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Investigación comunitaria Desafíos y alternativas en escenarios de alta conflictividad.
Los procesos de investigación comunitaria, entendidos como construcción de conocimiento sobre las realidades sociales tienen que considerar el contexto en el que se desarrollan y las condiciones que llevan a las personas responder a los desafíos que este les presenta. Hablar del contexto es situarse en una heterogénea cantidad de hechos y situaciones que configuran la realidad, por ello es algo más que en un listado de problemas a enumerar, describir y medir. El contexto comprende el campo de la realidad que deberemos reconocer en la investigación y es allí donde se dan una serie de articulaciones entre experiencias, conocimientos, visiones, información e intereses que llevan a mostrar con más claridad unos aspectos, dejando en la obscuridad otros. Los procesos de investigación comunitaria son condicionados por un contexto, pero es en éste que encuentran su justificación y pertinencia, su significado y legitimidad social. A continuación, planteamos una serie de elementos que consideramos de importancia y que requieren ser tenidos en cuenta al diseñar proyectos investigativos para comprender y actuar sobre la realidad:
Otras mutaciones contextuales:
Sin duda se hace necesario tomar en cuenta estos cambios contextuales en el diseño de proyectos de investigación comunitaria, buscando aclarar los sistemas de ideas desde los que se puedan establecer los parámetros epistemológicos, ideológicos, culturales y éticos que orienten los procesos. Para acordar estos cambios se necesitarán muchos intercambios y diálogos; las redes cumplen la función de favorecer los encuentros para confrontar las reflexiones y experiencias, si esto no se hace se corre el peligro de ir actualizando las propuestas de una manera superficial y funcional sin consistencia teórica y sobre todo, sin el consenso ético necesario para implementar este tipo de proyectos que intervienen el ser, el quehacer y el conocer - la cultura - de las comunidades.
La investigación comunitaria como mirada, como interés de explorar el presente y la memoria de lo que sucede, como reflexión permanente del contexto en el que se desarrollan nuestras actividades, como interrogante sobre la realidad que se quiere transformar o como posibilidad de poner en común saberes y prácticas sociales no ha perdido vigencia; por el contrario los acontecimientos, las condiciones sociales y económicas de amplios sectores de la población la hacen cada día más necesaria. Es en concreto la vida y la sobrevivencia, la que hacen reclamos de ser leídas y entendidas, de ser dignificadas, valoradas en nuestro pensamiento, sentimiento y acción. Son nuestras prácticas sociales las que nos han ido planteando interrogantes, formulando las demandas a las que intentamos responder . Es así como, en la investigación comunitaria están presentes básicamente tres áreas de problemas a responder:
Es por ello, quizás, que los proyectos de investigación comunitaria se han caracterizado por utilizar tanto metodologías cuantitativas como cualitativas. Por otra parte, constatamos como las investigaciones comunitarias que han estado ligadas a procesos de intervención han, sin duda introducido cierta racionalidad en las prácticas, modificando las formas de comprensión y expresión de las mismas; han permitido reinformar la práctica y cualificar contenidos o componentes y han contribuido a sistematizar los procesos de intervención de modo que el trabajo comunitario se convierta en una acción críticamente informada y coherente con los intereses y fines que persigue. También hay que resaltar como la investigación es para muchos grupos y comunidades un momento pedagógico significativo ya que hace parte de los procesos en los que los sujetos o las organizaciones comunitarias diagnostican su situación, analizan los intereses inmediatos integran y relacionan sus necesidades a las situaciones y tendencias que presenta el contexto expresando los nuevos saberes en acciones capaces de superar los problemas. Ahora bien, en muchos casos nos encontramos con representaciones sobre investigación comunitaria que no responden a los procesos investigativos desarrollados en la práctica; parecería que la aceptación de referentes teóricos o la adhesión acrítica de discursos de moda suplantan los procesos de apropiación, recontextualización y recreación de los referentes de la práctica investigativa. Es así como ponemos a rodar fórmulas, conceptualizaciones y palabras dándoles categoría de verdad; siendo que éstas no corresponden a procesos de recreación conceptual y metodológica realizados por los propios actores. El problema que mencionamos antes, se agrava cuando podemos detectar que la investigación continua siendo una actividad que no está articulada a las prácticas de trabajo comunitario, a procesos de resolución de problemas o conflictos o a la gestión local del desarrollo. Hay una suerte de contradicción entre la importancia que le conferimos a la investigación en nuestros discursos y el poco compromiso, político y administrativo de instituciones universitarias, gubernamentales y no gubernamentales, con