad.com.ar)
Lic. Marta L'Hoste (mlhoste@infovia.com.ar)
En la presente colaboración reflexionaremos sobre el
impacto producido en las prácticas profesionales por fuertes
alteraciones en las significaciones sociales que sostienen y
dan sentido a tales prácticas. Nuestras reflexiones, a
su vez, se fueron elaborando al compás del despliegue
de un particular dispositivo tecnológico de intervención
del que deberemos dar cuenta ya que está sostenido en
una conceptualización propia de la teoría de los
organizadores del agrupamiento.
Nos interesa proponer una reflexión acerca del malestar
y sufrimiento que profesionales en particular de la salud
y la educación- manifiestan en diversos ámbitos
de prácticas. Abordaremos las complejas y singulares articulaciones
que se producen en los equipos de trabajo profesional frente
a las transformaciones de las significaciones sociales vinculadas
con el lugar simbólico de dichas profesiones y la eficacia
de sus operaciones.
Hemos constatado fuertes desacoples entre las prácticas
que se llevan a cabo y los enunciados que las sostienen y legitiman.
Estos desacoples se producen, por un lado, al variar las prácticas
mismas: nuevas problemáticas, otras urgencias. Por el
otro, al caer o al mostrar su agotamiento las significaciones
sociales que otorgaban sentido global a esas prácticas.
Como esto sucede sin que, a su vez, emerjan nuevas significaciones
con capacidad sustitutiva a las anteriores, se producen entonces
intentos restitutivos que tratan precariamente de justificar
y acaso legitimar ciertas prácticas parciales. Se desencadenan
efectos de tales desacoples al nivel de las tareas que no logran
realizarse de acuerdo a lo planeado, o no se realizan satisfactoriamente.
Al nivel de los agrupamientos y los vínculos, se trastocan
jerarquías, liderazgos, se desorganizan estatutos y se
transgreden sin sanción normas de funcionamiento. En el
plano de los individuos se manifiestan afectaciones dolorosas,
predominan malestares quejosos y desesperanzados.
En un trabajo anterior propusimos una síntesis
de las alteraciones en las significaciones sociales, propias
de la modernidad, al compás de las transformaciones sufridas
por el Estado en las últimas décadas.
Consideramos que estas prácticas, sus normativas, los
valores que las rigen y los enunciados que intentan proveer sentido,
laboran al modo de un dispositivo social, . Como todo dispositivo,
produce subjetividades, modalidades de agrupamiento y tiende
al forjado de instituciones. En esta línea pensamos, por
ej., las alteraciones de la Salud Pública. La significación
de esta como bien universal y derecho para todos, resguardado
por la Seguridad Social y fundado en el estatuto del ciudadano,
soporte subjetivo del Estado-Nación, se ha ido trastocando
en un bien privado y un acceso altamente diferencial de acuerdo
a capacidades de consumo en este caso, de bienes de salud.
Hoy las prestaciones de servicios de Salud, a cargo de grandes
empresas, subsidiarias de fondos financieros internacionales
y regidas por la ley de la máxima ganancia, no tienen
el tope que le imponían valores y significaciones centrales
con vigencia efectiva en períodos anteriores.
Recibimos pedidos de colaboración por parte de equipos
constituidos por médicos, psicólogos, paramédicos,
psicopedagogos, trabajadores sociales, maestras y directoras
de escuela, etc. Por lo general relatan conflictos interpersonales
e institucionales; el sufrimiento psíquico se expresa
en sentimientos de dolor, desaliento, enojo, descreimiento en
sus propios instrumentos; la cultura del maltrato ocasiona procesos
psíquicos de desinvestidura y empobrecimiento. Cuando
recibimos un encargo, sistemáticamente realizamos
un análisis crítico del mismo. En el abordaje de
los dispositivos de intervención, diferenciamos, como
es clásico, el campo de análisis del campo
de intervención. En el primero incluimos herramientas
conceptuales provenientes del análisis institucional,
el psicoanálisis de los grupos, la teoría del grupo
operativo, el análisis organizacional, y teorías
sociales contemporáneas. Respecto del campo de intervención,
la estrategia elegida en cada caso guiará la selección
o invención de recursos técnicos: entrevistas personales,
reuniones de equipo con técnicas grupales, asambleas,
construcción artificial de pequeños grupos. Un
recurso jerarquizado en nuestro dispositivo de intervención
lo constituye el grupo reflexivo , fundado en nuestra
particular concepción de los organizadores del agrupamiento
y los planos o niveles de intervención que desde allí
se habilitan.
