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El resto es agua
Roguemos por el hombre que confundió
El cuerpo humano, urbano y contemporáneo se compone básicamente de pastillas. El resto es agua, y se administra en vasos al solo efecto de facilitar un llenado veloz de los espacios conflictivos o vacíos. Afortunadamente la farmacología universal nos ha provisto con todos los estímulos necesarios para seguir viviendo a pleno. A la mañana nos saludamos con lexotanil y la sensación de placer es inmediata. Algunas horas más tarde el efecto de la droga se amortigua y entonces sobreviene como siempre la tristeza. Para los que a veces padecemos esa sensación improductiva, una buena dosis de antidepresivos es la solución ideal. La alegría se convierte en puro impulso. Y la vida adquiere el color claro e indeleble de las rosas sin perfume. A la tarde ya no recordamos ni cómo se llamaba nuestra primera novia. Y a la noche sólo pensamos en hacer el amor con la carne trémula y una bien dosificada mezcla de olvido y desesperación. Tampoco aquí hay por qué preocuparse. Previendo la posibilidad de que algo no esté a la altura de las circunstancias, un cóctel de sustancias duras y modernas hará que los estandartes no decaigan. Las drogas nuevas y viejas, las legales y las prohibidas, están al alcance de todos. Para amar, para odiar, para reír, para bailar, para dormir con el enemigo y despertar sin vomitar. Ahora existe una pastilla para cada necesidad. Dejamos de buscar adentro lo que afuera se nos brinda procurando el bienestar. Y si aún así quedaran espacios sin cubrir, podemos leer el diario al levantarnos, y hacer zapping antes de dormir. |