el desarrollo teórico, metodológico y con la ejecución de proyectos investigativos. Esta disfunción quizás se deba a tres tipos de problemas que aún subsisten en el orden de lo: teórico, metodológico y operativo. Las dificultades teóricas existentes hoy están relacionadas con los cambios y los nuevos paradigmas que llevan a modificaciones sustantivas en la visión del mundo y del contexto, en los valores y modelos ético culturales, en el conjunto de teorías y métodos que aparentan debilidad frente a la dureza y contundencia de las realidades sociales, la fragilidad ideológica que se expresa en intereses e intencionalidades difusas y en una recreación del quehacer investigativo que no puede alejarse del sistema de ideas y creencias que intervienen en la configuración de las comunidades, de los grupos y de la sociedad en general. Lo anterior, para muchos, es una de las razones por las cuales nuestros referentes teóricos son débiles, poco densos y poseen un bajo desarrollo conceptual; seguimos trabajando con generalidades que fácilmente se vacían de sentido haciéndose confusas y vagas para leer realidades y acontecimientos que requieren ser reconocidos particularmente y valorados críticamente. Existen dificultades en el diseño metodológico de los procesos investigativos comunitarios porque aún este tipo de acciones hacen parte del mito de lo inaccesible, complejo y dispendioso para todos aquellos que no estén iniciados en el arte de investigar. Para muchos esta tarea requiere una temporalidad y una ubicación diferente a la de la acción y el quehacer cotidiano. Por otra parte las propuestas metodológicas son planteadas desde un deber ser, el de los manuales de técnicas de investigación, y no desarrollan su propio modelo desde las condiciones de los sujetos involucrados en el proyecto. Para que los procesos investigativos se den, hay que crear una base metodológica mínima apropiada, y esto pasa por determinar las finalidades, el problema y el tipo de investigación que el grupo requiere hacer para dar respuesta a sus interrogantes. Entre las prácticas investigativas más comunes se encuentran: la investigación participativa, la investigación protagónica, la recuperación de la memoria histórica, los autodiagnósticos participativos, las sistematizaciones de experiencias, los estudios exploratorios y las evaluaciones de impacto. Percibimos que si bien hay una riqueza muy grande de propuestas tenemos todavía limitaciones en nuestros diseños metodológicos que impiden la lectura sobre todo de los universos simbólicos y de las lógicas que rigen su construcción. Lo anterior nos está exigiendo superar cierta ingenuidad metodológica y teórica presente aún en muchas propuestas de investigación comunitaria. Es necesario rearmar nuestras propuestas y dotarlas de herramientas que faciliten la construcción de conocimiento social considerando las particularidades y capacidades de los sujetos y sus grupos, que permitan la articular conocimientos y tradiciones, experiencias y visiones, información y cultura, conjunto de elemetos que configuran formas de pensar, hacer y sentir la vida. Las dificultades operativas hacen mención a que este tipo de tareas si bien exigen compromiso de las personas son prácticas que exigen más que la buena voluntad y la generosidad; requieren de una formación que permita leer no sólo la realidad sino también la práctica que avanza más lentamente que los desafíos a los que el proceso investigativo debe hallar respuesta. En este área también tenemos las dificultades de recursos para trabajar. Existe aún incredulidad frente a determinadas propuestas investigativas que no tengan un producto concreto que, como decíamos antes, pueda mostrarse y ofrecerse como mercancía. Las tendencias del contexto imponen una división de roles, donde la especialización tiende a agotar las facultades de los grupos y de las personas, mutilando todas sus potencialidades creativas y de interacción solidaria, debido a que éstas prácticas se realizan en el marco de las exigencias del mercado. El horizonte de la investigación comunitaria, como otros horizontes sociales, tiende cada vez más a atomizarse en muchos fragmentos; por eso los resultados de los procesos investigativos son significativos, comunicables y utilizables sólo por algunos; parecería que no es necesario romper las fronteras de donde fueron producidos. Con lo anterior queremos señalar que una de las dificultades más importantes que tenemos es la de vencer política, administrativa y técnicamente las exigencias por un tipo de eficiencia que no encuentra ningún sentido en la vida y que lleva a ver los productos de la investigación como bienes privados, los que no pueden ser socializados para empoderar y cualificar el quehacer público de múltiples actores sociales. De aquí la dificultad de conformar reales redes en las que circulen productos de alta calidad. Sin desconocer lo anterior, podemos dar cuenta de algunos parámetros que han venido caracterizando la investigación comunitaria desarrollada hasta el momento, estos son:
En relación a los temas tratados existen una serie de preguntas que valen la pena enumerar, porque reúnen las preocupaciones de muchos investigadores comunitarios.