Por la riqueza y densidad que nos proporciona una intervención
particular, seguiremos el material de la misma, a los fines del
despliegue del modelo de intervención y las teorías
que lo fundan. Se trata de un equipo de psicología incorporado
a un Servicio de Clínica Médica de un Hospital
General del Gran Buenos Aires. Está constituido por alrededor
de 20 psicólogas concurrentes, coordinadas por la Jefa,
psicóloga perteneciente a la planta del Servicio de Psicopatología.
Recibimos el encargo por parte de la Jefa, Alicia, quien en
una primera conversación telefónica, nos pidió
que les ayudemos porque habían dejado el Equipo siete
integrantes, de dos sectores distintos, ambos muy importantes,
por motivos que en primera instancia se decían de descontento
con el trabajo pero que después, según ella, se
aclaró que era en busca de trabajo rentado y problemas
personales. Nuestro contacto con ese servicio tenía cierta
historia: habíamos realizado una intervención de
más de seis meses con un Comité de Médicos,
luego con el Jefe del Servicio y finalmente con el conjunto de
los profesionales, en diversas etapas.
Análisis del encargo: la primera cuestión
que nos aparece es la ambigüedad con que se formula el pedido
ante uno de nosotros (Osvaldo): "que vengas a charlar con
nosotras... estoy preocupada... que nos ayudes a pensar... hay
un mal clima... tenemos conflictos". En el análisis
practicado en la intertransferencia en nuestro Equipo, establecimos
como significativa la incomodidad de Osvaldo ante el pedido:
"me siento involucrado por Alicia de un modo... siento que
me toma como su asesor". Ante ello, Osvaldo duda acerca
de su grado de participación en la futura intervención:
¿marginarse de ella, ocupar un lugar observador y poco
activo? Sospechamos entonces, que el status de la tarea propuesta
no era precisamente el de un trabajo profesional; como tantas
otras veces, no se habían siquiera mencionado los honorarios.
Recordamos que en la Asamblea final de la anterior intervención
se había señalado que la falta de retribución
dificultaba futuras colaboraciones de parte nuestra. Crecía
la molestia por trabajar sin remuneración, la sensibilidad
ante un cierto manejo tiránico y nuestra decisión
de no obviar esta vez el planteo de la cuestión, como
posible analizador de cuestiones centrales a elucidar.
Interdisciplina y otros malestares. A partir de
la consigna propuesta de hacer una ronda con la frase: 'estamos
acá para...', las integrantes porducen material que juega
entre dos funciones: constituyente y defensiva, de lo que llamamos
organizadores del grupo. Una apunta a la constitución
del grupo, poniendo en juego un organizador fantasmático
que apela a la unidad, al cuerpo, a la ilusión de que
el simple estar puede producir algo: veo a todo el Equipo
de Psicología junto, me parece bárbaro estar todas
reunidas... tal vez nos conocemos de cara, pero no verdaderamente
a cada una. Se abrocha una representación del grupo
a un significante: la 'interdisciplina', que se abrirá
a producir variados sentidos durante toda la intervención.
Se lo enuncia así: es un lugar de pertenencia... me
interesa la interdisciplina, me gusta mucho el trabajo con los
médicos. Por un lado, la 'interdisciplina' que aparece
como la modalidad idealizada de trabajo, se presenta soldada
en muchos momentos a otra significación: la 'pertenencia',
lo que nos lleva a sospechar que la identidad de este equipo,
y la propia identidad personal en el rol, están seriamente
amenazadas. En la otra función, esta soldadura operaba
como una defensa que inmovilizaba la expresión de cualquier
malestar. Solo tenuemente se esbozaban: hay algunas dificultades
de integración con los médicos... con Alicia tenemos
algunas diferencias... surgió un problema y me asusté.
Ante la intervención de la coordinación: ¿podés
enunciar en una frase 'el problema?, comienzan a desplegarse,
con emoción, los sufrimientos. Queremos aclarar que intervenciones
de este tipo, que sugieren la explicitación de cuestiones,
desmontan el estilo de aludir/eludir, al garantizar por la presencia
de la coordinación, un espacio de escucha.: yo no
siento que tenga problemas con nadie, pero sí agobio en
la tarea, hay un punto en que una no puede más... yo no
me fui, pero vengo menos... dificultades en la comunicación,
falta contención en el equipo, falta coordinación.
Trabajamos solos.... se modificó mucho la demanda,
estamos haciendo de bomberos. No hay para crecer en el Hospital,
faltan proyectos para el desarrollo profesional, y llega un momento
en que una se llena las pelotas.
