- Un águila de tres
cabezas
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- Adriana Zambrini
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- "La mano de hierro de la necesidad
- que sacude el cuerno del azar" Nietzsche.
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- Tres elementos para avasallar la subjetividad: miedo - estupidez
- humillación.
- Cada uno de ellos apunta certeramente a un órgano
vital del cuerpo social, político, personal, familiar
de una comunidad: el miedo paraliza la acción, la estupidez
enceguece el pensamiento y la humillación desintegra la
subjetividad colectiva e individual.
- El miedo utiliza la sospecha y la generalidad = delincuentes,
terroristas, los malos, los marginados de lo establecido; en
definitiva necesita de la homogeneidad que oculta la diferencia,
y amenaza lo singular. Es guardián del discurso persistente
de lo Uno.
- Se maneja clasificando y jerarquizando: la competencia de
los que saben.
- Por el contrario en la singularidad la potencia produce su
campo de posibilidad en cierta ambigüedad que la hace móvil,
poco adscripta a las certezas, cambiante y flexible. La singularidad
es nuestro poder de afectar y ser afectados, nuestra fuerza.
- El miedo fuga con la vida, la transforma en un juguete de
otro. Nos somete al encierro, a cambio de la falsa moneda de
una seguridad siempre a conseguir.
- En el miedo no estamos presentes, debemos siempre pagar la
hipoteca de un futuro opaco, amenazante y avasallante.
- Nos tiñe el alma de un titubeo angustioso, porque
nos muestra lo incierto como el vacío abismal imposible
de atravesar. Siempre se está en relación a una
verdad instituida por un poder de hilos engañosos, que
vive de nuestra entrega.
- ¡Qué extraño juego éste de entregarnos!
- ¿Entregarnos a qué? A la ilusión vanidosa
de un cuerpo colectivo al que le suponemos el deseo de ampararnos
del mal. El mal es lo que más lejos está de la
potencia, como expresa Spinoza, y nos pide para protegernos que
entreguemos nuestra fuerza: ¿paradoja de la estupidez?
- Y piadosamente, frente a un bien prometido, vamos desfilando
desnudos, haciendo la ofrenda de nuestros anhelos a los dioses
de las verdades únicas, bajo la amenaza de padecer los
máximos horrores al no cumplir con nuestro destino del
Bien.
- Entregamos la palabra, las sensaciones, las ideas, nuestros
actos y nuestros hijos.
- ¿Qué nos queda? La triste sensación
de una vida sin sentido, de ser la presa preferida de una trampa
sin salida.
- Pero para llevar a cabo tal maniobra exquisita se necesita
de una arcilla sutil, casi apacible: la estupidez.
- Es así como el ejército de piadosos sonríen,
se indignan, se amasan mutuamente frente al ritmo incansable
de discursos henchidos de eficiencias banales: la solemnidad
de un poder burocratizado que arranca miradas complacientes.
- La banalidad gobierna al mundo de los desprevenidos crédulos,
se manipula con la indignación y el olvido de las circunstancias
hechas a la medida de lo inconsistente.
- Se intenta que todo funcione organizado y veloz, para evitar
la producción de realidad.
- La vertiginosidad de Cronos se impone radiante en un presente
inhabitado y un pasado que ya fue.
- Pero el pasado está activo, por eso no se puede volver
atrás y recomenzar. Al pasado no se vuelve por haber pasado,
sino porque está pasando. Su irreversibilidad histórica
es su presencia activa, pero necesita de un presente habitado
por un hombre, que hoy está ausente de sí porque
perdió el tiempo del deseo, su fuerza vital libre, alienándose
al dominio del objeto y del saber ajeno.
- Estos modos tramposos de detener el poder hacer, usan del
miedo y la estupidez, parainterrumpir el pensamiento y la acción
en un gesto inerte.
- La palabra se vacía y la acción se torna inexpresiva:
el desencanto de creer que la vida es extra-ordinariamente igual.
Se impide el pensar, o sea, la fuerza no estratificada que opera
"en los intersticios del ver y el hablar"(Foucault).
En la estupidez se refuerza y controla lo que se debe ver y hablar,
de modo de no generar ningún nuevo encadenamiento en las
formas de expresión y de contenido.
- No hay que pensar para que no advengan nuevas ideas ni sensaciones.
Para esto es necesario que el hombre quede aislado en su interioridad,
en su historia, respondiendo a fines y objetivos preestablecidos
por la sociedad y no devenga en un Afuera: ese "no lugar"
de las fuerzas, del pensar como poder de transformación,
de mezcla, de metamorfosis, siguiendo a Blanchot.
- Para que una transformación se opere en el hombre,
es necesario que las fuerzas se combinen con nuevas fuerzas:
fuerzas de la vida, del trabajo y del lenguaje. De la vida que
produce una nueva organización, del trabajo que origina
una nueva producción y del lenguaje que produce una nueva
filiación.
- El tiempo cíclico de lo eficaz borra las huellas que
se apartan del arado. De este modo, el delirar, que es el movimiento
del desborde, debe ser contenido en la sentencia de lo patológico
o peligroso.
- Las hierbas que crecen en el entre medio, sin control ni
destino prefijado, son el mal, el terror de lo correcto, lo inmoral
para la estupidez y el miedo.
- En la estupidez, que es un modo del pensar, el sentir y elactuar,
el cuerpo ha sido sometido al espacio de lo público, desapropiado
de su encanto y su intensidad. Es lo excesivamente visible y
la mercancía más accesible. Se montan escenarios
glamorosos, desfiles de cuerpos producidos en serie que se exhiben
para ser consumidos y ad-mirados por ojos serviles al juego,
que se someten a la vieja actuación del modelo.