Asumir un proceso de deconstrucción de lo que denominamos investigacion comunitaria permitiría entrar en la voz y en la autoconciencia de los reales fundamentos e intencionalidades de las propuestas, de los proyectos investigativos y de los imaginarios que se han venido construyendo. Se hace necesario, entonces, un serio cuestionamiento y una recreación de la propuesta. Es conveniente advertir que estamos caminando por sendas - contextos diferentes y las propuestas investigativas comunitarias no son ajenas a ello. La situación exige que reconozcamos estos senderos por los que vamos dejando huellas, que a su vez modifican la misma senda La deconstrucción es una estrategia que permite desmontar los dispositivos diseñados para el proceso investigativo, y así tener la posibilidad de identificar las fisuras, las grietas que tiene la propuesta y todo el aparato de saber y de poder que entorno a él se ha montado en la academia, en las ONGs, en los grupos comunitarios y en las organizaciones populares. Tenemos que impulsar la posibilidad de oír lo secundario con la misma fuerza y poder que oímos los discursos elaborados desde los centros de poder. Es necesario que pensemos y desarrollemos la capacidad de ver lo que la institución, los planes y las reglas de la investigación social inivisibiliza, en tiempos en que el conocimiento y los proyectos son valorados como mercancías, mediante la contrastación de las diferentes percepciones entre lo propuesto - imaginado y lo realizado por los diferentes sujetos en un contexto determinado. Esto facilita el reconocimiento de lo que ya no sirve o de lo que puede ser potenciado. Es, también provechoso ir tras las huellas de aquello que nos remite a los orígenes, a las intenciones iniciales, a las utopías, a las primeras interacciones donde se plasmaron las bases y el enfoque de las propuestas de investigación comunitaria. Estos orígenes nunca desaparecen y siempre permanecen en las personas, los documentos y las instituciones requiriendo un proceso de reconocimiento, análisis y de resignificación. Lo que proponemos es, entonces, leer y escribir las experiencias desarrolladas desde sus propias huellas estableciendo a cuál de ellas debe hacérseles preguntas, con cuál de ellas tiene que establecerse rupturas, desde cuál puede una propuesta investigativa comunitaria proyectarse con pertinencia en nuevos contextos. Al intentar, para esta oportunidad, hacer este ejercicio en el que uno juega a reconocerse y a invisibilizarse en las huellas de su propia práctica investigativa aparecieron los siguientes asuntos como nudos a seguir desarrollando: En las huellas de nuestra experiencia podemos dar cuenta que las intencionalidades de los procesos investigativos son expresión y reflejo de un deseo elemental que precede, organiza y da sentido a los elementos presentes en los conceptos y al mismo proceso investigativo. Si bien el deseo es un elemento permanentemente presente y explícito en las intencionalidades, estas son mediatizadas, condicionadas y a veces determinadas por un contexto mutante, por saberes y experiencias previas e intereses de los sujetos. Por eso, a lo largo del proceso de investigación se va tejiendo una trama de finalidades que en algunos casos transitan entre lo más concreto y lo más general, estableciendo relaciones de diferente naturaleza con un sin número de acciones e interacciones, de ambientes y tiempos, donde los involucrados van construyendo un conocimiento o al menos un lenguaje que les permite comunicarse y desarrollar identidad y sentido. El deseo en algunos casos sobrepasa los resultados. "Llegamos a saber mejor lo que sabíamos" o sea repetimos con un discurso académico el problema que tenía la comunidad... pero poco nos acercamos a la intencionalidad de transformar la realidad. Pero cuáles son esos deseos que mueven al investigador y a los participantes? En nuestra experiencia básicamente se restringen a disponer de datos diagnósticos, a desarrollar una serie de principios o estrategias que impulsen u organicen las prácticas sociales, a contar con una serie de ideas que permitan la defensa de los proyectos y programas frente a otros actores sociales, y al anhelo de tener algún referente teórico que facilite la explicación o expresión de lo que se está haciendo al enfrentar algunos problemas. Como vemos no son intencionalidades crítico-transformativas, básicamente la racionalidad instrumental delimita los horizontes de la intencionalidad, guía el proceso, valida los productos y reduce el proceso de investigación comunitaria al desarrollo de instrumentos para ser más eficaces en las acciones . Desde esta racionalidad es imposible pensar en procesos que favorezcan la producción de conocimientos, que reinformen las practicas sociales y que sean insumos para transformar no sólo la realidad; sino el modo en el que ésta se comprende, se conceptualiza y se expresa. Consideramos que si el imaginario de investigación comunitario posee alguna crisis es básicamente la de opciones, paradigmas ético- políticos. Es evidente el insuficiente desarrollo y actualización de una opción ético-política que permita fundamentar, dar sentidos , criticar viejas intencionalidades y enmarcar las nuevas direccionalidades en el contexto de las diferentes regiones colombianas. La no resolución de éste problema afecta básicamente la caracterización de la naturaleza, finalidad y componentes de la propuesta investigativa, ya que es en su opción ético-política donde fundamenta y justifica su intencionalidad y perspectiva transformadora. En otras palabras, la pregunta por lo ético-político interroga el sentido de las propuestas de investigación comunitaria.