Observamos que los malestares se ubican en el espacio intersubjetivo,
en el espacio institucional, y en el de la propia subjetividad,
luchando contra tanto obstáculo. También observamos
que la enunciación del sufrimiento se hace con una modalidad
quejosa, donde solo hay lugar para el sometimiento, para el enojo
y para la autodenigración, o queda irse del equipo como
recurso extremo de preservación personal. Posición
de victimización que las deja ubicadas como objetos de
la Institución y no como sujetos de actos de enunciación.
La intervención de la coordinación apunta a trabajar
esta posición, tomando las alusiones al trabajo rentado
y las formas de jerarquizar la tarea que ya se habían
mostrado: el dinero y la jerarquización implican que
se obtiene algo a cambio del trabajo... cuando nosotros hicimos
la anterior intervención en el servicio, fue breve precisamente
porque no era paga ¿es inevitable que esta tarea sea ad-honorem,
o se puede gestionar algún fondo para pagarla?... Esto
es algo que tiene que seguir trabajando acá.
A partir de este señalamiento comienza a fisurarse
un pacto denegativo sobre el que este grupo está configurado:
del dinero no se puede hablar en el equipo. Comienzan
a circular frases como sos la menos indicada para decir esto,
porque vos estás tramitando tu renta, reprocha Alicia.
En la entrevista que hice con Alicia me asombró que
me diga si tengo alguna conexión personal, la use para
conseguir una renta; eso, antes, no se decía..., dijo
Alejandra quien había estado hace diez años en
el Equipo, y luego de una interrupción de años,
se reintegraba. Cuando alguna de las integrantes, intenta romper
el pacto de desmentida respecto del dinero, Alicia fuerza su
función represora; allí se exacerba una modalidad
de la fantasmática intersubjetiva que impide visibilizar
las implicaciones institucionales y sociales respecto del trabajo.
La puntuación de esta función represora de Alicia,
posibilita la emergencia de este diálogo: Zaida: a
veces dan ganas de irse, y Helena reflexiona: ¿irse
donde?, antes había trabajo, ahora..
De tazas sucias y planillas vacías.
Alicia demora el comienzo de la segunda reunión, al
intentar cerrar una puerta para que el sol no nos moleste. La
coordinación puntúa: parece que la actitud de
Alicia con la puerta confirma algo hablado en la reunión
pasada sobre su función: proteger al grupo de la realidad,
del afuera. Alejandra dice: me irrita que Alicia siempre
amortigüe la realidad para que ésta no joda tanto;
hace café, nos da a todas y (dirigiéndose a Alicia).
Vos debés quedar agotada. Entra... sale.... Entonces
puntuamos que la función de la jefatura se degradaba..
Alejandra a su vez agrega: si se degrada la de ella, entonces
la de las demás también. Se despliega entonces
la cuestión de la relación con la jefa en torno
a dos situaciones que son ubicadas por nosotros como analizadores
institucionales : las tazas y la Planilla. Dice Alicia: yo
les digo que colaboren, que si todas tomamos café, entre
todas limpiemos. Como nadie hace nada, yo instituí los
vasos descartables. Zaida comenta: como en una casa...
Alicia es la madre, y nosotros nos pelamos como hermanitos
La modalidad de la escena se torna descaradamente obscena y violenta.
Eran madre e hijas pelándose, y los intentos del
grupo por entender lo que pasaba naufragaban en una narrativa
familiarista que no alteraba la secuencia. Esta "fomentación
obscena de lo imaginario" sí tenía por función
bloquear y arrojar a lo negativo la transversalidad que los
capturaba, por vía de la exasperación libidinal.
Alicia ya no era la jefa, ellas no eran profesionales de un equipo;
el Hospital había quedado transformado en una 'gran familia'.
Intervenimos entonces señalando la positividad del gesto
de dejar sucias las tazas: hay una vocación
por dejar las cosas sucias, porque parece que hay mucha mugre
en la institución...
Junto a este analizador aparece otro aspecto que adquiere
para nosotros idéntico valor: la Planilla. Alicia dice:
Uds. tienen dificultades en organizarse, en ajustarse a horarios.
El año pasado no dieron ingreso a pacientes en la Planilla,
50 pacientes quedaron afuera. Estamos dejando
afuera a los pacientes y ellos tienen derecho... La coordinación
enlaza ambas situaciones. La jefa protesta y realiza una larga
intervención para explicar la importancia de que los pacientes
figuren en Planilla: me parece grave que se mezcle, no es
lo mismo una taza sucia que un paciente sin Historia Clínica.
