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Beneficios del amor
Se habla mucho, acaso demasiado, sobre el lado oscuro del amor.
La abundancia de crímenes pasionales, para colmo, parece
dar razón a los enemigos del factor sentimental. Pero
a lo sumo ese fenómeno confirma que el enamorado puede
sucumbir a los efluvios de un fervor extraño, y que a
veces, incluso, termina sumido en graves dolencias. El desastroso
final de Romeo y Julieta representa un permanente llamado de
atención para los amantes de todos los tiempos. Y dado
que raramente nos enamoramos de la persona que nos conviene,
el aspecto antieconómico e irracional del romance prende
finalmente, como una llama helada, en el corazón de la
época. Ya es hora, por lo tanto, de rescatar el poder
altamente productivo de este sentimiento. Los pueblos primitivos
lo conocían de sobra. Y hasta era habitual que las parejas
hicieran el amor junto a los sembrados, en la creencia de que
el coito infundiría nueva fuerza a las semillas. Pero
aún al margen de los mitos, nadie puede negar el carácter
transformador de la pasión amorosa. La férrea voluntad
de los protagonistas no tiene igual. Su buen humor los torna
siempre dispuestos a prodigar actos amistosos cuyos efectos llegan
más allá del ser amado. La rara armonía
conseguida, además, entra en conflicto con la desarmonía
esencial del mundo, y esto redunda a la larga en cambios existenciales
difíciles de mensurar. En este sentido, claro está,
no faltarán los que acusen a los amantes de ser los subversivos
de nuestro tiempo. Es muy posible que así sea. Porque
los enamorados, al igual que los guerrilleros de alma, están
siempre dispuestos a inmolarse por la causa.
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