4. Investigación comunitaria y construcción de vínculos: Hace dos décadas valían las prácticas por su pureza, por su autenticidad producto de la incomunicación. Con la epifanía de los movimientos sociales descubrimos y palpamos la diversidad y la alteridad. Empezamos a leer al otro y con el otro su presencia y actuar singulares. No está por demás señalar que esto fue leído como producto de los procesos de fragmentación y de descentración social y cultural efecto de la crisis y puesta en duda de los grandes metarrelatos. Es en este contexto que nos damos cuenta que los otros ya no son lo que queríamos que fueran o, quizás, que los otros nunca fueron lo que creíamos que eran. Estas y otras paradojas se descubren en algunos procesos de investigación comunitaria. Ahora bien, las propuestas de investigación comunitaria son procesos que develan identidades e intereses diferenciados, lógicas de intervención diversas y hasta contradictorias sobre las realidades sociales; por consiguiente reconocen teórica y metodológicamente el pluralismo, la provisonalidad, el disenso y el diferendo, retomando, recreando y recontextualizando las potencialidades críticas de cada experiencia. Frente a lo anterior en muchos surge la pregunta : investigación comunitaria para qué? Para reencontrar la identidad perdida en aspectos irreductibles como son: las diferentes formas de vida, de racionalidad, de legitimidad, de estéticas, de configuración de las relaciones de poder? Investigaciones para construir discursos con pretensiones de validez universal? O, proyectos investigativos que reconozcan, potencien y generen más diversidad? Los procesos investigativos sin duda parten de prácticas singulares, dando cuenta, comprendiendo, expresando y reinformando sus matices práxicos, axiológicos y simbólico-culturales. El desafío para los tiempos que corren no está allí sino en la construcción de lo colectivo desde múltiples lugares, ubicando las diferencias como elementos centrales y constitutivos, del pensar, del ser y del hacer social desde acuerdos, articulaciones y responsabilidades colectivas que son necesarias para reconfigurar sujetos sociales solidarios capaces de abrir caminos realmente democráticos. Asumiendo lo anterior las propuestas de investigación comunitaria sólo podrían pensarse desde la construcción de identidades alternativas, desenmascarando cualquier intento que busque caer en nuevas negaciones o repetir exclusiones. Los productos de la recuperación, tematización, comprensión y comunicación son conocimientos, saberes, mensajes, contenidos y valoraciones que van creando conjuntos de resonancia, mapas de sentidos y prácticas, redes y rizomas en los que se reconocen las pluralidades y se conectan sujetos y colectivos. En nuestros días, necesitamos pensar la investigación social en el marco paradigmático de las redes. La red se constituye en el ámbito privilegiado de recreación conceptual, de generación de interrogantes, de producción y circulación de conocimientos sobre la práctica , de recreación cultural, política, económica y , en general, de la vida cotidiana de los "ciudadanos". La red como ámbito permite el encuentro y la recuperación de las identidades, valorando la diversidad y las diferencias. Hoy por hoy, en los escenarios actuales y en los que se perfilan hacia el próximo milenio, las redes reales/virtuales son y serán los espacios de legitimación de lo producido en procesos de investigación comunitaria. El reto que tenemos entre manos es pensar y hacer proyectos investigativos comunitarios ubicados en puntos reales/virtuales de intersección, de tránsito, de encuentro; en los que sea posible la construcción de vínculos que vayan, técnica e ideológicamente, más allá de los existentes y que tengan la potencia suficiente para recrear los ámbitos, las capacidades y las actitudes que configuren sujetos solidarios en la acción política, económica, ecológica y cultural, buscando con ello quebrar el modelo dominante, el neoliberal, empeñado en bloquear la vida, la justicia social, la convivencia y todas las formas de formas de participación democrática.
Alfredo Ghiso Medellín - Colombia - Noviembre de 1998 |
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