Otra integrante explica: al llegar el fin de mes, aparece
el Liquid Paper, hay que borrar admisiones, porque los números
no dan; no hemos pasado a las planillas las prestaciones siguientes,
entonces solo queda borrar. Así desaparecen los 50 pacientes.
No es que no los atendimos.
Realizamos dos intervenciones retomando una línea
de sentido de la reunión anterior: en la otra reunión
quedaba afuera el dinero, en esta parece necesario que queden
afuera pacientes; ¿será por estar abrumadas ante
la cantidad de prestaciones?. Algo rebalsa que proviene de afuera;
Alicia intenta poner límites: planillas... horarios...limpieza,
pero parece que no se puede poner límite a la exigencia
que crea la demanda de atención. Carina reflexiona: yo
empecé a pensar en mí y decidí venir menos
tiempo. Frente a lo que entendimos constituía un momento
reflexivo, con esbozos de subjetivación nos pareció
apropiado retomar un eje anterior: la Planilla se rige por la
lógica de las prestaciones, la lógica burocrática.
En ella figura registrado el trabajo de Uds. Si no se lo hace,
Uds. no existen. En medio del barullo, varias gritaban: es
que nosotras no existimos, no solo no cobramos. Esta dura
emergencia de la realidad, y la constatación dolorosa
de su no-existencia, llevó a una integrante a plantear:
yo entiendo todo esto, pero quisiera que la reunión
nos sirva para algo, para aceitar las cosas, no se... ; , ante
lo cual respondemos: no vamos a exacerbar la violencia entre
Uds., porque entendemos que es una forma de amortiguar la percepción
de la real fuente de la violencia.
Qué te puedo cobrar...
El analizador dinero continuó su labor desde el inicio
mismo de la tercera reunión: aparecen dudas y preguntas
si esa era efectivamente la última reunión. Ethel
plantea buscar una forma de... continuar, hasta que María,
ante una propuesta de Celia de continuar trabajando con nosotros,
pero con la salvedad de pagarnos, dice: yo ni en pedo pongo
más plata de la que siento estoy poniendo. Cuando salió
el tema del dinero me empecé a dar cuenta del esfuerzo
en el trabajo, que antes no me daba cuenta. La perspectiva,
entonces las divide: Alicia, por su parte abre la posibilidad
de saber el costo, y se pregunta si serviría
que el aporte económico lo hicieran alguna y no todas,
en la medida en que no todas están de acuerdo Como
esto da lugar a que se inicie una pelea típica entre Alicia
y las integrantes, simplemente les puntuamos reaparece el
repertorio de conductas habituales... , lo cual, en este
caso, basta para que la riña se extinga inmediatamente.
Helena propone pensar en otra dirección, la de la organización
gremial, pero bajo una forma no autónoma: aproximarnos
a organizaciones médicas sindicales que están haciendo
presión en el Htal. Una referencia al modo como los
trabajadores sociales contratan su trabajo, da pie para que Carina
diga: están tan acostumbrados a que el psicólogo
labure gratis; cuando salís de la Facultad te insertás
de manera gratuita y no te lo cuestionás. Hasta que te
lo cuestionás. Me importa el gremio en que estoy inserta.
Metida en un medio en que se legitimó el trabajo gratuito,
por más que se sepa que fue en condiciones de subordinación.
Pero la cuestión del pago a nosotros insiste; ¡No
tan fácil iban a zafar de un analizador que anuda la captura
de ellas en la institución, refractada en el contrato
y la transferencia con nosotros, el descalce de las identidades
profesionales y la conmoción de intensas afectaciones
!. Tales dimensiones se manifiestan en el decir de Alejandra:
en cuanto al pago, no quiero; pero es un círculo vicioso:
me da rabia pagar, pero así me coloco yo en la misma situación
de no ser pagada. Tengo que pagar afuera el estacionamiento,
por que adentro no me lo dan, ya que como concurrente no existo;
se suman broncas que a veces no registro, trabajar de más,
quedarse después de hora.. Estas reuniones me están
moviendo muchas cosas...
Aquí se coloca una intervención propia de nuestro
modo de trabajo, que colabora en el trabajo de elucidación
critica de las implicaciones institucionales. Les decimos: se
percibe en varias de Uds. la ruptura de la complicidad con la
institución del trabajo gratuito, es decir hay una transformación
de la implicación institucional, pero ¿qué
se puede hacer para que eso tenga un soporte colectivo, no sólo
grupal?. Ante el planteo de una agrupación colectiva que
sostenga demandas, tal vez necesiten encontrar en sí mismas
la ruptura y allí tendría otro anclaje ir al gremio.