Cuerpos y mentes medidos, controlados, viciados de ser "como
hay que ser", desapropiados de sus afectaciones, sordos
de su devenir, humillados por diferenciarse.
- Nos encontramos con la tercer arma: la humillación.
En realidad el tercer eslabón de una misma cadena.
- El miedo a perder la precaria seguridad del mundo organizado,
necesita de un pensamiento y una acción que enclaustre
la extraña ambigüedad de los signos en una proposición
binaria de significantes que se oponen, dejando al hombre en
el encierro de una lógica formal que inhiba toda fuga
creativa del lenguaje. Se imponen las frases hechas, los slogans
y los conceptos asignados.
- Es así como la estupidez, que opera desde el contagio
del miedo, lleva a la humillación del hombre que debe
renunciar a sus vivencias y experiencias, para quedar reducido
a una repetición monocorde y lineal, que no ponga en riesgo
ni subvierta el discurso de lo homogéneo.
- Una política que invade y organiza la vida, una "biopolítica"
dice Foucault, que controla al hombre, seleccionando y coordinando
sus ideas ymovimientos.
- La infancia no escapa a la captura, ya que el territorio
lúdico en donde la ingenuidad jugaba a ser grande, hoy
es invadido por una pantalla que borra la distancia con la realidad
y les propone la representación de ser grandes. Se les
impide transitar su tiempo, se les obstaculiza su curiosidad.
- Todo es visible en un mundo que tiene el riesgo de la ceguera.
- Todavía hoy el territorio de lo perverso es la libertad.
Libertad del deseo de ser, de perseverar en nuestro propio ser.
- Una cultura que ha querido matar el alma, "pero el futuro
será nuestro por prepotencia de trabajo" grita Roberto
Arlt.
- Mientras la acumulación de objetos, de lo hecho, es
el capital, se construye una subjetividad que se descapitaliza.
Una subjetividad desapropiada de su capacidad de afectar y ser
afectada, de su poder, transitando una realidad reificada, ocupada
por mentiras que no ocultan su intención manipuladora.
Solo la formalización de la estupidez puede creer en ellas,
necesitando de un espíritu humillado que descrea de sí
mismo y del otro.
- Pero la humillación es un arma traicionera, tiene
su límite, pasado ese umbral el hombre siente que ya no
tiene más nada que perder, y puede convertirse en una
poderosa herramienta de resistencia. Es quizás el último
eslabón de una cadena de sometimiento, su nivel más
reactivo, que en su saturación puede dar vuelta el juego
y recuperar la dignidad. ¿Será este el sentido
de los movimientos insistentes que comienzan a poblar las calles
de un mundo que afirma su derecho a vivir respetando sus heterogeneidades?.
- El poder de dominación y control gobierna con estas
herramientas, pero puede producirse su propia destrucción
por exceso, en un movimiento de desterritorialización
no deseado, y como efecto se liberan las fuerzas colectivas cautivas,
se libera la máquina deseante.
- El tránsito por estos bordes móviles puede
producir el pánico ante las certezas que caen, o bien
abre a la subjetividad a un desierto a poblar con nuevos
sentidos, con una nueva relación de fuerzas, con un poder
hacer que se instalaofreciendo nuevas conexiones al deseo.
- Se pierden las idealizaciones y una nueva subjetividad colectiva
comienza a generar otro régimen de signos y otro contenido
de cuerpo.
- La depresión y el ataque de pánico acompañan
a los más temerosos, a los que han quedado presos de afectaciones
existenciales bajas, a los que más apostaron a las falsas
seguridades del encierro, perdiendo la posibilidad de utilizar
sus propias fuerzas.
- Aquellos con un yo más flexible, lábil y mutante,
menos adheridos a los modelos fieles a un aparato de identificación,
tienen más facilidad para moverse en un proceso de cambio.
- Quizás las comunidades y los hombres "fracasados"
de ayer, sean los agentes de cambio de hoy. ¿Si el fracaso
rompe su alianza con su par antagónico: el éxito
ante lo establecido, recuperará su condición de
insumiso?
- Recuperar la confianza en uno mismo y en el otro resistiendo
al miedo, recuperar un pensamiento y una acción creativa
resistiendo a la estupidez enceguecedora y recuperar la dignidad
de las diferencias resistiendo a la humillación excluyente,
son tres caminos para recuperar el devenir interrumpido.
- En definitiva, cuando las fuerzas constitutivas del hombre
se mezclan con las fuerzas reactivas del miedo, la estupidez
y la humillación, nos encontramos ante la complejidad
de la esclavitud.
- Dice Deleuze: "No significa que cualquier cosa se encadene
con cualquier cosa. Más bien se trata de tiradas sucesivas,
cada una de las cuales actúa al azar, pero en las condiciones
extrínsecas determinada por la tirada precedente".
- Quizás hoy nos encontremos ante una nueva jugada de
la historia y de las fuerzas que producen nuevas conexiones y
mutaciones en los cortes de las tiradas precedentes. Una nueva
complejidad social que re-acciona ante las certezas de lo uno,
de lo único, de lo que se nos ofrece como la única
realidad, y por ende,recupera el pensar y la acción desde
una ética de afirmación de las diferencias. Toda
una política.
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- (Publicado en Campo Grupal Nº 47 -julio de 2003)
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