Esta operación habilita que aparezcan intenciones
expresas de hablar con los Jefes médicos: ...hacer
algo, Ir a Docencia, a Dirección, pero aparece que no
podemos hacer lucha sindical, porque genera molestia y enojo
arriba; ante lo cual se produce nuevamente, y de un modo
escandaloso y obsceno la pelea entre Alicia y varias integrantes.
Allí nuestra marcación consistió en señalar
que justo cuando surge el reclamo ante los Jefes, hay un retorno
de la hostilidad al interior del equipo. Este plano de intervención
implica trabajar aspectos de la fantasmática intersubjetiva
en su entrelazamiento con significaciones sociales de subordinación,
tanto de género como profesionales. Acaso sea por eso
que aportes emergentes de esta secuencia ponen en palabras otras
situaciones de subordinación, sometimiento y humillación:
aquella vez que tuve esa gran pelea con el Dr. B. que cuando
le dije que no iba a poner más para el café, ni
más trabajos, ni inscripciones para congresos, me gritó
desaforadamente... pagar y pagar después para que el trabajo
se pueda presentar. Los laboratorios pagan inscripciones a congresos
a los médicos, pero no a los psicólogos. Un laboratorio
invitó al equipo de Salud Mental a una cena de promoción
de antidiabéticos, pero era solo para los médicos,
y somos los psicólogos los que más hacemos por
que tomen esas pastillas.. Aquí se habla de "las
chicas", y un médico muy importante una vez dijo
"a las mujeres acá les permitimos". Esta
desocultación nos permitió interpretar un plano
propiamente psíquico: se percibe una instalación
masoquista desde las injurias narcisistas y las humillaciones
de las que son objeto, con asentimiento de varias caras.
El trabajo sobre este sesgo más bien problemático
de la "interdisciplina", lejos ya de las idealizaciones
de la primera reunión, permitió una puesta en historia
del momento fundacional del Equipo: las primeras actividades
las hicieron Alicia y Gutiérrez (actual Jefe del Servicio),
en el período que el Jefe anterior, Belatti, permitió
hacer esas primeras entrevistas en el cuartito del archivo.
Allí un señalamiento nuestro aprovechó para
anudar con una significación el comentario de Alicia,
ante la cuestión de los laboratorios, que esas son
las reglas del juego, aunque nos enojen: si el jefe "les
permitió", y esas son las reglas del juego, eso
tiene como uno de sus efectos la ausencia de reconocimiento y
la no-existencia. Allí, una integrante que no había
dicho nada en las tres reuniones, relata en tono de denuncia
conmovida que en los Ateneos del Servicio no se puede decir
que las entrevistas de Admisión no son conjuntas
aunque las hacen las psicólogas solas, y que el que prohibe
eso es el jefe médico del sector.
El comentario, dicho con mucha bronca: la interdisciplina
es algo que luce; hoy no se puede ser médico sin ese lustre,
permitió una elucidación final del emblema
"interdisciplina": el proceso de fundación
del Equipo afecta a su imaginario de constitución; no
es lo mismo ser llamadas porque las necesitan a que les "permitan"
trabajar. Revisando la historia y las significaciones que allí
se juegan, se puede decir que la "interdisciplina",
como base de fundación, toma el sentido de ser
forreadas por los médicos para su propio lustre. Respecto
de ¡somos 20 mujeres!, las mujeres creímos
que lo nuestro era hablar de los afectos y como psicólogas
de la locura, pero si nos excluimos de hablar de las ideas y
eso se articula con la interdisciplina quedamos confinadas a
un lugar inevitablemente menor.
La reunión llegaba a su fin, y con ella el ciclo de
esta intervención. Ante la situación aún
irresuelta de nuestro pago y las discutidas expectativas de continuidad,
sostuvimos que sólo aceptaríamos cobrar ese
trabajo, si, bajo alguna forma a gestionar, lo pagaba el hospital.
En tal sentido fuimos coherentes con alguna puntuación
anterior: un cierto pensar en pagarnos corre el riesgo de
tener una función tranquilizadora, un pagarnos como si
eso automáticamente los posicionara en otra situación
ante la Institución. El efecto de nuestra intervención
se consuma, en verdad, si nos vamos. Y eso fue lo que hicimos,
dando cordiales ¡Buenos Días.!
*Este escrito fue presentado en el XIII Congreso Latinoamericano
de Grupos, realizado en Montevideo, Uruguay , año1999.-
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